Capítulo 22
—Hola, señor Miller. Cuánto tiempo. ¿Ha estado bien?
Cuando Chase apareció en la oficina, el editor en jefe que lo estaba esperando se le acercó primero y lo saludó con entusiasmo. Chase no reaccionó mucho; solo le lanzó una mirada rápida y luego volvió a girar la cabeza. Era una situación incómoda a ojos de cualquiera, pero el editor actuó como si nada y desvió el tema con naturalidad.
—Todo está listo para la sesión. Hay que hacerle el maquillaje y el peinado al señor Miller, y también preparamos varios cambios de ropa. La entrevista será después de la sesión. La persona con quien hará la entrevista también llegará pronto. Todos están esperando, así que vamos. Ann, guía al señor Miller, por favor.
—Sí, por aquí.
La secretaria, que parecía bastante nerviosa, se apresuró a guiarlo. Detrás de Chase iban su mánager y el resto del personal, y también Seth y Henry comenzaron a caminar. Josh, tal como estaba previsto, se dio la vuelta y se alejó en dirección contraria junto a Isaac, siguiendo a Mark.
La vez pasada, el caos causado por la avalancha de fans aún estaba fresco en la memoria del equipo, así que todos estaban visiblemente tensos.
—Tenemos que hacerlo perfecto, sin fallos.
Mark ya había repetido esa frase varias veces. Como todos los demás compartían el mismo sentimiento, se limitaron a asentir en silencio. Ya habían revisado toda la ruta. También tenían controlado el cronograma y la estructura del edificio, dividido en tramos de treinta minutos. Aunque era un trabajo que hacían de forma habitual, esta vez el nivel de tensión era inusualmente alto. Y la razón era simple: el objetivo de protección era Chase Miller.
Josh echó una mirada fugaz hacia Chase. Él no había mirado a Josh ni una sola vez, desde que finalmente salió de su habitación poco antes de la salida. Lo ignoraba por completo, como si no existiera.
«Hacerme el que lo conozco sería aún más raro.»
Josh intentó razonar con calma. Chase siempre los había ignorado a él y a todos, así que no era algo nuevo. Lo que pasaba era que, por lo ocurrido la noche anterior, él estaba especialmente susceptible.
Probablemente por eso el aroma de feromonas de Chase le parecía más punzante de lo habitual. Sin darle demasiada importancia, Josh siguió a Mark rumbo al estudio.
Poco después de que Chase y su grupo desaparecieron por el pasillo, la puerta se abrió de golpe y un hombre apareció.
—¡Oigan, todos estaban esperándome! Perdón, perdón por llegar tarde.
Al escuchar su voz escandalosa, todas las miradas se clavaron en él al instante. Algunos casi dejan escapar un suspiro, pero se contuvieron como pudieron.
El nombre del hombre era Duncan Conrad. Aunque había sido modelo y actor al mismo tiempo, recientemente había anunciado su cambio definitivo al mundo de la actuación. Su alta estatura y rostro atractivo aún destacaban como un modelo profesional, pero lamentablemente su talento actoral no estaba a la misma altura.
Aun así, había acumulado una base sólida de fans y, con el respaldo de su agencia, estaba formando una filmografía decente. Todos coincidían en que, si seguía así, lograría posicionarse en un nivel respetable.
Siempre y cuando, claro, cuidara lo que decía.
—Siento haberlos hecho esperar.
El mánager que lo seguía sonrió mientras se disculpaba, y luego bajó la voz para advertirle discretamente:
—No provoques demasiado a Chase, Duncan.
Aunque le hablaba con preocupación, Duncan no dio señales de haberlo escuchado. Se adelantó como si nada. Su deseo por volverse famoso era tan intenso que a veces cruzaba límites, y eso era lo que más preocupaba al mánager. Más aún hoy, que su contraparte sería Chase Miller. Si uno recordaba ciertos rumores sobre él, era imposible imaginar qué podría pasar si Duncan lo provocaba sin pensar.
Sin embargo, para Duncan, que estaba desesperado por hacerse un nombre, esta era una oportunidad de oro. Nada menos que Chase Miller. Con solo aparecer a su lado, su reconocimiento público se multiplicaría por diez. El mánager lo sabía: Duncan haría cualquier cosa, sin importar el método, para provocar a Chase.
«Solo espero que no pase nada grave.»
Con el rostro visiblemente preocupado, el mánager se apresuró a seguir a Conrad.
—¿Miller sabe que va a filmar conmigo?
Duncan apenas lograba contener su emoción cuando lanzó la pregunta. El mánager, algo incómodo, respondió:
—Bueno, en teoría debieron habérselo dicho, pero…
Duncan también entendía perfectamente lo que implicaba ese titubeo. Chase, al igual que el público, nunca había mostrado señales de saber quién era Duncan. Y eso tocaba una fibra muy sensible en el orgullo de Conrad.
En una entrevista callejera reciente, de veinte personas, solo una pareció reconocerlo, y aún así solo murmuró: ”Me suena de algo…”. El mismo día en que se emitió esa entrevista, las noticias reportaron que una multitud provocada por la presencia de Chase había causado varios heridos. Fue tanta su envidia y rabia que Duncan no pudo dormir por varios días. Desde entonces, había llegado a odiar a Chase con todo su corazón.
«Esta vez se van a enterar de quién soy.»
Con los dientes apretados, Duncan había esperado con ansias este día. Haría la sesión de fotos a la perfección, también la entrevista. Chase Miller era el blanco ideal para cualquier escándalo. Además, en ese momento, él estaba en la cúspide de su carrera, interpretando un papel destacado en una película muy esperada. La misma cinta que Duncan también filmaría, y cuyas fechas de rodaje se solapaban. Por eso, todo encajaba a la perfección.
La gente empezaría a ver a Duncan como un rival digno de Chase. Una vez su nombre comenzara a sonar, no pasaría mucho para que el mundo reconociera que, comparado con Duncan Conrad, alguien como Chase Miller no era nada.
«Van a arrepentirse de no haberme reconocido hasta ahora.»
Con esa emoción contenida, entró al estudio. Y cuando finalmente pronunció las primeras palabras que había preparado con tanto esmero, Duncan ya estaba convencido de su victoria. Los rostros tensos del equipo ni siquiera entraban en su campo de visión. Haber llegado tarde a propósito también formaba parte de su cálculo. Gracias a eso, al ver todas las miradas centradas en él, su ego se infló aún más.
—Llegó tarde, Duncan. Vamos a prepararlo de inmediato.
Uno de los asistentes que lo esperaba se apresuró a recibirlo. Mientras lo seguía, Duncan echó un vistazo a su alrededor.
—¿Chase Miller aún no ha llegado?
Cuando por dentro le empezó a preocupar que su plan de aparecer al final hubiera fracasado, el asistente respondió:
—No, él llegó antes y ya está preparándose. Primero harán las tomas por separado, y después vendrá la entrevista conjunta. Vamos con prisa, así que por favor, apúrese.
Ante esas palabras dichas con ansiedad, Duncan esbozó una sonrisa radiante.
—Claro que sí.
***
La sesión avanzaba sin tropiezos. A pesar de la tensión en el ambiente, solo se escuchaban esporádicamente la voz del fotógrafo y el clic del obturador. Hasta el momento todo marchaba bien. Lo más importante era que Chase se estaba comportando, cambiándose de ropa y posando como se le pedía.
Si todo continuaba así, la sesión terminaría sin incidentes y podrían regresar tranquilamente. Y eso era, por supuesto, lo que todos deseaban con desesperación.
—Listo. Ha sido excelente. Señor Miller, realmente estuvo increíble.
El fotógrafo anunció el final y lo elogió con entusiasmo. Después de la última toma, parecía completamente hechizado por él. Y con razón: mientras no causara problemas, Chase Miller era el mejor sujeto posible frente a una cámara. El fotógrafo, incapaz de contener su emoción, se le acercó rápidamente para seguir alabándolo.
—Son las mejores fotos que he tomado en mi vida. No creí que llegaría el día en que hiciera un trabajo así. Señor Miller, no hay ni una sola foto que quiera descartar. Solo puedo elegir cuatro entre todas esas… Pero si quiere, podría editar y enviarle el resto. ¿Qué opina? Honestamente, me encantaría publicarlas todas. Me da rabia que la gente no pueda verlas… pero a la vez me da cierta satisfacción, como si tuviera un secreto superior…
Sin embargo, Chase reaccionó con total frialdad. Ni siquiera miró a su admirador y simplemente se alejó. Aunque otro se habría sentido herido, el fotógrafo solo sonrió como si ya lo esperara. De inmediato lo siguió, preguntando con insistencia:
—Ojalá tengamos otra oportunidad como esta. El tiempo fue tan corto… Me gustaría seguir tomándole fotos.
Mientras el suspiraba y miraba su cámara con pesar, el mánager se adelantó con prisa para guiar a Chase a la sala donde sería la entrevista.
—Ahora empezará la sesión del señor Conrad. Durante ese tiempo, se llevará a cabo la entrevista con el señor Miller. Para cuando termine la entrevista, Conrad también habrá acabado. Luego ambos responderán algunas preguntas juntos, y con eso concluiremos el programa.
Duncan haría su entrevista en solitario después. El mánager no podía evitar morderse los labios ante la idea de que dijera algo que provocara a Chase. Era casi un paso inevitable, algo que todos anticipaban, pero esta entrevista no podía evitarse. Duncan también había sido contratado para la misma película en la que Chase ya estaba confirmado.
Tanto la productora como la revista sabían que esa combinación daba mucho de qué hablar. Y mientras generara atención, no les importaba ni meter a un actor en la boca de un tiburón.
Aun así, si Chase se hubiera negado, habrían encontrado la manera de evitarlo. Pero él no lo hizo. Y ahí también había una pequeña trampa por parte del mánager. Aprovechando el desinterés absoluto de Chase por cualquier persona que no fuera él mismo, simplemente no le mencionó quién era Duncan.
Por lo tanto, y como era de esperarse, Chase ni siquiera conocía el nombre de ese tipo. La información se le había presentado de la forma más básica posible: que haría una entrevista junto a otro actor de la misma película.
El mánager lo observaba en silencio, con el corazón en un puño, mientras Chase respondía las preguntas con su rostro impasible. Cuanto más se acercaba el momento, más sentía la boca seca. Solo podía rezar para que, si Duncan intentaba provocar algo, Chase supiera manejarlo con la medida justa. Lo suficiente para generar interés… pero nada más.
Finalmente, Duncan terminó su sesión y entró al estudio.
«Por fin voy a ver ese tan afamado rostro.»
Duncan se burló para sus adentros. «¿Y qué si es un Alfa dominante o lo que sea? Al final, no es más que un tipo con ojos llamativos. Solo es un poco más atractivo que el promedio.»
Había visto el rostro de Chase Miller en incontables fotos, pero Duncan tenía la certeza de que no perdería frente a él. Él también había sido top model, cerrando desfiles en innumerables pasarelas, y durante toda su vida no había hecho más que recibir halagos sin cesar.
«Si ese tipo no fuera un Alfa dominante, nadie lo adoraría tanto.»
Duncan estaba convencido. Chase Miller no era nada, no comparado con él. Con esa seguridad, abrió la puerta de golpe, sin siquiera tocar.
«…¿Eh?»
Se quedó paralizado ante un aroma dulce que jamás había percibido. Una fragancia tan seductora que parecía capaz de derretirle el cerebro si se dejaba llevar por un segundo. Nunca en su vida algo le había acelerado tanto el corazón. Si un fabricante de perfumes la oliera, sin duda vendería su alma con tal de descubrir la fórmula.
Pero no era una fragancia creada por un perfumista que se hubiera esforzado al máximo. En cuanto vio a Chase Miller, Duncan comprendió de dónde venía el aroma.
Vestía un traje gris y llevaba un abrigo aún más oscuro sobre los hombros. Estaba sentado con aire despreocupado en una silla redonda sin respaldo, con un cigarrillo sin encender entre los dedos y la mirada perdida en la distancia. Cuando Duncan vio aquel rostro desolado, se le cortó la respiración.
«Dios mío…»
Tragó saliva. Lo que se veía en las pantallas era falso. Nadie era capaz de capturar esa presencia abrumadora, esa combinación extraña de vacío y fuerza que emanaba únicamente de Chase. Sus ojos violetas, que aparecían y desaparecían fugazmente cada vez que parpadeaba, resaltaban aún más su expresión de abandono.
«¿Ese es Chase Miller?»
Pensó Duncan, completamente aturdido. Toda la determinación y ambición que había acumulado hasta ese momento empezaban a desvanecerse, como si se disolvieran en el aire. Tenía la cabeza nublada, pero el dulce aroma seguía flotando, aferrado a su nariz.
Sus sentidos parecían embotados, como si estuvieran entumecidos, pero su corazón latía con fuerza salvaje. Quería apartar la mirada… pero no podía. Inmóvil, Duncan solo podía observarlo.
En algún lugar se oyó el clic de una cámara. Tal vez habían decidido tomar fotos durante la entrevista, o quizá el fotógrafo había apretado el obturador por puro instinto. No era posible saberlo. Pero lo que sí fue claro es que cuando Chase se pasó los dedos por el cabello rubio, despeinándolo sin cuidado con la misma mano que sostenía el cigarrillo, todos en la sala contuvieron la respiración.
En ese momento, Duncan pensó: que si hubiera una guerra por poseer a ese hombre, al menos ahora, en este instante, lo entendería.
Y al mismo tiempo, al reconocer la aplastante derrota que acababa de sentir, apretó los dientes con furia mientras la rabia le hervía por dentro.
***
«¿Ya habrá terminado?»
Josh entró al estudio sin dudarlo. Acababa de revisar la oficina y el edificio entero para asegurarse de que no hubiera personas o elementos peligrosos. En cierto modo, le venía bien: así podía evitar el aroma de feromonas de Chase, al menos por un rato. Abrió la puerta con esa pequeña esperanza en mente, pero al hacerlo, el entrevistador ya estaba dando las palabras finales.
—…Le agradezco que nos haya acompañado hoy. ¿Hay algo especial que quiera decirle a sus fans para cerrar?
Josh caminó pegado a la pared, tratando de no hacer ruido. Ya estaba completamente preparado para intervenir en caso de emergencia.
—Veamos…
La voz de Chase Miller le rozó el oído de pronto.
—Espero que mucha gente vea mi próxima película.
—Por supuesto. Si se trata de una película de Chase Miller, no hay duda. ¡Yo también la espero con muchas ganas!
A pesar del tono claramente indiferente de Chase, que rozaba el fastidio, el entrevistador reaccionó con entusiasmo. Josh pensó que ya estaban por terminar, pero aún quedaba una parte.
—Falta la entrevista conjunta.
El mánager, que esperaba en un costado, se lo susurró. Josh asintió con un ”ah” apenas audible. «¿Debería revisar otra vez los alrededores?» Intentó escabullirse, pero ya habían cerrado la puerta. No tuvo más remedio que quedarse apoyado en la pared, esperando que todo terminara pronto.
—…Entonces, ¿qué opinan cada uno del papel que interpreta el otro?
El entrevistador continuó con preguntas ligeras. Mark estaba cerca de Chase, listo para lanzarse si ocurría algo. Isaac y Henry cuidaban el auto, y Seth estaba en el pasillo. En caso necesario, él también entraría en acción, pero en esencia, solo Mark y Josh estaban disponibles.
Y con eso era suficiente. Siempre y cuando Chase no hiciera alguna locura.
«Ya casi termina. Solo aguanta un poco más.»
Con ese pensamiento, Josh se llevó un caramelo a la boca. Mientras lo dejaba rodar lentamente, esperando que el olor de Chase se diluyera, Duncan habló.
—…La verdad, el personaje que se autodestruye por aburrimiento existencial ya está bastante visto, ¿no cree? Intenso, sí, pero casi siempre queda como un papel secundario. No sé si lo recuerda, señor Miller, pero usted ya hizo algo parecido hace tiempo, ¿cierto?
—Sí, así es. Fue mi debut.
El entrevistador lo confirmó con una sonrisa, y Duncan le lanzó una mirada burlona a Chase.
—Fue impresionante. Me sirvió mucho para preparar mi papel esta vez. Gracias por eso.
—¿De verdad? ¿En qué sentido le resultó útil?
Como Chase no dijo nada, fue el entrevistador quien retomó la pregunta. Pero Duncan, sin apartar los ojos de Chase, respondió con calma:
—Ah, pensé: ”Así no se debe actuar.” Eso fue lo que aprendí.
El ambiente se congeló de golpe. Chase no reaccionó; seguía observándolo con la misma expresión ausente, como una muñeca sin emociones. Duncan continuó hablando.
—Para actuar en una película, uno tiene que interpretar. Pero el señor Miller no actuó. Simplemente se mostró tal como es. Me pregunté si aquello no sería una especie de cámara oculta sobre Chase Miller.
«Sabía que lo provocaría.»
Tal como se esperaba, Duncan fue directo. Esa era exactamente la razón por la que aceptaron hacer la entrevista conjunta. La revista también quería provocar un incidente y aprovechar la fama de Chase Miller para atraer atención.
El entrevistador echó una mirada cautelosa a Chase. Ahora que todo se desarrollaba tal como habían deseado, también comenzaba a sentir miedo. Esperaba con el corazón en vilo, pero no encontró ni una sola señal de emoción en Chase. Él simplemente observaba en silencio a Duncan.
«¿No fue suficiente para provocarlo?»
Duncan y el entrevistador pensaron lo mismo al mismo tiempo. Duncan se irritó, mientras que el entrevistador se relajó un poco. Duncan retomó la ofensiva.
—De hecho, pensé que mi papel le quedaría mejor a usted, señor Miller. Total, ni siquiera tendría que actuar. Solo presentarse, respirar y listo, ¿no? Sería fácil, y nadie podría quejarse. Al fin y al cabo, solo estaría mostrando su vida diaria. Ah, bueno… sí hubo una parte que me hizo pensar: ”Ah, esto sí fue una actuación.” Fue cuando no se quitó la ropa.
—Sí, escuché que esas escenas fueron eliminadas del guion desde el principio.
El entrevistador intervino con un comentario. Duncan sonrió y asintió.
—Qué lástima, ¿verdad? Cualquier novato ni soñaría con pedir un cambio así en el guion, pero claro, la familia Miller es otra cosa. ¿O será porque es un Alfa dominante? ¿O porque es un Miller?
Él había insultado a Chase con precisión quirúrgica. Seguía lanzando insinuaciones de que la posición que Chase ocupaba no era resultado de su propio esfuerzo. ”Si no fueras un Alfa dominante de los Miller, jamás habrías llegado tan alto.”
Duncan lo decía con cada parte de su cuerpo. Y como si no fuera suficiente, añadió una última provocación:
—Ah, claro, esto lo digo sin mala intención. ¿Quién pensaría que el señor Miller ha llegado hasta aquí solo por respirar, sin talento ni esfuerzo alguno, y todo gracias a la suerte con la que nació? ¿Verdad que no?
Soltó una carcajada ruidosa. Pero mientras tanto, el rostro de Josh, que lo observaba, empezaba a palidecer.
El aroma de Chase se volvió más intenso. Aunque su expresión no cambió en lo absoluto, Josh podía notar que estaba disgustado. Se metió apresuradamente dos caramelos en la boca y los masticó con fuerza, haciendo ruido a propósito.
«Ojalá se detuviera ya.»
Eso pensaba Josh, pero Duncan seguía provocando.
—¿Qué pasa, señor Miller? ¿Le incomodó que haya dicho la verdad? Vamos, no hay por qué deprimirse. Todos lo saben. Usted nació con una suerte envidiable, ¿y qué se le va a hacer? Además, los Alfas dominantes están rodeados de dinero y mujeres, ¿no? Encima se justifica todo con eso de que si no tienen sexo se les acumulan las feromonas y les hace mal. Suena bastante conveniente. A propósito, escuché un rumor… que alguien de los Miller tuvo sexo con un perro. Claro que no habrá sido por falta de pareja. Uno entiende que cada quien tiene sus gustos. Incluso en Dinamarca hay perros que se prostituyen, ¿sabía? Ese lugar debe de ser el paraíso para algunos. Pero bueno, todo esto lo digo en broma, claro.
Y volvió a reírse a carcajadas, como si él mismo se hubiera fascinado con su chiste. Pero nadie más reía.
—Señor Conrad.
«Esto ya es demasiado.»
El entrevistador pensó con incomodidad. Miró a su alrededor con inquietud, y justo entonces, Chase, que no había dicho ni una sola palabra y solo había estado observando a Duncan, dejó escapar un suspiro.
—Haah.
Todos contuvieron el aliento al instante y lo miraron. Duncan también se detuvo, aunque no parecía asustado. Al contrario, sus mejillas se habían sonrojado, ansioso por la reacción que al fin estaba consiguiendo.
Chase se incorporó lentamente. El aroma a feromonas que exudaba lo decía todo: estaba furioso. El entrevistador pensó que tal vez abandonaría el estudio, pero se equivocó. Chase se dirigió directamente hacia la silla donde estaba sentado Duncan.
Eran menos de diez pasos, pero cada uno de sus pasos resonaba con un escalofriante eco de sus tacones en el suelo.
Cuando finalmente se detuvo frente a él, el rostro de Duncan mostró por primera vez un atisbo de tensión. Nadie sabía qué iba a hacer Chase. Josh miró a Mark de reojo.
—¿Va a golpearlo?
Mark negó con la cabeza, inseguro. Pero que habría que reaccionar a lo que fuera, de eso no cabía duda. Josh se acercó sigilosamente a ellos, sin apartar la vista de Chase ni por un instante.
Chase se inclinó lentamente. Alguien se tapó la boca y contuvo el aliento. La tensión era tan densa que parecía a punto de estallar. Y entonces ocurrió algo que nadie habría imaginado.
Chase besó a Duncan.
—¡…!
Nadie pudo pronunciar palabra. Todos estaban tan atónitos que lo único que podían hacer era observar.
Duncan también quedó completamente paralizado. El impacto fue tal que su cuerpo entero se congeló, incapaz de reaccionar. Ni siquiera podía comprender si lo que acababa de pasar era real.
Pero no era un sueño ni una alucinación. Lo confirmaba la sensación precisa de la lengua que, sin aviso, se coló entre sus labios.
El aroma dulce le nublaba la mente. Duncan maldijo internamente ser un Beta.
«Si fuera un Omega, podría acostarme con él.»
Con este hombre tan hermoso…
¡CRACK!
Un sonido sordo retumbó dentro de su oído. Duncan parpadeó, confundido. Chase se enderezó lentamente. Duncan lo miró desde abajo, atónito, sin entender.
El hermoso rostro de Chase estaba cubierto de sangre.
Desde la boca hasta la barbilla, todo estaba empapado en rojo.
¡KYAAAAAAH!
¡AAAAAAAAH!
Gritos de horror estallaron por todos lados. Duncan, en shock, escupió algo que se le había acumulado en la boca. Al hacerlo, el suelo traslúcido se tiñó de rojo brillante. Solo entonces comprendió.
Le habían arrancado casi la mitad de la lengua.
Con la mano cubriéndose la boca en pánico, escuchó a Chase susurrarle desde arriba.
—Sigue hablando, pedazo de mierda.
Por primera vez, el rostro de Duncan se llenó de auténtico terror. Su mánager llamó a la ambulancia con desesperación, y el estudio estalló en caos. En medio de todo eso, Chase comenzó a reír.
Su risa aguda pronto llenó por completo el estudio. Todos lo miraban horrorizados, pero él reía sin parar. Como si la condición de Duncan le pareciera simplemente ridícula e hilarante.
Inclinado hacia adelante, sacudiéndose de la risa con los ojos entrecerrados, Chase parecía un demente. Josh, que lo observaba desde un rincón, sentía cómo el sudor frío le recorría la espalda mientras su rostro se tornaba pálido.
Una pesada quietud invadió el ambiente.
Excepto por Seth, que estaba en la sala de monitores de turno, todos se habían reunido en la sala de espera. Pero aunque había pasado un buen rato, nadie se atrevía a hablar. Josh suponía que todos pensaban lo mismo.
Y no se equivocaba. Después de un largo silencio, fue Isaac quien rompió el hielo, con un tono más apagado de lo usual.
—Da miedo trabajar así.
—Sí.
Henry, que rara vez coincidía con Isaac, esta vez le dio la razón. Y, sorprendentemente, no soltó ni una sola grosería. Claro que eso no duró ni un minuto.
—¿Y si ese loco de mierda decide matarnos algún día? ¡Carajo, ese malnacido se fue en ambulancia! ¡Le taparon la boca con una toalla y estaba empapada de sangre! ¡No jodan, en serio! ¿Quién le corta media lengua a otra persona? ¡Ese maldito está completamente loco! ¡Joder, en serio, qué mierda!
Soltó cinco joder seguidos. Pero nadie le pidió que se calmara, ni que moderara el lenguaje. Todos respondieron con un silencio que, de algún modo, respaldaba sus palabras. Henry se llevó ambas manos a la cabeza y se acurrucó.
—Si no hubiera perdido tanto dinero… Ah, maldito bastardo.
Lanzó esa maldición entre suspiros y luego guardó silencio. La pesadez volvió a caer sobre el ambiente. Mark se frotó el entrecejo con los ojos cerrados. A él también le costaba quitarse de la mente la escena espantosa que acababan de presenciar. Pero no podía permitirse mostrarlo. Como líder, tenía que mantener la calma y contener al equipo. Carraspeó, y entonces habló:
—Ni modo. Este es nuestro trabajo. Al menos el que atacó fue Chase Miller, y no que nosotros no pudimos protegerlo.
—¿Se supone que eso es un consuelo…?
Isaac reaccionó de inmediato, pero luego suspiró y negó con la cabeza. Él también sabía que Mark no tenía muchas opciones sobre qué decir o cómo actuar en un momento así. Todos lo sabían. Y eso era precisamente lo más preocupante.
—Solo nos queda rezar para que vuelva pronto el equipo de seguridad.
También eso era algo que todos sabían, pero nadie quería admitir en voz alta.
Que mientras el contrato no terminara, no podrían salir de allí.
Mark adoptó un tono severo para continuar.
—Todos firmamos sabiendo a lo que veníamos. ¿Qué vamos a hacer ahora? Es cierto que Chase Miller está peor que hace unos años, pero qué más da. Ya no hay vuelta atrás.
Su voz se tornó más áspera. Ni él mismo podía controlar la frustración que le hervía por dentro. Gruñó apenas, y añadió con desaliento:
—Solo nos queda hacer nuestro trabajo e intentar aguantar. No hay otra.
Con eso, terminó. No había más opciones. En medio de la atmósfera pesada, Josh se levantó.
—¿A dónde vas?
Isaac preguntó. Josh respondió sin dudar:
—Patrullaje. Es mi turno.
Habían organizado turnos para recorrer los jardines y alrededores de la mansión a determinadas horas. De cualquier forma, quedarse sentado sin hacer nada tampoco tenía sentido. Josh abandonó el lugar sin más y salió de la casa.
FUU.
Aspiró el aire frío de la noche, y sintió que el pecho se le aligeraba un poco. De repente, le entraron ganas de ver a Pete. Sacó su celular mientras caminaba. Aunque ya lo sabía, miró la hora.
Demasiado tarde para llamar. Lo mejor sería ver uno de los videos del niño después de terminar la ronda.
«¿Estará bien Pete…?»
El pecho le dio un vuelco con ese pensamiento, y entonces Josh se detuvo de golpe.
A unos pasos delante de él había algo que no debería estar allí.
Se puso en guardia al instante e intentó identificarlo. Llevaba un arma autorizada en la cintura. Primero, debía reconocer el objetivo. Si resultaba sospechoso, dispararía sin vacilar.
¿Quién tendría el descaro de quedarse dormido así, tirado en medio del jardín de la mansión de Chase Miller?
Pero tan pronto como reconoció quién era, Josh relajó los hombros.
El hombre tirado en el jardín no era otro que Chase Miller.
Después de haber causado semejante escándalo durante el día, ahora estaba ahí, tumbado con toda calma sobre el césped, dejando que la brisa nocturna le acariciara la piel. Josh estuvo a punto de soltar un suspiro, pero se contuvo. Sinceramente, pensaba que ya lo había visto todo. ¿Y si le pasaba algo mientras se tiraba a lo loco en el jardín? ¿A quién iban a culpar? Frunció el ceño… pero luego se corrigió.
Después de todo, si algo le pasara en su propio jardín, ¿a quién le importaría?
Además, estaban los guardias y las cámaras de seguridad vigilando todo el día la mansión. No existía posibilidad alguna de que algo le ocurriera.
Tal vez por eso podía hacer cosas que ganaran tanto rencor sin preocuparse en lo más mínimo.
Claro, Duncan fue quien empezó todo. Todos pensarían eso. Pero la reacción de Chase fue demasiado. Después de esto, ese hombre jamás volvería a burlarse de él.
De hecho, nadie más en el mundo podría hacerlo.
Josh lo pensó mientras lo observaba fijamente. Tendido de espaldas, con los brazos abiertos, los ojos cerrados y disfrutando del viento, Chase parecía más pacífico que nadie. Por un momento, incluso pensó que estaba dormido. Tal vez era por lo leve y calmada que era su respiración. Apenas si se notaba que respiraba.
Josh se quedó allí parado un buen rato, mirándolo. Era extraño. Apenas hacía unas horas había presenciado con sus propios ojos lo cruel y despiadado que podía ser. Sin embargo, ahora Chase se veía puro y frágil, como un ángel. Ese hombre que reía como un demente con la cara empapada en sangre ya no estaba aquí.
Entonces… «¿dónde había ido ese otro Chase Miller?»
Josh, de pronto, se lo preguntó. El dulce aroma de sus feromonas flotaba débilmente en el aire. Debería haberse metido un caramelo en la boca, pero se quedó inmóvil. Sus ojos, vacilantes, volvieron al rostro de Chase. Sus largas pestañas caían sobre unas mejillas tan pálidas que parecían no tener una gota de sangre. Si llegara a nevar, pensó, probablemente no podrían encontrarlo.
Cuando ese sentimiento le apretó el pecho, Chase abrió los ojos de pronto. Josh se sobresaltó. No estaba dormido. Solo había estado acostado allí, conteniendo el aliento.
La mirada de Chase se deslizó lentamente hasta posarse en él. Durante unos segundos, ambos se miraron en silencio. Por un instante, Josh estuvo a punto de extenderle la mano. Por suerte, se dio cuenta de lo absurdo del gesto y se detuvo, pero ya era tarde: había quedado en una postura torpe.
Chase seguía mirándolo, como si tratara de distinguir si lo que tenía delante era una ilusión o una persona real. Tal vez aún no salía del todo del letargo. Josh se aclaró la garganta apresuradamente.
—Si va a quedarse aquí, ¿quiere que le traiga una manta ligera?
Chase no respondió. De pronto, le vino a la mente todo el silencio que había mantenido antes de arrancarle la lengua a Duncan, y cómo lo ignoraba como si fuera aire.
«¿Habré hecho mal en hablarle?»
Un escalofrío le recorrió la espalda. En ese momento, Chase frunció el ceño, como si apenas entonces estuviera tomando conciencia de dónde estaba.
Ese silencio ya no era como el anterior.
La atmósfera había cambiado. Josh sintió el impulso de salir corriendo. Dio un paso hacia atrás, muy despacio, cuando Chase habló.
—No. —Su voz fue apenas un susurro—. No es necesario.
Y eso fue todo. Josh, sorprendido por lo tranquilo que sonó, no supo bien qué decir. Supuso que no era necesario explicar que se iba. Dio un par de pasos discretos para alejarse… pero entonces Chase volvió a hablar.
—Si quieres mirar, adelante. Observa todo lo que quieras.
—¿Perdón?
Josh se detuvo, confundido por la frase. Chase curvó los labios en una sonrisa torcida. Con voz baja, casi desvaneciéndose, añadió:
—Es curioso, ¿no? Mírame todo lo que quieras. Seguro te mueres por ir a contarle a alguien lo raro que se ve un Alfa dominante.
Josh parpadeó, desconcertado.
—No convierto a las personas en espectáculos. Y divulgar información sobre el aspecto o la vida privada de un cliente… va contra toda ética profesional.
Su tono se endureció sin querer. Le resultaba ofensivo que su trabajo, del cual se sentía orgulloso, fuera tratado con tanto desdén. Chase lo miró fijamente. Sus ojos violetas, medio ocultos tras los párpados a medio cerrar, permanecieron clavados en él.
Josh pensaba responder con firmeza, pero de repente se sintió drenado. ¿Así se sentían los marineros al oír el canto de una sirena? Si ese hombre movía un solo dedo, cualquiera haría lo que él quisiera.
Entonces, Chase le extendió la mano. Fue solo un simple gesto, un leve movimiento, pero bastó.
No existía ser humano capaz de rechazar esa mano.
Josh no sabía si lo que lo tenía tan aturdido era el efecto de las feromonas o el rostro de Chase. Lo único que tenía claro era que si no hacía lo que él quería en ese momento, se arrepentiría toda su vida.
—¡…!
Cuando se acercó, Chase se incorporó de pronto y lo jaló de la muñeca. Josh cayó sobre él sin emitir ni un solo sonido.
—¿Qué…?
Confundido, Josh alzó el rostro… y se quedó sin aliento. Chase lo miraba con los ojos entrecerrados. Su cabello, que siempre llevaba perfectamente peinado, ahora caía desordenado; sus mejillas pálidas se habían teñido con un leve rubor, y sus ojos violetas brillaban como si atraparan la luz de la luna misma. Josh contuvo la respiración.
Con ese rostro dulcemente endemoniado, Chase le habló:
—¿Quieres besarme?
El corazón de Josh se desplomó. A través de su visión agitada, el rostro impecable de Chase apareció en primer plano. Sus dedos blancos le rozaron el cuello. La presión en su nuca aumentó con lentitud, y Josh, obedeciendo ese movimiento, inclinó la cabeza. Cuando los labios de Chase estuvieron cerca, la imagen de Duncan desbordando sangre le vino a la mente.
«Podría perder la lengua también.»
Un terror visceral y una excitación absurda se agitaron dentro de él. Sí, había besado a Duncan justo antes. Entre celos irracionales y desconcierto, todo su interior era un caos. Pero ni siquiera en medio de esa confusión fue capaz de apartar a Chase. Al contrario, inclinó la cabeza tal como él lo guiaba.
En su visión entraron las largas pestañas de Chase, descendiendo lentamente. Josh cerró los ojos. El cálido aliento le rozó los labios. Cuando dejó escapar un suspiro leve, como un quejido, Chase murmuró:
—Pedazo de mierda… supongo que mientras cualquiera te folle, todo está bien, ¿no?
Josh abrió los ojos y lo miró desde arriba. Chase lo observaba también, pero en su rostro solo había desprecio y burla.
Solo entonces Josh entendió que todo había sido una cruel provocación.
—…Tch. —Chasqueó la lengua con fastidio mientras se ponía de pie de golpe. Chase solo lo observó en silencio.
De pie, Josh se limpió los labios torpemente mientras lo miraba. Su rostro comenzaba a arder. Aunque la brisa nocturna era helada, su cuerpo seguía encendido. Quiso decir algo, pero no encontró palabras. No sabía si su corazón latía así por la humillación o por otra cosa. Cuando al fin logró calmarse un poco, lo único que quedaba era vacío.
Chase ya había vuelto a su expresión de siempre, inexpresiva como la de una muñeca, y seguía observándolo. Josh lo miró por un instante y luego soltó una sonrisa amarga. Chase frunció el ceño.
—Casi me corta la lengua.
Su voz fue tan calmada como siempre. Chase no respondió. Solo lo miró con los ojos fríos y la expresión torcida.
Josh continuó, fingiendo indiferencia:
—¿Está bien si no vuelve a su habitación?
Chase lo observó en silencio… y luego dejó escapar una sonrisa, como si lo despreciara.
Josh simplemente dijo ”entonces” a modo de despedida, se dio la vuelta y comenzó a alejarse. Chase no le respondió.
«Tengo que escapar.»
Sus pasos se aceleraron poco a poco. Sentía su mirada clavada en la espalda. Antes de notarlo, ya estaba corriendo.
Tenía que huir. Si llegaba a detenerse, sentía que Chase lo atraparía. ¿Y entonces… qué pasaría?
Logró entrar de nuevo a la casa y cerró la puerta con fuerza tras de sí, respirando agitadamente. Un silencio espeso se apoderó del interior. En ese vestíbulo amplio como un abismo, solo sus propios jadeos resonaban con eco.
Por supuesto, Chase no lo siguió.
Esa mezcla de alivio y desolación lo abrumó.
—Despierta, idiota…
Josh soltó la maldición en voz alta a propósito. Se metió todos los caramelos que le quedaban en la boca y, mientras el dulce se derretía en su lengua, volvió a repetírselo en silencio.
«Jamás debo dejarme arrastrar por ese hombre.»
Por nadie más que Chase Miller.

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN