Capítulo 14
—¡Vaya, pero si tienes mejor cara!
El primero en hablarle a Josh tras regresar de sus vacaciones fue Henry. Él también se veía con mejor semblante que la última vez que se vieron.
—Parece que copió esa escena y la ve a cada rato —le susurró Seth con discreción.
En resumen, le encantaba ver una y otra vez la pelea entre Josh y Chase. Prueba de ello era que, aunque solía estar de mal humor, ese día Henry no dejaba de sonreír mientras le daba unas palmadas en el hombro a Josh.
—Ir a casa te sentó bien, ¿no? ¿Y el niño? ¿Se la pasó bien? ¿Cuándo lo traes? Le voy a comprar algo rico.
Aquel Henry que una vez gritó como loco y llamó “delincuente en potencia” a un niño por colarse en una fila del parque, solía detestar a los niños. Y ahora le pedía que trajera a Pete, así que definitivamente estaba de muy buen humor. Por supuesto, Josh no tenía ninguna intención de hacerlo.
—Sí, bueno… gracias —respondió con indiferencia, y se adentró en la mansión.
Se disponía a buscar a Mark cuando, a lo lejos, vio a Isaac acercándose corriendo.
—¡Josh! ¿Tuviste un buen viaje?
Josh lo esperó mientras corría hacia él con ese rostro sonrojado por el esfuerzo, y le contestó mirándolo desde arriba:
—Sí, ¿y tú? ¿Todo bien por aquí?
—Claro, como siempre. ¿Pudiste descansar bien en casa?
Josh soltó una sonrisa amarga ante la pregunta tan casual.
—¿Descansar? Qué va. Me la pasé reparando cosas. En dos días no hice más que arreglar la casa. De milagro no terminé desmontando el inodoro. Y el césped… ¿por qué crece tan rápido? A veces pienso en arrancarlo todo y poner cemento.
—Vaya… si los vecinos te denuncian, te vas a meter en líos —respondió Isaac entre risas. Luego, dudando un momento, añadió en voz más baja—: …Te extrañé.
—Ah, claro. ¿Y Mark?
Josh desvió el tema sin pensar demasiado. Isaac pareció desconcertado por un instante, pero fingiendo naturalidad, señaló hacia un lado.
Klynn: Todxs alguna vez fuimos Isaac.
—En el comedor. Está almorzando.
—Gracias, nos vemos luego —se despidió brevemente y se alejó.
Isaac se quedó un momento en el mismo lugar, como si tuviera algo más que decir, pero luego se dio la vuelta.
«¿Le pasará algo?»
Josh se quedó pensativo ante la actitud inusual de Isaac, pero rápidamente siguió su camino. Subió al segundo piso y, de repente, una escena a través de la ventana captó su atención.
Desde allí se veía la piscina. La misma en la que Chase casi lo mata. Al recordar ese día, un escalofrío recorrió su espalda. La silla en la que Chase se había tumbado aquel día estaba vacía.
Fue entonces cuando se dio cuenta: sin notarlo, lo estaba buscando.
«¿Estará descansando en su habitación…?»
***
{—Haa, haa. Haa. Haa.}
La respiración agitada del hombre bajo él zumbaba en sus oídos. Su pecho firme subía y bajaba con fuerza, y los pequeños pezones estaban completamente erectos. Cuando pasó los labios por los pezones endurecidos, el hombre dejó escapar un gemido ronco.
{—Ah, ha… ah.}
El estremecimiento que recorría su cuerpo provocó una vibración en sus zonas unidas. Incapaz de resistir la sensación, volvió a eyacular. Ya había corrido varias veces dentro del hombre, y aun así su pene no mostraba señales de detenerse. Su miembro, tan erecto como los pezones, llegaba hasta el ombligo del otro. Cuando el hombre intentó tocarse, le sujetó la mano y la presionó contra la cama mientras lo embestía desde abajo.
{—¡Ah!}
El otro gritó en un gemido agudo. Pero él sabía que no era por dolor. La prueba era ese rostro bien definido, enrojecido, jadeando mientras sus ojos se entrecerraban en éxtasis. Lo miró de frente y comenzó a moverse con rapidez, embistiendo con fuerza.
PAF, PAF, PAF, PAF.
El sonido violento de la carne chocando resonó sin cesar. Las firmes nalgas del otro se apretaban con fuerza, tragándolo por completo. Las paredes internas se pegaban a su pene como si estuvieran hechas a su medida. De su boca comenzaron a salir gemidos descontrolados.
{—Haa, ha, ah, haa, ah.}
{—Ugh, ngh, uh, ah.}
Los gemidos y respiraciones de ambos se entrelazaban, mezclándose húmedamente en su carne. Quería llegar aún más profundo. Desesperado, empezó a embestir con fuerza.
Quería hundirse hasta la base, empaparlo por dentro. No, quería marinar hasta sus venas con su semen. Que cada vez que respirara, al cerrar o abrir los ojos, ese hombre percibiera su aroma. Que quedara completamente impregnado de él.
{—Ah, haa, ah… ngh.}
No se contuvo y dejó escapar gemidos intensos. Solo imaginarlo bastaba para hacerle perder la cabeza de placer.
{—Todo es mío.}
{—…¡Ugh!}
Incluso habiéndolo empalado hasta la raíz, no era suficiente. Lo presionó con fuerza y frotó con violencia, haciendo que la carne sensible se estremeciera al ser rozada por el vello púbico. El otro terminó por perder la razón.
{—Ha… ah…}
Con voz ronca y deshecha entre suspiros, el hombre tembló débilmente. Después de quién sabía cuántas eyaculaciones, tenía el vientre y otras partes del cuerpo completamente manchadas de blanco. Al verlo derramar su semen sin propósito alguno, él volvió a embestir, hundiéndose una vez más sin dejar nada fuera. Clavó su pene hasta la base y lo dejó fijo dentro del cuerpo del otro.
{—…¡Ugh!}
El gemido del otro cambió. En el rostro nublado por el placer, por primera vez apareció un atisbo de dolor. Sorprendido, el hombre lo tomó por los hombros e intentó apartarlo. Pero él no hizo caso y volvió a hinchar la punta con más fuerza.
«Voy a meterlo todo.»
Entre jadeos pesados, apretó los dientes. Iba a dejarlo todo dentro de ese hombre. No permitiría que se perdiera ni una gota. Quería llenarlo, hacerlo rebosar, hasta que él le perteneciera por completo.
{—Ah, duele, ngh…}
El otro gimió de dolor. De su boca entreabierta y sin aliento caía saliva. Él sacó la lengua y la lamió, atrapándola con los labios en un beso profundo. Igual que abajo, sus labios se unieron con fuerza, sellando cualquier espacio. Y con eso, los gemidos adoloridos del otro se apagaron sin fuerza.
Incluso en medio de todo eso, seguía eyaculando. Había derramado una cantidad descomunal, pero no se escapaba nada. Con la punta hinchada bloqueando toda salida, vertía su semen hasta llenar por completo el interior del otro.
Hasta que quedara embarazado.
Cuando al fin sus labios se separaron, el hombre estaba completamente ido, atrapado entre el dolor y los feromonas que le recorrían todo el cuerpo. Al volver a besarlo en esos labios entreabiertos que jadeaban sin control, se dio cuenta.
«¿Alguna vez me había sentido tan lleno?»
Jamás. Siempre había estado vacío. Ninguna sed había sido calmada. Pero ahora, en este momento, era perfecto. No, se había vuelto perfecto. Gracias a este hombre.
«Es mío.»
Lo abrazó con fuerza, apretando todo su cuerpo contra él sin dejar espacio entre los dos. Si perdía a este hombre, volvería a quedar vacío.
{—Queda embarazado.}
Lo susurró entre jadeos, acariciando con los labios la oreja del hombre, una de las pocas zonas sin músculo en ese cuerpo firme cubierto de elegancia. Y como si fuera un conjuro, lo repitió una y otra vez.
{—Queda embarazado. Ten a mi hijo.}
{—Ngh, ugh…}
Perdido entre dolor y placer, el hombre parecía completamente fuera de sí. Con los labios, frotó suavemente el borde de su oreja antes de pronunciar:
{—Eres completamente mío.}
¡CRAC!, mordió con los dientes el cartílago de la oreja. El cuerpo del otro se contrajo violentamente de dolor. Lo abrazó con tanta fuerza que no pudo moverse, y siguió mordiéndolo sin piedad. La sangre le empapó la boca, y él, intoxicado por los feromonas del otro, también se sintió aturdido.
«Ahora sí, eres totalmente mío.»
Y tras dejar su marca definitiva en lo que ya era de su propiedad, se dejó llevar por la satisfacción y cayó dormido. Con su cuerpo aún profundamente enterrado en el interior del otro.
Era perfecto. Hasta que volviera a abrir los ojos.
***
♬♪♪♬♬♩…….
El familiar sonido del timbre despertó una parte de la conciencia de Chase. Frunció el ceño y, con un leve gemido, se dio la vuelta en la cama. Justo cuando el timbre pareció cesar, una nueva voz se dejó oír.
[—¿Señor Miller? ¿Está despierto? ¿Hola, me escucha? Señor Miller, ¿está ahí?]
La voz de su mánager sonaba a través del contestador automático. Chase mantuvo los ojos cerrados sin responder, solo dejó escapar un gruñido molesto y apagado. Al percatarse de que había algún tipo de reacción, el mánager no perdió tiempo y fue directo al grano.
[—Conseguí una copia adicional de la novela original de la película en la que va a trabajar. Pronto se la llevaré personalmente. ¿Ya leyó la que le mandé antes? Sé que es bastante, pero sería mejor leer toda la serie completa. Así podrá entender bien a los personajes… En especial este libro, fue realmente difícil de conseguir. Puede ignorar los otros si quiere, pero este tiene que leerlo sí o sí. Prácticamente todo sobre el Doctor Flame está ahí. Seguro que al menos ha oído hablar de la saga, es muy famosa, pero no es lo mismo conocerla que interpretar uno de sus personajes. Tiene que estudiarlo a fondo. Es una serie antigua y con una base de fans muy sólida, así que hay que tener cuidado. Pero si se trata de usted, señor Miller, sé que lo hará bien. El propio señor Pittman le ofreció el papel, después de todo… Sé que ya se lo he dicho, pero la verdad es que el atentado que sufrió el señor Pittman fue porque nosotros seguimos posponiendo la firma del contrato, ¿recuerda? Usted seguía dando largas y, bueno… en fin, a lo que quiero llegar es que, mientras interprete el papel de manera impecable, todo lo que ocurrió durante la etapa de negociación será cosa del pasado…]
El mánager seguía hablando, pero Chase no escuchaba ni la mitad. Solo respiraba con calma en silencio. Su mánager, acostumbrado a ese tipo de reacción, concluyó la llamada rápidamente.
[—Bueno, señor Miller, si necesita algo más, comuníquese conmigo. Pasaré en la tarde.]
Finalmente la llamada terminó, y el silencio llenó la habitación. Chase parpadeó lentamente. Aún sentía un leve mareo, pero no era insoportable. Permaneció un rato tumbado antes de incorporarse con lentitud.
—Haa…
Soltó un suspiro profundo y permaneció sentado, encorvado, por un momento.
«¿Qué día es hoy?»
Trató de recordar, pero por supuesto no tenía idea. Después de un rut, podía pasar desde un día hasta tres, dependiendo del caso. Y en su caso, tomando medicación, era aún más impredecible.
HUU… Se frotó la frente con una mano y volvió a suspirar, cuando frunció el ceño de repente. Tenía la sensación de haber soñado algo, pero no podía recordarlo. Su mente estaba nublada, como si se moviera entre la niebla.
Permaneció un momento así, hasta que de pronto revisó su cuerpo y la cama de forma apresurada. Pasó la mano por las sábanas, olfateó, se levantó y revisó distintas partes de su cuerpo. Solo cuando terminó, dejó caer los hombros con alivio.
—Haa…
Cuando la tensión se disipó, de pronto sintió hambre. Al mirar el reloj, notó que ya casi era la hora del almuerzo.
«Necesito comer algo.»
Chase logró reunir ese pensamiento en su mente aún agotada. Con una mano en la frente, tomó el teléfono con la otra y marcó un número interno, pero aunque dejó sonar casi diez veces, nadie respondió.
«¿Malditos imbéciles, por qué no contestan el teléfono?»
Chasqueando la lengua con fastidio, colgó y salió de la habitación. A medida que avanzaba por el largo pasillo, comenzó a hervirle la sangre.
¿Para qué diablos contrató guardaespaldas en primer lugar? No eran más que idiotas que se pasaban el día sentados mirando las cámaras de seguridad, tomando cerveza y viendo estúpidos partidos deportivos. Llenar la casa de inútiles como esos no servía para nada.
«Míralos, estos imbéciles…»
Chase apretó los dientes parado en la entrada de la cocina. Tal como lo imaginaba, el exceso de personal estaba ahí, perdiendo el tiempo. Y para colmo, bebiendo café tranquilamente.
Apoyado contra el marco con paneles de madera, Chase frunció el ceño con fuerza mientras clavaba la mirada en la nuca de Josh.
***
—Haah.
Josh dejó escapar un suspiro mientras contemplaba el jardín. Había terminado de comer de forma bastante simple y recién acababa de moler granos para prepararse una taza de café caliente. Aún quedaba algo de tiempo antes del cambio de turno. Mientras se llevaba la taza a los labios, pensó: «No está mal tener una mañana tan tranquila de vez en cuando. ¿Debería llamar a Pete?»
Aunque lo había visto el día anterior, el pecho se le apretó de pronto por la nostalgia. Con solo escuchar su voz, sería suficiente. Con esa intención, buscó su celular apresuradamente. Pero entonces—
—Oye.
La voz fría que escuchó de repente hizo que Josh girara la cabeza por reflejo. En el momento en que vio al hombre apoyado contra el panelado, no pudo evitar sorprenderse de nuevo. Chase estaba allí, mirándolo fijamente.
La situación, completamente inesperada, lo dejó parpadeando sin saber cómo reaccionar. Se incorporó a medias con torpeza, tratando de encontrar algo que decir, pero nada le venía a la mente. Aquella cabeza, que hasta hace un segundo estaba llena de pensamientos sobre Pete, se vio de golpe invadida por otra cosa.
El silencio se volvió tenso. Por alguna razón, Chase no decía ni una palabra; simplemente lo miraba. Finalmente, tras un largo momento, Josh logró forzarse a hablar, extrayendo con dificultad las palabras.
—…¿Se le ofrece algo?
En lugar de responder, Chase bajó lentamente la mirada y recorrió con ella el cuerpo de Josh, de pies a cabeza: sus largas extremidades, su silueta delgada, musculosa, sin un solo gramo de grasa. Inconscientemente, frunció el ceño.
«¿Por qué un hombre con ese rostro está trabajando como guardaespaldas? Más bien parece alguien que necesita uno.»
—¿…?
Al notar su mirada penetrante, Josh ladeó ligeramente la cabeza, desconcertado. A Chase tampoco le agradó esa reacción. Pero cuando finalmente abrió la boca, lo que salió fue muy distinto a lo que tenía pensado.
—¿Por qué nadie contesta el maldito teléfono?
Lanzó el insulto para sí mismo, sabiendo perfectamente que eso era todo lo que tenía para decir.
«¿Cómo voy a preguntarle: “Con esa cara, por qué haces de guardaespaldas”?»
Chase quiso morderse la lengua.
—Ah…
Josh soltó una breve exclamación, como si finalmente entendiera. A Chase tampoco le gustó esa respuesta, pero Josh, sin sospechar nada, cayó en la cuenta de inmediato.
«Así que por eso bajó hasta aquí.»
Agradecido de que al menos ya sabía la razón, y con una excusa para hablar, Josh se apresuró a intervenir.
—Parece que no lo escuchamos. ¿Qué necesita?
Con el ceño aún fruncido, Chase respondió:
—Comida.
—¿Perdón?
Josh repitió por reflejo la pregunta y enseguida se dio cuenta del error. En cualquier momento podía volar un puñetazo, pero por alguna razón, Chase no se movió. Solo lo miraba fijamente con los ojos inyectados en sangre.
—Dije que quiero comer, ¿no hablas español*? ¿No entiendes? ¿Es que tienes las orejas de adorno?
*N/T: Originalmente decía inglés.
Ante el sarcasmo que no podía faltar, Josh frunció el ceño, pero se contuvo. Al fin y al cabo, él no era más que un empleado.
—Lo prepararé de inmediato —respondió con la mayor neutralidad posible y se dio la vuelta.
Aunque Josh abrió la puerta del refrigerador y comenzó a preparar la comida, Chase no se movió; seguía de pie, inmóvil, observándolo.
Ignorando su mirada, como si no se diera cuenta, Josh sacó uno de los platos precocinados como de costumbre y estuvo a punto de meterlo al microondas cuando se detuvo. Solo hacía falta ajustar el tiempo y presionar un botón, y todo estaría listo. Pero lo que lo hizo dudar fue, absurdamente, la presencia de frijoles verdes en el plato.
«A ese tipo tampoco le gustan los frijoles.»
Al recordar los platos donde siempre quedaban los frijoles intactos, pensó enseguida en Pete. «¿Por qué tenía que parecerse justo en eso?», se lamentó internamente, aunque sabía que no cambiaría nada.
—…¿Qué haces? —preguntó Chase. Esta vez, con una expresión sinceramente confundida.
Josh no respondió; se limitó a buscar rápidamente entre los ingredientes del refrigerador, los sacó sin dudar y cerró la puerta de golpe. Cuando se volvió hacia Chase, no quedaba rastro de molestia en su rostro.
—Estoy preparando la comida, por supuesto.
Chase alzó una ceja con desconfianza al ver su sonrisa tan tranquila.
—No estarás pensando en envenenarme, ¿verdad?
—¿Qué dijo?
Josh, sin poder evitarlo, repitió la pregunta con incredulidad. Pero Chase hablaba totalmente en serio. Josh soltó una breve risa seca.
—Si hubiera querido envenenarlo, ya lo habría hecho. ¿Acaso no podría haberlo hecho con la comida precocinada también?
—Tal vez solo estaba esperando el momento ideal para hacerlo con mis propias manos.
Chase seguía sin confiar en él. Josh, por toda respuesta, le dedicó una amplia y resplandeciente sonrisa. Al verla, Chase se quedó sin palabras y su mirada se quedó fija en él. Josh estiró un brazo con elegancia, dibujando un gesto teatral, e hizo una ligera reverencia.
—Qué honor tan grande que me conceda semejante oportunidad, joven amo. ¿Prefiere que unte el veneno en el filete o que lo frote en el tenedor? Elija lo que más le plazca. Lo haré con gusto.
Aunque claramente era una burla, no resultaba para nada ofensivo. Cualquiera en su lugar se habría echado a reír. Incluso Chase se sintió desconcertado, avergonzado más bien, sin saber cómo reaccionar.
«¿Qué rayos le pasa a este tipo?»
Mientras lo observaba parpadear, se dio cuenta de que, pese a sus palabras, Josh estaba sonriendo con absoluta sinceridad. Al identificar el motivo por el que su rabia se desinflaba, Chase no pudo evitar abrir la boca con incredulidad.
«¿Que tiene mejor carácter que yo? ¿Este maldito idiota ni siquiera sabe cuál es su lugar?»
Josh, aún con una sonrisa, le dio la espalda.
«Antes que sospechar si hay veneno en cada plato, sería más eficiente tragarse el orgullo.» Pensó, sin decirlo en voz alta.
Mientras asaba la carne, preparaba la salsa y cocía las verduras, Chase no se movió ni un centímetro de su lugar. Josh sabía perfectamente que su mirada seguía clavada en su espalda, pero la ignoró por completo.
Cuando tenía a Pete sentado sobre los hombros, era difícil cocinar, así que muchas veces lo sentaba en una silla y le ajustaba el cinturón de seguridad. Entonces el niño lo seguía con la mirada, deseoso, sin perderlo de vista ni un segundo. Evitar la mirada insistente de un niño era realmente difícil. Comparado con eso, la de un adulto arrogante no era nada.
Pensar en aquel niño babeando con la boca entreabierta mientras lo observaba, lo hizo sonreír sin querer. Y justo cuando se le escapó esa sonrisa, Chase soltó de pronto:
—¿Qué te causa gracia?
«Ups», Josh se congeló. Chase no tardó en encontrarle una excusa para reclamar, pero por suerte había una cláusula que lo respaldaba. Así que se apegó a ella y lo ignoró.
—Tú —volvió a hablar Chase, con una risa crispada, como si estuviera a punto de estallar—. ¿Me estás ignorando, verdad?
Josh dudó por un instante. Tal como iban las cosas, rompiera o no la cláusula, probablemente terminaría recibiendo una golpiza. El nuevo contrato estipulaba que debía evitarse la violencia, pero dudaba seriamente de que se cumpliera. Al final, quien salía perdiendo si lo golpeaban era él. Y después de todo, no tenía ganas de volver a experimentar los dolorosos puñetazos de Chase. Así que, decidido, respondió:
—Hay una cláusula que indica que no debo responder si me habla. Solo estoy cumpliendo el contrato.
Y, tal como esperaba, lo único que recibió a cambio fueron insultos y sarcasmos.
—¿Quién te dijo que lo hicieras cada vez? ¿No tienes ni un poco de sentido común? Si necesitas algo, ¡deberías decirlo, idiota! ¿No tienes nada en la cabeza?
Chase hablaba más de lo habitual, señal de que estaba realmente molesto. Pero, como siempre, ni una sola palabra de las que decía era agradable de oír.
Josh tuvo que respirar hondo para no dejarse llevar por la rabia. Por un momento, pensó que sería mejor golpearlo y acabar en la cárcel. Pero justo entonces, la imagen de Pete le vino a la mente, y no tuvo más opción que aguantarse. En su lugar, respondió con una sonrisa profesional:
—Disculpe. Lo tendré en cuenta para la próxima.
Chase no dijo nada. Solo lo miraba fijamente. La tensión era tan pesada que Josh, sin más remedio, soltó una mentira.
—Simplemente recordé un programa de comedia que vi hace poco. No tiene mayor importancia.
Por miedo a que empezara a buscarle otra excusa para pelear, cambió rápidamente de tema.
—¿Qué le gustaría tomar? ¿Agua, agua con gas, o prefiere que le prepare algo?
—Oye.
—Sí, señor —respondió Josh de inmediato, esta vez.
Chase, apretando los dientes, escupió:
—Cállate.
Josh cerró la boca como le habían ordenado y comenzó a preparar la mesa lo más rápido posible. Colocó los manteles individuales, las servilletas dobladas con cuidado, los cubiertos y luego sirvió el plato principal que había terminado de preparar.
Mientras Josh colocaba con precisión el plato frente al asiento, Chase no dejaba de observarlo. Josh lo ignoró y se dirigió a la vinera contra la pared, de donde sacó una botella, retiró el corcho, olió ligeramente el aroma del vino y sirvió una copa. Luego se retiró con una sonrisa, esta vez genuina.
—Buen provecho, señor Miller.
Chase lo miró en silencio por unos segundos. Josh le devolvió la sonrisa. Fue solo entonces que Chase se movió por fin.
Con apenas unos pasos cruzó el espacioso comedor hasta la mesa. Estaba a punto de sentarse cuando Josh, como si de pronto recordara algo, abrió los ojos con fingida sorpresa.
Mientras Chase fruncía el ceño, Josh se giró rápidamente y regresó con una pequeña sartén. Y justo delante de él, con una gran sonrisa, vertió el contenido sobre el filete.
Eran habichuelas verdes perfectamente salteadas.
Chase no dijo nada. Solo miraba el plato. Pasaron unos segundos antes de que su mirada se deslizara lentamente hacia Josh, quien le sonrió con toda naturalidad.
—Olvidé ponerle el veneno.
El rostro de Chase se fue endureciendo poco a poco. Pero Josh, sin inmutarse, añadió:
—Buen provecho. Tal vez con el veneno se le pase ese mal carácter.
—…
—Junto con usted, por supuesto.
Josh entonces retiró la silla como haría en una cita con una novia, igual que había hecho en el pasado. Nadie con quien hubiera salido antes tenía una cara tan bonita ni un temperamento tan horrible.
Mientras pensaba eso, esperó a que Chase tomara asiento, con el corazón latiendo con fuerza sin saber cómo reaccionaría.
Chase bajó la vista al plato. Lo único visible eran las montañas de habichuelas; la carne estaba completamente cubierta. Josh pensó que tal vez arrojaría el plato. Pero de pronto, Chase se movió. Rodeó la mesa y se dirigió a la silla que Josh había preparado para él. Parecía que iba a sentarse sin más. Josh sintió una leve decepción cuando, de repente, Chase le agarró el brazo.
—¿…?
Sorprendido por la inesperada acción, Josh alzó la vista instintivamente. Chase, con el ceño fruncido, lo miraba fijamente. Sus miradas se cruzaron una vez más. Esta vez, a una distancia muy corta.
Los ojos violetas de Chase, ligeramente opacos, se clavaron en los suyos. Por un instante, ambos se observaron en silencio. Josh tragó saliva. Sabía muy bien quién era ese hombre que tenía enfrente. También sabía que debía apartarse, fingir que no pasaba nada. Que para Chase, él no era absolutamente nada.
Pero, lamentablemente, su cuerpo no se movía. Sin siquiera respirar, Josh solo podía mirar a Chase, como si estuviera hechizado, completamente absorto.
Estaba convencido de que se había vuelto loco. «¿De verdad ese rostro pertenecía a un ser humano?»
—Haa…
Chase soltó un suspiro, y al mismo tiempo, a los oídos de Josh pareció llegarle un lejano eco de una dulce canción de chocolate, ya casi olvidada. La pequeña rubia encantadora ya había crecido y ahora estaba justo frente a él. Soñaba con besarla cada noche. En ese entonces, ella era más pequeña y dulce que él, y vivía su torpe primer amor con la inocencia de un niño.
La niña ya no estaba, pero su corazón seguía latiendo con fuerza, como si de pronto hubiera regresado a ser ese pequeño. Las largas pestañas de Chase subieron y bajaron lentamente. Sus ojos violeta, desenfocados, desaparecieron por un segundo y luego volvieron a aparecer.
—Tú… —susurró Chase con una voz tan dulce como su rostro—. ¿De verdad quieres morir?
Sonreía. Como si realmente estuviera por estrangularlo, sus dedos apretaron con más fuerza la muñeca de Josh. Los dedos empezaron a entumecerse y el brazo a temblar, pero Josh no podía apartar la vista de él. Con esfuerzo, respondió:
—No.
—¿Entonces qué es esto? ¿Acaso estás desesperado por morir?
La voz de Chase se volvió más baja, cargada de un fastidio que estaba a punto de estallar. En ese momento, Josh pensó que, de verdad, lo iba a matar. En medio de esa tensión, se le escapó un chiste.
—Si es en la cama, probablemente estaría encantado de morir así.
—…
Pero al ver la expresión de Chase, Josh supo de inmediato que, lamentablemente, esa vez su broma no había funcionado. No iba a morir en la cama, sino en la cocina. Rápidamente, empezó a repasar en su mente todos los utensilios del lugar.
«¿Meto la cabeza en el horno? ¿O mejor un cuchillo? No… no irá a meterme en el refrigerador, ¿verdad?»
—Tú… —Chase apretó los dientes y empezó a temblar ligeramente. En cuanto levantó la mano, Josh cerró los ojos por reflejo. Si solo se trataba de un golpe, sería hasta un alivio.
Pero…
Nada ocurrió.
Contó hasta diez en su cabeza y, al ver que el golpe no llegaba, no tuvo más remedio que abrir los ojos. Chase lo observaba desde arriba. Su mano seguía suspendida en el aire, inmóvil.
Josh parpadeó, confundido.
«¿Qué le pasa a este tipo?»
Chase, con el ceño fruncido, simplemente le examinaba el rostro en silencio. Josh vaciló. Abrió la boca para decir algo, pero no logró emitir ningún sonido.
Estaban tan cerca que podían sentir el aliento del otro. Ninguno desvió la mirada ni dio un paso atrás. Sin saber cuál era la intención del otro, Josh solo se quedó allí, enfrentando su mirada.
Chase, que había permanecido inmóvil, inclinó lentamente la cabeza. Pero Josh ni siquiera se dio cuenta. Solo cuando escuchó un leve SNIF, un profundo respiro, su cuerpo se tensó. Chase lo estaba oliendo.
Y entonces, la mente de Josh se quedó en blanco. Debería apartarse, pero su cuerpo no respondía. Además, si reaccionaba de forma exagerada, podría despertar sospechas.
«¿Tomé la medicina hoy? ¿O fue ayer? ¿Aún no la tomé?»
No lograba recordarlo con claridad.
«Está bien, mi aroma es débil de por sí…»
Intentó tranquilizarse. Incluso cuando se saltaba las dosis, nadie se daba cuenta. Él mismo se olvidaba de que era un Omega mientras no estuviera en celo. No había forma de que lo descubriera.
—Señor Miller… —Josh, esforzándose por parecer tranquilo, habló con voz suave—, ¿podría retirarme ya?
Chase no respondió. Se quedó quieto como una estatua. Josh sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Chase seguía en silencio, con el ceño fruncido. No había forma de saber en qué estaba pensando.
Cuando Chase soltó repentinamente la muñeca de Josh, este no pudo evitar tambalearse hacia atrás. Chase frunció el ceño de forma repentina. Al notar que parecía a punto de decir algo, Josh se apresuró a esbozar una sonrisa.
—Entonces, me retiro, señor Miller.
Y sin esperar respuesta, desapareció con prisa, casi como si huyera.
Chase, que había quedado solo, permaneció un momento inmóvil mirando en la dirección por la que Josh se había ido. Su entrecejo seguía sin relajarse.
Un retazo de aquel sueño olvidado seguía revoloteando frente a sus ojos. Frustrado, se pasó una mano por el cabello con gesto irritado.
«Debo de estar confundido… No puede ser que se parezca a él.»

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN