Capítulo 16
En la fiesta celebrada en la mansión de Pittman, desde temprano ya había una multitud de periodistas y curiosos que se habían congregado para ver el evento. Más allá del gran portón de hierro se desplegaba un mundo exclusivo para unos pocos, aunque solo una mínima parte del espacio era accesible al público general. Esa zona estaba claramente delimitada por sogas de seguridad.
—¡Aaaaaaahhh…!
Apenas Josh abrió la puerta del auto y bajó, estallaron gritos tan intensos que se asemejaban a alaridos. El rugido de la multitud era tal que a Josh se le erizó la piel al recordar a la horda de zombies corriendo hacia Chase.
No muy lejos, podía verse a la actriz coprotagonista caminando mientras saludaba con la mano. Josh y los demás rodearon enseguida el auto donde venía Chase. Tras examinar rápidamente el área, Mark abrió la puerta del vehículo. Y por fin, Chase Miller hizo su aparición.
—¡…!
Por un instante, el mundo pareció quedarse en completo silencio. Incluso Josh se quedó paralizado. A pesar de llevar un auricular en una oreja, el estruendo era tan fuerte que sus oídos se entumecieron. Pero cuando Chase apareció ante su vista, Josh perdió por completo la noción.
Ese día, Chase se había teñido el cabello de negro para ajustarse a su nuevo personaje. Su piel blanca resaltaba aún más contra ese color oscuro, haciéndolo ver pálido, y sus labios rojos acentuaban aún más su expresión habitual de fragilidad. Cuando se llevó los dedos al rostro para apartarse un mechón de cabello que caía levemente sobre su frente, no solo el público contuvo el aliento: incluso Josh, que lo había visto en la mansión, se quedó sin aire.
—Qué cabrón tan guapo, joder…
La voz de Henry, que murmuró detrás de él, lo devolvió a la realidad. Fue una expresión grosera, pero no podía estar más de acuerdo. Cualquiera que viera en persona a Chase Miller pensaría lo mismo. Incluso Josh, que lo veía casi todos los días y ya estaba harto de su temperamento insoportable, estaba tan embobado como los demás.
El rubio brillante de Chase esa noche era reemplazado por un negro intenso como la noche. Su nuevo corte, más corto, resaltaba la elegancia natural de su estructura ósea.
En el fondo, Josh pensaba que incluso con la cabeza rapada seguiría siendo impactantemente bello. Pero esa noche, en lugar de raparse, Chase llevaba el cabello negro perfectamente peinado y un esmoquin de etiqueta que acentuaba su figura alta y estilizada. Estaba impecable, como si fuera a asistir a la ceremonia de los premios Óscar.
Tal como se esperaba, los flashes de las cámaras estallaron por todos lados y la gente no paraba de gritar su nombre. Chase, con una expresión completamente indiferente, agitó la mano de manera desganada. Como si le fastidiara hasta el alma. Desde atrás, Henry murmuró entre dientes:
—Hipócrita de mierda.
Josh pensó que, en parte, tenía razón.
De todas partes, la gente se abalanzaba sin descanso. Los guardias de seguridad se esforzaban al máximo por contenerlos. Como ya había habido varios incidentes anteriores, el número de escoltas presentes era inmenso, y las medidas de control eran estrictas en extremo.
FUU…
Josh por fin pudo soltar un suspiro de alivio solo después de haber atravesado la multitud y entrar a la mansión donde se celebraba la fiesta. A donde mirara, solo veía actores de la película, miembros del staff o figuras prominentes de la sociedad que habían sido invitadas. Incluso Isaac, que normalmente no mostraba interés por los famosos, parecía momentáneamente embobado. Mark también quedó aturdido por un instante, pero enseguida recuperó la compostura y animó a su equipo.
—A trabajar. Manténganse bien atentos. Todos saben lo que deben hacer, ¿verdad?
—Sí, Mark.
Todos respondieron uno por uno.
Josh desvió la mirada y comenzó a revisar los alrededores. Apenas divisó al mayordomo que recibía a los invitados, le hizo una señal a Mark y se alejó del grupo. Según lo acordado, su tarea era vigilar el entorno.
Henry e Isaac observaban a Chase desde una distancia prudente, listos para actuar si ocurría algo. Seth se había quedado dentro de la mansión.
Aunque ya tenían información previa sobre los invitados principales, no conocían a todos sus acompañantes, guardaespaldas o miembros del personal, por lo que no podían bajar la guardia. La labor de Josh era identificar cualquier movimiento sospechoso en los alrededores.
Dado que la mayoría de los presentes eran personas de alto perfil, y Pittman seguramente había reforzado la seguridad más de lo habitual, no parecía probable que ocurriera algo fuera de lo común. Pero tras haber recibido una carta de amenazas, no había lugar para confiarse. Josh también mantenía un ojo sobre los demás guardias que patrullaban la zona, por si acaso.
Mientras observaba rápidamente a su alrededor, Josh se detuvo de pronto al detectar a un hombre en su campo de visión. No necesitaba comprobar el color violeta de sus ojos para saberlo. Ese hombre, sin duda, era un Alfa dominante.
«Keith Pittman.»
Josh pensó en silencio. Había visto su rostro incontables veces en los medios, pero esta era la primera vez que lo veía en persona.
Pittman era tan alto como había imaginado. Su cuerpo, oculto bajo un traje impecablemente entallado, era perfecto. Josh, que siempre había considerado exageradas las críticas de la prensa por no verlo actuar en pantalla, finalmente lo comprendía. Ese hombre, aunque solo respirara en un rincón del encuadre, causaría sensación.
Fue entonces cuando Josh notó algo: no percibía ningún rastro del aroma de feromonas que debería tener un Alfa dominante. Al mismo tiempo, su mirada se detuvo en una de sus orejas, donde había una marca visible.
—¿Pittman está casado? —susurró.
Mark le respondió en voz baja:
—¿No lo sabías? Dicen que alguien le dejó la marca sin permiso y desapareció. Están como locos tratando de encontrar al culpable.
Josh, sorprendido, escuchó mientras Mark añadía con desdén:
—Parece que estaba en celo y no era consciente de lo que pasaba. Ni siquiera recuerda quién fue. Pero como sabes, cuando se trata de un Alfa, si le dejan una marca, ya está. Si no encuentra a ese Omega, va a tener que vivir solo toda su vida. ¿Quién iba a imaginar que alguien como Pittman quedaría atado a alguien a quien ni siquiera recuerda? Por eso hay que tener cuidado con cómo se comporta uno.
Aunque en su caso era lo contrario, las palabras de Mark no le parecían tan ajenas.
«Al menos yo sé quién es la persona.»
Por primera vez, Josh sintió compasión por un Alfa dominante. Mientras tuviera esa marca, Keith Pittman no podría oler el aroma de ninguna otra persona. Solo el del Omega que lo había marcado.
En cosas como estas, era evidente que los Alfas tenían desventajas frente a los Omegas. Desde el momento en que se deja una marca, tu vida queda hipotecada. Josh pensaba eso mientras tocaba con los dedos la zona cercana a su propia oreja, sobre el auricular.
«Ambos estábamos marcados, pero al menos yo puedo seguir adelante con otra persona… y él no.»
Fue entonces cuando le vino a la mente el rostro de Pete y Josh no pudo evitar sentir lástima por Keith.
«Si ese día hubiera perdido el control y dejado la marca… y no hubiera sido Chase, sino yo…»
—Dicen que si llega a encontrarlo, lo va a matar —añadió de pronto Mark, como si leyera sus pensamientos.
Josh cambió de idea de inmediato: «menos mal que fui yo el marcado.»
Una vez que se confirmó que Chase había entrado al salón principal, Mark dio la orden para que cada uno se ubicara en su posición. Josh, tal como ya se había decidido, comenzó a patrullar por los alrededores de la mansión. Desde fuera, los gritos del público aún no cesaban.
***
—… Ya veo, es la primera vez que veo algo así.
—De verdad que son violetas. Qué curioso.
Junto a los murmullos, Chase sintió las miradas furtivas clavándose en él. Frunció ligeramente el ceño y los ignoró. Aquel tipo de susurros y miradas inquisitivas lo habían acompañado toda su vida. Y probablemente, lo harían hasta el día en que muriera. Tal vez incluso después de muerto seguiría siendo blanco de chismes y burlas.
El simple hecho de ser un Alfa dominante hacía que la gente lo observara como si se tratara de una especie rara. Y de hecho, lo era. De entre la multitud que asistía a esa fiesta, los únicos Alfa dominantes eran Pittman y él. La única diferencia era que no estaban encerrados en una jaula.
Por un momento, Chase recordó al hombre que lo miraba con tanta devoción cada vez, y frunció aún más el ceño. Hacía ya mucho que sabía que todos lo deseaban únicamente por su rostro. Además, ese hombre nunca lo negó.
«Descarado de mierda.»
Bebió el champán de golpe, con molestia. Lo que más le fastidiaba era darse cuenta de que estaba pensando en él. El hecho de que Josh, en los últimos días, hubiera evitado su mirada con una habilidad casi absurda, no hacía más que agravar su mal humor.
«No habrá renunciado sin avisar, ¿verdad?»
Chase se quedó congelado al recordar que hacía días no veía ni la sombra de Josh.
«¿Por qué demonios estoy pensando en ese tipo ahora? ¿Qué importa si se fue o no? Seguramente es solo porque la fiesta es aburridísima.»
Eso pensó. Debería buscar algo entretenido, aunque no era como si en ese lugar fuera a encontrarlo. Los Alfa dominantes solían ser objeto de miradas, pero en el caso de Chase, eso se daba de forma aún más marcada y descarada. Aun así, no quería agotarse lidiando con la gente en una fiesta a la que asistía por obligación. Tal vez por eso, la mayoría optaba por observarlo desde lejos sin acercarse.
La mejor defensa que Chase podía usar era ignorarlos. Bastaba con hacer tiempo y saludar a Keith Pittman antes de irse. Como siempre.
Pero en todo lugar, siempre hay alguien demasiado sociable.
—Cuánto tiempo sin verte, Chase. ¿Has estado bien?
Se quedó mirándola en silencio por un momento. Sin duda, no recordaba quién era. La mujer sonrió y se presentó:
—Soy Naomi Parker. Vamos a trabajar juntos en este proyecto. Un placer.
Chase estrechó su mano blanca brevemente, por pura cortesía, y luego la soltó de inmediato.
«Lárgate ya.»
Lo pensó en silencio mientras la miraba con expresión seria, pero a Naomi no pareció afectarle. Al contrario, lo observó de arriba abajo con descaro, como si le resultara fascinante, y luego volvió a clavar la mirada en su rostro.
—Grayson andaba diciendo que el papel no te quedaba, pero la verdad es que te queda bastante bien. ¿Por qué se quejaba tanto, entonces? ¿Le dio vergüenza porque eres su hermano?
Chase no se sorprendió al oír el nombre de su hermano en boca de una actriz con la que ni siquiera tenía confianza. Mirándola mientras soltaba una risita, respondió con desgano:
—Lo decía en serio.
—¿De verdad? ¿Por qué? Si estás increíble —dijo Naomi, parpadeando de forma exagerada.
Chase no respondió, simplemente llevó la copa de champán a los labios. Estaba seguro de que Grayson se había acostado con aquella mujer. No era algo raro, por eso Chase no reaccionó con mayor interés. Él solía adornarse diciendo que era “un lobo solitario en busca del amor verdadero”, pero a ojos de Chase, no era más que un mujeriego aburrido soltando estupideces.
«Ni siquiera sabe lo que es un sentimiento.»
No necesitaba preguntarle a Naomi para saber qué clase de cosas había dicho Grayson sobre su papel. Si se tratara de otra persona, tal vez podría pensarse que actuaba exagerado por vergüenza. Pero en el caso de Grayson, no había duda: realmente lo detestaba con pasión. Y Chase estaba cansado de tener un hermano así.
Ante su falta de reacción, Naomi sonrió con incomodidad y cambió de tema.
—¿Leíste la historia? Tiene muchas entregas, así que no la terminé toda, pero me sorprendió. ¿Chase haciendo de Doctor Flame? Aunque también he escuchado comentarios sobre mi papel…
Como actriz conocida por sus escándalos amorosos, era evidente que estaba algo incómoda con el rol que le habían asignado, ya que iba en contra de su imagen pública.
—Parece que los dos tendremos que esforzarnos, ¿no crees?
Aunque sonreía, sus ojos vacilaron con una leve inquietud. A pesar de ser una estrella de renombre, también parecía estar preocupada. Pero Chase solo la miró con el ceño fruncido.
La actitud casi muda de Chase hizo que Naomi se sintiera incómoda por otro motivo. «¿Podría actuar bien al lado de alguien así?»
Había visto varias películas de Chase, así que sabía que era un buen actor. Pero también era posible que todo se debiera a una buena edición, y que en realidad fuera difícil trabajar con él. La duda comenzó a crecer.
«¿Y si necesitaba cientos de tomas para rescatar apenas unas cuantas decentes?»
—¿Sabes al menos qué papeles tenemos tú y yo?
Su tono tenía un dejo de sospecha, pero antes de que Chase pudiera responder, otra voz se interpuso.
—Claro que lo sabe. Firmó el contrato, ¿no?
Naomi se giró con sorpresa, y al reconocer el rostro familiar, su expresión se iluminó. Estaba aliviada de haber escapado de esa situación incómoda, y se notaba. Pero a Chase no le importó. Estaba acostumbrado a ese tipo de escena.
—Keith.
Lo saludó con genuina alegría. De hecho, ya se estaba arrepintiendo de haber iniciado conversación con Chase.
—Cuánto tiempo. Gracias por darme el papel. No esperaba que me lo ofrecieran.
Sonrió y le agradeció, a lo que Keith Pittman respondió con rostro impasible, como si ya supiera todo.
—Solo pensé que te quedaba bien.
—Nadie más lo pensó así —respondió Naomi, en tono juguetón.
Keith contestó sin emoción:
—Entonces tendrás que demostrar quién tiene razón: ellos o yo.
—Vaya.
Naomi soltó una risa cristalina. Lejos de la imagen de estrella sexy de Hollywood, su risa sonaba casi infantil. Con una expresión mucho más relajada, miró alrededor de Keith y parpadeó.
—¿Y tu pareja? Creí haberla visto hace un rato… ¿O me equivoqué?
No podía creer que él hubiera venido solo a la fiesta. Pero Keith no parecía tener intención de contestar. Sacó su cigarrera, encendió un cigarro y lo llevó a los labios. No sabía dónde estaba su pareja, o simplemente no le importaba.
Al pensar que su pregunta había sido tonta, Naomi se arrepintió. Justo entonces, divisó al director de la película en el borde de su campo visual. Se despidió rápidamente y se alejó.
El murmullo constante del ambiente no cesaba, aunque más bajo. Pero ellos no dijeron nada. Simplemente se miraron en silencio. Fue Keith quien habló primero.
—Grayson ha estado viniendo todos estos días a quejarse como un niño.
No fue una sorpresa para Chase, que simplemente esbozó una sonrisa cínica. Sin embargo, le interesaba saber cómo reaccionaría Keith. Este encendió su cigarro con destreza, y tras una larga calada, exhaló el humo.
—Si realmente no quieres hacerlo, no tienes por qué obligarte. Aunque claro… tendrías que pagar la multa.
El tono era completamente carente de emoción. Por supuesto, Keith hablaba en serio, y Chase también.
—No tengo intención de pagar una penalización.
—Está bien.
Y con eso, se acabó el tema. Keith no dijo nada más. Se hizo un breve silencio, y llevó el cigarro de nuevo a los labios.
—No debe de ser fácil vivir siendo el hermano de Grayson —murmuró Keith como si hablara consigo mismo.
Chase soltó una breve risa.
—Si tú fueras mi hermano, tal vez habría sido un poco más llevadero.
No se sabía si hablaba en serio o en broma. Keith no reaccionó en lo más mínimo y mantuvo su rostro inexpresivo. El humo blanco cruzó el aire. Con unos golpecitos, Keith sacudió la ceniza del cigarro atrapado entre sus dedos largos.
—Mis hermanos seguramente no estarían de acuerdo contigo.
«Si tuvieran que aguantar a Grayson como hermano por un solo día, estarían agradecidos de tener a Keith en su lugar». Eso pensó Chase con indiferencia.
Justo cuando Keith dejó caer la ceniza sobre el cenicero que cargaba un camarero que pasaba por ahí, su mirada se fijó en una dirección. El cigarro colgaba de sus dedos mientras una larga estela de humo se elevaba.
Por alguna razón, se quedó completamente inmóvil, mirando en una sola dirección, como si estuviera congelado. Y antes de que pudiera decir nada, simplemente se dio media vuelta y desapareció.
Chase, que se quedó solo tras su repentina partida, encendió su cigarro y se mantuvo de pie unos momentos más.
Las voces de las personas hablando flotaban por el aire, zumbando cerca de sus oídos. Probó un poco más de champán, pero como era de esperarse, no se embriagó. Ya sabía que, si realmente quería emborracharse, tendría que beberse todo el champán de la fiesta.
Risas y charlas vacías se entremezclaban en el ambiente, pero él seguía estando solo. Exhaló un largo suspiro. Con el cigarro en la boca, parpadeó con la mirada vacía. De repente, deseó con fuerza una ráfaga de aire fresco.
Cuando se giró para salir del salón, una mujer que no conocía se interpuso en su camino. Chase frunció el ceño instintivamente, y ella le sonrió antes de hablarle:
—Hola, señor Miller. ¿Puedo llamarlo Chase?
Chase la miró con el ceño fruncido. Igual iba a llamarlo como le diera la gana, dijera lo que dijera.
—Es un placer conocerte, Chase. Soy Veronica Lee. Vamos a trabajar juntos en esta película. Puedes llamarme Becky.
Tal como era de esperarse, ella se presentó enseguida con tono amistoso y le dio su apodo. Pero Chase seguía con el rostro inexpresivo, sin mostrar ninguna reacción. En su cabeza, solo pensaba en cómo salir de ese salón cuanto antes.
Ante su indiferencia, cualquiera se habría sentido incómodo, pero Becky no se inmutó. Con una sonrisa constante, continuó hablando.
—Tenía muchas ganas de conocerte, de verdad. Es la primera vez que veo a un Alfa dominante. Hoy vi también al señor Pittman, pero tú eres… simplemente hermoso.
Su rostro irradiaba una adoración sincera. No era la primera vez que alguien lo elogiaba así de forma directa, pero tampoco era algo que ocurriera con frecuencia. Chase entrecerró los ojos, intentando leer sus intenciones. Pero, como siempre, era lo mismo: simple curiosidad ante un ser exótico o, tal vez, la intención de relacionarse con un actor de alto perfil. O las dos cosas.
—Cuando escuché que Chase iba a actuar en esta película, le rogué al director que me diera un papel. Quería trabajar contigo, era mi sueño. Soy una gran fan tuya, Chase. Muchísimo.
Su voz entusiasta no era diferente a la de una fan obsesiva. Tomó dos copas de champán de la bandeja de un camarero que pasaba y le ofreció una a Chase, como si quisiera brindar.
Chase la aceptó y se la bebió de un solo trago. «Con esto debería bastar», pensó. Pero cuando se movió para marcharse, ella volvió a acercarse.
—¿Podríamos hablar sobre la película? Soy fan tuya, pero también del personaje Doctor Flame. Me gustaría saber qué opinas sobre él.
Mientras hablaba, Becky le tomó del brazo. De repente, la distancia entre ambos se acortó, y Chase notó un aroma que le rozó la nariz sin que se diera cuenta.
Era el aroma de un Omega.
Chase se detuvo y la miró. Observó por un momento los ojos brillantes de Becky, que lo miraban con el rostro ligeramente sonrojado. Por primera vez, habló.
—…¿Eres Omega?
—Sí —respondió con timidez. Un leve rubor se encendía en sus mejillas, y su aroma a feromonas se volvía más intenso. Becky lo estaba seduciendo abiertamente.
Pero no era todo. Desde atrás, Chase percibió otro aroma de Omega.
Por primera vez, se desconcertó.
«¿Había tantos Omegas en esta fiesta? Keith no le había dicho nada al respecto…»
«Ah.»
Lo comprendió. Pittman no podía percibir el aroma de ninguna otra feromona. Así que no tenía forma de caer en tentaciones, a menos que no se tratara del Omega que le dejó la marca.
«Pero yo sí.»
Chase sintió el sudor frío recorriéndole la espalda y apretó los labios. Becky se acercó aún más y lo abrazó del brazo.
—Chase…
—¡Aléjate!
De repente, gritó mientras se zafaba de su agarre. Las miradas sorprendidas se volvieron todas hacia ellos al mismo tiempo. Pero Chase, jadeando, con los ojos inyectados en sangre, solo podía mirar a Becky con furia.
—Lárgate. Me da igual si eres mi fan o lo que sea, no te me pegues. Me repugna. ¡Me dan asco los Omegas!
En ese instante, el rostro de Becky se sonrojó por completo. Las conversaciones triviales que se escuchaban a su alrededor se detuvieron de golpe y varias personas los miraron de reojo. Pero Chase, tras fulminarla una vez más con la mirada, no dijo nada más y se marchó.
«Estoy harto.»
Rechinó los dientes mientras se alejaba, dejando atrás los eternos susurros que lo perseguían.
«Estoy harto de todo esto. De todo.»
Salió al exterior, pero el mareo no desaparecía. Fue entonces cuando Chase se dio cuenta de que había cometido un error.
«Debí haberme marchado de inmediato.»
Se arrepintió, pero ya era demasiado tarde. Tomó la siguiente mejor opción. Con el estómago revuelto, conteniéndose apenas, buscó su cajetilla de cigarrillos. El olor a feromonas que aún se le quedaba impregnado en la nariz lo tenía completamente alterado.
«Maldición… Tenía que ser Omega.»
Crujió los dientes con fuerza, pero lo único que podía hacer era contener la respiración y encenderse un cigarro con desesperación. Su plan era contrarrestar el efecto de las feromonas con nicotina.
FUU…
Inhaló profundamente el humo y lo contuvo en sus pulmones antes de soltarlo con lentitud. Repitió el proceso varias veces hasta que el aroma a feromonas comenzó a disiparse.
Aunque tal vez solo era que su olfato ya se había embotado. Al haber inhalado con tanta ansiedad, el mareo se intensificó y su cabeza comenzó a girar. Era lo peor.
—…Mierda. ¡Maldita sea!
Chase terminó soltando una maldición y se frotó los ojos con el dorso de la mano. Estaba tan enfurecido que no podía soportarlo. Si alguien se le hubiera cruzado en ese instante, habría querido golpearlo hasta dejarlo irreconocible.
CRAC.
Entonces, un sonido ajeno a las hojas le llegó al oído.
Y ahí estaba: el hombre que había visto en su sueño.
Joshua Bailey.
Chase lo miró, con los ojos abiertos de par en par, y murmuró su nombre en silencio.

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN