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Capítulo 13

—¡Daddy!

Apenas lo vio, el niño corrió hacia él y se le aferró con fuerza, negándose a soltarse.

«Ah… mi ángel.»

Josh sintió cómo todo el cansancio y el estrés se desvanecían al instante mientras lo abrazaba con fuerza. Pete le restregaba los labios por toda la cara, dejando saliva por aquí y por allá, pero no le importaba en lo más mínimo. Josh, lleno de amor, le llenó las mejillas, los labios y la frente de besos, y con el niño en un brazo, entró en la casa.

—Josh, qué bueno que llegaste.

Su madre lo saludó con entusiasmo, dándole un beso en cada mejilla.

—Emma dijo que hoy llegaría tarde. Parece que tiene una cita —comentó, mientras iba y venía con energía por la cocina.

—¿Le ayudo con algo?

Al olfatear el dulce aroma del pay, Josh aspiró con la nariz, y su madre lo reprendió suavemente.

—¡Ya te dije que no hagas eso! Van a pensar que te tengo muerto de hambre. Si tienes hambre, te preparo algo. ¿Y esas gafas de sol? ¿Por qué no te las quitas?

Josh, que ya no podía seguir ocultándolo, obedeció y se quitó las gafas. Al levantar el rostro y dejar a la vista los moretones, su madre abrió los ojos como platos.

—¡Dios mío! ¿Qué te pasó? ¿En qué trabajo andas ahora que te tienen así? ¡No me digas que volviste al ejército!

Ante la avalancha de preguntas, Josh sonrió con incomodidad.

—No, nada de eso. Solo estoy trabajando como guardaespaldas de una celebridad… Suena más escandaloso de lo que es, en realidad.

—Daddy, ¿te duele?

Pete le tocó suavemente el ojo morado y preguntó, con esos inocentes ojos verdes, idénticos a los de Josh, parpadeando con ternura. El corazón le dio un vuelco.

—No, para nada.

Josh no pudo contener la ternura y volvió a cubrirlo de besos. Pete se echó a reír y se sacudió, entre risitas. Y justo sobre esa carita sonriente, la imagen de Chase se sobrepuso con naturalidad. De pronto, Josh se dio cuenta de cuánto se parecía a él.

Su madre era Beta, pero su abuela había sido Omega, y una vez le explicó que probablemente esa herencia había saltado una generación hasta él. Tal vez por eso sus feromonas eran tan débiles. En su familia, él era el único Omega; los demás eran Betas. Aunque en realidad, aparte de su madre y su hermana, ya no quedaba mucha familia. Por eso, la mayoría asumía que Josh también era Beta.

Josh observó el rostro de Pete con atención. Aún tan inocente, este niño podría manifestarse como Alfa dominante, como Chase, o ser Omega como él, o simplemente vivir toda su vida como un Beta. Fuera lo que fuera, si llegaba a manifestarse, lo sabrían antes de que cumpliera veinte años. Después de esa edad, las mutaciones eran muy poco comunes.

No saber en qué se convertiría le causaba más miedo que expectativa. Solo pensar que ese niño adorable pudiera crecer y parecerse a Chase le provocaba escalofríos.

«Por favor… que solo se le parezca en lo físico.»

Sin darse cuenta, Pete ya se le había trepado encima, y montado sobre sus hombros jugaba con su cabello. Josh, asegurándolo bien por las piernas para que no se cayera, lo sostuvo firme mientras su madre lo observaba desde la cocina con el cuello estirado.

—¡Cuidado que Pete no se golpee la cabeza! Con tu altura, si además lo llevas montado…

—Sí, lo sé —respondió Josh con tranquilidad, antes de darle un beso en la pantorrilla regordeta.

—Y dime, ¿cuántos días tienes de vacaciones?

—Dos —respondió él—. Regreso mañana por la noche.

—¿Solo una noche?

Su madre frunció el ceño, visiblemente decepcionada, aunque enseguida volvió a mirar a Pete, que seguía aferrado como si no quisiera separarse nunca. Ya se imaginaba lo difícil que sería mañana por la noche. A esa edad, era normal. Negó con la cabeza y de pronto sus ojos se iluminaron, como si recordara algo.

—Ah, cierto, tengo que ir a recoger unos medicamentos… ¿Puedes ir tú? De paso, ¿me traes algunas cosas del mercado? Aún falta como una hora para que el pay esté listo, así que pueden ir tú y Pete juntos.

Josh asintió al recibir la lista de compras. Con cuidado, bajó a Pete de sus hombros y lo abrazó por delante, pero el niño enseguida intentó volver a treparse.

Josh no dejó que Pete hiciera lo que quería hasta que salieron del local. Cuando al fin lo soltó, el niño se le subió de inmediato por los hombros y volvió a montarse a caballito.

—¡Kyajaja!

Pete, encantado, se balanceaba de un lado a otro, soltando esa risita tan propia de los niños. Cuando vivían en Boston, Josh solía llevarlo montado a pasear por las calles. Esta vez, había estacionado el auto a propósito en un aparcamiento a una cuadra de la farmacia, y por primera vez desde que se mudaron, volvió a caminar con él a hombros.

Durante el camino, las miradas no se hicieron esperar: personas en autos, gente paseando con perros… todos se giraban a verlos. Pete, con su campo de visión más alto, se emocionó aún más al ver a la gente pasar por debajo.

—Daddy, tu cabeza.

Le daba golpecitos juguetones con sus manitas en la cabeza, o se restregaba contra su cara, buscando atención. Pete estaba más mimado de lo usual, y eso hizo que Josh se sintiera culpable. Pensó que quizá lo había hecho sentir solo. Aunque el niño no paraba de tocarle la cabeza, Josh no dijo nada y lo dejó hacer. No tardaron mucho en llegar a la farmacia.

—Pete, bájate un momento.

Antes de que pudiera sorprenderse, Josh lo bajó rápidamente en brazos y entraron. Mientras compraba los medicamentos de su madre y tachaba algunos artículos de la lista, Pete no se apartó en ningún momento de su brazo, sentado cómodamente sobre él.

No tardó mucho en encontrar todo lo de la lista y ponerlo en la cesta. Cuando estaba pasando los artículos por el escáner, uno de ellos no se registraba bien. Luego de varios intentos, una empleada se acercó para ayudarlo con una sonrisa.

—Qué niño tan lindo.

Lo dijo mirándolo con calidez, claramente interesada. Josh, incapaz de ocultar su lado blando, besó la cabeza de Pete que descansaba sobre su brazo.

—¿Verdad que sí?

—Sí, cuando crezca será tan guapo como su papá.

—Gracias.

Josh metió los billetes en la máquina y recogió el cambio.

—Que estés bien, Hannah.

Al decir su nombre en voz alta, según el cartel de su gafete, el rostro de la empleada se iluminó por completo. Justo cuando Josh se dio la vuelta para salir, se detuvo al ver una cara familiar.

—Emma. —Sonrió al reconocer a su hermana y se acercó—. Escuché que llegarías tarde. ¿Qué haces aquí?

—Cancelaron mi cita. Mamá me pidió que comprara algunas cosas, pero… ya veo que tú te adelantaste.

Al ver la bolsa que él llevaba, Emma le dio un leve codazo en las costillas.

—Deja de coquetear con todas, canalla. Con esa cara llena de moretones, ¿todavía te dan ganas?

—¿Qué hice ahora?

Josh protestó, pero Emma no se lo creyó.

—¿Y qué te cuesta decir la verdad? Ya tienes una marca. Si alguien supiera que eres Omega, los Alfas ni se atreverían a meterse contigo. Seguro que si las mujeres se enteraran, se te acercarían muchas menos. ¿O acaso eso es lo que disfrutas, eh, sinvergüenza?

—Sinvergüenza, sinvergüenza.

—Eso no se dice.

Josh reprendió suavemente a Pete, que repetía lo que escuchaba, y le lanzó a Emma una mirada de advertencia.

—Cuidado con lo que dices delante del niño. No es que lo oculte, solo que no hay necesidad de ir diciéndolo. También me dificulta el trabajo.

Había puesto a Pete a caballito justamente para evitar que escuchara cosas indebidas. El niño volvió a jugar con su cabello. Caminando uno al lado del otro, Emma retomó la conversación.

—¿Y el trabajo qué tal? Dicen que te pagan una barbaridad. Aunque cuando eso pasa, es porque el trabajo es un infierno.

Lo decía por los moretones en su rostro. Josh respondió con indiferencia:

—Lo justo por lo que me pagan. Auch.

—Pete, tu papá va a quedarse calvo —Emma reprendió al niño con una risa y luego continuó hablando—. Al menos tienes suerte de estar cerca. Si pudieras venir cada vez que descansas, sería genial.

«Aunque… ¿quién sabe cuándo volverá a tener un día libre?»

Mientras Josh pensaba eso, Emma volvió a hablar:

—Mamá me preguntó el otro día… si estás saliendo con alguien últimamente.

—¿Y entonces?

—Le dije que no sabía. Porque es la verdad.

—Claro… —respondió él, sin dejar de caminar.

Emma lo miró de reojo y preguntó:

—¿No es difícil criar a un niño solo? ¿No tienes a nadie que te hayan querido presentar, o algún compañero de trabajo que valga la pena? Dijiste que, salvo un casado, todos son Alfas, ¿no?

—No se sale con alguien del trabajo.

Josh la reprendió con fingida severidad, y Emma chasqueó la lengua con fastidio.

—Por lo general, los romances empiezan en el trabajo, ¿sabes? Bueno, tú qué vas a saber si nunca has tenido una relación seria. Eres de los que no frenan a quien se acerca, pero tampoco se esfuerzan por retener a quien se va. Es un milagro que hayas tenido un hijo siquiera.

Emma lo había dicho sin pensar, y en cuanto notó a Pete, bajó la mirada. El niño seguía jugando con el cabello de Josh, completamente ajeno a la conversación.

—Oye… lo de Pete… el papá, quiero decir… ¿de verdad no has tenido contacto con él? ¿De verdad es cierto?

—¿Por qué?

—¿Cómo que por qué…? —Emma lo miró como si fuera obvio—. Josh, tú siempre has sido súper cuidadoso. No creo que te hayas acostado con cualquiera y que el embarazo fuera un accidente. Debía de ser alguien que conocías. Es muy raro que nunca más haya dado señales de vida.

—No soy tan meticuloso como crees.

—Pues no parece cosa tuya. Tú siempre has manejado bien tus ciclos, ¿no?

Y sí, lo había hecho. Solo hubo un accidente, una única vez. De hecho, ese ciclo ni siquiera estaba previsto. Si no hubiera sido por “ese” hombre, el ciclo jamás se habría desatado de esa forma.

Josh se quedó pensando por un momento, pero enseguida lo invadió la culpa. Porque esa “casualidad” había sido su mayor suerte en la vida. Gracias a eso, había llegado Pete, su tesoro más preciado.

Marcó la línea con firmeza:

—Simplemente ya no hay razón para verlo. No quiero arreglar nada con él. Y perdón que te lo recuerde, Emma, pero antes de manifestarme, yo era el quarterback más popular de toda la preparatoria.

—¿Por un año?

—Sí, y en ese año tuve muchas novias. Tú lo sabes. Incluso justo antes de tener a Pete.

Emma puso los ojos en blanco, fastidiada. Sabía perfectamente que Josh, hasta conocer a Chase Miller, no había pasado ni un solo día sin novia.

—¿Quién lo diría? Si hasta te besabas con una en la mañana y salías con otra en la tarde.

—Me separé de una durante el almuerzo, y me declararon su amor al salir de clase. Corrijo los hechos.

Pero Emma no parecía muy convencida. Resopló y giró la cabeza, antes de seguir hablando:

—Aunque bueno, cortaste todos tus vínculos de repente y un día apareciste con Pete en brazos. Justo me preguntaba cuánto más te ibas a hacer el santo. ¿Por qué no te buscas otra novia? Hay muchas que dicen que no les importaría que fueras Omega.

No podía decir en voz alta que, desde que conoció a Chase Miller, el resto del mundo le parecía como calabazas viejas de Halloween. Y justo cuando pensaba que por fin lo estaba superando… había vuelto al punto de partida. Así que respondió con indiferencia:

—Hasta que Pete no sea un poco más grande, tengo que mantenerme tranquilo.

Emma parpadeó.

—¿De verdad tienes intención de salir con una mujer?

—¿Y por qué no? —Josh sonrió levemente—. Con una mujer no hay riesgo de embarazo, y para pasar un buen rato, no está nada mal. Mientras no interfiera con el trabajo, salir con una Omega tampoco suena mal. Siempre que ella piense igual, claro.

—¿Y no te has planteado salir con otro Alfa… o con un Beta? ¿No será que todavía no puedes olvidar al papá de Pete?

La pregunta de Emma fue cuidadosa. Josh se tomó una breve pausa antes de responder:

—No tengo intención de tener otro hijo.

La única vez que se acostó con un hombre siendo Omega, fue con “él”. Y también sería la última. Josh no tenía planes de volver a estar con un hombre. En realidad, siempre se había sentido más atraído por las mujeres. Así había sido en el pasado, y así seguía siendo incluso ahora.

Excepto por Chase Miller.

Tan pronto como lo recordó, el entrecejo de Josh se frunció con fuerza. Tenía que ser “él” el único hombre con quien se había acostado.

Justo en ese momento, Pete se echó a reír desde arriba, moviéndose con alegría. Ante su ternura, el rostro de Josh se relajó de nuevo. Lo bajó con naturalidad y lo sostuvo en brazos, mirándolo de frente. Al ver su carita, no pudo evitar sonreír.

Pero mientras lo observaba con esa sonrisa, Josh se quedó inmóvil por un instante. En el rostro de ese niño al que tanto amaba, había aparecido de repente la imagen de ese hombre al que no quería volver a ver.

Una expresión confusa se dibujó por un momento en su rostro. Emma lo miró, intrigada, pero Josh desvió la mirada y sostuvo a Pete en un brazo, mirando hacia el frente. «Una vez que termine este trabajo, no volveré nunca más a California.» Se repitió esa promesa una vez más.

Y aun así, lo que volvió a su mente fue aquella imagen: Chase, con los ojos llenos de lágrimas, mirándolo desde abajo. Su respiración débil, casi temblorosa, volvió a resonar con claridad en sus oídos.

Nadie sabía lo que había pasado aquella noche. Solo Josh. Un recuerdo más que solo él llevaba consigo. Cuando llegó a ese punto en sus pensamientos, Emma rompió el silencio:

—Cuando Pete sea mayor… ¿no crees que va a preguntarte por su papá?

—Seguramente —murmuró Josh, sin emoción.

Existen muchas familias con un solo padre. Pete terminaría por aceptarlo con naturalidad. «Y ese hombre puede seguir viviendo su vida en libertad, como hasta ahora.»

Frunció el ceño sin darse cuenta. No notó que aquello que siempre había considerado normal… ahora empezaba a incomodarlo. Y no quería profundizar más en por qué.

Sin embargo, por mucho que intentara borrarlo, la imagen de Chase con esa expresión de miedo, con los ojos inundados de lágrimas, no dejaba de darle vueltas en la cabeza.

Ni siquiera el beso que lo había incendiado por dentro lograba desvanecerse.



TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN


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