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Capítulo 91

—El inventario registrado ha aumentado casi el doble en comparación con el año pasado. Y eso justo antes del invierno severo —dijo Rudville con frialdad.  

El funcionario de finanzas, con rostro alarmado, preguntó:

—¿Está sugiriendo que hubo malversación?

—Quizá. O tal vez hay otro juego sucio detrás.

—…¿Otro juego sucio?

Ante su pregunta, Rudville sonrió con frialdad y respondió:

—¿Qué más podría ser? Es otro intento de derrocarme. Quieren provocar una escasez de alimentos.

Si los registros mostraban inventarios suficientes, se asumiría que el ducado estaba preparado para el invierno, y el gobierno central suspendería las compras adicionales de alimentos. Los funcionarios, confiando en las reservas, no tomarían medidas. Pero al llegar el invierno, se revelaría la verdad: los graneros estarían vacíos, los números inflados por informes falsos. 

Se planificaría la distribución creyendo que había grano, pero al abrir los almacenes, solo habría la mitad de lo registrado. Peor aún, en el norte, los caminos y puertos se congelan, haciendo imposible el transporte de emergencia. Cuando las reservas se agotaran, seguiría una hambruna masiva.

«Como la epidemia que Gawain desató.»

Morirían incontables personas.

—…Hmm —Rudville rió secamente—. Parece que me subestiman demasiado.

Francamente, era culpa suya. Antes de que Odelli llegara al castillo, ya circulaban rumores de que era un tirano loco. Si ella hubiera llegado un mes más tarde, él habría caído en el camino de la ruina. Y él, encima, habría disfrutado cada paso.

«Aunque ahora…»

Su imagen solo había cambiado de tirano loco que busca a una mujer de ojos azules a tirano loco enamorado de una mujer de ojos azules. No era mucha mejora. Y él no tenía intención de aclarar el malentendido.

—Si abandona sus deberes por pereza y descuida su reputación, es normal que surjan trepadores.

—Qué molestia… —su expresión decía que tanto gestionar su reputación como eliminar a esos trepadores le resultaban tediosos.

Rudville ordenó a Edwind:

—Organiza un equipo de inspección y revisa los almacenes de inmediato.

—Sí, Su Alteza.

Odelli añadió con calma:

—Y haz copias de estos registros. Si se filtra, necesitaremos rastrear quién intentó ocultar el problema.

—Entendido.

Todos los presentes pensaron lo mismo: Qué afortunados somos de tener a la Gran Duquesa. En el pasado, nadie se habría atrevido a hablar así ante el Gran Duque. Habrían muerto bajo montañas de papeleo o visto al feudo entero caer mientras adulaban a su señor.

«Por favor, quédese con nosotros para siempre…»

Por fin, el Gran Ducado de Exion volvía a su cauce.

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

Días después.

Odelli sostenía los mismos documentos, ahora con la firma del funcionario de finanzas.

—Ya se filtraron las copias —murmuró, examinando los registros con frialdad. Algunos números habían sido alterados sutilmente, como si fueran errores desde el principio.

A su lado, Rudville rió bajito.

—Qué descarados. Hasta dan risa.

Su mirada se posó en el documento.

—Modificar los registros sin autorización es admitir su culpa.

Odelli no dijo nada, pero sus miradas se cruzaron. No hacían falta palabras; ambos sabían lo que pensaba el otro.

—Los tenemos —dijo ella, levantándose y doblando los papeles. Llamó a los sirvientes:

—Edwind.

—Sí, Su Alteza.

—Detén al encargado del almacén de ayer y al inspector que modificó estos registros. Inmediatamente.

—¡…!

—Y dile al Conde Osvaldo, responsable de los graneros, que presente una explicación por escrito. Para… el atardecer de hoy.

Rudville, que escuchaba en silencio, se levantó.

—Yo iré a inspeccionar la seguridad de los almacenes.

—¿Su Alteza en persona…?

—Ese Conde hará un último intento desesperado.

Su voz era indiferente, pero con un tenue destello de interés.

—Tú los estrangularás con estos documentos, y yo cerraré todas sus salidas.

Odelli lo miró sorprendida, luego sonrió suavemente. Verlo actuar con tanta determinación, cuando antes todo le daba pereza, le llenó de orgullo.

—… —Rudville se detuvo un instante al ver su sonrisa. Un destello fugaz, pero que persistió en su mente como una imagen residual.

—¿No va a ir? —preguntó ella.

—Solo… —murmuró él.

—¿Perdón?

Odelli no había oído bien. Él parecía despertar de un sueño breve, su mirada perdida un momento antes de reaccionar.

—…Volveré pronto —dijo, y salió rápidamente.

Esa noche.

El Conde Osvaldo no se presentó en el castillo. En su lugar, mercenarios que había contratado fueron descubiertos intentando incendiar los almacenes. Rudville, esperando cerca, los capturó en el acto.

—Parece que quería destruir toda evidencia —dijo, arrodillando a los mercenarios.

Odelli observó los documentos medio quemados. El nombre del conde seguía legible.

—Esto es suficiente —asintió con calma—. Huirá pronto. Refuercen la seguridad y alerten a los puestos fronterizos. Que no escape.

—Sí, Su Alteza.

Solo faltaba capturar al Conde. Con el caso casi resuelto, Rudville la miró de reojo. Su habitual mirada fría y aburrida tenía ahora un dejo de… algo más.

Cuando Odelli se volvió para retirarse, su voz resonó bajito:

—¿Podría sonreír otra vez?

Ella giró la cabeza y lo miró.



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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