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Capítulo 89

Era el segundo día de Odelli como Gran Duquesa.  

Tras enviar de vuelta a la familia Veloa, Odelli comenzó a organizar mentalmente todo lo que debía hacer a continuación.  

La verdad… era una montaña de tareas.

Primero, necesitaba reorganizar el interior del gran ducado.  

También debía disciplinar a los vasallos que acechaban el puesto de Rudville.  

Y, sobre todo, devolverle la vida a esta árida tierra del norte, que se empobrecía con solo un descuido.  

Además, tenía que verificar el estado de salud de Rudville, buscarle una esposa…  

Y, lo más urgente…  

«…Primero debo resolver este maldito insomnio.» 

Odelli estaba nuevamente atrapada en la cama. 

¿Había vuelto a enfadarlo?  

No, ya había cambiado el dormitorio con ese inútil círculo mágico grabado.  

Pero, aunque se mudó a otra habitación, Rudville la encontró de todos modos. 

«Dice que solo puede dormir si me abraza. ¿Es eso siquiera posible?.»

Odelli miró el teñido por la tenue luz del amanecer y dejó escapar un suspiro corto.  

Al principio, Rudville había dicho que se quedaría un rato a su lado y luego se iría, pero terminó durmiéndose mientras la abrazaba por completo.  

Cada vez que intentaba escapar aprovechando que su brazo se aflojaba, él la atraía de nuevo, repitiendo el ciclo hasta asfixiarla en sus brazos.  

—Quédate aquí… 

—No te soltaré… nunca… 

—Esta vez… lo haré bien… 

—No llores…  

Sus murmullos entre sueños solo le daban más dolores de cabeza. 

Y cada vez, Odelli perdía toda voluntad y terminaba atrapada en su abrazo.

«Es cierto que parezco tener un efecto en su sueño….» 

Sabía que no era un capricho o una estrategia, así que ya no podía escapar de este infierno.  

No podía abandonarlo.  

«No. Debo recuperar la cordura.»  

Se obligó a reaccionar. 

«A partir de hoy, debo encontrar una solución.»  

Como si hubiera leído sus pensamientos, Rudville la abrazó con más fuerza.  

El calor que emanaba de su espalda era sofocante. 

Y así, no la soltó ni una sola vez hasta la mañana siguiente.

«….»  

No, mejor dicho:

Ni siquiera al amanecer la soltó.  

—Su Alteza el Gran Duque.

—Rudville.  

—…Rudville.

—Mmm, me gusta más cómo suena “Ru”.  

Odelli apretó los labios, ignorando su comentario sin sentido, y fue directa al grano.  

—¿Por qué me está abrazando como si fuera su almohada favorita?  

—Artículo 1: Compartir al menos una comida al día.  

—…¿Qué tiene que ver eso con esta situación?  

Al fruncir el ceño sin disimulo, Rudville respondió con total naturalidad:  

—Si nos quedamos así, desayunaremos juntos.  

—Podría ir a desayunar aunque me suelte.  

¿No era más simple ir juntos al comedor como personas normales?  

Ante su respuesta incredulidad, Rudville fingió estar herido y murmuró:  

—Ayer también… me empujaste y huiste de la nada.  

«…»  

Eso, por supuesto, fue porque no tuvo otra opción.  

Rudville había comenzado a tocar sus cicatrices de repente, mostrando interés.  

Y además… preguntó si se las había hecho por él.

El miedo a que descubriera su identidad o recordara su vida pasada la hizo reaccionar así.  

Pero…  

«Desde su perspectiva, debí parecerle alguien que, tras un amanecer pacífico, de repente se enfurece y huye.»  

—Mmm.  

Pensándolo bien… quizá fue un poco excesivo.  

Odelli estuvo a punto de flaquear, pero se contuvo.  

Aun así, ¿qué tenía que ver eso con arrinconarla toda la noche sin dejarla moverse?  

—En cualquier caso, no huiré como ayer, así que suélteme.  

Rudville soltó una risa burlona.

En lugar de liberarla, se acercó más y apoyó la barbilla en su hombro.  

Su voz baja y ronca le susurró al oído, como un suspiro:  

—Yo también sé que esto es raro.  

Odelli sintió cómo su aliento le quemaba la oreja y se tapó discretamente con la mano, intentando crear algo de distancia.  

—Pero cuando te abrazo así… todo mejora.  

—¿Todo mejora?  

—Sí, todo.  

Entrecerró los ojos, como si estuviera calculando algo.  

—Pesadillas, insomnio, dolores de cabeza, pensamientos intrusivos… todo desaparece. Como un sedante. Mejor que cualquier medicina que haya probado.  

Probablemente sea por tu habilidad de purificación.  

Añadió eso sin apartar la mirada.  

—Y ahora que he dormido bien… no creo que pueda volver atrás.  

«….»  

—Asume tu responsabilidad.  

Aunque lo dijo como una broma casual, su tono transmitía una sinceridad inquietante.  

Fue entonces cuando Odelli entendió por qué Rudville la abrazaba con tanta obsesión.  

Todos sus sufrimientos se esfumaban con un simple abrazo.  

«Pero….»  

El problema es que esas pesadillas, el insomnio, los dolores de cabeza y los pensamientos enredados… probablemente fueron causados por mí.  

Qué tragedia, buscar consuelo en la misma persona que te lo quitó.  

En ese momento, Leona entró con el desayuno.  

—Señora, el desayuno está…  

Al ver a Odelli atrapada en los brazos de Rudville, soltó un grito ahogado.  

—¡A-ah, Su Alteza también está aquí…! Perdón por interrumpir.  

Con el rostro enrojecido, dejó la bandeja temblorosa sobre la cama y salió corriendo.  

«…»  

Todo fue tan rápido que Odelli ni siquiera tuvo tiempo de explicarse. Bueno, ¿qué podía decir? Era su marido abrazándola. 

Eso la deprimía aún más. No había nada que justificar…  

Ante los demás, seguirían siendo una pareja que parecía amarse.  

«Mi corazón no va a aguantar esto.»  

Y eso que ya era débil de por sí.  

—Llegó el desayuno.  

Rudville habló con calma mientras partía un pan recién horneado que aún humeaba.  

Luego lo presionó contra los labios de Odelli.  

Al abrir la boca por instinto, el trozo de pan entró.  

«…»  

Ni él mismo esperaría que lo aceptara tan fácilmente.  

Sus ojos, adormilados por la mañana, brillaron de repente.  

«Ups….»  

Fue un gesto tan natural que terminó siendo demasiado íntimo.  

Y, al recordar su vida pasada, simplemente…  

—Qué obediente, como un pajarito.  

«…»  

—Dijiste que no hay necesidad de actuar en el dormitorio. Ahora solo estamos nosotros dos, esposa.  

Odelli lo apartó con un empujón y salió de la habitación sin mirar atrás.  

—¿Y el Artículo 1?  

—Acabo de comer. Un trozo de pan también cuenta.  

—Vaya.  

Se rió, como si no esperara que escapara tan fácilmente. Pero en su risa había una tranquilidad felina, como si supiera que podría atraparla de nuevo cuando quisiera.  

Odelli solo pensaba en ir a un lugar donde Rudville no estuviera.  

—Al final… escapas otra vez.  

Hizo caso omiso a su murmullo deliberadamente audible.



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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