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Capítulo 88

Como si Veloa hubiera sido una eterna decepción para él, así pronunció aquellas palabras.  

Parecía haber olvidado por completo todo lo que ella había sacrificado por él, todos sus méritos.  

No, más bien, su mirada sugería que ni siquiera los consideraba méritos en primer lugar.  

Veloa contuvo la respiración por un momento. 

Sabía que llegaría el día en que escucharía algo así. 

Solo que había llegado un poco antes de lo esperado.  

El hombre frente a ella era el rostro de la familia que tanto se había esforzado por proteger.  

Alguien envuelto en una autoridad y orgullo inquebrantables, capaz de arruinar vidas sin pestañear.  

Y Veloa misma era solo una herramienta en sus manos.  

Al recordarlo, exhaló lentamente.  

Sosteniendo inútilmente esa última esperanza, se sintió aún más ridícula.  

«Yo…»  

¿Por qué había llamado a esa niña purificadora como si fuera lo más natural?  

¿En qué era diferente a mí?  

Las palabras de Odelli, cuando dijo que nos parecíamos, habían sido exactas.  

«…Quizás, en el fondo, siempre lo supe.»  

Tal vez, en algún rincón de su mente, lo había intuido pero se negó a aceptarlo hasta el final.  

Porque solo así podía consolarse pensando que, al menos, estaba en una mejor posición que esa niña.  

Con un corazón tan sucio y miserable…  

En ese momento, una frase extraña comenzó a rondar su cabeza:  

—La que siempre tuvo la llave fuiste tú, hermana.  

No entendía por qué esas palabras resurgían ahora, pero no podía ignorarlas.  

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

La plaza hervía de euforia.  

—¡Larga vida a Kardel!  

—¡El señor Gawain nos ha salvado!  

La multitud estalló en vítores al unísono.  

Las calles, antes contaminadas por la plaga de las manchas negras, ya no olían a podredumbre ni mostraban rastros oscuros. 

En su lugar, una suave aura dorada se expandía, difundiendo su luz.  

La prueba de la magia antigua.  

Gawain Kardel alzó la cabeza y recibió en silencio los aplausos. Entre los interminables vítores, inhaló y exhaló profundamente, como si encontrara paz en esa escena tan familiar.  

Sí, esto era lo correcto.  

Este era el lugar que le correspondía.  

Algo tan obvio para él, pero que, tras una serie de fracasos y burlas, ahora sabía a gloria redescubierta.  

—¡Oh, señor Gawain! ¡Por favor, déjeme tocar aunque sea su mano!  

Todos se apresuraban a estirar los brazos, desesperados por tocar su ropa. Con una sonrisa de santo, Gawain tomó la mano de un mendigo que había sobrevivido a la plaga, sin mostrar el menor asco.  

Algunos lloraban de emoción, otros observaban con reverencia.  

Lentamente, alzó una mano.  

Al instante, la plaza quedó en silencio, como si nadie se atreviera a respirar.  

—…Esto no lo logré solo —dijo con una voz suave pero clara que resonó hasta el último rincón—. Fue un milagro posible gracias a que todos resistieron hasta el final.  

Innumerables ojos lo miraban con devoción.

Esa mirada que lo elevaba como a un dios.  

La conocía demasiado bien.  

Por ella, estaba dispuesto a pronunciar cualquier mentira.  

—Este lugar ya es seguro. Ninguna contaminación o corrupción volverá a manchar esta tierra.  

Hizo una pausa.  

Las calles bañadas en luz.  

Los rostros que lo admiraban.  

Y él mismo, de pie, con una sonrisa serena.  

Todo era perfecto.  

—Esta no es una gloria que me pertenezca, sino la continuación del deber que los Kardel han cumplido durante siglos.  

Al terminar, los vítores estallaron como truenos.  

Algunos gritaban su nombre hasta quedarse roncos. 

Otros, con las manos en el pecho, elevaban plegarias.  

Entonces, su mirada se detuvo en la figura del Duque Kardel, bajando de un carruaje.  

—…  

Gawain contuvo el aliento y se tensó.  

Su padre.  

Sus miradas se encontraron.  

Entre ellos, en contraste con la plaza llena de júbilo, reinaba un silencio gélido.  

—Lo que te permití fue recuperar tu honor caído.  

—Pero todo lo que has hecho es convertir a nuestra familia en un hazmerreír, manchando incluso a nuestros ancestros.  

La respiración de Gawain se volvió agitada.  

—¡Basta de hablar de responsabilidad! ¡Esa palabra solo la usan quienes tienen el poder de enmendar sus errores!  

—¿Y tú qué puedes hacer sin la ayuda de tu padre?

—Por fin he visto claramente tu incompetencia. Recuerda, esta es la última vez que te ayudo.  

Como si nunca hubiera esperado nada, su padre se dio la vuelta con un suspiro de desprecio.  

Gawain apretó los puños con fuerza.  

Así era.  

Gracias a la ayuda del Duque Kardel, apenas lograba mantenerse en esa posición.  

Aferrándose desesperadamente a los últimos vestigios de su honor.  

«…Y todo esto es solo una farsa, creada al quemar el último recurso.»  

El dispositivo de purificación mágica.

Un artefacto secreto creado por la familia Kardel para imitar el poder de purificación después de la desaparición de Odelli.  

Gracias a él, los Kardel habían logrado mantenerse hasta ahora.  

Por mucho que se escudaran en su linaje y autoridad, las apariencias no podían ocultar la verdad.  

En aldeas remotas, usaban ilusiones y drogas para engañar y acumular logros.  

Pero en los territorios centrales, donde los señores e inspectores iban y venían, debían instalar el dispositivo.  

Siglos de energía de purificación extraída de los purificadores.  

Y las incontables vidas de los sujetos de experimentación usados en el proceso.  

Todo eso yacía enterrado bajo tierra, liberando la energía que ahora lo sostenía.  

Al basarse en la purificación real, el efecto era convincente.  

Pero el dispositivo tenía un límite claro:  

Consumía energía a un ritmo insostenible.  

Si seguía así, agotarían toda la energía antes del próximo Día de la Guardia.

Y Gawain no quería ni pensar con qué sostendrían a la familia entonces.  

«Por eso mi padre… insistió tanto en conservarla….»  

Al alejarse de los vítores, la gloria ilusoria que sostenía le pareció más fría que nunca.  

«No.»  

Gawain respiró hondo y alzó la cabeza. 

Había un último recurso, un plan final.  

«El dispositivo de purificación y su energía….»  

Un método más meticuloso y primordial, inspirado en ellos.  

Veloa, esa mujer, demostró que enfrentar al purificador de frente era inútil.  

Así que…  

Esta vez, no dejaría rastro ni pruebas.  

«…Haré que el purificador salga por su propio pie, llorando.»  

Los vítores no cesaban. 

Escuchándolos, Gawain avanzó con calma, como si todos esos elogios fueran un pago merecido.  



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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