Capítulo 84
Odelli se apresuró a defenderse.
—Lo de que he sido débil desde pequeña era solo un invento de la familia Kardel para justificar mi encierro. Usted ya lo sabe.
—…
—Lo de toser sangre solo ocurría cuando mi magia se distorsionaba. Los magos sufren esos efectos secundarios a menudo. Yo, por mi capacidad de purificación, gastaba más energía mágica y me ocurría con más frecuencia.
Era una mentira cuidadosamente tejida con verdades a medias.
«Al final, terminé mintiendo.»
Ya no había vuelta atrás.
Pero ¿qué más podía hacer?
Si quería evitar que la vieran como la Dama de los Ojos Azules, debía deshacerse por completo de esa imagen de fragilidad que exigía protección.
—Qué larga explicación. ¿Por qué tanta justificación? Parece que tiene mucho que ocultar.
—…
¿Era demasiado tarde para rectificar?
Entonces, los ojos de Rudville se entrecerraron levemente.
—Bueno, da igual. De ahora en adelante, me encargaré personalmente de su salud.
—…
Odelli apretó los labios un instante. Lo que jamás debía descubrir era que a ella solo le quedaban menos de cinco años de vida.
Sí, mientras eso permaneciera oculto, todo estaría bien.
Asintió con la cabeza tras un breve silencio.
—Entonces, ¿por qué no descansa ahora? Es tarde.
Si continuaban hablando, terminaría diciendo cosas que no debía. Pero Rudville respondió con total naturalidad.
—No tengo sueño.
Y entonces, soltó de pronto:
—Cánteme una canción de cuna.
—¿Una canción de cuna?
—Usted prometió que lo haría.
Era cierto. Borracha, había dicho: Aquel hombre tenía una canción de cuna favorita. Se la cantaré.
Odelli lo miró desconcertada.
¿Acaso estaba siendo sarcástico otra vez, conteniendo su ira? Pero su tono era inusualmente serio.
—Solo hay una condición: debe ser una canción que me guste.
—¿Acaso tiene alguna favorita?
—¿Por quién me toma?
«Vamos, usted nunca fue precisamente un hombre de gustos refinados.»
¿Habría desarrollado nuevos intereses durante su reputación de duque lunático, obsesionado con el lujo y los placeres?
Odelli sintió un destello de esperanza.
¿Acaso Rudville, por fin, estaba desarrollando gustos propios, ajenos a ella?
Aunque fuera solo una canción, había quienes decían que una balada podía cambiar vidas.
Ella lo miró con expectación.
—Bajo las hojas plateadas.
—…
—Es mi favorita.
—…
—¿Qué ocurre?
—Nada…
«La canción de cuna que le gustaba a “aquel hombre” era justo esa.»
«Claro que lo era.»
¿Cómo podía nombrar como su favorita la misma canción que Odelli solía cantarle?
Realmente, aún había un largo camino por recorrer.
Pero no importaba. Acababan de casarse. Tenían tiempo.
—Solo esta vez. La próxima le cantaré otra.
—¿Por qué?
—¿No dijo que a su lado solo debo pensar en usted? Esa canción me haría recordar a otro.
—….
Rudville pareció entender el significado de sus palabras.
Frunció el ceño con visible disgusto.
—…Buscaré otra canción.
—Sí, hágalo.
Podría invitar a más bardos, explorar nuevas melodías…
Odelli sonrió tranquilamente, animándolo.
Ajustó el dobladillo de su vestido y se sentó con elegancia al borde de la cama. Entre ellos quedaba espacio suficiente para otra persona.
Ambos miraban al techo en silencio.
Ni una palabra.
—…
—…
Cantar de repente en esa atmósfera era… incómodo.
«Si se duerme ahora, apenas tendrá seis horas de descanso.»
Pensar en el insomnio de Rudville la hizo reaccionar.
—Bajo las hojas plateadas, duerme, viento frío…
Comenzó a cantar, casi en un susurro al principio.
Pero pronto recuperó la confianza.
[Bajo las hojas plateadas, duerme, viento frío,
que ni la nieve invernal logre perder tu camino.
Lleva en tus ojos esta luz pequeña y fiel,
aunque la noche se alargue, aquí estaré.
Cuando tras los montes las estrellas caigan,
que en tus sueños mi canción suave flote y vagué.
Duérmete, duérmete,
hacia un país sin dolor.
Bajo las hojas plateadas, amor dormido,
ojalá mañana vuelvas a reír.]
Y entonces, muy lentamente, comenzó a tararear la melodía, nota por nota, con suavidad.
La misma canción que él escuchó por última vez en brazos de la muerte. Ahora, sin memoria, volvía a pedírsela.
Cuando terminó, Rudville disfrutó del silencio antes de hablar.
—No se escucha bien.
—…
—Tu voz es muy baja.
«Podrías haberlo dicho antes de empezar.»
—Dije que solo sería una vez.
Odelli, entre avergonzada e irritada, pareció considerar lanzarle una almohada.
Rudville sonrió, deslizó un brazo alrededor de su cintura y la atrajo hacia él.
El espacio entre ellos desapareció de golpe, hasta que sus pieles casi se tocaron.
—Si me abrazas y me lo cantas al oído, quizá duerma mejor.
—Qué teatro…
—Ah, ya me entran sueño.
—…
La estrechó con fuerza y murmuró:
—Una vez más, esposa.
—¿Hasta cuándo va a llamarme así?
Odelli se incomodó levemente.
Rudville, como reencarnado, siempre la llamaba esposa.
Porque en miles de vidas, solo hubo una para él.
—¿Y qué? Según el contrato, lo es. No hay cláusulas sobre títulos. Y de algún modo… me resulta natural.
—…
—¿No me concederá este bis?
Annad: “Conceder bis” se refiere a otorgar una segunda oportunidad o permiso, o en algunos contextos legales, a realizar una acción nuevamente.
Odelli suspiró.
¿Qué diferencia había entre una repetición o dos?
La canción comenzó de nuevo.
Esta vez, la entonó con la soltura de la costumbre.
La suave melodía llenó la habitación en silencio.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD