Capítulo 68
El corazón latía.
Demasiado rápido, innecesariamente.
El sonido de los latidos resonaba en sus oídos, impidiéndole escuchar claramente las palabras del sumo sacerdote.
Un rayo de luz descendía desde la ventana abierta en el techo. Era el momento de la bendición.
El templo estaba en un silencio solemne, y la voz del sumo sacerdote resonaba como un eco suave.
—En nombre de los dioses, estas dos almas se han unido. Que encuentren amor en el dolor y esperanza en la desesperanza.
El sumo sacerdote leyó el último pasaje y alzó las manos para bendecir la unión de los dos.
—Ah.
Odelli, sin querer, recordó la boda de su vida anterior.
El sumo sacerdote había recitado exactamente las mismas palabras.
Por eso.
Con la punta de los dedos, tocó inconscientemente el colgante que llevaba al cuello.
O, más bien, el anillo de Rudville, escondido bajo su vestido.
Quedó allí, aturdida, como si su mente se hubiera desconectado, cuando de repente…
—Ja.
La risa burlona de Rudville llegó desde su lado.
Ella alzó la cabeza, sobresaltada.
La comisura de sus labios se torció en una mueca.
Era una expresión distorsionada, llena de resentimiento, que no había visto en él últimamente.
Odelli se arrepintió al instante y bajó la mano.
«¿Se dio cuenta?»
Había cambiado el cordón por uno más delicado que combinara con el vestido, y el anillo estaba completamente oculto.
Pero la mirada de Rudville se clavó en su pecho, donde su mano había estado.
Una ira inexplicable comenzó a brotar en él. Los pensamientos lo consumían como chispas.
¿Por qué llevaba ese anillo, incluso aquí?
¿La prueba de que aún no podía olvidar a ese hombre?
Justo hoy.
Justo frente a mí.
Justo en nuestra boda.
Si estaba aquí, cargando con ese recuerdo del pasado…
Su corazón se estrujó, agitado.
Celos, deseo, posesión y una añoranza indescriptible se enredaron en su interior.
—Por último, como prueba de amor ante los dioses…
En el siguiente instante, Rudville actuó.
Su mano rodeó con fuerza la cintura de Odelli y la atrajo hacia él.
Ella abrió los ojos, sorprendida.
Sin previo aviso, sus labios se encontraron con los de él.
Un beso que parecía arrebatarle hasta el aliento.
El sonido de las campanas que anunciaban la bendición se mezcló con el murmullo de los invitados.
Demasiado repentino, demasiado intenso, incluso grosero.
Pero para cualquiera que los viera, parecería el beso apasionado de dos amantes.
En realidad, era una marca, una reafirmación de posesión.
El beso, que comenzó como un acto de devorar a su presa, se volvió lento. Y luego, profundo.
Como si quisiera asegurarse de retenerla.
No huyas.
No lo olvides.
Ahora te casas conmigo.
Cada movimiento parecía decirle eso.
Por un momento, los párpados de Odelli temblaron levemente.
«Pero este es tu anillo…»
El malentendido absurdo se hacía más profundo.
Era frustrante no poder explicárselo a Rudville, ni tener manera de hacerlo.
Justo entonces, el sol se movió, y un rayo de luz que atravesaba las vidrieras los envolvió, como si los estuviera bendiciendo.
୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧
Después de la ceremonia.
Los invitados, aún bajo el efecto de la bendición, esperaban para preparar el portal de teletransportación.
Era el último paso antes de dirigirse al banquete en el Gran Palacio.
«Maldición, ¿qué diablos pasó?»
Gawain aprovechó el bullicio del templo para escabullirse en silencio.
Se acercó a un sacerdote que aún permanecía en el recinto y le habló en voz baja:
—Durante el ritual, sentí una extraña reacción mágica cerca del círculo. Necesito confirmar la causa. ¿Podría guiarme?
—¿U-una reacción mágica? ¿Es eso cierto?
—Es muy leve. Quizá solo fui demasiado sensible, pero mejor prevenir.
Su autoridad como heredero de una familia heroica, sumada a su reputación de salvador y mensajero divino, le dieron la credibilidad necesaria.
El sacerdote vaciló, pero finalmente asintió con respeto.
—Entonces, confío en usted.
La mayoría de los invitados ya se habían retirado.
Afuera, una larga fila esperaba frente al portal, mientras dentro, los acólitos se movían rápidamente, recogiendo cortinas y utensilios.
Con calma, Gawain siguió al sacerdote hacia un pasillo detrás del altar.
En el sótano había una pequeña sala de rituales donde se gestionaban los círculos mágicos.
Era el lugar donde Kardel había escondido el «artefacto sagrado» para hacer que Odelli pareciera una existencia inestable durante la boda.
Originalmente, esa zona solo era accesible para los altos sacerdotes del Gran Templo.
Pero hoy, debido a los preparativos, el control temporal había sido delegado a los Exion.
Además, Kardel era de la familia de la novia.
Era natural que la vigilancia se relajara, y el sacerdote nunca imaginó que Kardel accedería sin permiso.
—Iré a revisar primero.
Gawain habló con serenidad.
—Si el círculo está inestable, podría haber una explosión. Es mejor que lo verifique yo. ¿Podría esperar afuera? Solo será un momento.
El sacerdote, que iba a seguirlo, dudó.
Pero ante su tono firme, asintió y retrocedió.
—…Muy bien. Esperaré aquí.
Gawain se separó del sacerdote y bajó apresuradamente las escaleras.
Al inspeccionar el círculo ritual, su expresión se endureció.
«El artefacto… sigue aquí.»
La Piedra de Distorsión.
Un dispositivo que interfería con el flujo de purificación de los portadores de ese poder.
La familia Kardel la había desarrollado durante décadas con dos propósitos:
- Evitar que los purificadores se rebelaran contra la familia.
- Suprimir explosiones de poder que pudieran afectar el campo.
«Si los Exion hubieran notado algo, habrían retirado este artefacto de inmediato.»
Era la única herramienta para controlar a un purificador.
Incluso si Rudville se casó por amor, jamás dejaría aquí la Piedra, la única debilidad de Odelli.
Gawain se arrodilló para examinarla.
Aparentemente, no había daños.
Entonces, ¿por qué no funcionó?
Al inclinarse, una vena palpitó en su frente.
«…Falta un hechizo.»
El circuito del artefacto y el círculo parecía completo, pero le faltaba una parte crucial: el conector de amplificación.
Sin él, todo el sistema estaba inutilizado.
Un error ridículamente básico.
«Veloa, esa estúpida… ¿Ni siquiera revisó lo más elemental?»
Apretó los dientes, furioso.
Veloa no había instalado el dispositivo personalmente, pero, como siempre, Gawain dirigió su ira hacia el blanco más fácil.
Al menos estaba claro: el error era de los Kardel.
Se levantó lentamente, murmurando entre dientes:
«…Aún queda una oportunidad.»
El banquete estaba por comenzar.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD