Capítulo 67
El círculo mágico no reaccionó en absoluto al poder de purificación de Odelli.
Los haces de luz bendita que caían del techo tampoco se alteraron.
No se detectó ninguna fluctuación de energía, ninguna reacción, ninguna distorsión.
Los invitados observaban la ceremonia con calma, como si estuvieran admirando una escena sagrada.
—¿…?
Gawain no pudo ocultar su confusión. Abrió los ojos de par en par, conteniendo las maldiciones que estaban a punto de escapársele.
¿Había algo mal? ¿Había un error en la instalación?
Gawain entrecerró los ojos.
No. La familia Kardel había apostado su destino en esto.
No había forma de que hubieran cometido un error en algo tan crucial.
Por otro lado, Veloa también examinó el rostro de Odelli con expresión tensa.
Demasiado tranquila.
Era una novia en plena ceremonia de matrimonio, pero no mostraba el más mínimo signo de nerviosismo.
Ni siquiera bajo la mirada de la realeza, el clero y los nobles.
Era imposible que no sintiera tensión.
No podía ser.
Pero…
…el artefacto sagrado permaneció en silencio.
El círculo mágico ni siquiera se movió.
No hubo murmullos, ni reacciones inusuales.
Hasta los clérigos más sensibles parecían no notar nada, concentrados únicamente en la ceremonia.
«¿Acaso no estaba nerviosa en absoluto?»
¿Había controlado sus emociones de manera tan perfecta?
«…Imposible.»
Mientras los hermanos Kardel seguían confundidos, las oraciones de bendición del sumo sacerdote llenaban el templo.
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Odelli no necesitaba mirar hacia los invitados para saber qué expresiones tendrían Gawain y Veloa.
Seguramente estaban luchando por ocultar su desconcierto.
En el mejor de sus cálculos, solo habrían considerado que Odelli estaría un poco nerviosa. ¿Habrían imaginado siquiera que el artefacto ni siquiera se activaría?
«Qué pena. Se prepararon con tanto cuidado.»
Kardel no dejó rastro alguno.
En circunstancias normales, Odelli no habría podido predecir cuándo o desde dónde atacarían, y debería estar tensa, como un conejo temblando ante un depredador oculto en los arbustos.
Pero…
«Eso habría sido si no hubiera visto los recuerdos de Rudville.»
Los recuerdos de un regresionista que había vivido este momento incontables veces.
Había una sola razón por la que el artefacto sagrado no reaccionaba ahora.
«Porque yo lo desmantelé primero.»
Odelli lo sabía con certeza.
Sabía cómo Veloa la había derribado en el pasado.
En el escenario del Gran Templo, conocía los métodos, el orden, el momento exacto de cada ataque.
«Fui convocada al Gran Templo innumerables veces por mi poder de purificación.»
Incluso había sido santa, había sido encarcelada, interrogada, quemada en la hoguera…
En miles de vidas, Veloa había alterado las barreras para derrotar a Odelli al menos decenas de veces.
Además, había alrededor de doce patrones distintos en los que había saboteado la ceremonia nupcial.
Por ejemplo, usando veneno por contacto para paralizarla, induciendo magia de olvido o incluso manipulando al coro.
Odelli repasó todos los lugares donde Veloa la había atacado en el Gran Templo.
Bajo el pretexto de inspeccionar la decoración, envió a Freya.
Freya, antigua dama de la corte imperial, tenía una larga amistad con el encargado de protocolo del Gran Templo.
Y así, descubrieron y neutralizaron las alteraciones que Kardel había hecho en las barreras.
También sabía que Rudville había creado esa oportunidad.
Días antes, él había enviado un documento al clero.
Una solicitud bajo el pretexto de: “Como este es un ritual aprobado por la realeza, debemos realizar una inspección final de la decoración”.
En apariencia, era un simple chequeo, pero en realidad era una medida para permitir que Odelli y Freya investigaran el interior.
—Odelli.
Fue entonces.
Como si hubiera notado que su atención se había desviado momentáneamente hacia los invitados, Rudville la llamó en voz baja. Era una señal de que la ceremonia estaba llegando a su fin.
La voz del sumo sacerdote resonó:
—Oh Dios, bendice este juramento que estos dos hacen hoy. Que esta promesa no se manche con sangre, que no tiemble ante el poder o la codicia, que en días tranquilos sea alegría y en noches turbulentas, apoyo mutuo. Que estos anillos sean testigos de este voto.
Edwind se acercó sosteniendo una bandeja.
¿Por qué el asistente del Gran Duque estaba aquí? Porque él mismo había insistido en hacerlo.
—…
Sobre la bandeja había un par de anillos.
Eran de un color casi incoloro, pero bajo la luz, un tenue tono azul cielo se hacía visible. A primera vista, parecían tallados de hielo.
Era como si hubieran condensado el color de un lago transparente.
Eran Pielita, una legendaria gema que alguna vez se extrajo solo en el extremo norte del continente, hasta que sus vetas desaparecieron por completo.
Odelli reconoció su identidad y se sorprendió al instante.
«¿Cómo…?»
…¿Cómo los consiguió?
En una de sus miles de vidas, Rudville había obtenido estas gemas.
Pero eso solo fue posible porque él era un regresionista que recordaba vidas pasadas.
¿Cuándo había preparado estos anillos para tenerlos listos para la boda?
—Su Alteza, por fin traje lo que me pidió preparar…
De pronto, Odelli recordó que Edwind había visitado a Rudville el día anterior.
¿Acaso había estado buscando los anillos hasta el último momento?
Al girar la cabeza, Rudville estaba frente a ella.
La había estado mirando con intensidad todo este tiempo, y de pronto, Odelli sintió que le faltaba el aire.
Él seguía en silencio.
Pero sus ojos la miraban con una emoción que ni él mismo podía explicar.
Mientras Odelli permanecía paralizada, Rudville extendió su mano primero.
Tomó el anillo y lo deslizó en el dedo anular izquierdo de Odelli.
—Pensé que se parecería a tus ojos.
No, pero incluso así…
¿No se suponía que esto era imposible de conseguir?
Además, si lo había obtenido desde que decidieron el matrimonio por contrato, ¿qué clase de métodos había usado?
Odelli miró el anillo que encajaba perfectamente en su dedo, aturdida.
—Ponmelo tú, Odelli.
El susurro de Rudville la sacó de sus pensamientos.
En su vida pasada, el intercambio de anillos se había omitido, así que esto le resultaba extraño.
Odelli tomó el anillo y lo deslizó en el dedo anular de Rudville.
El diseño de su anillo era un poco más robusto que el de ella, pero cualquiera podía ver que ambos estaban hechos para complementarse.
—…
De pronto, Odelli pensó:
«Si no hubiera desactivado el artefacto de Kardel, ahora mismo estaría perdiendo el control.»

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD