Capítulo 54
¿Cuántas veces había estado al borde de la muerte a lo largo de su vida? Habían sido tantas que ya ni podía contarlas con los dedos. El jefe siempre vivía en ese delgada línea entre la vida y la muerte.
Perseguidos injustamente, abandonados, cargando con culpas ajenas… Así se habían reunido. El mundo había sido demasiado cruel con ellos. El jefe no podía ignorar a aquellos que compartían su mismo dolor.
Cuantos más se unían, más difícil era protegerlos. Pero al final, las cosas terminaron así.
—Esto es demasiado, jefe. Vinimos a salvarles la vida y nos tratan así.
Era la primera vez. Alguien que decía querer salvarlos. Al principio, lo tomó como el discurso vacío de un noble mocoso que no sabía nada, o quizá como un simple entretenimiento. Pero aun así, sus palabras de ayuda sincera le alegraron.
Al conocerlo, resultó ser un típico joven noble, más quisquilloso y sensible de lo que esperaba. Pero lo sorprendente era cómo lograba llevarse bien con los subordinados.
«Es gracioso que valore a un simple sirviente como si fuera su propia vida, y me agradeció por querer limpiar el nombre de Taran y enseñarle».
Quizá no estaría mal dejar a un noble como él con vida.
«Bueno, si no fuera por el Joven Señor, todos en la casa ducal habrían muerto o huido, dispersándose por ahí».
Aunque el futuro era incierto, al menos había salvado al Joven Señor y a los dos chiquillos. Con eso bastaba.
«Los niños deben vivir. Sí. Así que, Joven Señor, cuida bien de nuestro pequeño».
En realidad, intentó despistar a los perseguidores, pero sabía que si ese gran señor se lo proponía, tarde o temprano los atraparían. Por eso, ya tenía preparado un plan para sacar al Joven Señor cuando llegara el momento.
«Gracias a este chico, quizá las cosas mejoren».
Eran de esos testarudos que preferían quedarse y luchar con sus compañeros antes que huir. Por eso, no tenía intención de rendirse sin más.
—Hagan sus maletas y marchense. A partir de ahora, estaremos ocupados.
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En medio de mi aturdimiento, sentí que mi cuerpo se sacudía. Por más que intenté pensar, mi mente no funcionaba bien y no entendía por qué estaba así. Recordaba haber abierto los ojos por última vez en la tienda del jefe. También recordaba a Ruwen mirándome con preocupación.
«Ahora mismo no parece que esté acostado».
Abrí mis pesados párpados a la fuerza. En cuanto vi el paisaje pasar rápidamente, me mareé. Mi aliento era caliente.
—¡Ugh!…
—¿Joven Señor? ¿Está despierto?
—Espera, detente. Me siento mareado…
¿Estaba en un caballo? Me encontraba en brazos de Ruwen. Como no podía sostener la cabeza, no tuve más remedio que apoyarme en su pecho.
El caballo redujo la velocidad hasta detenerse. Ruwen, agarrando firmemente las riendas, observó mi expresión.
—¿Por qué estamos aquí?
Fue la primera pregunta que se me ocurrió.
—Taran…
—¿Por qué te detienes? ¿Eh? ¡Joven Señor! ¿Está bien?
Taran se acercó con el caballo, sonriendo alegremente.
—Vamos a descansar un poco aquí. ¿Puedes explorar los alrededores? Yo me quedaré protegiendo al Joven Señor.
—Ah, sí, claro.
Vaya. ¿Me estaban dejando fuera de la conversación? ¿Cuándo se hicieron tan cercanos?
Taran saltó del caballo y le pasó las riendas a Ruwen.
—Voy a buscar hierbas medicinales mientras reviso si hay monstruos peligrosos. Cuida de los caballos.
—Ajá.
Ruwen me bajó con cuidado, sosteniendo las riendas de ambos caballos.
Los pasos de Taran se alejaron ligeros. En contraste, la expresión de Ruwen era sombría. No había respondido a mi pregunta, pero entendí por qué envió a Taran primero.
Ruwen extendió una manta en el suelo y me sentó sobre ella. Solo me mantuve erguido apoyándome contra un tronco. Respiré profundamente y, una vez que Taran estuvo lo suficientemente lejos, hablé.
—Nos descubrió el grupo de persecución, ¿no?
—…Fue por mi culpa.
Ruwen me explicó lo que había sucedido mientras estaba inconsciente. Que Taran aún no sabía nada. Que el jefe nos había encomendado al niño.
—Muéstrame el mapa.
Ruwen me pasó un rollo de piel. …Por mucho que lo mirara, parecía piel de monstruo. Me sentí un poco incómodo, pero ¿qué podía hacer? Para los Kans, conseguir algo así debía ser más fácil que papel.
—Si me hubiera quedado quieto… Honey Greave no habría salido de su territorio, y el Joven Señor no se habría lastimado. También encontraron el escondite por mis rastros. Todo es mi culpa.
—¿Recuerdas cuando machaqué el tallo y los pétalos de Audreyph?
Ruwen asintió, como si pudiera olvidarlo.
—Parece que ese aroma atrajo a Honey Greave. Así que, al final, fui yo quien reveló nuestra ubicación. Fue mi error.
—El Joven Señor no hizo nada malo. No sabía que esa criatura existía.
—¿Y tú, Ruwen?
—Yo tampoco… lo sabía.
A veces, la ignorancia es imperdonable. Pero este caso era manejable, y Ruwen no podía haberlo previsto. No quería que se culpara.
—¿Ves? No tienes porqué sentirte culpable. Ahora solo tenemos que salvar a los Kans.
—¿Nosotros? ¿Cómo?
Señalé el camino en el mapa con mi dedo.
—Ahora mismo solo avanzamos por el bosque por miedo a ser rastreados. Salgamos al camino principal y vayamos directo a la mansión.
El Primer Príncipe se había movido, e Irene no se quedaría de brazos cruzados. El Segundo Príncipe y mi hermana debían haber recibido autorización para investigar y rescatar, así que seguramente ya habrían partido con los caballeros de la mansión. Oficialmente, para rescatarme a mí.
Los perseguidores seguían el rastro de Ruwen. Y ese rastro marcaba nuestro camino. El jefe, anticipándose, había enredado la ruta. Así que tomaría tiempo hasta que llegaran al acantilado y encontraran la entrada. No la habían ocultado a medias.
Además, ese claro se parecía a una fortaleza inexpugnable. Solo se podía entrar por un estrecho camino en el acantilado, lo que les daba ventaja contra un grupo numeroso.
No sabía si era buena o mala suerte, pero se alegraron de haber cazado a Honey Greave y conseguido mucha carne, así que podrían resistir un asedio.
—Si nos capturan, el jefe dijo que vendiera información sobre ellos. Pero, Joven Señor, yo no quiero hacer eso.
¿El jefe había engañado a Ruwen?
Si el Primer Príncipe nos capturaba primero, sin duda intentaría matarme. Para él, yo podía ser una víctima que no sabía nada, o un soplón que se acercó a la verdad. Un hombre sin afecto por mí no apostaría. Sería más fácil eliminarme.
Sobre todo, esta era la situación perfecta para matarme y cubrir las huellas. El jefe debía saberlo.
«Sí, probablemente engañó a Ruwen porque quería que se fuera con Taran».
Para que fingiera ser una víctima.
Si era así, debíamos darnos prisa. Si el jefe estaba ganando tiempo para que escapáramos, quizá había dejado la entrada bien expuesta. No, seguro que lo hizo. Había que dejar migajas para que siguieran el camino.
No hacía falta… decírselo.
—Debemos apurarnos. Llama a Taran. Nos vamos ahora.
—Pero el Joven Señor aún tiene fiebre.
—Estaré bien. Tenemos que salvar a los Kans.
Eran testigos importantes. Y quizá, en el futuro, se convertirían en mis comodines. No podía perderlos por un poco de fiebre.
Me levanté tambaleándome, y Ruwen me sostuvo rápidamente.
—…Lo siento.
—No es tu culpa. Si buscamos responsables, la culpa es de quienes expulsaron a Honey Greave de su territorio.
Aunque lo dije, también guardaba resentimiento. Por haber usado hojas de Audreyph y atraer a Honey Greave. Al menos ambos estábamos a salvo, pero no quería ni pensar en lo contrario.
Ruwen asintió lentamente, con expresión sombría. Parecía entender mis palabras, pero le costaba aceptarlas. Como no podía mostrarlo, le acaricié la cabeza con una sonrisa. Como siempre hacía.
Me sentí mal por solo poder hacer eso, pero al parecer ayudó. La expresión de Ruwen se suavizó.
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Ruwen siguió mis instrucciones y tomó el camino principal. Cabalgamos todo el día. Fue un viaje agotador, hasta el punto de que los caballos tambaleaban. Mi fiebre no bajaba, y ahora mi cuerpo empezaba a temblar.
Sinceramente, era doloroso y agotador. Incluso cuando monté el caballo del jefe, no me sentí tan mal. Como mi cuerpo no estaba bien, solo quería rendirme.
«Quiero descansar ya…».
Solo quería tenderme y dormir. Si solo fuera mi vida en juego, quizá habría renunciado. Pero no era el caso, así que no tenía opción más que aguantar.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
RAW HUNTER: MALVADOS LTD