Capítulo 40
—¿Dónde me lavo? ¿Y la ropa para cambiarme? Después de bañarme, quiero descansar un poco. ¿Dónde está mi barraca?
—Oye, oye. ¿Crees que esto es la mansión de un Joven Maestro?
—Aunque no sea una mansión, es lo básico. No soy un simple invitado para ustedes, sino su benefactor. Merezco un poco de consideración.
El líder soltó una risa burlona, claramente incrédulo.
—Sí, sí. Haré lo posible para atenderlo como corresponde.
—Bien.
Esto estaba dentro de lo aceptable. Con un descaro casi insolente, extendí la mano hacia el líder.
Tras dar una orden a sus subordinados, Kans entró en una barraca y salió con un conjunto de ropa. ¿¡…Pieles y pelaje!?
—¿No la aceptas?
—…¿En serio me das esto con este clima?
—Es lo único nuevo que tenemos. ¿Qué, no te gusta?
—¿Crees que la tomaría?
Arrugué la cara todo lo que pude. Dar ropa de piel en esta temporada era como burlarse de mí. O quizás querían que sufriera un golpe de calor. Mejor elijo yo mismo. Me dirigí con paso firme hacia la barraca de donde había salido Kans.
Dentro, solo había una cama de paja cubierta con una tela delgada y agujereada, dos cajas de madera y una mesa baja que parecía incómoda. Era un espacio para sentarse, pero ni siquiera había cojines en el suelo.
«¿Así que hay que sentarse directamente en la tierra? Puaj. Seguro hay hormigas arrastrándose…».
Intenté no imaginar el estilo de vida de este lugar y abrí la caja. No sabía si era mi imaginación, pero olía a humedad. ¿Acaso la ropa que me trajeron salió de aquí?
Di un rápido olfateo, devolví la ropa a la caja y salí. Después de revisar todas las barracas y cajas, llegué a una conclusión:
«Si me quedo así, me enfermaré».
Ya estaba exhausto por la marcha forzada, y si el descanso y la comida eran tan precarios, seguro caería enfermo. No quería debilitarme en un lugar donde no podía confiar en nadie.
Decidido, me quité una pulsera de la muñeca y se la entregué al líder con firmeza.
—Compra todo lo que te diga, y que sea nuevo.
Era una pulsera costosa, pero la había preparado por si acaso, así que no era tan rara. Además, los Kans sabrían cómo venderla.
Le enumeré todo lo que necesitaba: ropa, ropa de cama, artículos de aseo, utensilios de cocina y alimentos.
—¿Sabes cuánto se tarda en llegar al pueblo desde aquí?
—Vende la pulsera y usa lo que sobre para comprar. Pero si algo no está perfecto, tendrás que volver a comprarlo.
«Si venden mi pulsera, incluso después de comprar todo, les quedará una buena ganancia. No querrán perder esta oportunidad, ¿verdad?».
El líder examinó la pulsera con ojos codiciosos.
—Mmm… Pero, como bien sabes, Joven Maestro, los objetos robados tienen una comisión alta. Si compramos todo, no quedará mucho.
—Si quieres quedarte con una buena parte, mejor tráelo todo bien y de una. Así quizá te vuelva a encargar algo. ¿No crees?
«Qué manipulador». Me subí la manga derecha y sonreí. Había otra pulsera idéntica en ese brazo. Al verla, el líder mostró una sonrisa avara.
—¡Je, je! ¡Fayden! Tú eres el más rápido, ¡ve y tráelo todo!
—¿En serio, jefe?
El llamado Fayden señaló el cielo. Aún faltaban horas para el atardecer, así que el pueblo debía estar lejos. El líder le lanzó mi pulsera.
—La mitad de lo que sobre es tuya. Si no quieres ir, le pediré a otro…
Fayden la atrapó, la revisó y gritó de inmediato:
—¡Voy! ¡Jefe, yo voy! ¡Salgo ahora mismo! Ah, ¿qué necesitas, Joven Maestro?
«Claro. El dinero es un gran motivador». Le expliqué detalladamente cada artículo, y él repitió todo varias veces antes de bajar con confianza.
«Bien, ahora tengo lo necesario. Lo siguiente es asegurar un lugar decente para dormir».
—Y vacía esa barraca. La usaré yo.
Señalé la más limpia, y el líder sonrió como esperando algo más.
—¿Me miras así porque no sabes cuánto vale mi pulsera?
«¿Qué más quieres sacarme? Esa pulsera es extremadamente valiosa».
El líder tosió y llamó a uno de los Kans que pasaba.
—¡Taran! ¡Ordena la barraca que eligió el Joven Maestro!
El Kans señalado me lanzó una mirada cargada de odio. Su rostro redondo y juvenil me resultaba familiar.
«Ah. Es el tipo que intentó matarme en la mansión».
Pensé que era buen actor, pero al parecer guardaba rencor contra la nobleza.
«Aunque yo no hice nada malo. ¿Por qué me odia a mí? ¿Acaso cree en la culpa colectiva? Hasta los caballeros de mi familia, a quienes humillé, me tratan con respeto».
Crucé los brazos y observé cómo Taran limpiaba la barraca. Cada vez que nuestros ojos se encontraban, fruncía el rostro con disgusto.
Pero eso fue todo. No me provocó, y yo, que buscaba una excusa para regañarlo, no pude decir nada. Podría haberlo hecho sin motivo, pero preferí no ser tan obvio.
Me acerqué al líder, agitando mi ropa sudada y maloliente. Él estaba recostado en su cama, sin haberse bañado y con la misma ropa que llevaba días usando.
«Qué asco. ¿Cómo puede estar tan saludable con esos hábitos? ¡No es justo!».
—Oye.
—¿Mm? ¿Qué pasa?
—Necesito a alguien que me asista. ¿Puedo quedarme al que está limpiando mi barraca? Hace un buen trabajo.
—Ese tipo es meticuloso, sí. Pero ¿estás seguro? Guarda mucho rencor contra los nobles. Lo puse a limpiar tu barraca como advertencia.
«Ah, entonces por eso solo me miraba con odio». El líder conocía la situación y quería enseñarle una lección.
Pero si tanto le preocupaba, debió ser más cuidadoso.
«Si odia tanto a los nobles, que me sirva un poco». Puse una expresión de sorpresa inocente.
—¿En serio? No tenía idea.
—Sí. Si necesitas a alguien, otro sería mejor.
—Mmm… Pero los demás tienen caras un poco intimidantes…
Dejé la frase incompleta, y el líder me miró con escepticismo.
«Este tipo… Cada vez que me mira así, me irrita. Como si me estuviera subestimando o no creyera mis palabras».
—Si tienes algo que decir, dilo.
Crucé los brazos con actitud desafiante, y el líder se encogió de hombros.
—No sé qué estás planeando, pero no molestes demasiado a Taran. Es un tipo serio, solo está un poco herido.
—¿De qué hablas? ¿Acaso parezco alguien que molestaría a otros?
«Si él cambia su actitud, no lo provocaré». Pasaría unos días aquí, y en un espacio tan pequeño, era inevitable cruzarnos. Si cada vez que nos viéramos me miraba con odio, mi mal humor arruinaría mi salud.
«Mejor tenerlo cerca, dándole órdenes, para mantener la paz mental».
—Taran debería saber que hacerse enemigo de alguien como el Joven Maestro no le conviene.
«Ni siquiera escucha». Parecía convencido de que yo lo hostigaría. Incluso quería usarme como lección.
«No tolero que me usen».
—No lo molestaré. Solo necesito ayuda con cosas cotidianas.
—Bueno, le diré algo a Taran. Ahora vete, quiero descansar.
El líder agitó la mano con fastidio.
«Qué tipo arrogante». Lo miré con resentimiento antes de salir de la barraca con un movimiento brusco.
El Segundo Príncipe tardaría al menos cuatro días en llegar, pero eso era solo mi esperanza. Lo realista era esperar unos diez. Habíamos cabalgado día y noche durante tres días para llegar aquí.
«Diez días…». Solo de pensarlo, me sentí sofocado. Quería dejarlos aquí e irme solo a una posada en el pueblo.
Pero el Primer Príncipe ya habría enviado gente para eliminar pruebas. Seguro había órdenes de captura contra el líder y sus allegados, y probablemente contra mí también.
Si me capturaban, podrían eliminarme y culpar a los Kans. O ejecutarlos en el acto para justificarse. Además, no podían estar seguros de cuánto sabía.
«Después de pensarlo bien, el Primer Príncipe definitivamente me mataría si tuviera la oportunidad».
—Uff…
«Realmente no tengo más opción que quedarme aquí».
«Extraño a mi Ruwen».

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
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