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Capítulo 46

Una voz familiar, pero que temblaba con intensidad.  

Odelli apenas logró levantar la cabeza.       

El rostro de Rudville  estaba pálido y su respiración era irregular. Sin darse un momento para recuperar el aliento, se arrodilló frente a ella. Luego, sacó un trozo de tela delgada de su cintura y la presionó con urgencia contra su boca y nariz.  

—¡En el epicentro de una plaga, y ni siquiera te cubres las vías respiratorias…!  

—…

Era la voz más afilada que había escuchado hasta ahora. Tan cargada de furia que casi podía sentirse… un aura asesina. Hasta su respiración dejaba al descubierto emociones crudas, sin filtrar.  

Sin embargo, sus acciones, familiares y naturales, se movían para protegerla. Como un hábito arraigado en su cuerpo.  

—No vuelvas a hacer algo así. Si lo haces…  

¿Si lo haces?  

—Si lo haces, yo te…  

La frase quedó incompleta. Rudville  no logró terminarla. En cambio, cerró los ojos con fuerza y respiró hondo. Un gesto para contener sus emociones a como dé lugar.  

—…Si tiene curiosidad por saber qué le haré, inténtelo de nuevo.  

La amenaza fue susurrada mientras la atraía hacia su pecho con fuerza, como si quisiera encerrarla en sus brazos. Sus palabras, escupidas como un suspiro, eran una mezcla de preocupación, ira y… algo más. Una obsesión malsana que no podía considerarse normal.  

«Ah.»  

«Estoy perdida.»  

Ese fue su primer pensamiento. A juzgar por su reacción…  

«¿Habrá superpuesto la imagen de la mujer de ojos azules sobre mí en este momento?»  

Sintiéndose derrotada, Odelli reunió toda su fuerza mental para aferrarse a su conciencia, que se desvanecía.  

—…Usted ya sabía que puedo realizar purificaciones.  

Y, como si nada, habló con calma.  

—Que no me afecta la plaga… Pensé que lo habría deducido.  

Ante esas palabras, la mirada de Rudville  se enfrió como el hielo. Sus labios se torcieron, y entre sus cejas apareció un pliegue amenazante.  

—¿…Eso es lo que decides decirme ahora?  

Su voz era baja, pero impregnada de una ira incontrolable. Y entonces, dejó escapar sus palabras de golpe:  

—¡Para empezar, ¿por qué te lanzas a hacer algo que nadie te pidió que hicieras?!  

Odelli no tuvo respuesta. No esperaba que la siguiera hasta aquí. No, incluso si había sido descubierta en el acto por mala suerte, nunca imaginó que se enfurecería tanto.  

Al contrario, esperaba una reacción de admiración, ya que había detenido la plaga por completo.  

«En comparación, esto es barato.»  

Cuando en Kardel  la forzaban a repetir los trabajos de purificación, los incidentes entre la vida y la muerte eran cosa de todos los días. En comparación, toser sangre y desmayarse eran efectos secundarios menores.  

Pero al parecer, él no lo veía así.  

«…¿Me veo tan mal?»  

«¿Mi apariencia actual se parece tanto a la de esa ilusión de la mujer de ojos azules que guarda en su mente?»  

¿O… ?

«El problema fue que salí a escondidas a salvar gente sin decirle nada.»  

En ese momento, una escena muy antigua vino a su mente. Entre miles de regresiones, hubo una en la que Rudville  se rebeló y ascendió al trono del Emperador.  

En esa ocasión, él había abrazado a Odelli mientras ella tosía sangre y se desplomaba, diciendo:  

{—Su cuerpo no puede soportarlo.

—Por favor, deténgase. No tiene que ser usted.

 

—¡Si no fuera usted, todo estaría bien…!}  

Eran palabras que escupió con un rostro tan angustiado que parecía que él era quien tosía sangre. Una voz que temblaba violentamente. Un gesto de abrazarla con desesperación, como si se estuviera ahogando.  

Su voluntad de salvarla a toda costa se transmitió con claridad.  

…Pero ahora no era así.  

Ahora, él no recordaba nada. No sabía que la purificación carcomía su cuerpo, ni que cada vez que lo hacía, ella se debilitaba más.  

Odelli bajó la cabeza. Sin decir nada, contuvo con fuerza su respiración temblorosa.  

Esta persona no era el Rudville  de antes.  

Y… así debía ser.  

«No debe recordar.»  

Se repitió a sí misma.  

Alguien como yo no debería ser recordado.  

Si llega a recordar que me amó, podría volver a abandonarse por recuperar ese amor. Su vida, su corazón, su existencia.  

¿No sería ese un final demasiado cruel?  

Así que prefería que siguiera así, viviendo sin recordarla. Que viviera olvidando quién era ella, lo que había soportado, todo.  

Que llenara ese espacio con cosas más cálidas, amorosas y tiernas.  

Porque solo así podría él vivir.  

Odelli se ajustó la capa e intentó levantarse.  

Pero…  

—¡…!  

—No se mueva.  

Con esas palabras secas, su cuerpo fue levantado en el aire. Para ser exactos, Rudville  la alzó como si fuera un saco.  

—¿Su Alteza?  

Odelli protestó en voz baja, confundida. Pero Rudville  no respondió y comenzó a caminar con pasos largos y firmes.  

—Su Alteza…  

—Cállese. ¿Acaso no sabe cómo se ve ahora? Pálida como un cadáver…  

La voz de Rudville  era baja y firme, pero su respiración temblaba de manera extraña. No podía entender el origen de estas emociones que giraban en su interior como un torbellino enloquecedor.  

No era ira, ni tristeza.  

«¿Preocupación?»  

No, esto era…  

«…Miedo.»  

Así era.  

Rudville  no recordaba haber sentido miedo en toda su vida. Pero ahora, sin duda, lo experimentaba.  

Solo porque Odelli había desaparecido de su vista por un momento. Solo porque había tambaleado frente a él.  

Ni siquiera en el campo de batalla, donde aliados y enemigos caían muertos, había parpadeado. ¿Y ahora se desmoronaba por una Princesa?  

Ante esta emoción que ni él mismo podía explicar, abrazó a Odelli con más fuerza. Y la subió al carruaje que lo había seguido.  

  

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

El aire dentro del carruaje era incómodamente silencioso.  

Odelli miró a Rudville  con sentimientos encontrados. Sabía por qué había venido corriendo, por qué se había enfadado, por qué la había subido al carruaje…  

«Esto no debería estar pasando…»  

Ese pensamiento la sumió en sus reflexiones.  

Ella debía vigilarlo para que no se quitara la vida, pero al mismo tiempo, mantener una línea para que no recuperara sus recuerdos sobre ella.  

¿Había alguna contradicción más grande que esta?  

Fue entonces.  

—…Maldición.  

Rudville, que miraba por la ventana, murmuró con una voz baja y quebrada.  

Durante un momento, clavó la mirada en el vacío antes de finalmente fijarla en ella. Con una expresión derrotada, como si hubiera cedido.  

—…Reconozco su habilidad, Princesa.  

Y entonces, lo soltó:  

—Casémonos ahora mismo.  

Odelli parpadeó.  

—…¿Qué?  

—¿Tiene con usted ese contrato del que habló?  

Aturdida, Odelli lo miró antes de meter la mano dentro de su capucha. Al sacar el contrato, el collar que llevaba alrededor del cuello quedó al descubierto.  

La mirada de Rudville  se posó brevemente en él, pero se interrumpió cuando ella extendió el documento, perfectamente doblado.  

—Aquí está.  

Rudville  lo miró por un momento antes de volver a observarla.  

—Añadamos una nueva cláusula.  

—¿Cuál…?  

Sacó una pluma estilográfica de su bolsillo y escribió una nueva condición en el acto.  

[Artículo 8. En caso de salir sola, deberá informar previamente la ruta y el tiempo estimado de salida, y confirmar su regreso.  

Sin embargo, si el destino o la situación se consideran peligrosos o implican factores de riesgo físico o psicológico, la otra parte tendrá derecho a acompañarla, sin posibilidad de objeción.  

En caso de violar esto, la parte infractora asumirá toda responsabilidad y consecuencias.]

—…

Robin: ¡¡¡Siii por fin!!!



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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