Capítulo 40
—…Dile que venga mañana alrededor de las 3 de la tarde.
Logró responder con calma. Como siempre, como si no estuviera perturbado en lo más mínimo.
Theodor inclinó la cabeza en silencio.
—Y llama a un médico.
—…¿Perdón?
—Creo que me está dando un trastorno mental.
«¿Ahora se da cuenta?»
Edwind parecía querer decir eso. Aunque, por supuesto, se mordió la lengua para no arriesgar su vida.
—O quizá sea una enfermedad física.
Pero al parecer no pudo contenerse y añadió una réplica:
—Hasta el último examen médico de rutina, no había ningún problema. Incluso su capacidad de regeneración, debido a su transformación en criatura, es comparable a la de una bestia… o quizá superior.
—Qué molesto. Si te digo que llames a alguien, hazlo.
—…Sí.
Un breve silencio llenó la habitación.
Mientras tanto, Rudville miró al mayordomo y abrió la boca varias veces como si quisiera decir algo, pero volvió a cerrarla. Era la primera vez que Theodor lo veía dudar tanto, así que, sorprendido, preguntó:
—¿Tiene algo que decirme?
—…¿No hay ninguna posibilidad de que la dama haya aprendido magia negra?
—¡¿Qué?!
—No, no es nada.
Rudville se llevó una mano a la frente y dejó escapar un suspiro profundo. Luego, con un gesto de fastidio, hizo un ademán como si estuviera ahuyentando moscas y ordenó a sus dos subordinados:
—Salgan los dos.
Cuando la puerta se cerró, el mayordomo y el asistente, ahora expulsados al pasillo, se miraron con desconcierto.
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Al día siguiente, por la tarde.
El momento en que Odelli llegaría se acercaba poco a poco. Los sirvientes intercambiaban opiniones alrededor de una larga mesa.
Rudville estaba sentado con expresión impasible, pero sus dedos golpeaban el escritorio como el segundero de un reloj. Edwind lo observó y no pudo evitar pensar:
«Aparte de otros síntomas, definitivamente tiene inestabilidad emocional.»
—Su Alteza, aquí está el documento oficial del Palacio Imperial.
Un funcionario colocó con cuidado sobre el escritorio un papel sellado con una estampa dorada. Un sobre grueso, lleno de formalidades protocolarías.
[De acuerdo con la 47ª Conferencia Anual de Estrategia Militar organizada por el Palacio Imperial, solicitamos que asuma el cargo de presidente de esta reunión…]
Ni siquiera leyó la siguiente línea antes de empezar a doblar el documento.
—…¿Su Alteza?
Un doblez, luego otro. Mientras el avión de papel tomaba forma, el rostro del funcionario palidecía.
Finalmente, Rudville abrió la ventana.
ZAS
El avión de papel con el emblema imperial voló más allá de los muros, llevado por el viento.
—¡Su Alteza! ¡No puede simplemente lanzar un documento imperial, y menos una solicitud para presidir la conferencia!
Rudville ni siquiera reaccionó y respondió con frialdad:
—No es una presidencia, es un mero trámite ceremonial.
—¡Pero eso es precisamente la esencia del palacio imperial! ¡Protocolo!
—Qué fastidio.
—…
—No me traigan más estas tonterías.
El funcionario no pudo seguir hablando. Sudando frío, salió apresuradamente de la habitación. Sin duda, fue a buscar el avión de papel.
Edwind, al ver la escena, murmuró con admiración:
—Hoy está siendo especialmente tolerante, ¿no?
Era, de hecho, la reacción más suave en meses. Al menos no había arrojado el documento al fuego para usarlo como yesca.
—Quizá sea porque la futura Gran Duquesa está en el castillo.
En el momento en que lo dijo sin pensar, Rudville, que miraba distraído por la ventana, volvió su mirada hacia él.
—¿Quién es esa “Gran Duquesa”?
—¿Eh? ¿No se supone que será ella?
«¿No acordaron eso cuando concertaron la cita?»
Edwind, desconcertado, replicó con otra pregunta.
Rudville lo miró en silencio antes de responder con una voz tan gélida como el invierno del norte:
—Aún no lo he decidido.
Era una afirmación tajante.
En realidad, aunque nadie lo dijera en voz alta, todos los sirvientes compartían la misma duda:
—¿Todavía no lo ha decidido?
—¿Después de no echarla del castillo durante dos semanas?
—…Entonces, ¿por qué la mantiene cerca?
—¿Sin enviarla de vuelta a Kardel, sin informar al palacio imperial de que encontró a la dama desaparecida, y sin siquiera ponerla bajo vigilancia?
—¿No estaba preparando todo para recibirla como Gran Duquesa…?
Pero los sirvientes guardaron silencio. Después de todo, hoy se resolvería. Ya fuera aceptando a la dama o devolviéndola a Kardel.
Aunque la mayoría, hastiada por las “mujeres de ojos azules”, no parecía entusiasmada con la idea de una Gran Duquesa, algunos albergaban esperanzas. Aquellos que notaron la paz en el Gran Ducado durante las dos semanas con Odelli deseaban que Rudville la aceptara y que la tranquilidad continuara.
«Por favor, que olvide de una vez a esas de ojos azules.»
Pero en el norte, donde rara vez hay paz, ¿era demasiado pedir tranquilidad?
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¡BANG!
La puerta de la sala de reuniones se abrió violentamente. El funcionario que había salido a buscar el avión de papel entró jadeando. El avión ya no importaba.
—¡Su Alteza! ¡Noticia urgente! ¡Ha estallado una plaga en la ciudad portuaria de Velader!
El aire en la habitación se congeló al instante.
Odelli llevaba consigo el nuevo contrato que había preparado.
«¿Lo aceptará esta vez…?»
Con un poco de nerviosismo, se dirigió hacia la sala de recepción, el lugar acordado. Era un poco temprano, pero planeaba esperar allí.
Fue entonces.
Al otro lado del pasillo, vio a alguien. Era Liam, el funcionario. Corría apresurado, cargando un montón de documentos, como si tuviera una emergencia.
Odelli se detuvo.
«¿Pasa algo?»
Sintiendo que algo andaba mal, lo siguió en silencio, manteniendo la distancia para no ser vista. Su destino era la sala de reuniones.
Y a través de la puerta entreabierta, escuchó su voz urgente:
—¡Su Alteza! ¡Noticia urgente! ¡Ha estallado una plaga en la ciudad portuaria de Velader!
Odelli contuvo la respiración. Pegó su oído a la puerta y se concentró en la conversación.
—El ritmo de propagación es demasiado rápido. Ya hay muertos.
—¿Área de contagio?
—Los informes indican que los síntomas se están extendiendo principalmente por el puerto y la zona comercial. Actualmente, un barco está en cuarentena y se está evaluando el número de infectados en la ciudad.
—¿Y la causa?
—Aún no se ha identificado claramente. Pero el patrón es completamente distinto a casos anteriores.
Rudville miró el mapa sobre la mesa.
Velader.
La ciudad más occidental del norte, un núcleo clave para el comercio marítimo. Y un lugar demasiado “eficiente” para que estallara un brote.
Con el ceño fruncido, revisó el informe improvisado. Un momento después, habló con determinación:
—Ciérrenla.
—…¿Su Alteza?
—Pongan en cuarentena toda la ciudad y establezcan un perímetro de bloqueo. Maten a los infectados en el acto. No dejen salir a los no infectados. Sin excepciones.
El aire en la sala se volvió denso.
—Pero aún no se ha determinado la causa de la enfermedad…
—¿Y mientras tanto se sigue propagando?
Rudville cortó con frialdad.
Una ciudad clave para el comercio. El flujo de personas sería incomparablemente mayor que en otros lugares. Antes de que el daño creciera, había que contenerlo.
—Y si aun así no podemos detener la plaga…
Su mirada se clavó en el mapa.
—Entonces, quemen la ciudad entera.
Robin: ORA!
Los ojos púrpuras de Rudville brillaron con frialdad. Era tan indiferente como si estuviera seleccionando papas podridas. Como si todo lo demás fuera sentimentalismo innecesario.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD