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Capítulo 31

―¿Acaso quieres que te echen ahora mismo?  

Rudville soltó una risa exasperada.     

Aunque le había dado un plazo de quince días, bien podía cambiar de opinión en cualquier momento. Pero ahora solo quedaba aproximadamente una semana.  

Con un suspiro, Rudville respondió obedientemente a todas las preguntas que Odelli le lanzó después. Era como si le estuviera diciendo: Toma esto y lárgate.  

―No sé qué cambiará el que conozca mi estado. ¿Acaso ahora piensas hacer de médica?  

―Si es necesario.  

Odelli no había estudiado medicina formalmente, pero había aprendido por su cuenta y, como había trabajado como sanadora, poseía conocimientos médicos bastante profundos. Además, contaba con los recuerdos de Rudville.  

Podía intuir más o menos su estado, pero…  

«Mmm.»  

Aunque ya lo esperaba, era extremadamente grave. Letargo, pérdida de apetito, trastornos del sueño, insomnio crónico, embotamiento emocional, desconexión entre emociones y cuerpo, adicción a medicamentos, daño en la memoria por fármacos y, ni siquiera, un instinto de autoconservación…  

«Parece que su sentido de identidad mismo está colapsado…»  

No tenía una percepción básica de quién era, qué estaba haciendo o con qué propósito vivía. No sentía que estuviera vivo. Actuaba, pero sin saber por qué. Sin identidad, sin metas. Y, sin embargo, ni siquiera era consciente de que deseaba morir…  

―¿Acaso… cree que es una persona muerta?  

―Otra vez empezamos.  

Rudville respondió con un gesto de disgusto a la pregunta de Odelli. Sin decir nada, abandonó la terraza y comenzó a dirigirse a algún lugar con determinación.  

Edwind, su asistente, que esperaba afuera, lo siguió aturdido y agitado. De pronto, Rudville cruzó el pasillo, bajó las escaleras y se dirigió directamente al campo de entrenamiento.  

―…¿Su Alteza, está huyendo ahora?  

―Cállate.  

―Pero la Princesa lo sigue persiguiendo…  

―Lo sé.  

Edwind miró de reojo a Odelli, que los seguía como una sombra. Rudville no aumentó la velocidad lo suficiente para dejarla atrás, pero tampoco la redujo para que pudiera alcanzarlo. Mantenía una distancia constante, avanzando sin permitir que se acortara o se alargara.  

―¿…?  

¿Por qué este comportamiento sin sentido?  

Edwind observó el semblante de su señor. No parecía que lo hiciera para burlarse de Odelli. Más bien… Ni siquiera parecía consciente de ello.  

―¿Esto es… ese juego que hacen los enamorados de atrápame si puedes? Si me estoy entrometiendo sin darme cuenta, dígamelo…  

Sin duda, era un comentario fuera de lugar. Y el castigo por su imprudencia fue contundente.  

―¡Ugh…!  

Edwind cayó al suelo gimiendo, y Rudville lo pasó por alto sin piedad.  

En ese momento, Odelli, que venía detrás, se acercaba cada vez más al asistente retorciéndose en el suelo.  

―Princesa…  

Edwind la llamó con desesperación.  

Odelli lo miró brevemente, mientras él gemía en el suelo… Y continuó caminando sin detenerse.  

―Lo siento. Mis habilidades no son efectivas para tratar lesiones físicas. Además, mi fuerza es limitada, así que no puedo ayudarte a levantarte.  

―…  

―Ve a buscar un médico. Entonces, hasta aquí.  

Eso fue todo lo que dijo. No tengo el poder para ayudarte. Así que no perderé tiempo en algo sin sentido.  

En cada movimiento suyo, se sentía una fuerte determinación de actuar con eficiencia.  

Mientras Edwind miraba fijamente la dirección en la que Rudville y Odelli habían desaparecido, una expresión vino a su mente:  Hechos el uno para el otro…  

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

A la mañana siguiente, Odelli obtuvo información importante.  

Resulta que, después de moverse intensamente, Rudville comía mejor de lo habitual.  

…Bueno, era algo obvio.  

«El ejercicio moderado es bueno para la salud.»  

Estimula el apetito, y el cansancio ayuda a dormir profundamente.  

Aunque los gritos de los caballeros resonando en el campo de entrenamiento aún persistían en sus oídos como un eco…  

…Habrá sido un buen entrenamiento. Probablemente.  

En fin, por eso fue.  

―Mañana saldré a cazar bestias, así que quédate tranquila en el castillo.  

Cuando Rudville dijo eso, Odelli no intentó detenerlo. Incluso si su razón para salir era absurda: «Necesito mancharme las manos de sangre periódicamente.»

Frente a las puertas del castillo, el grupo de exterminio estaba listo para partir. Las filas estaban alineadas, y los soldados esperaban en silencio.  

En medio de ellos, Rudville, vestido con su armadura, ajustó las correas de su hombro para que la capa no se deslizara y se detuvo frente a su caballo. Con la misma fluidez con la que se movía en ropa casual, montó en la silla.  

A pesar de sus palabras sangrientas, su rostro era indiferente, sin rastro de motivación, sentido de deber o entusiasmo.  

Pero su expresión cambió en el instante en que vio a Odelli acercarse lentamente hacia el grupo.  

Ella también montaba un caballo. Vestía un atuendo de caza, cómodo para moverse.  

Primero, sospecha. Luego, incredulidad. Y finalmente, una emoción que se manifestó como irritación. Algo que, en términos generales, podría llamarse… preocupación.  

―…¿Acaso pensaste que salía a dar un paseo o una inspección?  

―No, dijo que iba a cazar bestias. Y también me dijo que me quedara tranquila en el castillo hoy. Lo escuché correctamente.  

―…  

Rudville apretó los labios, conteniendo la ira que brotaba en su interior, y finalmente la reprimió con un profundo suspiro.  

Le disgustaba enormemente cómo cada acción de ella lo hacía oscilar entre emociones. Sin duda, todo estaba calculado. No tenía intención de dejarse manipular.  

―Si me escuchaste correctamente, ¿por qué me sigues? ¿Acaso esperabas que me preocupara e intentara detenerte?  Pero esto ya es cruzar el límite, Princesa.  

Rudville cortó en seco, diciendo que esto no tenía gracia. Odelli, por el contrario, lo miró con ojos perplejos.  

―¿Acaso está preocupado?  

―¡¿Cómo puedes decir eso ahora?!  

Rudville estuvo a punto de gritar, pero logró contenerse. Un momento después, habló con una voz tan fría que erizaba la piel.  

―¿Eso… es una broma?  

―Ya atrapamos a un ladrón.  

―Comparar un ladrón con una bestia demuestra que eres una flor de invernadero.  

Su tono se volvió cada vez más áspero.  

―Las bestias son algo completamente distinto a los humanos violentos.  

Lo sabía.  

Aunque Odelli nunca había enfrentado una bestia directamente, había visto incontables escenas a través de los recuerdos de Rudville. El campo de batalla, repleto de sangre y gritos. Y la mirada del hombre blandiendo su espada en silencio en medio de todo.  

Por eso, Odelli tenía que ir.  

―Por supuesto, no pretendo enfrentarme a una bestia. Me quedaré en la retaguardia, en el lugar más seguro, solo observando.  

―¿Para qué quieres venir? No actúes como una niña. No tendré tiempo para protegerte durante la cacería.  

Niña…  

Odelli recordó de pronto que la gente la veía como la hija menor mimada de Kardel. Nunca se había molestado en corregir ese malentendido, así que no era extraño que la trataran así.  

―Tengo medios para protegerme.  

Con una leve sonrisa, Odelli extendió la mano y la posó sobre su cabeza. Y, como parte de su rutina diaria, alivió su dolor de cabeza una vez más.  

―Y estoy segura de que me necesitará, Su Alteza.  

Sin ocultar en absoluto su intención de apoyarlo y cuidarlo en todo lo que hiciera a partir de ahora.  



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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