Capítulo 24
El chef guardó silencio, como si las palabras le hubieran abandonado.
Pero pronto leyó una inquebrantable determinación en los ojos azules de Odelli.
«¿De verdad tiene algo en lo que apoyarse para actuar así?»
Al ver que Odelli asumía toda la responsabilidad, el chef dudó un momento antes de decidirse y abrir la boca con solemnidad.
—Entendido. Prepararé todo como dice la señorita Princesa.
El chef dio órdenes a sus ayudantes:
—Traed moras, frambuesas y cebada.
Mientras la carne ahumada era algo común, ingredientes como la cebada o las frambuesas no se almacenaban habitualmente, por lo que tuvieron que conseguirlos con urgencia.
Odelli salió sigilosamente de la cocina para no estorbar.
Como forastera, eso era todo lo que podía hacer por ahora.
Solo quedaba una cosa: ver si él, al menos, probaría un bocado de esa comida.
Todo lo que podía hacer era esperar.
୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧
TOC, TOC.
Un golpe breve resonó en la puerta.
—Ya dije que no quería nada.
Rudville, como si ya hubiera adivinado quién era, respondió con indiferencia, sin ocultar su irritación.
—Su Alteza.
Quien entró, como se esperaba, fue el chef.
Con una bandeja de plata en las manos, avanzó con cautela, pero al ser rechazado, se detuvo en el umbral.
Rudville ni siquiera levantó la cabeza, manteniendo la mirada fija en los documentos mientras agitaba la mano con desdén.
—Llévatelo.
Al oír esas palabras, Edwind, el asistente del gran duque, frunció el ceño con severidad.
—¿Acaso aún no ha desayunado? ¡Debería comer ahora mismo! ¿Qué clase de comportamiento es este, echando al chef como si fuera una molestia?
Su mirada se posó en la botella de licor y la copa medio vacía sobre el escritorio.
Otra vez alcohol en lugar de comida.
¡Hay límites para descuidar la salud así!
Justo cuando Edwind estaba a punto de estallar en reproches, el chef, tras dudar un momento, habló con cuidado:
—La señorita Princesa dijo que, si volvía a rechazar la comida, debía ofrecerle esto.
La mención de esa persona inesperada hizo que las expresiones de ambos cambiaran al instante.
Los ojos de Edwind se abrieron desmesuradamente, mientras Rudville fruncía ligeramente el ceño y alzaba la vista.
—¿La Princesa Kardel?
Su voz baja sonó casi como un murmullo para sí mismo.
¿Esa chica a la que le dio una oportunidad de entretenerse durante quince días, pero que se encerró en su habitación sin salir?
Rudville esbozó una sonrisa burlona.
—¡Ja!
Pensó que se había escondido por miedo, pero ahora resultaba que había atrapado a un ladrón…
Aunque parecía estar moviéndose por ahí con diligencia, no tenía claro qué pretendía.
—Sí. Parece que… está preocupada por Su Alteza el Gran Duque.
El chef, inusualmente, añadió su opinión personal.
Al principio, él también se había sorprendido.
Cuando la Princesa apareció de repente en la cocina dando instrucciones sobre el menú, no podía entenderlo.
Pero en su actitud de asumir la responsabilidad, había una clara confianza.
Más allá de sus intenciones, eso era lo importante.
Honestamente, al chef no le importaba si la Princesa era una espía o no.
Lo único que quería era que Su Alteza el Gran Duque comiera algo.
«Hmph.»
Rudville se sintió exasperado al ver al chef tomar partido por Odelli.
¿No tenía dignidad?
¿Cómo podía aceptar tan fácilmente que una forastera interfiriera en la cocina del Gran Ducado?
«El mayordomo ya parecía actuar de forma extraña, y ahora hasta el chef ha caído bajo su influencia.»
Era ridículo.
El plazo que le dio era de solo quince días, ¿por qué estaba ocupándose de los demás?
Si se acercó a él buscando poder, ¿por qué estaba tratando de ganarse a su gente?
«Aunque, no es tan tonta como para no saber que la decisión final está en mis manos.»
Si quería una oportunidad, debería estar persiguiéndolo todo el día, como las otras mujeres.
«Al menos podría haber traído esto personalmente y jactarse de que lo preparó para mí.»
Con gesto de desagrado, Rudville clavó la mirada en la comida cubierta por la tapa de plata.
En silencio, durante un largo rato.
Finalmente, movió la mandíbula y dijo:
—Déjala y vete.
El chef inclinó la cabeza en silencio y se retiró, dejando el comedor en un nuevo silencio.
Solo quedó el tazón de gachas de cebada, esperando en la mesa.
Rudville levantó la tapa.
El vapor se elevó, y un aroma tostado se extendió lentamente por la habitación.
Gachas claras de cebada.
Sobre los granos húmedos, unas finas lonchas de carne ahumada se disponían con cuidado.
Frambuesas oscuras y moras decoraban los bordes, y un hilo de miel brillaba sobre ellas, añadiendo un dulzor sutil.
—Esto es… perr…
EJEM.
Edwin, que observaba desde atrás, tosió discretamente.
La palabra truncada era obvia: ¿Esto es “comida para perros”?
Era demasiado humilde para ser un plato servido al Gran Duque.
Ni siquiera parecía el desayuno de un noble, sino más bien el de un siervo.
Además, era absurdo pensar que la Princesa de Kardel hubiera ideado este menú por sí misma.
Claramente, había una intención maliciosa detrás…
EJEM
—Su Alteza. ¿Acaso ha ofendido de alguna manera a la Princesa?
—…
—Me pregunto si no le habrá ganado algún profundo resentimiento…
Incluso ante esas palabras, Rudville no reaccionó.
Una sensación familiar pero desagradable nublaba su mente.
Tras un largo silencio, tomó la cuchara.
El primer bocado le trajo el sabor ahumado y salado de la carne, seguido por la suavidad de la cebada.
La acidez sutil de las frambuesas y moras irrumpió luego, equilibrada por el dulzor final de la miel.
Todos los sabores se mezclaban sin conflicto, fluyendo armoniosamente.
«¿Por qué…?»
¿Por qué esto sabe bien?
Con el ceño fruncido, Rudville tomó otra cucharada.
Las gachas de cebada eran un plato que comía a menudo en su época de esclavo.
Pero esta combinación era nueva.
Familiar y extraña a la vez, un sabor que inexplicablemente lo atraía.
No recordaba haberlo probado antes, pero no sentía rechazo alguno.
Era como si le evocara un hogar que nunca tuvo, una nostalgia inexplicable.
Siguió comiendo.
Otra cucharada. Y otra.
La textura suave, el calor al bajar por su garganta…
Y entonces, de pronto, se detuvo.
Como si su cuerpo reaccionara antes que su mente, sintió algo que no era hambre.
Eran fragmentos de emociones perdidas, luchando por encontrar un lugar al que pertenecer.
Annad: Desde hace unos capítulos mi corazón no deja de hacerse cada vez más chiquito y este no ayuda *procede a ir a llorar a la esquina* .

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD