Capítulo 20
Odelli colocó con cuidado el cristal de sangre en su lugar.
Exactamente en el circuito de liberación, no de activación.
En el instante en que el cristal y el círculo mágico encajaron perfectamente, una baja vibración resonó desde el suelo.
La luz roja contenida en el cristal comenzó a arder con intensidad, como una llama, y a temblar.
Y entonces…
CRAC.
Lentamente, muy despacio.
Los hilos de luz se rompieron uno tras otro, y los circuitos del hechizo se desvanecieron.
El círculo mágico, antes tan complejo y preciso, comenzó a desmoronarse como un ser vivo que agota su vida.
La mitad de la fuerza vital que Rudville había sacrificado para completar el hechizo estaba regresando a su dueño original.
Odelli observó el proceso en silencio.
Cuando el círculo mágico desapareció por completo, el espacio volvió a sumirse en la oscuridad.
En ese momento.
Desde lo más profundo de su pecho, sintió como si un delgado hilo se hubiera roto.
TOK.
Al mismo tiempo, una abrumadora sensación de pérdida la invadió.
El último y único vínculo que la unía a Rudville a través del hechizo había desaparecido por completo.
Odelli inhaló suavemente.
Era como si algo en su pecho se hubiera vaciado.
«…Esto se ha terminado.»
Solo quedaba que los vivos vivieran y los muertos murieran.
Antes de eso, debía ayudar a Rudville a recuperar la conciencia y darle un propósito para seguir viviendo.
Viviría los próximos cinco años ocupada.
Por mucho que intentara animarse, el vacío persistía.
Era solo el fin de una relación nefasta que nunca debería haber comenzado…
«Regresemos.»
Odelli giró lentamente el cuerpo.
No había razón para quedarse más en ese lugar vacío.
Pero entonces.
PARPADEO.
Una luz tenue iluminó la oscuridad.
—¡…!
Odelli volvió la cabeza, incrédula.
El cristal de sangre de Rudville, que debería haber desaparecido con el círculo mágico, aún brillaba en el suelo.
Como una llama que no se apagaba, seguía ardiendo.
Quedó inmóvil, mirando fijamente el cristal rojo que yacía solo.
Aunque el círculo mágico había desaparecido por completo, su resplandor no cesaba.
—¿Por qué…?
Su corazón casi se detuvo.
¿Había fallado la liberación del hechizo?
Por un instante, ese pensamiento siniestro cruzó su mente.
Pero no.
«El círculo mágico desapareció. El hechizo se liberó por completo…»
Estaba segura.
La fuerza vital de Rudville, incluso agotada a la mitad, había regresado a él.
Entonces, ¿por qué el cristal seguía allí?
El medio que debería haber desaparecido con el círculo.
Odelli se arrodilló con cuidado frente a él.
Al levantar el cristal rojo, sintió un leve calor en la punta de sus dedos.
Cálido, como el calor de un cuerpo humano.
Como si albergara el alma de alguien.
Pero no sentía nada siniestro o aterrador.
Al contrario… inexplicablemente, su corazón se calmó.
«Rudville casi se consumió por completo para crear esto.»
No solo su fuerza vital, sino también sus recuerdos, emociones y toda la desesperación y obsesión acumuladas en incontables regresiones.
Aunque lo normal sería que desapareciera tras la liberación del hechizo…
Rudville no era normal.
«Quizás sea porque es un regresor.»
Era como si su deseo se hubiera acumulado miles de veces.
Con ese nivel de deseo, anhelo, fervor y locura…
Quizás por eso el cristal no desapareció, incluso sin el círculo.
Los objetos se rompen y se acaban, pero el corazón humano, incluso destrozado, persiste como un remanente de apego.
Esto no era un residuo mágico, sino quizás el último fragmento del corazón de Rudville.
Justo cuando logró cortar ese vínculo…
Era como si el cristal aún sostuviera los extremos de un hilo, sin soltarse.
Odelli lo contempló un largo rato.
De pronto, recordó el deseo de Rudville: celebrar su trigésimo cumpleaños juntos.
¿No desaparecía porque ese sentimiento aún no terminaba?
«…Qué inútil.»
Aún seguía buscando a la mujer de ojos azules.
Aunque había perdido sus recuerdos, su corazón no podía dejarla ir.
Este cristal, tal vez, era la verdadera esencia de Rudville.
Si era así, quizás serviría como guía.
«Cuando Rudville me deje ir por completo, este cristal desaparecerá.»
Odelli lo guardó de nuevo en su pecho.
୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧
Tres días después de la partida de la Orden de la Luz.
En un páramo devastado, la nieve caída durante la noche se teñía de rojo sangre.
El nombre de este pueblo ya no significaba nada.
Hacía años que se había convertido en ruinas debido a una manada de criaturas demoníacas.
Belusa.
Bestias venenosas cuyo aliento derretía la piel y pudría los órganos con solo rozarlos.
Rudville estaba ahora en medio de una horda de esas criaturas.
Ni siquiera parpadeaba al recibir su aliento.
Cortaba, cortaba y seguía avanzando en línea recta.
Como si no conociera la palabra retirada.
—¡Su Alteza!
Edwind, el asistente del Gran Duque, gritó desde el borde del cañón colapsado, jadeando.
Una hora antes, Rudville había atraído a las Belusas y provocado el derrumbe de la entrada del cañón.
Era una estrategia para limitar su movimiento, pero también un acto que impedía que alguien lo siguiera.
Temerario y unilateral.
—¡Maldita sea, otra vez!
Edwind finalmente comprendió que había sido engañado.
Rudville estaba usando esta cacería como un juego suicida.
—¡Belkan! ¿Aún no?
Edwind miró hacia la entrada con desesperación.
Belkan, el mago, gritó desde el círculo mágico, limpiándose el sudor de la frente:
—¡Sigo intentándolo, señor asistente!
El terreno colapsado amenazaba con un alud, y entrar sin cuidado podría sepultar incluso a Rudville.
El asistente y los caballeros de la Orden de la Luz no tenían más remedio que esperar impotentes.
Edwind apretó los dientes.
—¡Demonios, rápido…!
Entre los escombros, vio por un momento la figura de su señor.
Rudville Exion.
Sonreía con los labios torcidos, como si estuviera ebrio de batalla.
«¡Si vas a enloquecer, hazlo con gracia!»
Edwind gritó internamente.
Pero Rudville, indiferente, decapitó a otra bestia.
La sangre viscosa y venenosa salpicó su rostro, pero ni siquiera se inmutó.
Sus ojos violetas vacíos no reflejaban ni rastro de dolor.
Solo miraba a la distancia, sin emoción.
Observó con indiferencia cómo otra criatura cargaba hacia él.
Esta vez, ni siquiera levantó su espada.
Con la mano desnuda, le rompió el cuello.
Y en ese preciso instante…
—¡…!
BUM, BUM, BUM.
Su corazón comenzó a latir como loco.
Algo fluyó de regreso.
Vida, fuerza, energía, pulso.
No importaba cómo se llamara.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD