Capítulo 7
Gawain, por supuesto, no entendió sus palabras.
En el momento en que su ceño se frunció, Odelli extendió su mano manchada de sangre y agarró una piedra del suelo.
Y justo cuando la fuerza de Gawain se relajó por un instante, ella retorció su cuerpo y se liberó de su agarre.
Antes de que él pudiera alcanzarla de nuevo, llevó la piedra hacia el intrincado patrón grabado en el suelo.
Fue un instante.
El sello de purificación, transmitido por generaciones.
El arte mágico que había sostenido a la familia Kardel durante siglos…
—¡D-detente! ¡Te dije que te detuvieras!
Con su gesto, el sello se desvaneció inútilmente.
«¡Esta loca! ¡Esta demente!»
Gawain, furioso, se abalanzó hacia Odelli, pero su mano ya había rozado el centro del patrón.
—¡…!
Odelli lo miró lentamente y dijo:
—Si el verdadero Dios está de tu parte, ¿qué podría pasar si esto desaparece?
Y entonces…
¡BOOM!
Con un destello cegador, el sello grabado en el suelo comenzó a desvanecerse como un espejismo, dispersándose en el aire.
—¡E-esto…! ¡Es imposible!
Instintivamente, dio un paso atrás mientras un pequeño remolino de luz giraba sobre el lugar donde había estado el sello.
Era el último vestigio del sello de purificación.
Al verlo, los ojos de Gawain se llenaron de locura.
Gritó, como si desesperadamente intentara aferrarse a la mano de un Dios que ya lo había abandonado.
—¡No! ¡Aún no, aún no ha terminado!
Corrió hacia la entrada de la cámara secreta.
—¡Traed a los magos! ¡Restaurad el sello! ¡Antes de que la barrera colapse…!
Antes de que sus pasos se alejaran, los gritos y patadas a los sirvientes resonaron por el pasillo.
Odelli, sin perder tiempo, se lanzó en la dirección opuesta.
Con la desaparición del sello, un pasaje lateral se había abierto.
Un túnel secreto, preparado por si los secretos de la familia eran descubiertos.
El mismo que, en su primera vida, ella le había revelado a Rudville.
Sin dudarlo, entró en él.
Avanzó en silencio a través de la oscuridad.
Aunque los gritos de Gawain resonaban a sus espaldas, ella ni siquiera volvió la cabeza.
Pasó por el hedor de las alcantarillas, por el lodo que empapaba sus pies, siguiendo solo la tenue luz que se vislumbraba a lo lejos.
Y cuando finalmente llegó al final del túnel…
—… Haa.
Odelli inhaló profundamente.
El aire fresco llenó sus pulmones.
Alzó la vista hacia el cielo.
La descomunal barrera dorada que cubría el Imperio en forma de cúpula se balanceaba precariamente.
La antigua barrera.
No, más exactamente, el “Manto de Purificación” que los Kardel habían mantenido durante siglos, engañando a la gente.
Ahora, esa barrera se estaba agrietando.
Ante la anomalía, la multitud alzó la vista.
En el mercado, bajo las murallas del castillo, frente al templo…
En todas partes, la gente murmuraba mientras miraba al cielo.
—¿Qué es eso?
—¿El cielo… se está partiendo?
—¿No será la barrera? ¿La antigua barrera se está agrietando?
—¡Imposible! ¡El ritual para restaurarla acaba de tener éxito! ¿Cómo puede pasar esto en el Día de la Protección…?
—E-esto es un mal presagio. ¡Ni en la Gran Guerra pasó algo así! ¡Los dioses nos han abandonado!
—¿Acaso la familia Kardel ha perdido su poder?
El miedo se propagó rápidamente.
Algunos se arrodillaron a rezar, otros huyeron arrastrando a niños llorosos.
Dejando atrás todo el caos, Odelli observó la barrera desmoronándose y murmuró en voz baja:
—… Ahora, por fin, todos empiezan a ver la verdad.
Era hermoso.
Odelli miró el resplandeciente manto dorado desintegrándose como estrellas fugaces y sonrió en silencio.
No era un mal comienzo.
Robin: no les gustan las protas fuertes porque a mi si y ya me enamore de Odelli
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La nieve caía en grandes copos.
No parecía que fuera a detenerse pronto.
Odelli sacudió su capa empapada y entró en una humilde posada.
—¡Bienvenida! ¿Va a comer o a hospedarse?
—… Comeré, por favor.
Tras pedir comida, se sentó cerca de la chimenea para calentar sus manos.
Habían pasado tres meses desde que escapó de la mansión Kardel.
Externamente, el Imperio parecía en calma.
Los Kardel habían restaurado rápidamente el sello de purificación y emitieron un comunicado:
[No teman. La barrera sigue en pie.
Fue solo una anomalía temporal. La barrera se ha estabilizado.]
La gente les creyó.
La confianza y fe en la familia Kardel, acumulada durante siglos, era así de sólida.
Los mercados se llenaron como siempre, los comerciantes voceaban sus productos.
Odelli ya sabía que esto pasaría.
Un sello centenario no desaparecería solo por un rayajo hecho con una piedra.
Pero, ¿de qué servía restaurarlo si lo más importante, el “Purificador”, había escapado?
Los Kardel aún buscaban a Odelli desesperadamente.
Reportes de desaparición, órdenes de búsqueda, circulares…
Había sido un dolor de cabeza evadir todas esas redes de rastreo.
«Quizá ya hayan contratado asesinos.»
Si no podían controlarla, preferirían matarla y crear un nuevo Purificador. Por eso era mejor alejarse de la capital y refugiarse en un pueblo remoto.
Eso sería lo más sensato…
—…
«Entonces, ¿por qué me dirijo al norte?»
Odelli suspiró y se pasó una mano por el rostro.
La verdad era que, desde su regresión, no había dejado de pensar en él.
«No vino a salvarme.»
Un comportamiento distinto al de su vida pasada.
¿Tal vez solo quien regresa conserva los recuerdos?
Después de todo, en sus incontables regresiones, Rudville nunca había notado nada extraño.
Si era así, mejor.
Era lo que deseaba: que él lo olvidara todo y viviera en paz.
«No verme será lo mejor para Rudville.»
Odelli, como Purificadora, moriría antes de los treinta.
En los recuerdos de Rudville, siempre fue así.
Exactamente a los veintinueve años, en invierno.
«Me quedan cinco años…»
Decidió dejar de lado tonterías y mudarse a Siloen, el pequeño y tranquilo feudo donde había trabajado como sanadora en su vida pasada.
Pasaría allí sus últimos días.
Justo cuando tomaba esa decisión…
—¿Quién hubiera pensado que el Gran Duque Exion cambiaría tanto?
Una voz susurrante llegó a sus oídos.
«¿Quién cambió?»
Odelli detuvo sus movimientos y concentró toda su atención en la conversación.
Por sus ropas, parecían viajeros y mercenarios del norte.
Bebían mientras intercambiaban rumores sobre Rudville.
—¿Otra fiesta esta noche?
—Sí, como siempre. Dicen que sigue obsesionado buscando a esa mujer.
—Ahora, su mansión es más lujosa que el palacio imperial. Todo oro, vidrios de cristal, piedras luminosas…
¿Otra fiesta? ¿Buscando a una mujer? ¿Más extravagante que la familia imperial?
¿De quién hablaban?
Mientras Odelli dudaba de sus oídos, un viajero preguntó:
—¿Y quién es esa “mujer de ojos azules” que busca el Gran Duque?
En ese momento, su corazón pareció detenerse.
¿Ojos azules?
¿Rudville… buscaba a una mujer de ojos azules?
«No puede ser…»

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD