Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 5

Como un animal arrastrado al matadero, Ramu fue llevado a la residencia temporal del reino de Cask.

En el camino, recuperó brevemente la conciencia, pero el dolor punzante en la cabeza le impedía saber siquiera en qué dirección lo llevaban.   

Sumido en un estado mental ambiguo, sin saber si seguía inconsciente o inconsciente, se dio cuenta de que sus subordinados no estaban con él.

«Si solo me han traído a mí, el Príncipe, sería una suerte.»

Pensó Ramu.

Al entrar en la residencia improvisada de Cask, Ramu notó algo que contrastaba brutalmente con su tierra: decenas de gallinas y cerdos, animales que escaseaban en el reino de Akin, y barriles rebosantes de agua. El agua que en Akin se recolectaba gota a gota del mar, aquí fluía con una abundancia obscena.

Los soldados, bien alimentados, recogían huevos del gallinero mientras lo observaban. Sus rostros brillaban de grasa y suficiencia. Akin nunca podría ganar esta guerra.

Desde el inicio, la superioridad física, las armas, los alimentos abundantes hacían imposible que Akin fuera rival para Cask, todo estaba en su contra. El príncipe Ramu cerró los ojos ante esa verdad despiadada.

¡ZAS!

Uno de los soldados lo empujó hacia adelante como si fuera un saco viejo. Al intentar inhalar a través de la tela que le cubría la boca, el dolor en la mandíbula y la cabeza regresó con fuerza.

Los soldados lo levantaron del suelo y lo ataron con fuerza a una silla de madera.

—Felicidades, Coronel.

—Encontrar al Rey de Akin será pan comido ahora.

Las voces, aduladoras como las de cortesanos hipócritas, graznaban como cuervos en los oídos de Ramu, haciéndolos sangrar por dentro.

Aunque su cabeza colgaba hacia adelante, la rigidez de la silla no le permitía doblar completamente el cuerpo. No había forma de suicidarse en esa posición.

«Si estoy atado y no tengo ni siquiera veneno… mi única oportunidad será cuando me quiten esta tela de la boca.»

«Si quieren saber dónde está mi padre, en cuanto intenten interrogarme, morderé mi lengua y moriré.»

—¡Ugh!

Un soldado de Cask le agarró la cabeza con rudeza y la tiró hacia atrás. Cuando logró enfocar la vista, vio al coronel Jer justo frente a él.

Alto, imponente, envuelto en un uniforme que parecía más una armadura ceremonial que ropa de guerra, lo observaba con un rostro inescrutable. Su mirada, cortante como una cuchilla, era tan intensa que incluso el más valiente tendría dificultad para sostenerla.

Pero Ramu era el Príncipe de Akin. No apartó la vista ni por un segundo, devolviéndole la mirada con igual firmeza. 

En sus ojos cargaba insultos y maldiciones.

«Demonio… peor que una bestia. Nunca encontrarás a mi padre. Muere».

Jer solo lo observaba en silencio. Ante su silencio, los subordinados empezaron a borrar las sonrisas de sus rostros y a tensarse.

Más temían al coronel Jer, con su mente insondable, que al fracaso de no hallar al rey de Akin. Y cuando Jer callaba, el terror alcanzaba su punto máximo.

El coronel hizo una señal con la mano. Entonces, varios soldados entraron en la tienda. Traían consigo a los subordinados de Ramu… y a Annie, a quienes Ramu no había visto antes. Aunque todos estaban heridos, al menos seguían vivos.

Por un momento, Ramu sintió un nudo en el pecho. Pero al ver sus rostros, decididos y sin miedo a la muerte, su espíritu volvió a templarse.

«No podré morder mi lengua con este bozal… pero nadie revelará dónde está el rey. No haré lo que ellos esperan».

Solo Annie, con el rostro cubierto de lágrimas, le dejó una punzada de remordimiento.

«Debí haberla alejado… incluso si tenía que parecer cruel».

—¿Tú eres el Príncipe Ramu?

Jer, que había permanecido en silencio hasta entonces, le habló. Aunque ya conocía la respuesta por boca de Annie, su motivo para preguntar de nuevo seguía siendo un misterio.

Como Ramu no podía hablar con la tela en su boca, le colocaron un palo largo entre los dientes, como si fuera un hueso para perros. No podía morderse la lengua, pero al menos podía articular palabras.

—¿Crees que te diría algo? No me preguntes quién soy. Mátame de una vez.

Aunque su pronunciación fue forzada por el objeto en su boca, el mensaje fue claro. Los subordinados de Jer se abalanzaron con insultos y amenazas, pero él los detuvo con un simple gesto de su mano. Sin cambiar de expresión, mantuvo su mirada clavada en Ramu unos segundos y luego hizo una seña para que Annie se acercara.

Annie, que aún lloraba, vaciló. Un soldado, sin miramientos, la empujó hacia adelante.

Con su pequeña cabeza y su cuerpo frágil, Annie parecía a punto de romperse con solo un apretón de manos del coronel Jer. Entre lágrimas, alzó la vista y encontró a Ramu, atado e indefenso.

CRAC.

Las manos de Jer se cerraron alrededor de la cabeza de la niña mientras sus ojos, filosos como cuchillas, se clavaban en Ramu.

—Dilo tú mismo. ¿Eres el Príncipe Ramu o no?

Las manos de Jer, enormes y de huesos gruesos, podían aplastarle el cráneo de un solo movimiento.

Pero Ramu, lejos de horrorizarse, casi lo consideró un alivio.

«Si su cuello se rompe de un golpe, al menos evitará sufrir».

Sin embargo, como si leyera sus pensamientos, Jer habló:

—Por cada respuesta que no des… ella pagará el precio.

—…

—Si el castigo fuera solo morir, deberías agradecerlo.

El rostro de Ramu se ensombreció al mencionar que no la matarían de inmediato. Los soldados de Cask, expertos en tortura, no tendrían compasión por una niña. Y lo mismo les esperaba a sus subordinados, que permanecían amordazados y postrados.

Jer limpió con el pulgar las lágrimas que corrían por las mejillas temblorosas de Annie. Luego, observó a sus hombres.

—Al ser una niña, su utilidad es aún mayor.

—Je, je. Así es, Coronel. Una mujer siempre tiene sus usos —respondió uno de sus hombres con voz babosa.

—En Akin son tan degenerados que casan a las niñas a los ocho años. Parece que maduran rápido…

—¡Bestias! —rugió Ramu, alzando la voz todo lo que pudo—. ¡Lo hacemos para evitar que las tomen como esclavas! ¡No son diferentes de…! —su voz se cortó de golpe.

Mientras hablaba, Annie ya no estaba en manos de Jer, sino en las de uno de sus aduladores, que la sostenía como un trofeo. La mirada del hombre, devorando su cuerpo harapiento y diminuto, era repulsiva.

—¡Mátala! ¡Mátanos a todos! ¡Jamás sabrás dónde está el Rey de Akin! 

—Llévensela.

—¡AAAAAH! —el llanto desgarrador de Annie retumbó en la tienda.

Al ver cómo la arrastraban, Ramu trató de liberarse, pero lo único que consiguió fue desplomarse.

—¡Demonio! ¡MÁTALA, HE DICHO!

—Pregunté si eres el Príncipe Ramu.

Jer insistía con obstinación, sin levantar la voz. Ramu guardó silencio al instante, percibiendo la peligrosa determinación en su mirada. Una determinación que decía sin palabras: lo que deseo, lo obtengo… sin importar el precio. Y eso significaba más sufrimiento para los inocentes.  

—Sí. Soy Ramu, Príncipe de Akin. Solo yo sé dónde está mi padre. Mis hombres… y esa niña… ni siquiera lo han visto. Torturarme a mí.

—…

—¡Ustedes son bestias que torturan a inocentes! ¡Pero con ello solo perderán el tiempo!

Los subordinados de Ramu, aún con los bozales, fueron arrastrados fuera, igual que Annie. Jer ya sabía que los akinianos no traicionarían a su rey, ni siquiera bajo tortura.

Y, aun así, había traído a Annie y a los soldados solo para confirmar la identidad de Ramu.

Algo en su instinto le susurraba que había algo que no encajaba del todo.

Dejando a Ramu, que cerró los ojos con resignación, Jer salió de la tienda. Antes de marcharse, dejó caer una advertencia en voz baja:

—Si en un día no hablas, lo haré yo mismo.

No quedó claro qué significaba exactamente, pero sus hombres se agruparon alrededor de Ramu, sonriendo como lobos ante una presa.

—Por mucho que seas un príncipe, no resistirás nuestras técnicas.

—Idiotas… Ustedes, estúpidos de Cask, le temen al agua. ¿De verdad creen que pueden asustar a alguien que ha vivido junto al mar?

—La primera será con agua fría.

—Hagan lo que quieran.

—La segunda… con agua hirviendo.

 

₊ ⊹🪻 ✧ ˚

¡COF! ¡COF!

El agua fría había sido tolerable. Incluso logró tragar un poco, calmando la sed. Pero luego…

—¡Agh!

Un puñado de polvo de chile cayó sobre su cuerpo como brasas vivas. El ardor era insoportable. Aunque no se movía, las lágrimas brotaban de sus ojos sin control, arrastrando el escozor hacia dentro de su piel.

Aun así, Ramu resistió.

Hasta que trajeron el agua hirviendo. El vapor subía en espirales, amenazante. Al verlo, su corazón se heló, a pesar de las lágrimas que aún le resbalaban por el rostro enrojecido.

—Je, je. ¿Así que también sientes miedo, eh? Mira, Príncipe de Akin… si desde el principio hubieras jurado lealtad a Cask y entregado a tus mujeres y granos, nada de esto habría pasado.

—…

—Dicen que tú fuiste quien convenció al Rey de declarar la guerra. ¿Con qué cara te atreviste a desafiar a Cask? Si hasta tú estás así, no es raro que tu pueblo sufra.

—Oye, no te enrolles. Vamos, dinos dónde está el Rey de Akin. Lo único que el Rey Hetept quiere es encontrar a tu padre.

«Ah… así que Hetept busca a mi padre»

Cada vez que tragaba saliva, el picor del chile le desgarraba la garganta, pero su mente comenzaba a despejarse. Buscaban a su padre, querían capturarlo para quebrar la moral de su pueblo y controlar Akin. ¿Por qué? ¿De qué serviría imponer un nuevo rey si el pueblo no lo seguía? 

La claridad de esa revelación lo fortaleció.

«No importa cuánto me torturen. No voy a hablar.»

—¿Eh? ¿Ahora cierras los ojos y nos ignoras?

—Idiota. Deberías rogar que esto termine aquí. Si el Coronel Jer se involucra, tu fin será lento. Verás lo que es el infierno en vida.

«El infierno ya lo viví gracias a ustedes… Hambre, frío, sed. Ni un solo día habrían resistido lo que nosotros.»

—Un príncipe reducido a esto… Qué triste. Bueno, es lo que hay por nacer en un país miserable.

—…Este país…

—¿Qué dijiste, mocoso?

—Nacer aquí… no fue un error. ¡Si ustedes, bestias, no hubieran invadido…! ¡Si no nos exigieran lo imposible…! ¡Si ese maldito Hetept…!

¡PAF!

—¡¿Cómo te atreves…?!

—¡¿…a mencionar el nombre de Su Majestad…?!

¡PAF! ¡PAF!

Los soldados, enfurecidos, comenzaron a patearlo sin contención. Aunque había vivido como un hombre, su cuerpo, frágil bajo la coraza que fingía, no soportaba fácilmente la violencia brutal de aquellos golpes.

Entonces, uno de los soldados, incapaz de contener su ira, empujó el rostro de Ramu hacia el balde con agua hirviendo. Por suerte, el viento había enfriado un poco el líquido, pero aún quemaba. El polvo de chile se deslizó por su piel, pero esta se enrojeció de inmediato, como si hubiera sido escaldada.

¡COF! ¡COF!

La tos de Ramu se volvió violenta, espesa, y solo entonces los soldados se apartaron, resoplando.

—¡Un príncipe de un reino caído y aún se atreve a resistir! Bien, sigue así. Espero que el Coronel Jer te torture personalmente. ¡Ptui!

—Pero no vuelvas a insultar a Cask ni a Su Majestad delante de él. Te arrancará la lengua… mientras aún respiras.

—¿Solo la lengua? El Rey nos dio permiso para matarlo si era necesario.

—Sí, pero si es el único que sabe dónde está el Rey de Akin, el Coronel no lo eliminará tan fácil.

—Pero al final hablará. Será mejor avisarle al Coronel. Solo entenderá cuando pruebe el verdadero dolor.

Mientras los soldados discutían, Ramu cerró los ojos. Su rostro ardía.

En medio de la oscuridad, vio el rostro de su padre.

«Morir en el campo de batalla habría sido un final honorable… Pero ¿fui un hijo del que enorgullecerse? ¿O solo una hija desesperada por ser ‘Ramu’, nunca ‘Rane’?»

Ese pensamiento solo confirmaba lo que su instinto ya le había susurrado: le quedaba poco tiempo.

«Por favor… aunque yo muera en agonía, deja que mis hombres y Annie tengan una muerte pacífica».

 

₊ ⊹🪻 ✧ ˚

—Mi Rey, el Coronel Jer ha enviado una carta.

—Oh, ¿sí? Déjamela ver —Hetept tomó el pergamino y lo leyó con tranquilidad, sentado entre cojines bordados con hilo de oro.

Ya sabía que habían capturado al príncipe Ramu, pero la carta añadía que no lo matarían de inmediato. Intentarían primero extraer información sobre el paradero del rey de Akin.

Aunque Hetept ya había dado permiso para ejecutar a Ramu si era necesario, entendía que hacerlo sin respuestas sería un error estratégico. Después de todo, él era la única pista real que tenían.

«Como era de esperarse… Jer tiene la frialdad suficiente para anticiparse incluso a mis preocupaciones.»

Hetept terminó de leer con una sonrisa satisfecha. Jer mencionaba que, si Ramu moría sin decir nada, no habría más opción que masacrar al pueblo de Akin. Solicitaba autorización para ello.

A Hetept le daba igual el destino de Ramu, con tal de encontrar al rey. Si había que matar civiles, que así fuera. Sin embargo, una pequeña incomodidad se le arraigó en la mente:

«Matar a un Príncipe heredero podría generar murmullos entre los reinos vecinos…»

Aun así, no podía olvidar el rostro insolente de Ramu desafiándolo hace un tiempo atrás.

«Si lo dejo vivir… se convertirá en un dolor de cabeza eterno».

—Ah… ¿llegaron ya las mujeres que envié para el Coronel Jer?

—El grupo era demasiado numeroso para transportarlas a caballo, Su Majestad. Cómo avanzan a pie, aún no…

—¡INÚTILES! ¡Mientras ustedes, estúpidos cortesanos, se hartan de comida caliente, el Coronel Jer sangra en el frente de batalla! ¡Hagan que lleguen a él inmediatamente, aunque tengan que montarlas a la fuerza en los caballos!

—¡S-sí, su majestad!

—Y transmite esto al Coronel.

—¿Q-qué mensaje…?

—Como ya dije antes; puede matar al Príncipe Ramu. Y si es necesario, también a los civiles de Akin. No lo dudes. Solo tráeme al Rey de Akin vivo ante mí.

 

Robin: Hay wee mi mente que prra confusión mientras es Ramu, pero se refieren a ella como Rane 🤯



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: NYNX
REVISION: ARALDIR



© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 4

    Next Post

  • CAPÍTULO 6
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks