Capítulo 28
Tras caminar un buen trecho por aquel estrecho callejón, finalmente apareció al final un edificio con una puerta de bronce verdoso.
—Es aquí.
Fue entonces que empecé a entender más o menos lo que había pasado antes. Aquellos hombres que se apartaron por dos monedas de plata debían ser algo así como porteros.
—Entraré primero.
Lionel abrió la puerta y entró. Yo lo seguí de cerca, cuando de pronto se oyó un silbido, el sonido de algo cortando el aire. Miré, confundida, y vi que en la mano de Lionel había un arma afilada.
«¿Un ataque sorpresa?»
Me sobresalté y el cuerpo se me quedó rígido. Entonces, escuché la voz del responsable de lanzar el arma.
—De nuevo tú. Te dije claramente que rechazábamos tu encargo.
—El cliente hoy no soy yo, sino ella.
Lionel respondió mientras giraba el cuerpo ligeramente hacia un lado.
—Entonces deberías haberlo dicho desde el principio.
«¿No sabe quién es Lionel?»
El hombre de cabello rizado y castaño lanzó una daga al jefe de una casa noble… y aun así seguía actuando con toda tranquilidad.
—¿Tú has tratado con nosotros antes? Tenemos requisitos bastante estrictos.
El hombre me dio una mirada rápida mientras hablaba.
—Ah… sí. Tengo un apartado de contrato.
—¿Posee un apartado?
El tipo, que hasta entonces había estado actuando con desdén, enderezó su postura.
—¿Cuál es el número? Escríbalo aquí, por favor, sin que ese sujeto lo vea.
Su tono y actitud cambiaron por completo, volviéndose mucho más cautelosos.
Me acerqué a él con cierta duda. «¿No lanzaría otra vez un cuchillo de repente…?»
Parece que notó en qué estaba pensando, porque frunció el ceño.
—Jamás actuamos con descortesía hacia un contratista. No lo malinterprete. Solo fue porque ese sujeto ha estado insistiendo demasiado…
Al seguir mi mirada, que se dirigía hacia Lionel, él se encogió de hombros.
—Siempre es mejor tener precaución con los de temperamento violento.
—¿Perdón? ¿Tú vas a decir eso?
Mientras el hombre de cabello castaño lo fulminaba con la mirada, escribí el número en el papel y se lo pasé.
[9913.]
Ese era el número del apartado exclusivo de mi familia. El hombre lo observó fijamente unos segundos, y luego me preguntó:
—¿Desea depositar algo?
—Sí, una carta y algo de dinero…
En cuanto respondí, una llama brotó de la palma del hombre y consumió el papel hasta hacerlo cenizas.
«¡Un mago!»
Los artefactos mágicos eran comunes en la vida diaria, pero los magos verdaderos eran muy escasos. Si mal no recordaba, en todo Solen solo había habido uno. Mientras observaba con fascinación su palma, el hombre carraspeó y se sacudió la mano para quitarse la ceniza.
—Espere un momento, por favor.
Cruzó una gruesa cortina que dividía el espacio, y al poco rato regresó con una caja de un gris oscuro.
—Sabe cómo abrirla, ¿verdad?
—Por supuesto.
Puse la mano en el centro del intrincado grabado de la caja, y sentí una punzada en la palma. El grabado se tiñó de rojo. Era un sistema que solo podía activarse con sangre: solo un descendiente de Solen podía abrirla o cerrarla.
Saqué el pañuelo que había preparado y me envolví por encima la palma, donde se acumulaban pequeñas gotas de sangre. En ese momento, la caja que había reconocido mi identidad se abrió en completo silencio. Coloqué dentro la carta y el dinero que traía, y la cerré del mismo modo.
—Gracias por utilizar nuestro servicio. El contenido será entregado sin problemas —dijo el hombre con una actitud aún más formal que antes.
—¿No tiene algún otro asunto pendiente con nosotros?
—Eh, por casualidad… ¿no habrá algo que deba recibir yo? Una carta o lo que sea…
—Ah…
A diferencia de la sucursal del Reino de Cloren que usaba cuando estaba en el monasterio, este hombre me daba la impresión de que tal vez sabía algo. Y como lo sospechaba, parecía tener algo que decir. Miró de reojo en dirección a Lionel.
—Él es mi protector. No tiene que preocuparse —le dije.
—¿Protector, dice? ¿Está hablando del Duque Ruanax?
«…¿Eh? ¿Así que sí sabía quién era Lionel?»
Lanzarle una daga y hablarle con tanta informalidad a un Duque… vaya valor. O quizás su posición tampoco era poca cosa.
—Si se encuentra bajo amenaza o coacción, por favor agite el pañuelo —susurró el hombre.
Por supuesto, no lo agité.
El hombre soltó un suspiro y, llevándose la mano a la frente, murmuró con resignación:
—¿Podría volver aquí dentro de una semana? Enviaré un guía a la residencia del Duque Ruanax. Pero sería preferible que viniera sola esa vez.
—Hmm… —Lo pensé un momento y luego negué con la cabeza—. Lo siento… pero no creo que pueda. No me siento segura yendo sola.
Aunque estoy ayudando a Solen exitosamente sin que la familia imperial lo sepa, uno nunca sabe cuándo se puede descubrir la verdad.
—¿Está diciendo que confía más en ese sujeto que en nosotros?
Ahora incluso señalaba a Lionel con el dedo. El hombre parecía visiblemente afectado, como si sintiera una especie de traición. Pero, sinceramente, no podía entenderlo. Después de todo, no había habido ningún tipo de intercambio que justificara una relación de confianza entre el gremio de información y yo.
Claro que agradecía profundamente que hubieran ayudado a Solen a espaldas del Imperio… pero eso no significaba que tuviera que confiar personalmente en él.
—Hmph… Está bien. Qué remedio. De todos modos, enviaré al guía.
—Sí, gracias.
—Me llamo Sieren.
Fue solo cuando nos estábamos despidiendo que el hombre se presentó.
—Puede llamarme así la próxima vez.
Lo miré por un instante, con su expresión siempre tensa, y luego asentí con la cabeza.
—Está bien —dije, y con eso me giré y caminé hacia Lionel—. ¿Nos vamos?
Lionel había dicho que el propósito de acompañarme hoy era dejar en claro que estaba a mi lado. Como ya había cumplido su cometido, no tenía más asuntos pendientes aquí. Sonriendo levemente, me abrió la puerta con su propia mano, como dándome paso primero.
Apenas di un paso hacia fuera, detrás de mí se escuchó de nuevo un sonido cortante, aún más amenazante que antes. Me di la vuelta, sorprendida, y vi a Sieren con una daga en la mano, igual que Lionel hacía un rato. Pero esta vez parecía no haberla atrapado a tiempo, ya que la sangre le chorreaba desde la palma.
—E-esto…
—No se preocupe. Es solo una herida menor —dijo Lionel mientras pasaba su brazo por mis hombros con naturalidad y me sacaba de allí. Cerró la puerta con un portazo firme.
«…Bueno, en fin. Seguro él sabrá cómo curarse.»
Fueron ellos quienes atacaron primero. Al fin y al cabo, si uno lanza un golpe, también debe estar preparado para recibir uno de vuelta.
Regresamos al claro de antes, nos quitamos las túnicas y cambiamos de carruaje. Durante el trayecto de regreso a la residencia del Duque, el interior del carruaje se mantuvo en silencio.
Había demasiado en qué pensar. Me vino a la mente la expresión de Sieren, incrédulo al preguntarme cómo podía confiar en el Duque Ruanax.
Pensé que mi padre o mi hermano seguramente reaccionarían igual. Probablemente me gritarían furiosos: “¡¿Con qué confianza dices que te vas a casar con ese tipo?!”
«Mmm…»
Yo, por supuesto, sé que Lionel no está del lado de la familia imperial. Pero eso no me ayuda en nada a explicarles a ellos. ¿Cómo podría hacerles entender que conservo recuerdos de mi vida pasada y que este mundo no es más que el de una novela titulada “La noche en que las serpientes se enredan”?
Y qué decir de lo íntimo que ha pasado entre Lionel y yo. A los ojos de mi padre o de mi hermano, solo parecería una tonta completamente cegada por el rostro apuesto de Lionel.
«… Aunque no es que estén del todo equivocados.»
Incluso si Lionel Ruanax no fuera leal a la familia imperial, si tuviera la edad de mi padre, o si no fuera tan increíblemente atractivo… quizá nunca habría aceptado su propuesta de matrimonio.
«No, pero… ¿cómo se supone que voy a resistirme cuando me mira así con esa cara…?»
Fue su culpa. Definitivamente todo esto fue culpa de ese hombre. Desde que volvimos al carruaje, podía sentir la mirada de Lionel fija en mí, sin apartarse ni un segundo. Aun así, me mantuve firme mirando por la ventana.
Porque si lo miraba de frente, mi mente se quedaba completamente en blanco y mi corazón se desbocaba como loco, impidiéndome pensar con claridad. Sin darme cuenta, el carruaje ya había pasado por la entrada principal de la residencia Ruanax y se detenía frente al edificio central.
Y allí, frente a la entrada, vi rostros familiares.
«¿Danteer y Ardin…?»
Por supuesto, Vivian también estaba con ellos.
«¿Qué están haciendo ahí…?»
Mientras los observaba con curiosidad, de pronto, Danteer agarró a Ardin por el cuello del abrigo.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA