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Capítulo 27

No era una exageración: el corazón me latía tan descontroladamente que estaba al borde del desmayo.

—Si no le agrada la idea, puede rechazarla.

«¿Rechazar…?»

¿Cómo podría hacer algo así? Ya sabía lo electrizante y placentero que era besarlo. Incluso habiéndolo hecho hasta quedar exhausta anoche, quería más… mucho más. Quería volver a sentir ese momento en el que él perdía toda compostura y se abalanzaba con pasión.

Lionel, que observaba mi rostro cada vez más sonrojado, apoyó una mano en el respaldo del asiento e inclinó su torso hacia mí. Cuando su aroma me envolvió por completo, cerré los ojos instintivamente. Apreté las manos con fuerza, esperando el beso que vendría.

Pero por alguna razón, aunque esperé y esperé, no sentí que me tocara. Había dado a entender claramente que me besaría…

Abrí los ojos con cautela y me llevé un susto. Él me miraba desde tan cerca que nuestras narices casi se rozaban. Sus ojos, de un rojo más intenso por la sombra, solo reflejaban a mí. Y fue solo cuando nuestras miradas se encontraron que él finalmente posó sus labios sobre los míos, apenas, suavemente.

—Debería respirar, ¿sabe?

Fue entonces que me di cuenta de que llevaba un buen rato conteniendo el aliento.

Parpadeé un par de veces, y en el momento exacto en que ya no pude resistir más y solté el aire… como si hubiera estado esperando eso, él volvió a presionar sus labios contra los míos.

El aliento que se escapaba por mis labios entreabiertos fue absorbido por él por completo, como si lo succionara. Y luego, como si quisiera robar incluso el resto de mi aliento, introdujo de inmediato su lengua hasta el fondo.

—¡…!

Intenté retroceder por la intensidad, pero para cuando quise hacerlo, su mano ya se había posado firmemente sobre mi nuca. No había forma de escapar. Su lengua rozaba la mía, que temblaba desprotegida, en movimientos lentos. Aunque ya no tenía la urgencia de antes, esa lentitud hacía que el estímulo fuera incluso más difícil de soportar.

Cada vez que la saliva —mezcla de la suya y la mía— descendía por mi garganta, el calor en mi cuerpo aumentaba como si me tragara bolas de fuego.

Sentía que mi cuerpo ya no me pertenecía. Estaba completamente rígida, con fuerza hasta en las puntas de los pies, pero poco a poco, sin remedio, empezaba a desmoronarme. Con desesperación, me aferré a su camisa, intentando sostenerme.

Mientras jadeaba, tragaba el aire que él me dejaba, y parpadeaba con los ojos nublados. Mis pestañas, húmedas y pesadas, volvieron a cerrarse. Cuando su mano cálida y firme, que había estado en mi nuca, se deslizó lentamente por mi espalda como si me consolara, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

Mis muslos, fuertemente apretados, temblaron sin control. Abajo, donde ya había recibido una estimulación previa, sentía un impulso desesperado de frotarme contra cualquier cosa.

«Era solo un beso, ¿por qué entonces mi cuerpo reaccionaba así?»

Claro que, por lo poco que pude ver, él tampoco parecía estar en condiciones normales.

«¿Será que esto es lo que se siente empezar una relación amorosa?»

La sensación era tan intensa, que con solo un beso parecía que podría quedar embarazada. Así de excesiva era la excitación. No fue hasta que ya no me quedaban fuerzas para seguir aferrada a su camisa que Lionel se apartó de mis labios. Pude escuchar débilmente el sonido húmedo y resbaloso al separarse.

Aún permaneciendo a una distancia donde se podía sentir nuestra respiración entrelazada, murmuró con un suspiro:

—Esto es grave. No he podido dejar de pensar en esto durante todo el día. ¿Tampoco tiene cura?

—Eso… —Desvié la mirada unos segundos, pero al final decidí decir la verdad—. ¿No es normal? Digo, yo también me siento así…

—… Ya veo.

Se frotó los ojos con rudeza usando la palma de la mano. Y esos ojos suyos, que ya estaban enrojecidos, se tornaron aún más rojos. Su expresión, tan cargada de deseo que bien podría haberse dicho que acabábamos de hacer algo mucho más lascivo que un beso, me hizo tragar saliva.

Ni siquiera se había desabotonado la camisa, y aun así… ¿cómo podía verse tan provocador?

—Creo que originalmente no era así de intenso. Me siento como un perro en celo. Igual que “ese tipo”.

No era raro que ese comentario susurrado me hiciera pensar inmediatamente en Danteer Orthatum. A diferencia de ese hombre desenfrenadamente promiscuo —con tantas mujeres que ni siquiera podría contarlas—, Lionel no parecía ser alguien dado al libertinaje.

«Ahora que lo pienso… ¿habrá tenido alguna amante Lionel? ¿O al menos, una mujer con quien pasara la noche?»

Tengo curiosidad…

Aunque no debería preguntar. ¿Por qué estas cosas inútiles me dan vueltas en la cabeza? Siempre dicen que aferrarse al pasado es lo peor que uno puede hacer.

—Tendremos que cambiar de carruaje aquí.

En ese momento, Lionel echó un vistazo por la ventana sobre mi hombro y lo dijo.

—¡Ah…!

Nos estábamos adentrando en un terreno completamente alejado, un claro solitario sin rastro de personas.

«Qué alivio… haber llegado antes de cometer alguna estupidez.»

Lionel y yo descendimos y abordamos otro carruaje, uno negro y tosco que ya estaba esperando en el claro. A simple vista, parecía un carruaje de alquiler cualquiera de los que abundan en la capital, pero según me habían dicho, estaba reforzado con magia, igual que los carruajes exclusivos de los jefes de familia. Incluso si caía por un acantilado, no se rompería.

«Espero que el interior también sea tan resistente como el exterior…»

Klynn:

Tenía algo de curiosidad, pero prefería no saberlo nunca. Me puse una túnica de las que estaban de moda últimamente entre los viajeros y me cubrí la cabeza con la capucha.   

«Con esto, nadie debería prestarnos atención», pensé, y miré a Lionel. Pero su cuerpo era tan grande que destacaba inevitablemente. Esa presencia imponente suya simplemente no podía ocultarse.

El caballero que se hacía pasar por cochero conducía con habilidad. Seguramente ya estaban acostumbrados a moverse disfrazados así. Poco a poco, las avenidas elegantes y las casas señoriales que había visto antes desde la ventana durante mi paseo con Vivian comenzaron a desaparecer. En su lugar, aparecieron edificios deteriorados y callejones angostos y retorcidos.

Hubo un punto en el que el camino se volvió tan estrecho que el carruaje no podía avanzar más, así que tuvimos que bajarnos y continuar a pie.

—¿Es por aquí?

El cochero simplemente siguió su camino sin mirar atrás, y Lionel y yo nos quedamos solos en aquel callejón sombrío. En las novelas, los grupos secretos siempre tenían sus bases escondidas en este tipo de lugares.

Sí, lo sabía… pero una cosa es leerlo, y otra muy distinta estar allí en persona. Me daba miedo, y no podía evitarlo.

¿Y por qué, aun siendo de día, todo se sentía tan oscuro aquí? Incluso el olor en el aire era ominoso.

—¿Trajo algún arma para defenderse?

Le susurré mientras caminábamos, y Lionel me miró con una expresión desconcertada.

—¿Arma? ¿Para qué?

—Porque en lugares como este, siempre aparecen maleantes que buscan pelea. Es la regla.

—¿Ah, sí?

No se le veía portar ninguna espada ni nada visible, pero quería creer que llevaba algo oculto.

—¿Usted pelea bien, cierto?

—Bueno… más o menos.

Claro, si no tuviera habilidades, no habría desatado guerras territoriales como un loco adicto a la batalla.

Lo sabía… pero aun así, me sentía inquieta. Y lamentablemente, mi mal presentimiento no falló.

Justo cuando el callejón se hizo tan angosto que incluso caminar lado a lado con Lionel resultaba difícil, tres o cuatro hombres nos bloquearon el paso.

—Este no es un lugar por el que cualquiera pueda andar. Si quieren pasar, tendrán que pagar un peaje.

Con sus caras de pocos amigos y esas risitas, eran el ejemplo perfecto de los típicos matones de callejón.

—¿Peaje, eh…?

Lionel se acercó a ellos sin mostrar la menor preocupación. Al ver que metía la mano bajo la túnica, pensé que, efectivamente, debía tener oculta una daga o algo…

—¿Cuánto?

Los hombres, que hasta hace poco se reían entre ellos, se quedaron perplejos al ver a Lionel —con su físico imponente— avanzar con paso firme hacia ellos.

—¿Qué?

—¿No dijiste que había que pagar un peaje?

—…Una moneda de plata por persona.

La mano de Lionel, que había metido y sacado de debajo de la túnica, sostenía dos monedas de plata. Los tipos las tomaron y se pegaron a los muros a ambos lados del callejón, apartándose dócilmente para dejarnos pasar.

—Si se puede resolver con dinero, hay que resolverlo con dinero. Es mucho más sencillo y limpio —explicó Lionel amablemente.

Annad: Grande Lionel, mentalidad de tiburón. Jsjsjs

—S-sí, tiene razón.

Definitivamente, las novelas son una cosa… y la realidad es otra muy distinta.

Klynn: Serenia quería ver pelear a Lionel y yo también ;-;



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA


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