Capítulo 25
Había tantas cosas que quería experimentar en una relación… pero empezar desde ya durmiendo en habitaciones separadas…
Era absurdo. Lo que más odiaba en la vida era el canto de los pájaros al amanecer, y esto era incluso peor que eso.
—… Si ni siquiera vamos a hacer eso, entonces ¿para qué casarse?
—Compartir cama no es importante. El propósito del matrimonio se cumple con tenerla a mi lado.
Creía que la razón de este matrimonio, y mi papel en él, giraban en torno a ese aspecto. Pero parece que me equivoqué. Desde que empezó a hablar de los secretos de mi familia, ya sentía que el género de esta historia estaba cambiando.
«Me siento algo confundida.»
—Entiendo su punto de vista, Excelencia —solté un pequeño suspiro y hablé—. Pero eliminemos esa cláusula.
—¿Está… segura?
—Dicen que incluso cuando los esposos pelean, al final terminan bajo la misma manta.
—Es la primera vez que escucho algo así.
Claro, era una frase que había oído en mi vida anterior.
Lionel trazó una línea firme sobre la cláusula que estipulaba que usaríamos dormitorios separados. Al ver la leve sonrisa en sus labios, supe que a él también le complacía la idea.
—¿Y esto qué es? ¿“Ambas partes tienen derecho a interferir en la vida privada del otro”?
¿No suelen poner lo contrario en los contratos matrimoniales en las novelas? Algo como: “No me importa si se ve con otros hombres o toma un amante. Solo no espere amor de mí”. Y luego el protagonista termina arrepentido, suplicando entre lágrimas…
—Significa lo que dice. Me gustaría que me prestara más atención. Yo también lo haré. Ser una pareja que se involucra incluso en los pequeños detalles del otro… ¿no es lo ideal?
—…
¿Qué es esto? ¿Se supone que eso es bueno… o malo?
«No lo tengo claro. Aunque… tratándose de una familia, es lo normal.»
Preguntar cómo fue su día, escucharle con atención como si se tratara de algo propio. Alegrarse juntos, o enojarse con pasión por algo. Fue al recordar mi vida anterior cuando comprendí cuánto valor tenían el afecto y el interés que mi familia en Solen me había dado.
No era algo que cualquiera pudiera tener. Fue, en verdad, una gran fortuna.
«Si eso es lo que Lionel desea… entonces no está mal.»
Asentí con la cabeza mientras revisaba los apartados siguientes. En letra minúscula estaba escrita una lista de aniversarios que la pareja debía recordar y celebrar juntos. Me sorprendió que hasta eso estuviera especificado en el contrato.
Solo imaginarme a Lionel hojeando un calendario y marcando con círculos las fechas me dio risa; no le pegaba para nada.
«Entonces esta parte… la dejamos como está.»
Pasamos a la última página, al fin.
[Lionel Ruanax tiene la obligación de esforzarse por amar a Sasha Dilot hasta el punto de no poder vivir sin ella.]
Annad: Que excelente contrato, quiero uno igual. JSJSJS. Mesada mensual, gran pretendiente, responsabilidad afectiva, amor, qué más puedo pedir.
Esa línea, que parecía haber sido añadida a mano después de redactar el contrato, captó mi atención. En cuanto la leí, me quedé sin palabras. Me parecía absurda… y, al mismo tiempo, graciosa. Pero, por otro lado, también sentí lástima por Lionel Ruanax.
Sí, sé que es un pensamiento absurdo.
¿Quién en su sano juicio sentiría lástima o llamaría “desdichado” a un hombre que lo tiene todo, tanto que hasta el Emperador podría envidiarlo?
Pero simplemente… no pude evitarlo. Ese sentimiento brotó de pronto y me oprimió el pecho.
¿Por qué justo alguien como yo tenía que volverse tan importante en su vida, al punto de que anotara en un contrato algo que dije al azar, solo para intentar cumplirlo? El amor debería llegar como un regalo, no como algo por lo que uno se esfuerza deliberadamente.
—Excelencia, ¿acaso me debía unos cuantos miles de millones en la vida pasada?
Se lo pregunté a modo de broma, y Lionel ladeó la cabeza.
—¿Me los prestó?
—No. Me temo que, en esa vida, tampoco tenía nada —le devolví el contrato con las correcciones ya marcadas—. Le deseo, sinceramente, que logre amarme sin complicaciones.
«¿Sería algo bueno… o algo malo para él?»
En ese momento, no podía saberlo. Pero me parecía mejor así, que verse obligado a hacer todo esto sin poder amar a la persona con la que iba a compartir su vida. Al menos así, yo también me sentiría un poco menos culpable.
—Lo lograré —respondió con una leve sonrisa, guardando el archivador.
—Entonces, una vez terminado el trámite de reincorporación, legalizaremos el contrato.
—Sí, entendido.
—Hasta entonces, solo quédese aquí como mi invitada. También le hablaré a Vivian, así que no hace falta que siga respondiendo a sus llamados.
Asentí en silencio.
Mañana saldríamos juntos para realizar la solicitud de reincorporación, y después de eso, planeaba quedarme un tiempo encerrada en la residencia anexa. Fuera como fuera, debía asegurarme de que todo saliera según lo planeado, sin imprevistos. Ahora sabía que mi matrimonio con Lionel influiría no solo en mi vida, sino también en la de mi familia.
—Entonces ahora…
Ya habíamos terminado casi todo lo que había que hacer y decir. Me levanté para regresar a mis aposentos en la residencia, pero Lionel se levantó también y me preguntó:
—¿Le gustaría dormir aquí esta noche?
—¿Eh?
—Ya es tarde. Pensé que sería mejor que durmiera en mi cama por hoy, y mañana temprano regresara a la residencia.
No sé cómo interpretó mi expresión, pero añadió:
—No se preocupe. Yo dormiré aquí, en el sofá, no en el dormitorio.
¿Será que cree que no le respondí porque me preocupa que intente propasarse conmigo?
«Yo, en realidad, estaba pensando en otra cosa completamente diferente.»
—… Está bien. Acepto.
Acepté su propuesta y fui al baño a asearme y preparar todo para dormir. Mientras tanto, Lionel también terminó con sus asuntos y regresó.
—Este es el cerrojo. Sería bueno que se acostumbre a cerrarlo siempre que duerma sola. Nunca se sabe cuándo pueda pasar algo.
Se quedó de pie sujetando la puerta del dormitorio mientras me daba aquella advertencia, y yo lo miré fijamente.
«¿Dónde se había bañado?»
Su cabello, más oscuro que de costumbre, goteaba aún con algo de humedad. Las largas pestañas estaban húmedas y caídas con pesadez. Mis ojos se detuvieron un instante en sus labios húmedos, que hablaban con tono preocupado, y luego volví a mirarlo a los ojos antes de decir:
—Excelencia, ¿puedo besarlo una vez más?
Annad: Me gusta mucho la protagonista, sabe lo que quiere y va a por ello. No se anda por las ramas creando malentendidos.
Sus ojos se agrandaron de inmediato por la sorpresa. Se quedó mirándome, con los labios entreabiertos, sin siquiera cerrarlos del desconcierto.
—Es que… nunca he hecho esto antes. Pensé que, considerando lo que viene, quizá sería bueno practicar un poco.
Las palabras salieron solas, como si buscara excusas para justificarme. Solo quería prolongar un poco más aquella sensación que había sentido, aunque fuera brevemente, hace un momento. Además, también tenía curiosidad por saber por qué mi corazón latía de forma tan anormalmente acelerada desde hacía un rato.
—Sacerdotisa…
Un sonido sospechoso, CRAC, surgió de la puerta que Lionel sostenía. Pero ni él ni yo le prestamos atención.
Lo miraba, tensa, cuando extendió la mano hacia mí. Acarició suavemente mi mejilla y luego se inclinó hacia adelante. La distancia se acortó en un instante, y su profundo aroma me envolvió de golpe, haciendo que el corazón me retumbara en el pecho.
Me puse de puntillas para cubrir la distancia que nos separaba y, con cuidado, pegué mis labios a los suyos. Sentí el mismo calor tibio de antes. Seguía siendo suave, pero ahora un poco más húmedo y terso.
Pero… Esto es un problema.
«¿Por qué no quiero separarme?»
Abrí los ojos lentamente y me encontré con los suyos, entrecerrados. Sus pupilas rojas me observaban fijamente, con una expresión mucho más fiera de lo habitual, acentuada por el ceño fruncido.
No iba a poder mantenerme así por mucho más tiempo. Fui bajando los talones poco a poco y, al hacerlo, mis labios, que habían estado presionados, recuperaron su forma original.
HAA…
Justo cuando por fin solté el aire que había estado aguantando…
Cerró la distancia de golpe y me besó. Sus grandes manos rodearon por completo mi rostro, y su aliento caliente se deslizó dentro de mí. El aroma que siempre había asociado con Lionel —ese que me gustaba—, se mezcló con una nota más intensa, casi punzante, y se escurrió hasta lo más profundo de mi garganta.
Era solo un beso… pero sentí que todo mi ser comenzaba a teñirse de él. Desde la punta de la cabeza hasta los pies, una sensación cosquilleante y electrizante se extendía por cada rincón de mi cuerpo.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA