Capítulo 14
Que el corazón me latiera tan fuerte y desbocado… seguramente era solo por la sorpresa y la confusión del momento. No era porque me hubiera dejado llevar por su apariencia ni porque me sintiera emocionada.
Aunque, en toda mi vida (pasada y presente) jamás me había acercado a algo que se pareciera al romance, podía afirmar con seguridad que no era el tipo de persona que se rendía tan fácilmente ante una cara bonita.
… Probablemente.
—¿Podría dedicarme un poco de su tiempo en estos días?
El sol ya se estaba posando sobre el horizonte cuando me lo preguntó, mientras me guiaba de regreso hacia la residencia principal.
—¿Por qué… por qué lo pregunta?
Estaba tan alerta por todas las bombas que acababa de soltar que no pude evitar responder con cautela.
—Debemos ir a que se desvincule de su vida como sacerdotisa. Si vamos a casarnos.
—¡No pienso hacerlo!
Solo después, al ver su rostro, entendí que lo había dicho en broma.
—Me refería a ir al gremio que utiliza para comunicarse con su familia. La sede está en la capital Imperial. ¿No le gustaría ir? Podría enviarles una carta, de paso.
Su inesperada propuesta me hizo parpadear mientras lo miraba.
—¿Está diciendo que vayamos juntos?
—Exactamente. No soy tan imprudente como para dejarla salir sola.
—… No voy a huir sin avisar. Después de todo, ¿cómo podría escapar de alguien que incluso conoce mi linaje?
—No se trata solo de eso.
Cuando llegamos a la puerta principal de la residencia, me miró desde arriba y dijo:
—Es porque usted es alguien que no puedo permitirme perder en esta vida. Por eso lo hago.
… Y en ese momento, lo volví a sentir con total claridad.
Me di cuenta, una vez más, de que no era solo el rostro de Lionel Ruanax lo que resultaba peligroso.
«¿Por qué tiene que decir esas cosas así…?»
Una persona que “absolutamente no puede permitirse perder”. ¿En serio?
Después de tres años en el monasterio reprimiendo cuidadosamente mi autoestima, sentí como si esta ahora se desperezara* con fuerza y quisiera elevarse hasta el cielo.
(*Es la conjugación del verbo “desperezarse” en el pretérito imperfecto del subjuntivo. Se utiliza para expresar una acción pasada que se consideraba posible o hipotética. También puede ser la forma del pretérito imperfecto de subjuntivo de “desperezar” que es extender y estirar los miembros para desentumecerlos. Usado también en sentido figurado.)
Si cualquiera de los protagonistas originales, o algún otro hombre, me hubiera dicho algo así, lo habría mirado con desconfianza, preguntándome qué clase de truco estaba intentando. Pero viniendo de Lionel, alguien que ni siquiera debe saber qué significa coquetear, todo sonaba extrañamente sincero. Incluso mientras cenábamos juntos más tarde, no dejé de mirarlo disimuladamente varias veces.
«Aunque no sepa exactamente qué pretende… no es como si esto me perjudicara.»
De hecho, comparado con vivir escondida como sacerdotisa, casarme con Lionel Ruanax podría ser una opción mucho mejor.
Lo cierto es que no tenía idea de cómo, en la novela “La noche en que las serpientes se entrelazan”, Serenia Solen terminaba encontrándose con el Príncipe Heredero Axion ni cómo acababa convirtiéndose en su concubina.
No era porque solo hubiera leído las escenas subidas de tono ni nada por el estilo. La realidad es que la primera vez que se mencionaba a Serenia Solen era después del capítulo cien.
Y lo mismo pasaba con el Príncipe Axion.
Él empezaba a aparecer justo cuando los tres protagonistas masculinos comenzaban a pagar las consecuencias de sus actos. Muchos lectores pensaban que tal vez él era ese personaje misterioso que llegaría tarde pero causaría impacto, el llamado “chico Benz”*.
(*En las novelas románticas coreanas, se le llama “chico Benz” al personaje masculino que aparece tarde en la historia, es perfecto en todo sentido y parece la mejor opción para la protagonista… pero al final, no lo es.)
Su actitud tan cortés con Vivian solo reforzaba esa impresión.
Y fue entonces cuando ocurrió aquel evento: el famoso intento de suicidio de Serenia Solen. Con eso, la autora dejó muy claro que Axion jamás podría ser uno de los protagonistas masculinos.
Tanto yo (que en mi vida anterior había leído la novela varias veces) como otros lectores, ni siquiera sabíamos quién era Serenia Solen cuando Axion apareció. Por eso, cada vez que él entraba en escena, los comentarios se llenaban de cosas como: “¡Por fin llegó el chico Benz!”
Era obvio: hasta ese momento en la historia, no se había dicho ni una sola palabra sobre Serenia. Y como no sabía en qué momento exacto se conocían ni cómo empezaba esa relación, opté por esconderme en silencio en un monasterio de otro país.
Algún día, cuando todos los eventos mencionados en la novela terminaran, yo también podría vivir en paz el resto de mi vida… o al menos, eso esperaba. Pero desde el momento en que Lionel, un Duque del Imperio, cruzó la frontera para invadir un territorio extranjero y apareció en el monasterio, empecé a dudar si mi decisión realmente podría mantenerme a salvo.
Aunque rechazara su propuesta y regresara al monasterio sin problemas… ¿quién podría asegurar que Axion no se presentaría allí algún día? Incluso una simple carta enviada a través del templo bastaría para que Axion me hiciera llamar al Palacio Imperial.
Es verdad que, por ahora, ni siquiera sabe que existo. Pero lo mismo pasaba con Lionel. Así que no podía descartar la idea como una fantasía sin sentido. Entonces, ¿por qué no fingir un poco de locura y aceptar la propuesta de Lionel?
Si me convirtiera en la Duquesa de Ruanax, ni siquiera el Príncipe Heredero (ni aunque fuera el Emperador) podría tocarme a su antojo. Hacerlo provocaría algo más grave que un escándalo entre un hombre y una mujer. Sería una guerra de orgullos entre una de las casas más poderosas del Imperio y la familia Imperial.
Pensándolo bien, esa parecía ser la única forma real de evitar la tragedia que vivió Serenia Solen en “La noche en que las serpientes se enredan”.
«No, pero… ¿casarme? ¿Casarme con este hombre…?»
Iba a llevarme el trozo de carne a la boca, pero volví a mirar a Lionel.
Justo cuando se llevaba la copa de vino a los labios, sintió mi mirada y me sostuvo la mirada mientras tomaba un sorbo. Me quedé observando, como hipnotizada, cómo ese líquido, más rojo aún que sus labios, desaparecía entre ellos.
No podía apartar la vista, por más que lo intentara.
Vi cómo su nuez se marcaba y bajaba cuando tragó, y justo cuando subí la mirada a su rostro… me asusté tanto que cerré los ojos con fuerza. Había imaginado a Lionel con la misma expresión soñadora y excitada que Danteer tenía más temprano, cuando se acostaba con aquella sirvienta.
«¡E-estoy loca!»
Esto ya era…
Demasiado… exageradamente demasiado. ¡Demasiado erótico!
A diferencia de Danteer, cuya expresión me causaba puro rechazo, si alguna vez llegaba a ver a Lionel con ese mismo tipo de rostro descompuesto por el deseo… probablemente no podría apartar la mirada.
Si nos casamos, ¿también terminaríamos haciendo esas cosas?
Una avalancha de escenas asombrosas, tomadas de todas las novelas +19 que había devorado en mi vida, y frases llenas de insinuaciones picantes comenzaron a revolotear por mi cabeza sin control.
«No puede ser. ¿Cómo voy a… hacer algo así…?»
Me cubrí rápidamente el rostro con ambas manos, y fue entonces cuando noté que mi respiración, al chocar contra las palmas, se sentía mucho más caliente de lo normal.
—¿Sacerdotisa? ¿Está bien?
Su voz, cargada de confusión, me llamó desde el otro lado de la mesa.
—Ah… solo un poco de mareo. Pero estoy bien, no se preocupe.
Jamás podría admitir que, por imaginar su rostro descompuesto en medio del placer, me había sonrojado tanto que me subió la temperatura corporal.
Al final, me vi obligada a terminar mi plato con una rapidez moderada (no lo devoré, pero tampoco me contuve) y a dejar los cubiertos de inmediato.
Una vez que mi imaginación se desató, no dejaba de cubrir a Lionel con filtros cada vez más indecentes, y terminé sin poder dirigirle ni una sola mirada durante el resto de la cena.
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No pude dormir bien.
«Todo esto es culpa de Danteer y Lionel.»
Danteer Orthatum era el más detestable de todos por cometer semejante obscenidad justo delante de alguien que solo había aprendido sobre el romance a través de libros. Y Lionel también tenía su parte de culpa por lanzar, sin previo aviso, una gigantesca piedra llamada “matrimonio” en medio de un corazón inocente, provocando ondas que todavía no se disipaban.
Como buena sacerdotisa del templo, culpé a los demás por completo, y eso hizo que me sintiera un poco mejor.
Después de purificar cuerpo y mente, me dediqué a mis oraciones matutinas hasta que el cielo terminó de aclarar. Luego, abrí la puerta que daba al pasillo. Las sirvientas, que estaban en plena limpieza, se sobresaltaron y se volvieron rápidamente a mirarme.
—Buenos días, sacerdotisa.
Se inclinaron de inmediato, con una actitud muy distinta a la del día anterior.
Para mí, que había fijado como meta principal entablar una relación amistosa con ellas, ese no era precisamente un buen cambio. No sabía qué clase de rumores habrían escuchado, pero al parecer ahora me consideraban una invitada con la que había que andar con mucho cuidado.
«Aun así…»
Observé con rapidez al grupo de sirvientas.
Las más jóvenes, que todavía no se acostumbraban al trabajo, solían terminar lastimándose. Era normal que, sin experiencia, acabaran agotadas o con dolores musculares por todo el cuerpo. Yo misma lo viví, cuando empecé a hacer tareas domésticas en el monasterio: terminé con dolores insoportables por días.
Y tal como imaginaba, una de las sirvientas que estaba trapeando tenía un vendaje apenas visible asomando por debajo de la manga.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA