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Capítulo 7

—…   

También coincidía en que Lionel había actuado de una forma inusual. No es que lo conociera mucho, pero el Lionel de la novela era increíblemente indiferente hacia los demás. Al principio, los protagonistas masculinos fingían preocuparse por él, pero en cuanto se aseguraban de que no tenía intención de intervenir en los asuntos de su hermana, empezaban a acostarse con Vivian por toda la mansión sin el menor reparo.

Lionel no les dirigía ni una sola advertencia. Su existencia no era más que un recurso dentro de la mansión para añadir tensión. Y aun así, ahora había arrojado a Danteer por la ventana solo porque no obedeció su orden de marcharse.

—¿Tú no tienes alguna idea, sacerdotisa?

—…No sabría decirlo.

Hice todo lo posible por responder con naturalidad.

—No he hablado mucho con él, así que no sabría decirle. Tal vez sería mejor que se lo preguntara directamente.

La mirada de Danteer, que hasta entonces me observaba con los ojos entrecerrados, por fin se apartó de mí.

—Qué aburrido.

Al oírlo murmurar eso, respiré aliviada por dentro.

—Si no tiene nada más que decir, me retiraré por hoy.

Los demás protagonistas masculinos también eran peligrosos, pero lo que menos quería era atraer el interés de Danteer Orthatum. Me tranquilicé un poco al pensar que había logrado salir bien de la situación, y justo cuando me giraba para tomar el picaporte de la puerta…

—Oye, sacerdotisa —su voz, perezosa y arrastrada, vino desde atrás—. ¿Cómo dijiste que te llamabas?

Nunca se lo había dicho, y aun así preguntaba fingiendo haberlo olvidado. Qué descaro.

—… Sasha.

—¿Sasha? Es un nombre que… parece encajar y no encajar al mismo tiempo.

No creo que lo haya dicho con conocimiento de causa, pero igual me molestó. Aunque parecía vivir a su antojo, Danteer tenía una parte sorprendentemente aguda.

—Está bien. Puedes irte, Sasha.

Un mujeriego descarado como él, que era de los más odiados en la historia, llamando mi nombre como si fuera el perrito del vecino… ni que fuéramos cercanos. Por suerte, era un nombre falso. Eso al menos hacía que no me sintiera tan incómoda. Mientras me alejaba de la habitación de Vivian, cerré el puño. Fue entonces cuando noté que los dedos, fríos como el hielo, me temblaban levemente.

¿La doncella del edificio principal que vino a decirme que la señorita me buscaba… sabría lo que estaba ocurriendo ahí dentro? Al menos, debía saber que Vivian no estaba en su habitación.

Decidí memorizar el rostro tanto de la doncella que estaba adentro con Danteer como de la que me mintió afuera. Sentía que probablemente tendría que quedarme en esta mansión por más tiempo del que pensaba. Había mantenido un perfil bajo con la esperanza de que, si todo salía bien, podría volver al monasterio… pero parecía que no me dejarían marcharme tan fácilmente.

{—Deberá quedarse aquí hasta que termine de comprobarlo.}

Recordando el rostro de Lionel en el momento en que dijo eso, ya no tenía dudas de que mis planes se habían torcido por completo. Esa mirada firme, esa actitud resuelta… no me resultaban desconocidas.

{—No, querida. Te va a doler la panza.}

Como cuando me comía también el helado de mi hermano y aún así pedía más.

{—¿Y si vamos a jugar a otro lado?}

O cuando me pillaban curioseando en el sótano donde se almacenaban armas peligrosas. Por más que me amaran… no, justamente porque me amaban, mi familia siempre me decía con la mayor firmeza y seriedad posible:

{—No se puede.}

Con los ojos llenos de un afecto imposible de ocultar.

Lionel me había dejado clara su negativa con la misma firmeza que usaban mis propios familiares. Claro que, en su caso, no lo hacía porque me quisiera o me cuidara como ellos… había otra razón detrás. Pero lo cierto era que no tenía ninguna intención de dejarme ir.

Entonces, ¿qué debía hacer yo? Con la aparición de Danteer, el resto de los protagonistas masculinos también empezarán pronto a entrar y salir de esta mansión. Lo mejor sería mantenerme apartada de todos ellos, vivir tranquilamente en el anexo sin involucrarme con nadie. Pero sabía que eso no bastaría.

No quería repetir episodios como el de hoy, donde terminé siendo arrastrada por un simple capricho del tal Danteer Orthatum. Así que antes de que la historia principal comenzara, debía hacerme con al menos un aliado dentro de esta mansión. Alguien que pudiera proporcionarme información útil, no falsedades.

{—Querida, ¿sabes qué es lo más importante para manejar el mundo a tu manera?}

{—¿Dulces?}

{—… La información. Es la información.}

Así es. La educación temprana es clave. Que justo mi padre, quien decía eso, terminara arruinando nuestra casa… es un detalle menor. 

Yo también, cuando era pequeña, llegaba a completar mis tareas a regañadientes si me prometían dulces o chocolates como recompensa.

«Ahora mismo, tengo muy poca información.»

Exceptuando a Ilina, la doncella personal de Vivian, no sabía el nombre de ni una sola persona del personal del edificio principal. En parte, por falta de oportunidad… pero sobre todo, porque nunca tuve la intención de acercarme a nadie en esta mansión.

«Alguien que conozca bien los horarios de Lionel. Alguien que tenga completamente controlado el paradero de Vivian.»

Al menos una persona de cada tipo era esencial. Y para estar preparada por si esa persona no estaba disponible, lo mejor sería ganarme mínimamente la confianza de quienes la rodeaban. Sin embargo, no podía elegir a alguien al azar desde el principio y acercarme con ese objetivo. Habría sido muy forzado.

Lionel había designado el anexo como mi lugar de residencia, lo que hacía casi imposible encontrarme con los sirvientes del edificio principal. En resumen, no tenía más opción que empezar por ganarme la confianza de las doncellas del anexo, poco a poco, hasta ir ampliando mis lazos dentro de la mansión. Aunque me sentía un poco abrumada…

«Ni modo. Hay que hacerlo.»

Al llegar a la gran escalera central, lancé una mirada discreta hacia la puerta del dormitorio de Vivian, y en lugar de bajar hacia el anexo, puse el pie en el tramo que subía. No tenía intención de regresar al anexo como si no hubiera pasado nada.

«Una cosa no quita la otra.»

Una cosa era empezar a acercarme al personal de la mansión para asegurarme el futuro, y otra muy distinta era dejar pasar la oportunidad de tomar una pequeña revancha.

«¿Pensaban que todas las sacerdotisas éramos puro amor y misericordia?»

Pues estaban muy equivocados. Dios es compasivo, sí, pero también es justo. Y los que cometen faltas sin arrepentirse, lo único que merecen es el juicio.

«Voy a disfrutar cada segundo de chismear esto.»

Anand: Yooo… js, js, js.

Con esa intención clara, apuré el paso por las escaleras para avisar antes de que borraran cualquier rastro de lo que habían hecho. Fue entonces, al llegar al tercer piso, que me topé no con el asistente de Lionel como tenía planeado, sino con el mismísimo Lionel en persona.

—Ah…

Decían que había ido al palacio por una reunión con los funcionarios, pero ahí estaba, vestido con un impecable uniforme blanco adornado con bordados dorados. Aunque su ropa de diario ya era lo bastante formal como para salir en cualquier momento, la diferencia era abismal comparada con lo que llevaba ahora. Si el poder se decidiera por apariencia, bien podría usurpar el trono en ese instante…

«¿Q-qué me pasa? Reacciona, por favor.»

Yo no soy el tipo de mujer que se debilita por el rostro bonito de un hombre. Ni de broma. Solo fue una reacción momentánea. Mi alma de lectora veterana de la vida pasada simplemente se dejó llevar un instante por el aspecto tan elaborado de Lionel.

—… Buenos días, Su Excelencia.

Ahora que lo pensaba, hoy no olía a sangre. Al final, quizá solo era que mi olfato había estado demasiado sensible aquella vez. Qué decepción…

—Sacerdotisa.

Sus ojos, que se abrieron ligeramente al encontrarse conmigo en un lugar inesperado, pronto se suavizaron, dibujando una curva amable. Esa expresión fría y distante que mostraba cuando estaba serio se desvaneció al instante, dejando ver un rostro sorprendentemente cálido.

—Escuché que me estaba buscando. Justo iba de camino al anexo, qué coincidencia encontrarnos aquí.

Es verdad que pregunté a su asistente por su paradero, pero no esperaba que el mensaje le llegara tan rápido. Tampoco imaginaba que, al volver a casa, viniera directo a buscarme sin siquiera cambiarse de ropa.

«¿Será que Danteer tenía razón para sospechar…?»

¿Es solo imaginación mía, o de verdad Lionel está siendo especialmente atento conmigo?

—Si le parece bien, ¿le gustaría que habláramos en mi salón? —extendió su mano hacia mí de forma natural, como si fuera lo más normal del mundo—, así aprovechamos y compartimos esa cena pendiente de ayer.

… Aún faltaban unas tres o cuatro horas para la cena. Pero bueno, eso no era lo importante ahora. En lugar de colocar mi mano sobre la suya, sujeté su antebrazo con firmeza y lo jalé hacia mí. Él, con los ojos bien abiertos, se dejó llevar sin oponer resistencia. Incluso se inclinó ligeramente, como si hubiera captado mi intención.

—Sí, tengo algo que preguntarle, pero antes… hay un asunto que necesita resolver usted mismo —me puse de puntitas y le susurré suavemente al oído—. El invitado de ayer… está ahora mismo en la habitación de la señorita.

A ver cómo se las arregla ahora, libertino asqueroso.   

Annad: Ja, ja, ja. Dulce venganza. Me encantan los finales felices.jpg



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA


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