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Capítulo 29

De cualquier modo, Adeline decidió tomarlo de forma positiva.

«A estas alturas, ya puede considerarse una buena señal.»   

Aunque la actitud de Carlyle hubiera regresado a la de antes, la línea que había cruzado una vez no podía deshacerse. Lo mismo ocurría con la mentira que él dijo para separarla de Jack. Una vez se abría una grieta, Carlyle jamás podría volver a ser como antes.

«Esto es más importante que el vacío en mi memoria.»

Mientras observaba por la ventanilla del carruaje que avanzaba con sacudidas, Adeline sonrió con satisfacción. Carlyle era alguien difícil de doblegar, pero por eso mismo era indispensable tenerlo de su lado.

«Aunque no se pueda decir lo mismo de Millen o Jack.»

Carlyle lo sabía todo sobre la Casa Ducal de Zeller, y además era increíblemente competente. El vacío que dejaría si él faltara solo podría llenarse con al menos tres personas. Por eso, salvo en situaciones extremas, Carlyle era un hombre que debía llevarse consigo sí o sí. Y si encima seguía tan bien el plan, incluso más de lo esperado… ¿cómo no estar satisfecha?

«Solo falta crear un detonante…»

Y quizás incluso sería posible destruir a Carlyle por completo. Claro que para crear ese detonante, habría que pasar por otro proceso más.

«Pero ahora mismo, hay algo más urgente que averiguar lo que Carlyle está pensando.»

El carruaje en el que viajaba Adeline era uno alquilado en la calle. El carruaje que Carlyle le había preparado lo había dejado temporalmente en la estación de alquiler. La razón por la que se tomaba la molestia de cambiar de carruaje era porque su itinerario requería ese nivel de seguridad.

«Y también porque ahora mismo… no puedo confiar en nadie.»

Después de un rato, el carruaje entró en un callejón apartado y finalmente se detuvo. Cuando el cochero anunció que habían llegado, Adeline bajó del carruaje y dirigió la mirada hacia el edificio frente al que se habían detenido.

En el edificio, que tenía una altura considerable entre pisos, solo había un cartel.

[Club Lambert]

Adeline tenía planeado encontrarse con Huberg esa noche. Por supuesto, no le había mencionado nada de eso a Jack.

«Gracias a eso, me costó bastante trabajo llegar hasta aquí.»

El Club Lambert era un club privado dirigido a jóvenes adinerados. Solo podían entrar aquellos que portaran su propia membresía. Ahora entendía por qué Jack había insistido en que le avisara si alguna vez pensaba ir.

«Supongo que Jack tenía una membresía, ¿no?»

Si hubiera querido, quizá podría haberse hecho pasar por uno de sus acompañantes y entrar de ese modo. Pero Adeline no contaba ni con la ayuda de Jack, ni con una membresía, así que solo tenía una opción disponible.

El mercado negro.

Entre los comerciantes clandestinos que trabajaban especialmente con información, Adeline había conseguido dos posibles formas de entrar en el Lambert.

{—Una es falsificar una tarjeta de miembro. Como es un club social masculino, obviamente también tendría que disfrazarse de hombre…}

Alargando las últimas palabras, el traficante la examinó de arriba abajo. Estaba calculando el coste del disfraz masculino. Y al parecer, no era la primera vez que hacía algo así, pues el presupuesto lo tuvo claro enseguida.

{—Tch. Usted no tiene remedio. ¿Disfrazarse de hombre, con ese rostro?}

{—¿No es posible?}

{—Vamos, no diga tonterías. A lo sumo, parecería una cría que salió con la ropa de su padre. La detendrán en la entrada, seguro.}

Y a eso se le sumaba otro problema: Lambert solo abría sus puertas a adultos.

Así que la primera opción una membresía falsificada combinada con un disfraz masculino fue rápidamente descartada.

El comerciante del mercado negro le habló entonces de la segunda opción.

{—Entonces, la única forma que le queda es infiltrarse haciéndose pasar por una empleada del Lambert.}

{—¿Hacerse pasar por empleada?}

{—Sí. Solo los clientes son hombres, pero entre el personal hay tanto hombres como mujeres.}

El método era sencillo.

De nuevo, se trataba de falsificar una identificación, y sobornar a una de las empleadas del Lambert para usarla como reemplazo.

{—El uniforme del personal, la identificación falsa y el soborno… puedo encargármelo todo como un paquete, cortesía del servicio. Pero eso sí, el precio es considerable. ¿Le parece bien?}

{—Ah… sí.}

Adeline se sintió un poco perturbada al ver la hoja con el presupuesto que el traficante le entregó. Era una suma tan alta que por poco se echó para atrás y dijo que mejor lo dejaban así. Si no fuera por el dinero que había recibido de Jack, una infiltración como esta habría sido impensable.

«Menos mal que, después de pagar las deudas urgentes, aún me quedó una buena cantidad.»

Aun así, aquello no dejaba de ser una solución temporal. Por supuesto, si las inversiones seguían funcionando tan bien como antes, la deuda restante no representaría una gran amenaza para la Casa Ducal Zeller.

«Pero no hay garantía de que esas inversiones sigan siendo una gallina de los huevos de oro para siempre.»

Además, la información que Adeline poseía sobre el futuro apenas cubría unos tres años. Y la Casa Ducal Zeller debía seguir sosteniendo su prestigio durante mucho más tiempo, por lo que era necesario establecer ingresos más sólidos.

«Escuché que hasta la época de mi padre tenían varios negocios en funcionamiento.»

Las empresas de la Casa Zeller estaban centradas sobre todo en obras civiles y construcción. Desde levantar pequeños edificios hasta construir caminos a gran escala. Por un tiempo, esos negocios se mantuvieron bastante bien. Pero justo cuando Adeline estaba por ingresar a la academia…

Por alguna razón, Diego retiró de forma repentina todas las operaciones.

En ese entonces, Adeline vivía en el dormitorio de la academia, así que no pudo enterarse de los detalles. Probablemente, la deuda generada superó las ganancias del negocio y se volvió insostenible.

Si uno pensaba en cómo la Casa Ducal Zeller no había hecho más que ir cuesta abajo desde entonces, se hacía evidente la importancia de aquellos negocios.

«Pero retomar los negocios podría ser como lanzarle un anzuelo a Jack.»

Con la caída de la Casa Zeller, Jack se quedó con dos cosas.

Una fue la Mansión Ducal de los Zeller. Y la otra, el negocio de bebidas de Adeline. Ahora Jack parecía estar actuando de forma cooperativa, pero…

«Cuando vuelva a emprender un negocio, ¿seguirá mostrando esa actitud colaboradora?»

Con suerte, no intentaría tragarse su empresa de nuevo, en lugar de ayudarla. Por eso, hasta que los planes de Adeline estuvieran sobre una base más estable, le resultaría difícil hacerse cargo directamente de un nuevo negocio.

«Pero si Jack realmente coopera… quizá encuentre una forma de desviar su atención.»

Cuando las demás áreas estuvieran más asentadas, no estaría mal volver a dedicarse al comercio, como hizo en su vida anterior.

Por ahora…

«Primero hay que ocuparse de lo más urgente.»

Mientras ingresaba por el pasillo del personal del Lambert, Adeline revisó nuevamente su atuendo. Antes de cambiarse al carruaje alquilado, se había puesto el uniforme del club que el comerciante del mercado negro le había entregado.

El conjunto, hecho únicamente en blanco y negro, era bastante sencillo, pero tenía detalles sorprendentemente atrevidos.

«No es la primera vez que uso algo con cuello halter…»

La parte superior era un estilo halter que se sujetaba al cuello y no tenía mangas. La falda que llevaba debajo era tan corta que apenas cubría los muslos. En su lugar, usaba calcetas largas que pasaban las rodillas, sujetas con un liguero atado al muslo. La falda tan corta y el liguero eran detalles que le resultaban muy incómodos.

De entre todos los detalles, lo que más le inquietaba era la espalda, completamente descubierta.

«Si al menos estuviera mostrando el pecho, no me molestaría tanto.»

La moda en la alta sociedad siempre había sido así: vestidos tan largos que arrastraban por el suelo y, en contraste, escotes profundamente pronunciados. Por eso, Adeline también se había limitado a vestir, de manera relativamente “decente”, solo ese tipo de atuendos.

Pero ahora, con las piernas y la espalda expuestas de esa manera, no podía dejar de sentirse incómoda.

«¿No será que ese traficante me dio ropa extraña a propósito?»

La sospecha le cruzó por la mente de pronto, pero el portero que custodiaba la entrada del personal no dijo nada y la dejó pasar sin comentarios. Al parecer, no detectó nada inusual ni en su atuendo ni en la identificación.

Así, en medio de esa tensión…

Cuando finalmente entró al Lambert, lo primero que vio fue a la multitud que llenaba el lugar.



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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