Capítulo 28
En ese instante, la mano de Carlyle, que estaba desabotonando los botones, se detuvo. Aunque poco después volvió a moverse, ese breve momento de vacilación no pasó desapercibido. Hasta entonces, Carlyle no había logrado dar una respuesta. Tras un largo silencio, una voz contenida escapó, al fin, de sus labios.
—Yo… deseo que se case con alguien a quien ame, señorita.
—Qué respuesta tan formal.
Incluso si la pregunta se hiciera siguiendo una fórmula, habría respuestas menos ceremoniosas que esa. Adeline se burló y preguntó de nuevo:
—¿Y si dijera que no amo a nadie?
—En ese caso…
Los párpados de Carlyle se alzaron y descendieron lentamente. Tras una breve pausa, llegó su respuesta.
—Deseo que se case con alguien que la ame sinceramente, señorita.
Si Adeline no amaba a nadie, al menos quería que se casara con alguien que la amara y la apreciara. Fue una respuesta un tanto impulsiva, pero en ese momento, era lo único verdadero en el corazón de Carlyle.
Sin embargo, Adeline simplemente soltó una breve risa al escuchar eso.
—Eres tú quien me está quitando la ropa, y aun así me dices que me case con otro.
—…Señorita, eso…
—Está bien. Estoy cansada.
Justo en ese momento, los botones ya habían sido desabrochados, así que Adeline agitó la mano y se dirigió al biombo colocado en un rincón de la habitación. Se cambió de ropa rápidamente y salió.
Quizá porque el proceso de cambiarse fue algo engorroso, esa noche el camisón de Adeline era el más cómodo y delgado que tenía en su armario: un vestido blanco.
Cuando Adeline se acercó a la cama, Carlyle levantó primero el edredón, que ya estaba arreglado. Ella no lo dudó y se metió directamente en la cama. Cuando cerró los ojos, el edredón mullido volvió a cubrirle el cuerpo.
Al ver que Adeline había cerrado los ojos, Carlyle dio un paso atrás.
—Entonces, me retiraré por hoy.
—No te vayas. Ven aquí, Carlyle.
—¿Sí…?
Al volver la mirada hacia la cama, Adeline seguía con los ojos cerrados, sin moverse en absoluto. Por un instante, Carlyle pensó que había escuchado cosas. Y si los labios de Adeline no se hubieran movido de nuevo, probablemente habría creído que fue solo su imaginación.
—Es que creo que no podré dormir. Solo quédate hasta que me duerma.
La voz de Adeline sonaba como si estuviera sumergida en agua. Más callada que de costumbre. Más pesada también.
«¿Sería porque hacía tanto tiempo que no escuchaba una petición así de parte de Adeline?»
Carlyle se dio la vuelta y se acercó a la cama. Cuando se sentó a su lado, Adeline abrió la boca.
—¿Recuerdas, Carlyle? Cuando éramos niños solíamos dormir juntos muchas veces.
—Lo recuerdo. Usted solía decir que no le gustaba quedarse dormida sola, señorita.
De pequeña, Adeline pasaba muchos días sola.
Diego siempre estaba ocupado y fuera por trabajo, y Adeline odiaba la sensación de estar sola en una mansión tan grande. En esos momentos, quien siempre estaba con ella era Carlyle. Incluso hasta justo antes de que Adeline ingresara a la academia, los dos solían quedarse dormidos juntos.
«Pero desde entonces… no ha vuelto a hacer algo así, ni una sola vez.»
Aunque últimamente el tono de Adeline parecía más cínico que de costumbre, Carlyle había pensado que solo se debía al cansancio. Pero ahora, en Adeline había algo difícil de definir con palabras.
A pesar de haberle pedido que se quedara a su lado, Adeline no abrió los ojos ni una sola vez. Y por supuesto, no se acercó a él ni le tomó la mano como hacía de niña.
«¿Será por eso?»
La mujer de cabellos rubios, con los ojos cerrados sin moverse, se veía extrañamente fatigada… y triste. Tanto, que resultaba desconcertante que no tuviera lágrimas en las comisuras de los ojos.
El silencio era tan profundo que incluso el sonido de la respiración se sentía estruendoso. Y entonces, Adeline, a quien creía dormida, murmuró de pronto en voz baja:
—… Habría sido bueno… si hubiéramos podido quedarnos en aquel entonces.
Las palabras de Adeline fueron tan inesperadas como enigmáticas.
—¿A qué momento se refiere…? —preguntó Carlyle de inmediato, pero no obtuvo respuesta.
Al escuchar su respiración acompasada, parecía que esta vez realmente se había dormido profundamente. Por eso se quedó observando en silencio a su señorita dormida. Luego, inclinó el cuerpo y posó un beso en su frente.
Había elegido ese lugar porque, si se atrevía a codiciar su mejilla o sus labios, temía que pudiera despertarla. Apenas rozó sus labios y luego se apartó; de Adeline emanaba una dulce fragancia.
La respiración acompasada de quien dormía le estremecía los dedos. El roce del cabello dorado de Adeline en su mejilla le provocaba una extraña sensación. Se sentía como si estuviera cometiendo un robo, algo que jamás en su vida se había atrevido a hacer.
«Nunca había imaginado algo como esto.»
Aquella noche en que Adeline estuvo a punto de besarlo, Carlyle había perdido su autocontrol en manos de su señora.
Dicen que lo difícil es la primera vez. Después de eso, todo se vuelve más fácil. Incluso el deseo que no podía atreverse a confesar siguió ese mismo patrón. Una vez que lo sintió, vino la envidia hacia los demás. Y después, surgió el deseo de tocarla.
Cuando le desabrochaba los botones a Adeline, apenas si sintió deseo. Pero fue solo después de verla cerrar los ojos, completamente indefensa, que esa lujuria levantó la cabeza. Tal vez porque estaba acostumbrado a servirla, pero no a observarla dormida.
Sin darse cuenta, la inmoralidad se había vuelto parte de él. Y el peso de esa verdad le causaba un dolor insoportable. En la mente de Carlyle, que fruncía el ceño, resonaron las palabras que Adeline había dicho poco antes.
{—Eres tú quien me está quitando la ropa, y aun así me dices que me case con otro.}
¿Qué había querido decir con eso? ¿Por qué el rostro dormido de Adeline se veía tan triste, tan terriblemente solitario?
Y él mismo…
«¿Por qué demonios me atrevo a desearla… siendo quien soy?»
¿Quién podría creer que el remordimiento solo alimenta aún más el deseo? Cuanto más dolor sentía, mayor era el placer que lo inundaba. Por mucho que Jack hubiera dejado una marca en el cuello de Adeline sin consideración alguna, era Carlyle y solo él quien podía estar a su lado en un momento como este.
Ese pensamiento le apretaba el pecho con fuerza. La razón se quebraba bajo la sensación de posesión. Tener un vínculo que nadie más podía profanar… era lo único capaz de reprimir el impulso y el deseo de Carlyle.
Al concentrarse en el latido acelerado de su propio corazón, el clamor de la culpa en su mente se iba desdibujando poco a poco. Ni siquiera quería compartir a Adeline con la mirada de la luna que entraba por la ventana, así que se levantó y corrió las cortinas.
Una noche repleta de cosas difíciles de comprender. Carlyle permaneció al lado de la dormida Adeline durante mucho, mucho tiempo.
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Después de aquel día.
—Señorita, si tiene algún compromiso fuera, prepararé el carruaje.
—Sí, gracias, Carlyle.
La actitud de Carlyle, que había estado evitando a Adeline, volvió a ser como antes. Como si hubiese tomado una decisión, ya no quedaba rastro de esa vacilación ni del deseo de escapar que había mostrado.
Incluso Adeline, que no podía conocer del todo lo que sentía Carlyle, notaba que el motivo de ese cambio tan evidente estaba en la noche en que lo retuvo a su lado antes de quedarse dormida.
Sin embargo, lamentablemente, Adeline no recordaba todo lo ocurrido aquella noche.
«No recuerdo bien qué pasó ese día. Tal vez murmuré algo entre sueños…»
Gracias a Carlyle, al menos recordaba haber dejado a Jack y regresado a su habitación, pero desde que se acostó y cerró los ojos, sus recuerdos eran casi nulos. Lo único que alcanzaba a recordar era que, en medio del sueño que la arrastraba, había sujetado a Carlyle.
«Creo que lloré…»
Pero al no tener los ojos hinchados, parecía que no había sido así. Cuando los recuerdos no están completos, la mayoría de las personas haría un esfuerzo por recuperarlos, pero Adeline lo dejó pasar sin darle importancia.
En realidad, cada vez que sufría un dolor en el pecho o tenía dificultad para respirar, solía pasarle lo mismo. Se sentía fatigada, dormía un poco… y al despertar, rara vez recordaba lo que había sucedido justo antes de caer dormida.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK