Capítulo 22
—Jack Hartzfeld. ¿También lo conoces, verdad? Parece que ese hombre está completamente enamorado de Adeline. Digo, si llegó al punto de pedirme un favor, no hace falta que diga más.
—…
—Incluso llegó a ofrecerse a negociar las gemas que necesita nuestra familia, así que imagina cuán entregado debe de estar —dijo Sophia, encogiéndose de hombros con aire triunfal. Luego borró la sonrisa y, con voz tajante y helada, añadió—: Ahora te toca a ti vivirlo. Para que sepas el tipo de dolor que le causaste a Mireille.
Con esa burla final, Sophia se marchó.
Y como si viniera a confirmar lo que acababa de decir, Adeline preguntó poco después a Millen:
{—¿Por qué me propusiste matrimonio, Millen?}
Fin Flashback
Al recordarlo, Millen soltó una pequeña risa y se pasó la mano por el cabello, peinándoselo hacia atrás. Sus ojos azules, que siempre solían ir acompañados de una sonrisa amable, miraban ahora fríamente hacia la ventana.
—¿Que por qué te propuse matrimonio, Renée…?
«¿Acaso Adeline ya lo había olvidado?»
—Fuiste tú quien dijo primero que quería que fuéramos familia.
Él recordó claramente el momento en que tomó la decisión definitiva de proponerle matrimonio. Fue cuando ya se acercaba su graduación en la academia, y Adeline le había dicho algo así.
{—Hubiera sido bonito que fuéramos una verdadera familia, Millen. ¿No crees?}
En ese momento, Millen estaba sentado frente a ella, haciendo su tarea. Cuando Adeline murmuró aquello, apoyando la barbilla sobre la mano, la estilográfica que él movía con calma se detuvo de golpe.
{—…¿De verdad?}
Con una suave sonrisa, la voz de Millen salió en un tono gentil.
{—Adeline, ¿de verdad quieres ser de mi familia?}
{—¿Mm? Claro que sí. La familia del Marqués Bellof siempre ha sido tan unida… Me daba envidia.}
Adeline, apoyada en su mano mientras decía eso, tenía una expresión que se encontraba a medio camino entre la de una niña y la de una adulta.
{—Si me convierto en familia de Millen, tal vez yo también pueda tener una vida así.}
Dicen que los niños crecen de golpe cada vez que uno se da la vuelta, pero fue la primera vez que Millen sintió eso con tanta claridad. También se dio cuenta de que en la mirada de Adeline, había un tipo de afecto muy diferente al de antes.
Tal vez ella misma no lo había notado aún, pero Millen lo sabía desde hacía mucho: los sentimientos que Adeline tenía por él.
«Me preguntaba cuándo se daría cuenta, por eso nunca lo mencioné.»
Esta es la verdad. Fue Adeline quien deseó a Millen primero. Y por eso él siempre había esperado. Que llegara el día en que Adeline dijera por primera vez que lo deseaba.
«Con una sola palabra tuya, puedo hacer lo que sea, Renée.»
Después de más de diez años, ¿acaso no podría esperar solo un mes más? Si no hubiera visto a Adeline besándose con Jack, Millen realmente habría seguido esperando… hasta que ella viniera a buscarlo por voluntad propia.
«Porque al final, Adeline volverá a mí.»
Pero después de haberla besado, sentía la lengua seca, como si toda la humedad hubiera desaparecido. Nunca antes había sentido que la espera fuera agotadora.
Sin embargo, al escuchar la pregunta de Adeline, fue como si se burlara de sus pensamientos, y Millen comprendió cuán frágil era en realidad su paciencia.
«Creí que no me importaba esperar.»
Pero no era así. Millen sabía esperar a la Adeline que lo amaba. No sabía cómo esperar a una Adeline que ya no lo amaba.
Por eso, sintió sed. Después de probarla una vez, se despertó en él un deseo impulsivo, casi voraz. Millen quería detener a Adeline antes de que se alejara… y preguntarle.
«…Renée. ¿Ya no me deseas? Yo… he estado esperándote, solo a ti, todo este tiempo. Fuiste tú quien me deseó primero. ¿Y ahora puedes simplemente darte la vuelta, como si todo hubiera sido una mentira? Ya no me queda fuerza para seguir esperando. Así que…»
Millen levantó la mano frente a sus ojos, como si intentara protegerse del sol. Una mano especialmente larga y recta, con huesos marcados pero sin ser prominentes. Mientras observaba su anular izquierdo, vacío, se escapó un susurro de entre sus labios.
—…Sería bueno que ya lo notaras.
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Durante todo el trayecto de regreso a la mansión. Mientras observaba el paisaje pasar más allá de la ventana del coche, Adeline pensaba en lo sucedido con Millen.
«Entonces, de verdad… me gustaba Millen. ¿Habrá otra persona en el mundo que haya recibido una propuesta de matrimonio y, al mismo tiempo, una traición de su amor no correspondido, como yo? Incluso después de haber sido traicionada, que mi corazón siga palpitando por un beso con Millen… solo demuestra que soy una tonta.»
Una vez que lo reconoció, sus sentimientos le parecieron tan grandes que le costaba entender cómo no se había dado cuenta antes.
Pero si lo pensaba bien, ¿no era eso lo más natural?
Adeline jamás había amado a nadie en toda su vida. Desde que fue la heredera del Ducado Zeller cuando era niña, hasta incluso después de casarse con Julian. Todos sus pensamientos y acciones siempre estuvieron orientados hacia su familia.
«Pensándolo bien… desde pequeña nunca consideré casarme por amor.»
Como alguien que evitaba incluso el más mínimo escándalo y vivía examinando con lupa cada relación personal, Adeline no fue capaz ni de reconocer su propio amor no correspondido.
Tal vez, era porque Millen siempre había estado a su lado. Durante la infancia y los años escolares de Adeline, Millen había sido una presencia constante.
{—Renée.}
La llamaba por el apodo que él mismo le había puesto, siempre con una sonrisa amable en el rostro. El tipo de hombre que le gustaba a Adeline eran los jóvenes apuestos y gentiles como Millen.
Quizá por eso no sentía gran cosa por Jack, pese a que todos a su alrededor lanzaban, aunque fuera una vez, miradas llenas de deseo hacia él. Y seguramente, el principal motivo por el que tenía ese tipo de gustos… era Millen.
Aunque claro, pensarlo ahora ya no tenía sentido. Todo eso se había vuelto un asunto inútil del pasado.
«Concéntrate, Adeline Zeller.»
¿Desde cuándo tenía derecho a quedarse atrapada en la melancolía de un viejo amor?
La vida de Adeline, tanto en el pasado como en el presente, existía únicamente por y para la Casa Ducal Zeller. Haberse dado cuenta de un amor pasado no significaba que se dejaría arrastrar por él ni un poco.
Aunque… aun así, no podía evitar sentirse decaída.
«Qué sensación tan extraña.»
¿Será tristeza? ¿Dolor? ¿O remordimiento? ¿Tal vez ira? Podía ser todo eso a la vez. Y era natural. Adeline también tenía sueños, también deseaba la felicidad, y también había mantenido su orgullo intacto a lo largo de su vida.
«Yo también… quería amar a alguien sin miedo, al menos una vez.»
Decía que el amor no era necesario para el matrimonio, pero eso no significaba que no deseara estar con la persona que amaba. Solo que…
«Todo eso lo había abandonado hace mucho tiempo.»
Si no fuera por las deudas, Adeline se habría casado con Millen.
Si no fuera por la caída de la Casa Ducal Zeller, nunca habría besado primero a Jack. Y tampoco habría terminado con el corazón hecho pedazos, traicionada por la única persona en quien había confiado y a quien había dependido desde que era niña.
«…Al menos.»
Ahora que había regresado en el tiempo. Ni siquiera habría tenido que elegir el camino de no vengarse, pese a conocer todas las traiciones. Pero para Adeline, la Casa Ducal Zeller era más importante que una venganza personal.
Para poder arriesgarlo todo en una revancha, había algo que ella debía proteger primero. Ni su orgullo, ni su honor, ni siquiera su dignidad estaban por encima de preservar la casa Zeller.
«Hasta fui capaz de soportar la vida con Julian.»
No había razón para que no pudiera resistir también esto. Sin embargo…
Durante estos últimos tres años, en los que había vivido desechando su orgullo, su imagen pública, e incluso su anhelo de felicidad. Adeline, de vez en cuando, sentía un dolor en el pecho como si le hubieran colocado una roca encima.
Si solo se hubiera tratado de dolor, tal vez habría sido más fácil, pero aquella sensación casi siempre venía acompañada de una opresiva angustia y dificultad para respirar.
«Ni siquiera de esto fui capaz de hablarle a Carlyle.»
En este momento, el cuerpo de Adeline no recordaba en lo más mínimo ese tipo de dolor. Pero dentro de ella habitaba su yo de hace tres años, que lo había experimentado incontables veces. Dentro del carruaje en marcha, Adeline escondió el rostro entre sus manos. Como si tratara de autoconvencerse, murmuró una y otra vez.
—Estoy bien. Estoy bien…
Había recibido una nueva oportunidad. Ya no le dolían ni el engaño ni la traición. Así que, si tan solo pudiera pasar por alto este tipo de sentimientos…
Hubiera sido mejor no haber sabido nunca lo que se siente amar en silencio a alguien como Millen.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK