Capítulo 14
El torso de Carlyle se inclinó y las sombras en la habitación oscura se superpusieron en la penumbra.
Cualquiera que los hubiera visto en ese momento habría pensado que el mayordomo y su señorita estaban a punto de besarse.
De hecho, los dueños de las sombras superpuestas ni siquiera se daban cuenta de que simplemente se detuvieron a una distancia donde sus narices se tocaban.
Pero, afortunada o desafortunadamente…
La mano de Adeline, que había estado tirando de Carlyle, lo soltó justo antes de que sus rostros se tocaran por completo.
Una distancia lo suficientemente cercana como para sentir la exhalación del otro.
Una risa burlona escapó de sus labios al ver la expresión congelada de Carlyle.
—¡…Jaja!
«¡No puedo creer que esto realmente funcione!»
Adeline estaba encantada de que su hipótesis fuera correcta.
—Carlyle, tu cara… Está completamente roja.
La mano de la mujer, sonriendo, acarició suavemente la mejilla del hombre.
Sus dedos acariciaron su mejilla, capturando el rubor inconfundible en su rostro.
Los ojos color avellana de Carlyle estaban más oscuros de lo habitual debido a la vergüenza.
Su mirada nublada y hundida y sus labios ligeramente abiertos y rígidos parecían revelar claramente su confusión.
Si hubieran estado un poco más cerca, Adeline podría haber sentido el violento latido de su corazón.
Las mejillas envueltas estaban calientes.
¿Quién creería que este hombre, que miraba a Adeline como si hubiera olvidado respirar, era el mayordomo del Duque de Zeller, famoso por su rostro impasible?
«No pensé que esto realmente funcionaría.»
En su vida pasada, cuando Adeline se casó con Julian, Carlyle no dijo nada.
Aunque estaba sirviendo a Adeline, quien estaba llena de cicatrices dejadas por Julian, no mostró ningún resentimiento.
Así que nunca imaginó que las marcas de Jack lo harían perder el control de esta manera.
Y que no sería capaz de ocultar sus verdaderos sentimientos hasta este punto.
«Si hubiera sabido que un simple coqueteo lo aturdiría, lo hubiera intentado antes.»
¿Acaso fue por ignorancia que terminó traicionada en su vida pasada?
Aus: sí.
Cuando pensaba en ello, era un tanto gracioso.
«Era así de fácil.»
Adeline sonrió profundamente, acariciando la mejilla de Carlyle con las yemas de los dedos. Sus sentimientos retorcidos se desbordaron sin control.
—¿Acaso esperabas que te besara?
El dedo índice de Adeline le acarició la mejilla con desdén mientras murmuraba:
—Eso sí que sería inapropiado, ¿no crees, Carlyle Divine?
Ante la fría voz burlona, Carlyle finalmente recobró el sentido.
Carlyle retrocedió como si hubiera despertado de un sueño.
Luego, inmediatamente inclinó la cabeza.
—Disculpe, señorita. He sobrepasado mis límites. Vuelvo ahora, así que descanse.
Dicho esto, Carlyle dejó a Adeline sin siquiera escuchar su respuesta.
TOC.
Tan pronto como la puerta se cerró, Carlyle se tambaleó.
Y se desplomó contra ella.
En cuanto se liberó de la vista de Adeline, su última gota de paciencia se agotó.
La vergüenza, la confusión y la culpa enrojecieron el rostro de Carlyle.
«…¿Qué es esto?»
Las yemas de sus dedos, que palpaban el cuello de la camisa donde Adeline lo sostuvo, temblaban.
Era difícil saber si su voz, que apenas había saludado a Adeline hacía un momento, había temblado así o no.
La vergüenza fue mayor que la culpa.
El sonido de su corazón latiendo salvajemente parecía ser una sentencia de pecado.
¿No es por eso que late tan fuerte? ¿para castigarse por sentir lujuria por la chica a la que ha estado sirviendo desde que era joven?
El sudor frío recorrió su rostro. Por primera vez, cuestionó su propia moralidad.
«No puedo sentirme así en mi sano juicio.»
Odiaba tener la mente clara.
Si hubiera estado bebiendo, al menos si hubiera estado borracho, tendría una excusa. Pero no.
En pleno uso de sus facultades, había deseado a Adeline.
{—¿Acaso esperabas que te besara?}
En cuanto oyó la burla sarcástica, Carlyle se dio cuenta.
Adeline tenía razón. Lo esperaba sin saberlo, y se decepcionó sin saberlo.
Por fin, Carlyle percibió lo que se escondía bajo la hostilidad que sentía hacia el autor de esos rastros.
Un monstruo de ojos verdes llamado “Celos”.
En cuanto se acercaron, el perfume de magnolia de Adeline, su piel suave, sus labios… Lo aturdieron.
Su piel aceitada, el cabello que acababa de tocar.
Sus ojos almendrados, que se curvaban suavemente, y sus labios, que se acercaban a su nariz, eran tentadores para Carlyle.
En ese momento, quiso atraer a Adeline hacia él y besarla con locura.
Desafortunadamente, Carlyle estaba sobrio. El último hilo de cordura que le quedaba le oprimía el corazón.
Un impulso que nunca había sentido por nadie más creció en él, y entre todas las personas se dirigía hacia Adeline.
Así, la perversión se arraigó en el corazón de Carlyle.
En su mente, confundido con la culpa, un recuerdo de algún tiempo le vino a la mente.
{—Carlyle, saluda. Esta es la pequeña señorita Adeline.}
Su madre le había mostrado a la bebé en la cuna.
En ese momento, Carlyle tuvo que subirse a una silla para mirar dentro de la cuna.
Dentro había una bebé recién nacida. Un bebé tan pequeño que incluso el joven Carlyle de repente pensó que era pequeño.
La madre de Carlyle, la Sra. Divine, sonrió al tocarle el hombro mientras Carlyle miraba la cuna con curiosidad.
{—¿Recuerdas, Carlyle? ¿Lo que dijo mamá antes?}
{—Dijeron que nací por una razón.}
{—De ahora en adelante, debes proteger a Lady Adeline por el resto de tu vida, Carlyle. Para eso naciste, y ese es tu deber. ¿Entiendes lo que dice mamá?.}
{—…Sí.}
De hecho, no lo entendía.
Como era un niño que solo tenía cinco años de edad, los deberes de la familia eran demasiado pesados y difíciles.
En ese momento, Carlyle no entendía del todo lo que decían sus padres, y no sentía ningún sentido de responsabilidad.
Simplemente vivió su vida cumpliendo con su deber hacia el Duque de Zeller como le habían enseñado.
¿Pero cuándo empezó?
{—Jovencita, si corres así, te caerás.}
{—¡No te caigas, no te caigas! ¡Carlyle, tú también!}
Al mirar a Adeline, una emoción vaga y común lo invadió.
Se alegró de ver la sonrisa de Adeline y se alegró de estar a su lado.
Creyó que viviría sin poder sonreír, pero ver a Adeline sonreír lo llenaba de alegría.
Así que, solo después de aclararse la mente, Carlyle comprendió plenamente lo que sus padres habían dicho.
Debió de haber nacido para Adeline.
Sentía que podía hacer cualquier cosa por su señorita.
Sí, así era…..
—…
Carlyle se levantó con el ceño fruncido.
A primera vista, su imagen se reflejó en el espejo del pasillo.
Un rostro sin su habitual pulcritud y el cuello de la camisa arrugado.
La camisa de Carlyle, que antes estaba pulcra, ahora estaba arrugada por las manos de Adeline.
Una camisa se podría volver a planchar, pero ¿Como borrar la culpa una vez consciente?.
Una vez que el espejo se agrieta, nunca vuelve a ser el mismo.
Y las relaciones humanas son aún más irreversibles.
Finalmente, Carlyle apartó la mirada del pecador del espejo.
Esa noche, Carlyle intentó esconderse de su propio reflejo, pero este no se lo permitió.
Fue la primera noche que sintió culpa.
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Tres días después de aquella noche.
Carlyle empezó a evitar a Adeline con todas sus fuerzas.
—Señorita, hoy tiene una salida programada. He preparado su atuendo. Si necesita algo, Nadia la asistirá.
Nadia era la doncella exclusiva de Adeline.
Así que, para resumir lo que dijo Carlyle, sería así: incluso si tenía trabajo que hacer, no debía llamarlo.

TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK