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Capítulo 12

Para la joven Adeline, Carlyle era más cercano que su propio padre, quien menudo estaba fuera de casa.

Al menos, hasta su duodécimo cumpleaños, cuando ingresó al dormitorio de la academia.  

Mientras asistía a la academia, Adeline se distanció de Carlyle, pero el recuerdo de ese día aún perduraba.

Adeline siempre había confiado profundamente en Carlyle.    

Gracias a esto, eran bastante cercanos.

Tanto que incluso durante su matrimonio con Julian, él fue quien la cuidó en sus peores momentos.

«Era absolutamente…..una situación que no le mostraría a nadie más que a Carlyle.»

Sus encuentros con Julian siempre dejaban marcas en su cuerpo.  

Las que Jack le había hecho parecían una broma en comparación.  

«Julian me golpeaba en la cama.»

Sus acciones siempre eran brutales y violentas.

Sus muñecas y piernas quedaban marcadas, y rara vez había una parte de su cuerpo intacta.  

Al mismo tiempo, representaban un profundo trauma para Adeline, y cada vez que dormía con Julian, su cuerpo se ponía aún más rígido.

«Entonces Julian actuó con más violencia.»

Por eso Adeline siempre enfermaba al día siguiente de tener relaciones con Julian.

Pero no podía mostrar su vulnerabilidad a los sirvientes, así que al final, la única persona a la que podía pedir ayuda era Carlyle.

—Lo siento, Carlyle. No quería que me vieras así…

—Está bien. No te preocupes por mí.

Aunque ella no podía levantar la vista por la vergüenza, la actitud de Carlyle era la misma.

Una apariencia que no era diferente a la de cuando era un joven, cuando Adeline susurraba que él era su favorito.

Ese era Carlyle, a quien Adeline conocía mejor.

Incluso hasta el momento en que se fue para divorciarse de Julian, Carlyle siempre había tratado a Adeline de la misma manera.

—Así era… 

Hasta que le traicionó.

Aunque, racionalmente, lo entendía.  

Objetivamente, el Ducado de Zeller era un barco que se hundía.

Carlyle conocía bien las circunstancias internas del Duque de Zeller, así que habría querido evitar hundirse con ella a toda costa.

¿Quién querría recorrer el camino a la ruina sólo con lealtad?

—Sí, Carlyle es ese tipo de persona.

Una persona sin ambición ni codicia, que actúa sólo según sus propias creencias.

Así que, al final, debe haber una creencia justificada y una razón para su traición.

Solo que esta vez, no fue por Adeline.

«Eso lo hace complicado.»

De los tres hombres que derribaron a la familia Zeller, Carlyle era el único interno.

También era el confidente más cercano de la familia Zeller, quien conocía todos los secretos de la familia, incluso los de Diego.

Así que era imposible expulsar a Carlyle.

Era demasiado peligroso expulsar a Carlyle, sabía tanto sobre la familia Zeller que no sabría que pasaría.

Al final solo había una solución:  

«Tengo que convertir a Carlyle en mi aliado.»

De hecho, también necesitaba un sirviente al que pudiera recurrir.

En lugar de evitar la mirada de Carlyle y conseguir sirvientes, sería mejor utilizar al propio Carlyle.

El problema era…

«Cómo persuadir a Carlyle.»

Sus ojos siguieron el reflejo de Carlyle en el espejo.  

Las manos de Carlyle trabajaban con precisión, pero su rostro era inexpresivo.

Su largo cabello castaño caía sobre su perfil afilado, proyectando sombras sobre sus mejillas.  

El puente de la nariz, pronunciado, cubría sus mejillas con una sombra.

Nadie negaría que su rostro era atractivo, pero en realidad, la belleza de Carlyle no era tan notoria.

«Comparado con Jack y Millen, palidecía.»

Jack tenía una presencia fiera y dominante.

Millen poseía una belleza que se grababa en la memoria con solo verlo una vez.

Los dos tenían una presencia espléndida y vívida.

Comparado con esos dos, Carlyle tenía una apariencia relativamente sencilla.

La razón por la que Carlyle seguía llamando su atención era probablemente por…

«Esa perfección impecable.»

Una presencia tan pulcra que se sentía impecable.

Carlyle tenía un sentido del refinamiento que sólo se podía encontrar en una estantería perfectamente organizada o en una pared de mosaicos.

Quizás su rostro inexpresivo influyó mucho en ello.

Las expresiones de Carlyle siempre mostraban cambios sutiles, y sus rasgos faciales rara vez mostraban expresiones claras de alegría, ira, tristeza o placer.

Un hombre que, cuando lo miras, te hace querer inconscientemente extender la mano y romper su compostura.

El hombre que estaba detrás de la invasión no fue otro que Carlyle Divine.

Por eso Adeline a menudo sentía como si hubiera sido un sueño que Carlyle le hubiera sonreído de joven.

«Carlyle no se expresa mucho»

¿Qué pensaba detrás de ese rostro sereno?  

Para persuadir a Carlyle, lo más rápido sería encontrar su debilidad.

O, al menos, lo que lo inquietaba y anhelaba…..

En ese momento.

—Señorita.

La frente de Carlyle, que siempre había estado recta, se frunció un instante.

Su mirada seguía fija en la nuca de Adeline, igual que antes.

El problema era que su cabello casi seco estaba recogido a un lado, por lo que su piel blanca y las marcas rojas grabadas en ella eran claramente visibles.

Tras un silencio, los dedos de Carlyle rozaron ligeramente las marcas.  

—¿Quién fue?.

Que grosero.

✧¸¸. •*¨`༻✦༺⊱✩⊰༻✦༺¨`*•.¸¸✧

Carlyle Divine.

El mayordomo del Duque de Zeller, famoso por su fidelidad y meticulosidad.

Por supuesto, Carlyle también sabía bien qué significaban las marcas en el cuello de la joven a la que servía.

Era cuatro años mayor, así que era demasiado experimentado para ignorarlo.  

Así que el fiel mayordomo pensó con calma.

«…Bueno, la joven ya tiene edad suficiente para conocer a alguien.»

Adeline ya se había graduado. Pronto heredaría el título.  

Era la edad perfecta para encontrar un esposo.  

La propia Adeline era lo suficientemente mayor, así que era imposible para ella no estar interesada en las relaciones románticas.

«No es nada nuevo, era algo que tenía que suceder algún día.»

En su interior lo entendía.

Pero.

¿Por qué ese hecho le causaba una sensación tan desagradable?

¿Era desconfianza hacia un desconocido? ¿O enojo hacia quien se atrevió a marcar a Adeline?.

«Quizás ambas cosas.»

O tal vez… Por lo que ocurrió esa mañana.

Carlyle recordó el incidente.

Temprano por la mañana, antes de que saliera el sol. Un grito desgarrador sacudió la mansión Zeller.

Un grito como si saliera de una pesadilla o un terrible trauma.

No era otro que el grito de Adeline.

—¡Mi señora! Mi señora, ¿ha tenido una pesadilla? Bueno, es comprensible. Solo ha pasado una semana desde que el Duque murió…

Se apresuró a ir al dormitorio de Adeline.

Allí, la criada personal de Adeline, Nadia, estaba hablando con su señorita.

Adeline, sentada en la cama, tenía los ojos húmedos, como si hubiera estado llorando.

—¿Dices que… mi padre murió hace una semana? ¿No hace años?.

—¡Sí! ¿Qué clase de sueño tuvo? Ni siquiera recuerda la fecha…

Adeline sonrió levemente cuando Nadia dió un golpe al suelo con el pie, preguntándole qué tan sorprendida estaba.

Pero entonces…  

—¡Oh! Carlyle también está aquí.

Al notar su presencia por las palabras de Nadia.

El rostro de Adeline se endureció al instante.

Como si estuviera mirando a alguien a quien odiaba.



TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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