Capítulo 5
«Por fin me has visto.»
Adeline miró fijamente a Jack, quien la observaba desde lejos.
En realidad, ella lo había estado observando desde el momento en que él pisó el jardín.
A diferencia de Jack, que acababa de llegar al banquete benéfico, Adeline llevaba mucho tiempo en ese jardín.
Y, por supuesto, la razón era encontrarse con él.
Para ser más precisos.
«Para resolver el problema más urgente».
La mayor amenaza para el Duque de Zeller en este momento no era Millen, ni Jack, ni Carlyle.
Era…
«La deuda del Ducado de Zeller.»
No importaba cuántas veces los tres hombres se unieran para derrocar al Ducado de Zeller. Al final, todo empezó con esa deuda.
«En mi vida anterior, me casé con Julian para evitar que el banco se apoderara de la mansión Ducal.»
Fue un matrimonio por pura desesperación.
Sin embargo, como sabía cómo terminaría, no tenía intención de repetir el mismo error.
Adelina recordó los insultos de Julian y, sin darse cuenta, encogió los hombros.
Aus: maldito cucaracho, nos traumo a la niña :c
{—¿Crees que gaste tanto dinero para un matrimonio como este? ¡La gran Duquesa debería saber cómo servir a su esposo! ¿O es que tu preciosa institutriz no te enseñó eso?.}
{—Si llegas a darme un hijo, ¿acaso sería el próximo Duque? ¡Vaya sangre más noble la tuya!.}
Durante todo su matrimonio, Julian no dejó de humillarla, obsesionado con que quedara embarazada.
Si no lograba embarazarse, si su vida íntima no era satisfactoria, todo era culpa de ella.
Incluso cuando Julian cometía adulterio abiertamente con otra mujer, era igual.
{—Oye, Duquesa. Si tuvieras algo de encanto como mujer, no buscaría a otras. ¿Por qué no meneaste un poco más las caderas y me seduces?}
Todos los actos de Julian terminaban siendo culpa de Adeline.
Por supuesto, no era difícil soportar esas cosas.
«He tirado por la borda mi orgullo y mi dignidad.»
Los insultos que recibía ahora le resultaban familiares.
Pero si Julian manchaba el honor de la Casa Zeller, eso ya era otro problema.
En los círculos sociales del Imperio Crawford, no era realmente destacable que las personas casadas tuvieran amantes, pero Julian estaba yendo demasiado lejos.
«Era descarado y promiscuo en cualquier lugar.»
Su amante era una empleada de un club social que frecuentaba,
y Julian la llevaba a todas partes como su amante.
Y entonces, sin importarle quien los viera, se besaban y coqueteaban de manera vulgar, provocando miradas de disgusto.
«La persona con la que sale el esposo de la Duquesa de Zeller es una mujer que ni siquiera es noble».
No sabía cuántas veces había escuchado eso.
Una aventura que no se corresponde con su estatus, y actos públicos de afecto.
Ni siquiera la sociedad de Crawford, muy tolerante con las aventuras amorosas, vería esto con buenos ojos.
Si lo dejaban así, no solo el Duque de Zeller, sino incluso la reputación de Adeline se vería manchada.
Al final, Adeline tuvo que perseguir a Julian, quien huyó con su amante, y finalizar el divorcio.
Pero en esas dos semanas que estuvo fuera de la capital, la Casa Zeller colapsó.
En cierto modo, podría decirse que el matrimonio con Julian aceleró la caída de la familia Zeller.
«…Así que el matrimonio no es una opción para pagar la deuda.»
Necesitaba una solución rápida, sin recurrir al matrimonio.
Y por eso había venido hoy a este jardín.
«El banquete benéfico de Madam Tilleman.»
Ya sabía que Jack asistiría a este banquete, que se celebraba el mismo día todos los años.
En su vida pasada, Adeline había escuchado por casualidad a Victoria hablar de él.
{—¡Ni se te ocurra mencionar ese tema delante de mí! Uf, si hubiera invertido en Monarhen en ese entonces, ahora estaría… }
El año en que se construyó la estación de tren en el Vizcondado de Monarhen.
{—Jack Hartzfeld, ese tipo se esforzó tanto en el banquete benéfico del año pasado. ¿Cómo iba yo a saber que estaba ocultando algo así?.}
Victoria, que no solía ser una persona astuta, expresó abiertamente su disgusto.
Y no era para menos, el Vizcondado de Monarhen no era un terreno atractivo para invertir.
No era un lugar urbanizado, ni un territorio densamente poblado.
Pero tan pronto como se construyó el ferrocarril y los trenes comenzaron a circular, el insignificante Vizcondado de Monarhen cobró relevancia en un instante.
Aquel terreno que, por falta de apoyo de Victoria, tuvo que comprar a cuatro veces su valor, ahora valía fácilmente diez veces más.
Adeline, que lo sabía todo, llegó temprano al banquete a propósito para acercarse a Victoria.
Ese fue el comienzo de todo.
Como el funeral de Diego había sido hacía solo una semana, la ropa de Adeline seguía siendo negra.
Irónicamente, eso llamaba más la atención en el luminoso jardín.
Gracias a ello, Adeline pudo encontrarse con Victoria rápidamente.
—Buenas tardes, Madame Tilleman.
—Pero ¿A quién tenemos aquí? Señorita Zeller. No ha pasado tanto tiempo desde que la vi en el funeral de su padre, pero ya ha perdido peso. A él no le gustaría verla consumirse tanto. Qué pena.
Victoria se mostró más amable de lo habitual. Era una especie de consuelo para Adeline, que había perdido a su padre.
En el pasado, las palabras de Victoria la habrían hecho llorar, pero Adeline solo respondió con una breve sonrisa.
Después de algunos intercambios de condolencias y saludos, Adeline mencionó brevemente el propósito de hoy.
—Por cierto, señora. ¿Es cierto que está comprando tierras en las tierras del Vizconde de Monarhen?.
—…¿Qué? ¿De qué estás hablando?.
Adeline se tapó la boca sorprendida al ver una expresión de disgusto en el rostro de Victoria.
—Oh, lo siento. Debí haber entendido mal.
Su explicación fue la siguiente:
Hace poco se encontró con Jack y él le habló sobre la llegada del ferrocarril a las tierras del Vizconde de Monarhen.
—Me propuso invertir, pero como aún no he recibido mi herencia, tuve que rechazarlo. Sin embargo, mencionó que debía informarle a usted, Madame Tilleman… Así que asumí que ya había invertido.
Adeline se disculpó, diciendo que debió haber malinterpretado la situación, pero Victoria la tranquilizó.
—No, tenías razón. Solo me sorprendió un poco. Casi cometo un grave error por no estar al tanto.
La incomodidad de antes desapareció del rostro de Victoria y sonrió amablemente.
Era comprensible, pues ella había estado evitando a Jack para retrasar una respuesta definitiva.
Así que Victoria, naturalmente, pensó esto.
—Hace tiempo que no hablo con Jack, así que no sé nada de la estación de tren. ¡Casi pierdo una buena oportunidad!.
Victoria era de esas personas cuyo estado de ánimo se reflejaba de inmediato en su rostro, algo poco común para alguien con su experiencia en la alta sociedad.
Claro, esa despreocupación podía ser su encanto, pero fuera cual fuera la razón, ahora era algo beneficioso para Adeline.
Al notar el entusiasmo en el semblante de Victoria, Adeline se retiró.
Más tarde, en cuanto apareció Jack, Victoria no perdió tiempo en abordar el tema de la estación de tren en Monarhen que tanto le intrigaba.
Y así, en el presente…
Adeline observó a Jack avanzar hacia ella con paso firme y pensó:
«Oh, oh.»
Parecía estar furioso.
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Adeline recordó la última vez que vio a Jack.
Jack Harzfeld, en la decadente residencia de los Zeller.
Aquel hombre, con una sonrisa torcida, parecía estar de excelente humor.
Una alegría que no podía ocultarse con su característico cinismo se reflejaba en su rostro bien cuidado.
Pero el hombre que ahora se acercaba a ella solo compartía con aquel recuerdo su imponente físico.
Mientras observaba la sombra de Jack cerniéndose gradualmente sobre ella, Adeline recordó lo que había oído sobre él en el pasado.
«Lo llaman “la mano de oro”, ¿verdad? Cada inversión que hace se multiplica por varias.»
«También es guapo. Y ¿No tiene una relación romántica?»
Un día, apareció como un cometa en la alta sociedad del Imperio Crawford, convirtiéndose en el joven y prometedor inversionista del que todos hablaban.
Jack Hartzfeld.

TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK