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Capítulo 88

—¿Con que con solo enviarlo una vez aquí, todos ustedes lo ven?

Geonsik solo estaba maravillado por las nuevas tecnologías, mientras que el resto de hombres no parecían muy contentos con el hecho de que hubiera un grupo de mensajería donde todos estaban reunidos. Bueno, todos menos uno.

—Jihan, es mi primera vez en un grupo de chat. ¡Es increíble!

Soo-oh estaba encantado de haber entrado al grupo.

Así, por fin había llegado el momento en que ese chat creado para que los cuatro hombres recibieran noticias de Geonsik en cualquier momento cumpliera su propósito.

—Ugh, ¿era este botón el que debía presionar?

Como Geonsik era lento escribiendo, los cuatro hombres le habían sugerido que usara los mensajes de voz cuando tuviera prisa. Y ahora, en este momento más urgente que nunca, lo usó por primera vez. En cuanto se conectó la llamada, Geonsik comenzó a desahogarse sobre los tteokbokki.

—Uhh… Tteokbokki… quiero comer tteokbokki. Tteokbokki… tteokbokki…

Geonsik, con la frustración acumulada de años de antojo, gritó el nombre del platillo caprichosamente, colgó la llamada de golpe y se dirigió a la cama, enterrando su cara en la almohada mientras lloraba desconsoladamente.

Ahora entendía perfectamente los sentimientos de Misook, quien años atrás, durante su embarazo de Dajung, lloró toda la madrugada porque quería comer patas de cerdo. Nunca imaginó que no poder comer algo que anhelaba podría ser tan triste y desgarrador.

Mientras sollozaba hasta quedarse sin voz, el timbre de la puerta sonó en los oídos de Geonsik.

Geonsik caminó pesadamente hacia la entrada, haciendo ruido con cada paso. Era obvio que estaba irritable por no poder comer tteokbokki. Abrió la puerta de golpe, con el rostro hinchado por las lágrimas, y encontró a los cuatro hombres parados afuera.

Cada uno de ellos cargaba algo en las manos.

SNIFF… 

—¿Qué es esto? 

Su voz sonaba áspera y malhumorada, como si ya hubiera olvidado que él mismo había llamado llorando.

—¿Qué crees? Dijiste que querías comer tteokbokki.

Choi Min, que estaba al frente, respondió con indiferencia y entró empujando la puerta.

—¿Cuánto lo habrás deseado para llegar a este punto…? 

Kang Hyuk entró con una expresión ambigua, como si le diera lástima pero sin entender del todo la situación.

—Jihan, no llores.

Soo-oh puso ojos de cachorro triste y empujó la espalda de Choi Min para que entrara más rápido.

—¿Qué pasó con tus ojos? ¿Estás bien? 

Jaeyoung se acercó a Geonsik con una mirada compasiva.

Así, los cuatro hombres entraron naturalmente a la casa y colocaron lo que traían sobre la mesa de mármol. La amplia superficie se llenó por completo con comida empacada.

—Esto es tteokbokki real, preparado por el chef ejecutivo del hotel. Por favor, disfrútelo.

Kang Hyuk colocó con confianza un paquete dorado sobre la mesa, produciendo un sonido metálico y pesado.

—¿Tteokbokki real? ¡Eso no es lo que el niño quería comer! Oye, esto es de una señora mayor que lleva 30 años en su puesto. Hice fila 30 minutos para comprarlo.

Choi Min empujó el paquete dorado de Kang Hyuk a un lado y sacó un tazón verde con tteokbokki de una bolsa negra.

—Todos compraron comida sin saber qué ingredientes llevan dentro. Jihan, esto lo preparé yo mismo. Todos los ingredientes son orgánicos, así que puedes comerlo sin preocuparte.

Jaeyoung acercó su recipiente de comida frente a Geonsik.

—Ay, en serio. Parecen viejos. ¿Quién come ese tipo de tteokbokki hoy en día? Jihan, esto es de crema, esto es rosé, esto es con salsa de frijol negro, esto lleva carne, esto tiene tripa, y esto….

Gracias a Soo-oh, que trajo la mayor cantidad de comida, la mesa quedó repleta de recipientes. Con esa cantidad, podrían haber organizado un banquete para todo el vecindario.

Geonsik miró con expresión aturdida los tteokbokki que cubrían la mesa. Era la comida que solo había imaginado en su mente, ahora frente a él en abundancia.

SNIFF… SOB…

Al ver la comida, las lágrimas brotaron junto con la saliva. Solo por una palabra suya, estos hombres habían acudido a él sin dudar, incluso en medio de una tormenta de nieve. Aún no había probado el tteokbokki, pero ya se sentía satisfecho.

—¿Por qué lloras? 

Geonsik, que últimamente lloraba con facilidad, era imposible de entender.

—¿Quién… dijo que quería comer algo? Que alguien me cuide así… es demasiado… Hacía tanto tiempo. 

SNIFF…

Geonsik, quien siempre había puesto a su familia primero, había llegado al punto de olvidar incluso qué comidas le gustaban.

  

Manejando su negocio, se conformaba con saciar el hambre en lugar de disfrutar el sabor, y a menudo comía apresuradamente. Sin nadie que lo cuidara, terminaba llenándose con pan casi caducado más veces de las que podía contar.  

Pero ahora había alguien que lo cuidaba. No uno, sino cuatro.  

—Jihan, hablando desde mi experiencia de haber llorado antes, primero come y luego llora. Hasta para llorar necesitas energía. Vamos, ah.  

Cuando Soo-oh le ofreció un trozo de pastel cubierto de salsa blanca espesa, Geonsik negó con la cabeza.  

—Glup… no me gusta lo empalagoso…  

Incluso con el estómago vacío por el llanto, sus gustos eran firmes.  

—Los jóvenes de ahora… Pero él no es un joven de ahora. Vamos, come esto.  

Esta vez, Choi Min tomó un trozo de tteokbokki especialmente picante. Geonsik volvió a negar.  

—No quiero tteok, quiero odeng.  

También era exigente. Pero Choi Min, sin protestar, devolvió el tteok al plato y tomó una bola de pescado.  

—Ah.  

Como un pajarillo recibiendo comida, Geonsik abrió la boca y aceptó el odeng rojizo.  

El sabor picante y familiar inundó su boca, y finalmente su rostro se relajó como la primavera. Solo entonces la tensión en los rostros de los cuatro hombres comenzó a disiparse.  

—¿Está rico?

  

—Sí, pero un poco picante.

 

—La comida picante no es buena para los embarazados.  

Kang Hyuk, esperando su momento, deslizó un plato de tteokbokki real hacia Geonsik. Aunque le daba vergüenza alimentarlo como Soo-oh o Choi Min, cuando Geonsik abrió la boda con determinación…  

—Ah.  

Era obvio que pedía que lo alimentaran. Kang Hyuk vaciló un momento, pero encontró adorable a Geonsik esperando como un pajarillo y le metió un trozo de tteok con salsa de soja en la boca.  

—Está rico.  

Aunque el comentario fue breve, la comisura de Kang Hyuk no dejaba de moverse.  

—Por mucho que digan, nada supera el toque personal.  

Jaeyoung envolvió un trozo de tteok en una lámina de odeng y se lo alcanzó. Geonsik abrió más la boca y se lo comió de un bocado. El sabor casero, no comercial, era otro deleite.  

—Pero… ¿no trajeron tempura o sundae?  

Después de solo comer tteokbokki, era natural anhelar sus acompañantes clásicos.  

—Qué falta de estilo.  

Los cuatro hombres se sintieron como criminales convictos por olvidar esos simples detalles.  

—La próxima vez… tráiganlos.  

Con el “perdón” concedido, los “prisioneros” se sintieron aliviados y continuaron sirviendo al “Emperador” su tteokbokki. Geonsik también disfrutó de lo que le daban.  

«¿El tteokbokki siempre fue tan delicioso?»  

Mientras comía, Geonsik tuvo ese pensamiento.  

Quizás los comentarios de los demás habían realzado el sabor. Hacía tanto tiempo que no compartía una mesa tan bulliciosa. Incluso con Misook o Dajung, siempre habían comido solos, así que quizás esta era la primera vez.  

—La próxima vez, si quieres comer algo, dilo de una vez. No te quedes ahí llorando.  

—Jihan, tengo certificados en cocina coreana, occidental, china y japonesa. Pídeme lo que quieras, te lo prepararé. 

 

—Mejor contrato a un chef privado. 

 

—Jihan, dime a mí. Yo te lo compro todo. Conozco muchos sitios trendy en Instagram.  

Esos comentarios, como condimentos, hicieron el tteokbokki aún más sabroso. Geonsik asintió y masticó con más ganas. El tteokbokki estaba extrañamente dulce.  

Una situación que habría sido agotadora en solitario, con ellos no lo era en absoluto.  

Y así seguiría siendo, para siempre.  

—Ugh, ugh…  

En la casa de Geonsik, el sonido de alguien sufriendo náuseas resonaba una y otra vez. Y el protagonista de esos sonidos no era Geonsik.  

—Jihan, yo… ugh…  

Geonsik le daba palmaditas en la espalda a Soo-oh, quien estaba agachado sobre el inodoro. 

«¿No debería ser al revés esto?», pensó Geonsik mientras continuaba golpeando suavemente la espalda de Soo-oh, preguntándose cómo había terminado así.  

Geonsik sufría fuertes cambios hormonales, pero apenas tenía náuseas matutinas. Al contrario, tenía un apetito voraz y comía de todo, hasta el punto de haber subido de peso considerablemente.  

Pero el problema era que, en algún momento, Soo-oh había empezado a sufrir las náuseas en su lugar. Aproximadamente un mes y medio después de que Geonsik quedara embarazado, Soo-oh comenzó a quejarse de que la comida olía a pescado, y luego empezó a vomitar todo lo que comía. Era, sin duda, náuseas matutinas.  

Cuando fueron al hospital, el médico les dijo que a veces ocurrían casos así y que probablemente mejorarían después del primer trimestre.  

Pero ahora, casi un mes después de que empezaran las náuseas, Soo-oh estaba más delgado que cuando mantenía su cuerpo en forma para sus actividades.  

—¿Estás bien?  

Soo-oh, que apenas había logrado salir del baño, se desplomó en el sofá de la sala. Su rostro, normalmente impecable, ahora lucía demacrado.  

—Mejor vete a tu casa a descansar.  

—¡No quiero!  

La nueva casa de Soo-oh, a donde se había mudado, quedaba justo debajo de la de Geonsik. Choi Min vivía al lado, Kang Hyuk arriba y Jaeyoung enfrente. Sin planearlo, todos se habían convertido en vecinos.  

—Dijiste que en mi casa huelen mucho los alimentos y que te cuesta soportarlo.  

—No me importa. Prefiero quedarme aquí.  

Entre problemas con su nueva empresa y su antigua agencia, Soo-oh seguía llevando una vida ocupada y agotadora. Aun así, lucía mucho más animado que antes. Hoy, al tener un día libre por primera vez en mucho tiempo, había llegado a la casa de Geonsik por la mañana y se había instalado allí.  

Y justo cuando Geonsik estaba calentando sopa de miso para el almuerzo, Soo-oh había corrido repentinamente al baño. Con una mano tapándose la boca, como en los dramas, fue una escena tan triste que costaba mirarla.  

—Ay, estás en los huesos. Debería prepararte algún remedio nutritivo.  

Cuando Geonsik se sentó al borde del sofá donde yacía Soo-oh, este estiró con esfuerzo su brazo y tiró de su ropa, arrastrándola hacia sí. Geonsik se deslizó hasta quedar justo a su lado, junto a su cabeza.  

—Jihan…  

Soo-oh giró ligeramente y frotó su frente contra el muslo de Geonsik. Con esa actitud, parecía un gato mimoso, y Geonsik le acarició suavemente el cabello. Su melena azul era suave y agradable al tacto, como la piel de un felino.  

—Me duele todo…  

Con la garganta irritada y el estómago ardiendo después de vomitar hasta por el olor de la comida, Soo-oh se quejaba. Geonsik golpeó ligeramente su propio muslo, y Soo-oh, entendiendo la indirecta, apoyó rápidamente su cabeza allí.  

—Ah, esto está bien…  

Soo-oh, ahora recostado sobre el muslo de Geonsik, lo miró con una sonrisa cansada. Sus pómulos marcados y sus mejillas hundidas eran evidentes. Geonsik las acarició lentamente, sintiendo los huesos bajo la piel delgada, y detuvo su mano de golpe.  

—Esto no es un rostro humano, es el de alguien que ni siquiera puede comer gachas de sangre.  

—¿Gachas de sangre? ¿Eso se hace con sangre? Ugh… solo de pensarlo me dan ganas de vomitar.  

—No lo pienses. Solo descansa.  

Geonsik cubrió los ojos de Soo-oh con su mano, y pronto su respiración se volvió regular.  

—¿Te arde el estómago?  

—Un poco.  

Soo-oh frunció el ceño cuando la mano que le tapaba la luz se apartó, pero al sentir que Geonsik le acariciaba suavemente el vientre, cerró los ojos con calma.  

Geonsik, al palpar ese abdomen delgado, no podía evitar sentirse culpable. Parecía que Soo-oh estaba sufriendo las náuseas que a él le correspondían, y eso le inquietaba.  

«Ya de por sí debería haber subido unos 10 kg, pero en vez de eso, parece haber perdido otros 10». No podía evitar sentir que esto era injusto.  

—Ah, esto está bien… Creo que ya no me duele el estómago.  



RAW HUNTER: DONACION
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN



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