Capítulo 96
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Kayla fue a buscar al Príncipe Heredero William.
—¿Está ocupado?
La sorpresa por la visita inesperada fue breve; el Príncipe Heredero William lo recibió con gusto. Cuando le indicó a Kayla que se sentara, el asistente que estaba organizando los documentos a su lado se retiró discretamente. William se levantó de su lugar y tomó asiento en el sofá principal.
—¿Qué tal te has sentido en el palacio? ¿Tienes alguna incomodidad?
—Estoy muy bien, muchas gracias por preocuparse.
Kayla respondió con cortesía y William agitó la mano con un gesto despreocupado.
—Sería inadmisible tratar de forma descuidada a un príncipe de una nación aliada. Es natural que recibas todo el respeto y los honores.
El énfasis en la relación amistosa entre ambos países llevaba implícito el deseo de mantener ese lazo en el futuro. Kayla sonrió ante las palabras del príncipe, reconociendo su autoridad. Aunque por lo general parecía relajado, en momentos como ese era innegable que William era el príncipe heredero del imperio. Tras intercambiar las formalidades apropiadas, Kayla fue al grano.
—Pronto regresaré a mi país.
—Qué lástima.
La idea de no saber cuándo volvería a verlo hizo que el príncipe heredero ordenará traer algo de licor a través de su chambelán.
—Si no tienes otros compromisos, ¿te tomarías un trago conmigo?
—Por supuesto.
Kayla había reservado tiempo suficiente, así que respondió sin dudar. Mientras traían el licor y los exquisitos platos que llenaban la mesa, ninguno de los dos habló. Kayla observaba los platos con interés, mientras William lo miraba con una expresión enigmática.
Cuando todo estuvo servido y los sirvientes se retiraron, William tomó la botella de licor. Mientras llenaba las copas, finalmente rompió el silencio.
—Me enteré de que le confesaste tus sentimientos a Henry.
—¿Yo lo mencioné?
—No, mis pajaritos me lo contaron.
—Podría al menos fingir que no sabe nada.
Kayla reaccionó con exasperación ante la confesión descarada de que lo había estado espiando. Aunque le molestaba, entendía que su sinceridad indicaba que quería saber más. Resignado, Kayla asintió.
—Sí, me confesé.
William no preguntó por el resultado.
—¿Lo has visto desde entonces?
Kayla negó con la cabeza, mostrando una expresión amarga. Después de confesarle sus sentimientos a Henry, había reflexionado mucho. Recordaba la reacción de Henry, sorprendido y confundido, y cómo había respondido con un “lo siento”, cerrando la puerta a cualquier posibilidad.
—Aunque Henry tiene a Edwin, el tema del linaje también debió ser un problema.
William mencionó la posible razón por la que Kayla no fue correspondido, pero él negó con la cabeza, como si eso no tuviera nada que ver.
—Para mí, el linaje nunca fue un problema.
Su amor por Henry nunca estuvo condicionado por su estatus o su naturaleza. Nunca había deseado que él despertara como alfa, ni se sintió decepcionado porque fuera beta.
Cuando se enteró de que Henry se había manifestado como omega, sintió dolor, pero no porque fuera omega, beta o alfa. Lo que realmente lamentaba era que estuviera vinculado con Edwin. Cada vez que intentaba acercarse a Henry, sentía que Edwin era una barrera inquebrantable.
Por supuesto, para Henry ser omega podría haber sido un obstáculo, pero Kayla intuía que esa no era la verdadera razón. Simplemente, no había lugar para él en el corazón de Henry.
—Entonces, el motivo es Edwin.
—Supongo que sí.
—¿Pero sabes algo? Yo pensaba que Henry seguía enamorado de Edwin, pero resulta que no es así. Lo estuvo evitando y mostrándose molesto con él. Incluso, en algún momento, dejó entrever que no tenía ningún interés.
William habló sobre Henry, a quien había estado observando durante todo el viaje. Aunque había acercado a Edwin con la intención de que se llevaran bien, la reacción de Henry fue más fuerte de lo esperado. Al principio pensó que se trataba sólo de vergüenza, pero con el tiempo comenzó a sospechar que sus sentimientos realmente se habían enfriado.
Y en el momento en que esa sospecha se convirtió en certeza, ocurrió algo inesperado.
—En algún momento, los sentimientos de Edwin empezaron a dirigirse hacia Henry. Si Edwin se hubiera dado cuenta un poco más tarde de lo que sentía, quizás tú habrías tenido una oportunidad.
—¿De verdad lo cree?
—Por supuesto, no soy Henry, así que no puedo darte la respuesta definitiva. Además… a veces una amistad puede durar más que el amor.
—No esperaba que me consolara tanto, gracias.
—Entonces, ¿te marchas con el corazón algo más ligero?
—Hmm…
Kayla, sumido en sus pensamientos, inclinó su copa y bebió lentamente. Aunque Henry la había rechazado aquel día, no había podido dejar atrás esos sentimientos y de forma tonta seguía cargando con ellos hasta ahora.
—Quiero verlo una vez más
Llegó a la conclusión de que aún era demasiado pronto para renunciar por completo.
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Al atardecer, la mansión del Duque Timothy estaba inusualmente animada. Los sirvientes se movían apresuradamente, como si estuvieran organizando un baile. Mientras Henry caminaba lentamente por el pasillo observando todo aquello, Henna apareció a su lado sin que él lo notara.
—Si te mueves tan despacio, ¿cuándo piensas llegar?
Últimamente, Henna había comenzado a acercarse a él con más frecuencia. Aunque solía hacerlo con comentarios punzantes, también daba la impresión de que, en el fondo, solo quería pasar tiempo con su hermano. Henry le revolvió el cabello con suavidad.
—No hay prisa, el destino es el mismo aunque vayamos despacio.
El lugar al que se dirigía no era otro que el salón del segundo piso de la mansión. Esa noche, la familia del Duque de Lorenst había sido invitada a cenar.
—Si eres tan perezoso, ¿cómo piensas hacerte cargo de algo importante?
—No sé qué clase de cosas importantes crees que haré, pero si llega el momento, te pediré ayuda.
Henry no tenía idea de a qué se refería Henna con “algo importante”. Sin embargo, en lugar de preguntarle, simplemente se apoyó en ella con tranquilidad. Henna frunció los labios, molesta.
—Bueno, haz lo que quieras.
Henry pensó que ella rechazaría, pero Henna aceptó sorprendentemente sus palabras. Aquello le hizo sonreír y mientras inclinaba aún más su peso sobre ella, Henna empezó a quejarse.
—¡Pesas mucho, quítate!
Aunque Henna gimió por la carga, Henry no se apartó. Pensaba en las dos personas más temperamentales que conocía: Edwin y Henna. Edwin, aunque era brusco, soltaba comentarios empalagosos sin inmutarse, mientras que Henna, a pesar de su actitud distante, tenía un encanto cálido que la hacía parecer cercana.
—Últimamente, ¿por qué te comportas de una manera tan adorable?
Mientras discutían en el pasillo, empujándose mutuamente, llegaron tarde al salón, más de lo que habían planeado.
—Todo esto es culpa tuya, hermano. Quería entrar con calma y esperar a todos.
Henna miró la hora y se quejó, pero Henry no le dio importancia y tomó asiento en una esquina del salón. Luego, mirándola con seriedad, le preguntó:
—Henna, ¿sabes por qué padre organizó esta reunión?
—No es la primera vez que nuestra familia mantiene relaciones con otros duques. ¿Se necesita una razón?
Henry frunció el ceño, incómodo. Aunque lo que Henna decía tenía sentido, sentía como si algo le oprimiera la garganta, dejándole una sensación incómoda.
—En ocasiones es mejor aceptar las cosas como son, aunque parezcan sospechosas. Pensar demasiado en cosas inútiles no sirve para nada.
Con el consejo de Henna, Henry llegó a la conclusión de que realmente estaba siendo demasiado sensible. Después de todo, siendo las dos únicas familias ducales en el imperio, este tipo de intercambio era comprensible. Aunque era extraño que nunca antes se hubiera dado algo así. Cuando Henna se sentó a su lado, quedaron cinco asientos vacíos alrededor de la enorme mesa: dos para el Duque y la Duquesa Timothy y tres para los miembros de la familia Lorenst.
—¿No decías que no vas a romper el vínculo con Edwin? Entonces, ¿también te vas a casar con él?
—No hay nada decidido.
Como ya había recibido una pregunta similar del Duque Timothy, Henry respondió sin sorprenderse.
—Todavía no hay nada, pero la posibilidad está abierta.
Henna lo miró con asombro, sorprendida por la primera señal de apertura que Henry había mostrado respecto al matrimonio.
—¿Ya han llegado a ese punto?
—Dije que es una posibilidad. No hay nada decidido, así que no te precipites.
Henry cortó en seco a Henna antes de que empezara a sacar conclusiones precipitadas. Sin embargo, Henna habló como si supiera algo que él ignoraba.
—¿De verdad crees que ahí termina todo?
—¿Qué quieres decir?
Henry frunció el ceño, pero antes de que Henna pudiera responderle, la puerta se abrió y las cinco personas que faltaban entraron en fila. Henry y Henna se levantaron de sus asientos para recibirlos. El Duque y la Duquesa Timothy se colocaron al lado de Henry, mientras que los miembros de la familia Lorenst ocuparon los asientos del lado opuesto.
Cuando Henry vio a Edwin frente a él, le saludó con un pequeño gesto de cabeza. Pensó en cómo, durante aquella recepción imperial a la que asistieron por invitación del emperador, también deberían haberse sentado cara a cara como ahora.
—Presentémonos formalmente. Soy Kaizar Timothy.
—Soy Berhen Lorenst.
Con el duque a la cabeza, la Duquesa Lorenst también se presentó, y arrastrado por aquella formalidad, Henry también lo hizo. Aunque tartamudeó un poco, logró presentarse como Henry Timothy. Edwin y Henna hicieron lo mismo, presentándose con naturalidad.
Una vez terminadas las presentaciones, todos tomaron asiento con cortesía. Sin embargo, Henry no pudo evitar sentir que había algo extraño en el ambiente, así que miró a su alrededor con atención.
Normalmente, dado el estatus de los padres, era una reunión formal, pero él y Edwin eran amigos, así que en situaciones privadas solían bromear y hablar con soltura. No obstante, hoy todo era demasiado formal, tanto que incluso habían comenzado con una presentación, como si no se conocieran de antes. Eso fue lo que más inquietó a Henry.
«¿Qué demonios está pasando aquí?»

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.