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Capítulo 91

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

Una vez que Henry anunció que ya habían terminado sus asuntos, Edwin se quedó pegado a su lado. Después de todo, habían compartido un beso apasionado, así que era natural que Edwin quisiera permanecer cerca. Sin embargo, ocurrió algo inesperado.

—Edwin.

Henry lo llamó con un tono algo incómodo. Cuando Edwin se giró hacia él, Henry frunció el ceño y levantó la mano, señalando exactamente lo que le molestaba: la mano que Edwin seguía sujetando sin intención de soltar.

—¿De verdad es necesario que vayamos tomados de la mano? No soy un niño perdido…

La incomodidad de Henry residía justamente en ese gesto. Hasta hacía poco, mientras conversaban en el campo de entrenamiento, ni se le había pasado por la cabeza que Edwin podría comportarse así.

—Nadie va a verte como un niño perdido.

Edwin bajó la mano entrelazada como si intentara aliviar la incomodidad de Henry, pero aún así no la soltó.

—Eso no es lo que quería decir…

Henry no estaba preocupado por lo que los demás pensarían. Simplemente le resultaba raro caminar así de la mano. Incluso los empleados de la familia ducal, que fingían no prestarles atención, no podían evitar echar miradas furtivas a sus manos entrelazadas.

Era como anunciar descaradamente que su relación había cambiado. Sin embargo, Edwin no parecía tener ese tipo de reparo.

—Si te molesta, ¿quieres que haga que todos se vayan?

Y para rematar, Edwin sugirió con frialdad la solución más egoísta de todas: deshacerse de cualquier testigo.

—Mejor no digas nada.

Henry decidió que soportar tomarse de la mano era mejor que discutir con Edwin. Además, quería volver a casa lo antes posible. Cuando aceleró el paso, Edwin lo siguió a la misma velocidad. Henry incluso intentó dejarlo atrás caminando más rápido, pero Edwin, con sus largas piernas, no tenía problema alguno en mantenerse al ritmo. Incluso en esa pequeña revancha, Henry sentía que perdía.

Cuando Henry avistó el carruaje que los esperaba, enviado por indicaciones previas de Edwin, caminó hacia él con evidente alivio. Sin embargo, de repente, sintió un tirón que lo hizo retroceder unos pasos. Edwin lo había retenido.

—¿Qué pasa?

—¿Pretendes irte así nada más?

—Ah, adiós.

«¿Era por haber omitido la despedida?» Nunca habían sido especialmente afectuosos al despedirse, pero esta vez, dada su nueva situación de colaboración y el hecho de que no planeaban romper su vínculo, Henry decidió hacer lo que Edwin quería.

—Pareces un niño.

Edwin observó cómo Henry agitaba la mano y murmuró con tono indiferente. Al percibir que el dulce aroma de las feromonas de Edwin se volvía una mezcla de descontento, Henry supo que sus palabras no eran un cumplido.

—¿Y ahora qué? ¿Qué hice mal?

—El problema es despedirse solo con palabras vacías.

Edwin inclinó la cabeza para mirarlo a los ojos. Era la misma posición que habían adoptado antes, aunque esta vez, por alguna razón, sentía que podía ver aún más profundamente en los ojos de Edwin. 

El problema era que, cuando sus miradas se encontraban en ese ángulo, le resultaba imposible moverse. Justo como ahora, mientras Edwin se acercaba, Henry se encontraba incapaz de moverse, como si su cuerpo estuviera paralizado.

Cuando el rostro de Edwin se acercó tanto que comenzó a volverse borroso, Henry cerró los ojos de manera instintiva. Apenas sintió el suave roce de los labios de Edwin sobre los suyos, una sensación cálida lo invadió. Sin embargo, esa calma fue breve; sintió un repentino y agitado latido en el pecho que lo dejó sin aliento.

Edwin apenas se separó para volver a besarlo cuando Henry, con urgencia, interpuso su mano entre sus bocas.

—Una vez está bien, pero dos ya es demasiado.

Henry miró fijamente a Edwin, como si antes nunca hubiera estado atrapado por su mirada. Además, tenía que dejar claras las cosas: no iba a permitir que Edwin se lanzará a besarle en cualquier momento. Acordaron mantener el vínculo, no convertirse en amantes. ¿Entonces por qué Edwin actuaba con tanta naturalidad al besarlo?

—¿Por qué no lo evitaste antes?

—Porque… te gustaba.

—Creo que también te gustaría ahora.

—¿Tú… piensas que somos pareja o algo así?

Eso lo explicaría, pensó Henry, que Edwin se sintiera tan seguro al acercarse de esa manera. Edwin frunció el ceño, mirando a Henry como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar. Tras un momento de silencio, respondió, señalando lo que le molestaba:

—¿No somos pareja?

—Dijimos que íbamos a intentar mantener el vínculo.

Henry lo dijo con toda la seguridad que pudo reunir. Después de todo, Edwin no había pedido ser su pareja formalmente, y él todavía no había definido sus propios sentimientos hacia Edwin.

—¿Así que quieres seguir todo el protocolo?

Edwin preguntó con incredulidad, como si la idea de tener que seguir pasos y pedir permiso le pareciera absurda. Henry, encogiéndose de hombros, asintió.

—No me parece mala idea.

Henry parecía haberlo meditado seriamente antes de asentir con la cabeza, ignorando la mirada de insatisfacción de Edwin. Henry se plantó firmemente frente a él.

—Podría ser un gesto de consideración, para que el otro no se sienta incómodo. Sí, hagámoslo. Sigamos todo paso a paso.

—¿Estás jugando conmigo?

—¿Quién jugaría con un beso? Bueno, me voy.

Aprovechando el momento de desconcierto de Edwin, Henry se deslizó rápidamente hacia su carruaje. El cochero, que había estado observando la escena como una sombra, hizo partir el carruaje con presteza, como si quisiera proteger a su joven amo. Una vez seguro y recostado en el respaldo del asiento, Henry exhaló profundamente.

—¿Paso a paso, en serio?

Rememorando la conversación con Edwin, Henry soltó una risa irónica. Todo aquello sonaba ridículo. Había decidido mantener el vínculo tras descubrir los sentimientos de Edwin. Por eso, aunque repentino, no rechazó el beso y se permitió disfrutar de su dulce feromona.

«Entonces, ¿por qué había fingido ignorar sus sentimientos y alejarlo después?»

—¿Por qué mi corazón late así?

Keep: No lo sé, tú dime.

«Era su culpa.» El simple roce de labios con Edwin, casi como una despedida, había hecho que el corazón de Henry se sacudiera violentamente.

—¿Realmente me gusta Edwin?

Henry llevó una mano a su pecho, sintiendo los latidos acelerados. Se había preocupado tanto por los sentimientos de Edwin que no había prestado suficiente atención a los suyos.

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

Si lo pensaba de manera simple y dicotómica, sus sentimientos hacia Edwin no eran complicados. Podría decir que, ya que no lo odiaba, le gustaba. Pero, por supuesto, no era así de sencillo; la vida no funcionaba de esa manera.

Para empezar, Henry sentía muchas cosas hacia Edwin, quien era una figura fría y calculadora que alguna vez dejó morir al antiguo “Henry”, pero también alguien que había sufrido mucho por su culpa. Originalmente, estaban destinados a ser enemigos por la naturaleza de su relación en la historia. Sin embargo, las cosas habían cambiado; Henry ya no era el mismo personaje del relato original.

Debía dejar de ver a Edwin a través del prisma de la historia original y empezar a observar desde su propia experiencia y perspectiva actual.

—El ajuste no ha cambiado desde que volvió de su viaje. Puedo confeccionar más ropa con las mismas medidas—comentó el diseñador.

Las palabras trajeron de vuelta a Henry al presente. Se encontraba en la sastrería, de pie, con los brazos extendidos mientras el diseñador tomaba sus medidas.

Había estado pensando en Edwin, así que le tomó un momento procesar lo que el diseñador le decía. Finalmente, asintió; con las medidas ya tomadas, no tenía razón para seguir ahí de pie.

Henry miró su reflejo en el espejo, vestido con ropa adornada con demasiadas capas de encaje. Había venido para encargar ropa nueva, hastiado del exceso de adornos. Aunque la última vez que visitó el lugar fue para conseguir ropa de viaje, esa ya no le servía.

—Quiero treinta trajes de diario. No, mejor cien.

El diseñador, con expresión seria, sacó su libreta—¿Tiene algún requisito especial?—preguntó. Henry asintió con indiferencia.

—Quita el encaje o al menos minimizarlo. No me importa un poco de adorno, pero no quiero nada exagerado. Que sea cómodo, pero elegante. Puedes usar más colores, excepto el negro… y no estaría mal algo de sofisticación.

Ese último comentario estaba dirigido hacia alguien en especial, una forma de asegurarse de que luciría bien para quien lo viera. El diseñador, resignado, anotó cada detalle.

—Tómate el tiempo necesario y envía cada pieza a la mansión cuando esté lista. Prefiero tenerlas cuanto antes.

—¿Cuándo desea que empiece a enviarlas?

—Sería ideal que el primer conjunto estuviera listo para mañana.

No era una petición imposible, así que el diseñador aceptó y se retiró. Con el encargo hecho, Henry se sentó a descansar en un sofá. Recordó que la última vez que estuvo allí, se encontró con Edwin por casualidad.

—Seguro que Edwin pensó que lo seguía en aquel entonces.

Solo había llegado por recomendación, buscando la sastrería más grande de la ciudad. Mientras pensaba en esa escena, una sombra se cierne sobre él.

Alguien vestido de negro, sin adornos, pero cuya imponente presencia hacía que la ropa simple luciera increíblemente bien. Aunque no necesitaba ver su rostro, Henry ya sabía quién era; una leve exhalación se escapó de sus labios.

Cuando levantó la vista, Edwin, como si hubiera estado esperando ese momento, habló:

—Vaya, pasaba por aquí y vi esta sastrería. Pensé en encargar algo de ropa nueva, pero no esperaba encontrarte aquí.

La explicación era innecesariamente formal y rebuscada. Henry le respondió con frialdad:

—Eres muy obvio.

Solo di que viniste a verme.



TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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