Extra 19
Luicen se dejó llevar por la voz impregnada de deseo de Carlton. Carlton, sonriendo, movió los dedos con decisión. Sus dedos gruesos entraban y salían del orificio blando. Cuando ese agujero, tan rosado como el miembro de Luicen, se pegó a sus dedos, a Carlton le resultó casi imposible contenerse. El interior se cerraba con tal fuerza sobre sus dedos que le daba vértigo y unas ganas inmensas de enterrarse allí de una vez. Sin embargo, se contuvo y siguió empujando con calma contra las paredes internas, preparándolo poco a poco.
—Mmh…
En algún momento, Luicen empezó a gemir como si se quejara. Su miembro, que había estado flácido, se levantó de nuevo, firme. Un extraño calor que nacía desde su interior lo confundía. Por un lado, deseaba que todo terminara rápido, pero por otro, quería sentir esa intensidad durante más tiempo.
—Hazlo ya…
Ante su súplica impaciente, Carlton no pudo resistir más y le abrió las piernas. Sabía que sería difícil por ser la primera vez, pero quería ver la expresión de Luicen en el momento de la penetración, así que insistió en hacerlo en la posición del misionero. Tomó su miembro y lo llevó hasta la entrada; el leve movimiento del orificio le hizo estremecerse solo de sentirlo rozar su glande. Cuando empujó con firmeza, las paredes internas se abrieron y empezaron a tragarlo.
—Ugh…
Luicen apretó los labios al sentir cómo su interior se estiraba hasta el límite. El volumen que lo llenaba desde abajo aumentaba tanto que le costaba respirar.
«¿Por qué acepté hacer esto?» Se arrepintió, pero el miembro de Carlton siguió entrando sin detenerse.
Para Carlton tampoco fue fácil. Las paredes internas de Luicen lo apretaban con una fuerza asombrosa.
—Relaja el cuerpo.
—Ahhng, no sé cómo…
Carlton pensó que sería mejor moverse por cuenta propia que darle instrucciones, así que empujó con fuerza hacia arriba. Lo sacó ligeramente y luego volvió a embestir, golpeando una y otra vez distintos puntos del interior. En uno de esos movimientos, algo cambió en la reacción de Luicen.
—¡Ngh!
Luicen gimió y su orificio se contrajo de golpe. Carlton no dejó pasar el momento y volvió a empujar en ese mismo lugar con insistencia.
—¡Ahhng! ¡Haa! ¡Ah!
Cada vez que el miembro de Carlton se hundía dentro de él, una oleada de estremecimientos recorría el cuerpo de Luicen. Era un placer distinto al de cuando lo tocaban por fuera, uno que nacía desde lo más profundo y golpeaba directo al cerebro. Cuando Carlton se retiraba, el grueso glande rozaba las paredes internas, dejando una sensación de vacío mezclada con un escalofrío. Tanto sentirse lleno como el momento en que lo sacaban eran igual de placenteros. Aunque pensaba que no podría soportar más, su cuerpo pedía aún más intensidad.
Luicen, sin darse cuenta, empezó a mover las caderas, acompasando sus movimientos con los de Carlton. Cada vez que Carlton embestía, él alzaba la pelvis para recibirlo más profundamente, y cuando salía, aflojaba el cuerpo para facilitarle el paso.
—Tsk… Qué provocativo eres.
Era difícil entender cómo alguien como Luicen había llegado tan lejos sin perder la virginidad. Era terriblemente vulnerable al placer. Carlton le besó los labios. Su lengua gruesa invadió la boca de Luicen, revolviéndolo todo sin piedad. Lo tenía completamente a su merced, tanto arriba como abajo. El sonido húmedo y pegajoso no cesaba.
—¡Ah… ngh, ahh!
Luicen dejaba escapar gemidos entrecortados, como pequeños gritos. Cada vez se acercaba más al clímax, y mientras eso ocurría, sus paredes internas se volvían más estrechas, apretando con más ansias el miembro de Carlton. Era como si su interior intentara exprimirlo por completo. Carlton sujetó sus caderas y comenzó a embestirlo más rápido, con fuerza.
—¡Ah… aaah!
La mente de Luicen se puso completamente en blanco. Era como si subiera al cielo en un segundo y, al mismo tiempo, cayera al vacío sin control. Su cuerpo se retorció y su semen brotó desde la punta de su miembro. En el momento en que Luicen eyaculó, su interior vibró intensamente. Esa contracción fue tan fuerte que Carlton tampoco pudo contenerse por más tiempo.
—Ngh…
Carlton empujó su miembro aún más profundo dentro de él. Moviendo las caderas con pequeñas embestidas, liberó su semen. Luicen, tras terminar, soltó una respiración entrecortada. Carlton lo cubrió con otro beso. Mientras se intercambiaban el aliento, sus labios se fundieron en un beso profundo.
Carlton besó el cuerpo de Luicen y acarició su trasero con la mano. Estaba suavemente redondeado, encajaba perfectamente en su palma.
—Mmh…
Luicen se estremeció. El solo contacto ya hacía que su cuerpo volviera a tensarse. Su miembro se alzaba otra vez, sin vergüenza alguna. Carlton volteó el cuerpo de Luicen y lo hizo quedar boca abajo.
—¿…?
Luicen no entendía lo que pasaba, pero Carlton separó sus nalgas y vio el agujero enrojecido, sucio con los restos de semen blanco que se desbordaban alrededor. Ese lugar, que parecía invitarlo de nuevo, se abría y cerraba como si lo llamara. Sin dudarlo, Carlton dirigió su ya erecto miembro hacia allí y lo enterró otra vez.
—Mmh…
Como era la segunda vez, el cuerpo de Luicen aceptó sin dificultad el miembro de Carlton. Carlton lo sostuvo de las caderas y comenzó a mover la pelvis con embestidas pequeñas. La escena desde atrás era espectacular. Su piel blanca se había teñido de rojo, y cada vez que Carlton se movía, la espalda delgada de Luicen temblaba ligeramente. El modo en que sus nalgas se aferraban estrechamente al miembro de Carlton, sin querer soltarlo, era increíblemente erótico.
Mientras disfrutaba de esa imagen, de pronto Carlton retiró su miembro. Luicen lo miró por encima del hombro, visiblemente molesto. Carlton, conteniendo la risa, lo levantó y lo acomodó sobre su propio cuerpo, haciéndolo sentarse frente a él.
—¿…?
Luicen no entendía qué pasaba. Carlton, sin decir una palabra, le separó las nalgas y volvió a introducirse. Con el peso empujando desde arriba, su miembro se hundió aún más profundamente.
—¡Mmh!
El movimiento rápido de entrar y salir lo hizo gemir. Carlton empujó unas cuantas veces más y luego se detuvo por completo.
—¿Y ahora por qué te detienes…?
Luicen lo miró con una expresión entre queja y súplica. Su orificio se contraía levemente, como si expresara su inconformidad apretando y soltando el miembro de Carlton.
—Muévete tú mismo.
—¿Yo…? Ngh… ¿cómo…?
Carlton movió suavemente la cadera, provocándolo como si lo tentara. Aunque el placer sutil que sentía con esas pequeñas ondas era agradable, ya no le bastaba. Quería algo más intenso.
—Mmh…
Finalmente, Luicen intentó imitar los movimientos de Carlton. Empezó a mover la pelvis hacia adelante y atrás, agitando las caderas. Aunque el ritmo era lento y la coordinación desastrosa, ver a Luicen esforzándose entre gemidos era suficiente para que Carlton se sintiera satisfecho. Esa expresión de frustración por no lograrlo como quería también era demasiado provocativa.
—Haa… hng…
Moverse por sí mismo era completamente diferente a solo recibir. Cuando Carlton lo dominaba, era como ser arrastrado por un placer arrollador que golpeaba en el punto justo. Pero al moverse él mismo, Luicen comenzaba a descubrir una sensación de control, de tener la iniciativa.
—Mmh… ngh… haa… ah…
Luicen cerró los ojos, gimiendo mientras movía la cadera. Carlton estaba fascinado. ¿Cómo podía alguien que estaba experimentando el sexo por primera vez jugar con su miembro de esa forma tan provocativa? Al mismo tiempo, una punzada de celos surgió en su interior.
—No te olvides de mí, Luicen.
Carlton levantó la cadera con fuerza.
—¡Ahhh! —Luicen soltó un gemido agudo y entrecortado.
—El sexo es cosa de dos. ¿Lo entiendes?
Usó esa palabra de forma deliberadamente explícita para corregirlo. Luicen, con el rostro completamente enrojecido, asintió sin saber bien qué responder. El placer que lo invadía desde abajo lo hacía sentir como si fuera a perder la conciencia, y eso le dio miedo.
—Tómeme… la mano, por favor. Ngh… ¡ah! Ugh…!
Luicen le rogó a Carlton. Este le colocó los brazos alrededor del cuello y, sin dudarlo, tomó uno de sus pezones con la boca. Mientras lo lamía y mordía, seguía embistiendo desde abajo. Luicen sintió una sensación de euforia indescriptible. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la pequeña cabaña con un PLAF PLAF constante.
—¡Ahhng! Aaah… ngh…!
Los gemidos de Luicen se hicieron cada vez más intensos. Carlton notó que Luicen estaba a punto de llegar al clímax y lo penetró con más fuerza, con movimientos más profundos.
—¡Ah… ngh!
El miembro de Luicen expulsó su semen. Su cuerpo se estremecía por el placer que lo atravesaba por completo, y al mismo tiempo, Carlton también llegó al límite y eyaculó dentro de él.
—Haa… haa…
Luicen, exhausto, se dejó caer sobre Carlton. Este le mordió suavemente el hombro y le pasó la lengua por la nuca. Luego, acarició su espalda extendida con la palma de la mano, provocando que el cuerpo de Luicen temblara una vez más. Estaba claro que aún podía seguir. El miembro de Carlton volvió a endurecerse.
La noche en el bosque era larga. Durante toda esa extensa noche, los sonidos lujuriosos no dejaron de resonar en la pequeña cabaña escondida entre los árboles.

TRADUCCION:KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY