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Capítulo 124

En ese momento, Morrison salió rápidamente de la mansión.   

Era urgente descubrir la verdad detrás del “ritual” del que Carlton había hablado. Aunque aún no sabía de qué se trataba, tenía la intuición de que un ritual que ocupaba el palacio real y se preparaba en secreto no podía ser algo trivial.

Todavía estaba vivo el adorador del demonio capturado en la propiedad del Conde Bolton. Morrison lo había traído vivo a la capital y lo había escondido en un lugar secreto en las afueras de la ciudad. Preguntarle a él sobre el ritual sería la forma más segura de obtener información.

Mientras apresuraba sus pasos, de repente, un viento sopló con fuerza. Morrison se detuvo y miró en la dirección de donde venía el viento.

En un rincón del jardín de la mansión, había un pequeño bosque, no lo suficientemente grande para ser llamado bosque, pero con árboles bastante grandes y frondosos. De repente, Morrison cambió de dirección y se dirigió hacia allí.

Aunque era pleno día, el lugar estaba oscuro debido a la densa sombra de los árboles, y se sentía fresco.

—No, esto no es por los árboles.

Morrison notó que había algo más que hacía que el lugar se sintiera aún más oscuro y frío.

Un Caballero de la Muerte.

Allí estaba, una figura completamente negra montada en un caballo igualmente oscuro, como si estuvieran hechos de sombras.

Mientras Morrison pensaba en que hacer puso su mano en su mazo y se acercó al Caballero de la Muerte.

¡CRACK!

Una pequeña rama se rompió bajo el pie de Morrison. El Caballero de la Muerte lo miró. Dentro del yelmo, donde debería haber una cabeza, no había nada. No se podía ver su expresión ni hacia dónde miraba. Morrison, tenso, levantó su mazo.

—Siempre te veo cerca del Duque, ¿Es casualidad?

Era una pregunta para ganar tiempo, no esperaba una respuesta. Pero si obtenía alguna reacción, sería mejor.

El caballero de la muerte era un oponente al que solo alguien como Carlton podría enfrentarse en igualdad de condiciones. Para Morrison solo, sería una batalla difícil. 

«¿Debería llamar a refuerzos?» Mientras pensaba en una forma de ganar, la reacción del Caballero de la Muerte fue inesperada.

[…]

El Caballero de la Muerte lo miró fijamente y, de repente, desapareció. Como si el viento lo hubiera dispersado como humo.

—¿Huyó?

Morrison se quedó en guardia por un tiempo, pensando que tal vez el Caballero de la Muerte intentaría emboscarlo, pero no volvió a aparecer. El resultado fue desalentador, después de haberse preparado para morir.

Cuando el Caballero de la Muerte desapareció, el área se iluminó un poco, como si una nube negra se hubiera dispersado. Aunque todavía hacía frío, ya no se sentía ese escalofrío helado.

Morrison se paró justo donde había estado el Caballero de la Muerte.

—¿Qué estaba haciendo aquí?

Miró en la dirección en la que el Caballero de la Muerte había estado mirando y vio una ventana con cortinas amarillas. Aunque no podía ver el interior, por la ubicación, era fácil deducir que era la habitación de Luicen.

El Caballero de la Muerte había estado observando en secreto su ventana.

—Ahora que lo pienso, el Duque dijo algo extraño antes de ir al palacio real.

Una noche, el Caballero de la Muerte apareció de repente, lo observó y luego desapareció, pero Luicen sintió que de alguna manera lo había ayudado.

El Caballero de la Muerte era un monstruo. El odio y la violencia hacia los humanos eran sus características distintivas. Además, el Caballero de la Muerte había sido creado por los adoradores del demonio y estaba bajo su control. Que simplemente observara a Luicen en silencio, o que lo ayudara, era algo que no debería ser posible.

—¿Entonces lo que vio el Duque no fue una ilusión?

Si era así, significaba que el Caballero de la Muerte tenía la inteligencia y la libertad para actuar de manera que pudiera ayudar a alguien. ¿Los adoradores de demonios no lo controlaban por completo?

Morrison recordó lo que había investigado sobre el Caballero de la Muerte. Era un monstruo que solo existía en las leyendas. Los únicos registros disponibles eran las leyendas.

En las leyendas, el Caballero de la Muerte, aunque se había convertido en un monstruo, conservaba la apariencia de un caballero que había tenido en vida. Aunque tenía la violencia de un monstruo, también poseía cierta racionalidad y conciencia, y podía comunicarse.

—Si él todavía tiene los recuerdos y la conciencia de su vida anterior… .

Morrison no conocía a Ruger. Solo se habían cruzado unas pocas veces, y siempre en breves combates. Pero sabía que el corazón de Ruger estaba dirigido hacia Luicen. Incluso en esos breves encuentros, podía sentir la intensa pasión que albergaba.

Si el Caballero de la Muerte seguía rondando a Luicen debido a ese amor, ¿sería posible que aún conservara un alma humana?

¿Debía tratar al Caballero de la Muerte como un monstruo que debía ser eliminado, o como un pecador que debía ser juzgado? Esta era una pregunta crucial para Morrison, como clérigo.

Si su alma aún existía, entonces aún tenía la oportunidad de arrepentirse ante los pies de Dios. Y el Caballero de la Muerte era el arma más poderosa de los adoradores del demonio. Neutralizarlo sería de gran ayuda.

—Debería haber intentado hablar más con él.

Aunque lo dejó ir, sentía que tendría otra oportunidad de encontrarse con él. El mundo siempre estaba lleno de luz brillante, lo que significaba la presencia de Dios. Su Dios lo guiaría en la dirección correcta.

Morrison guardó en su corazón la imagen del Caballero de la Muerte que había visto hoy y apresuró sus pasos. Tenía muchas cosas que hacer.

Al día siguiente, por la mañana. Luicen reunió a los funcionarios de la casa ducal en su oficina. Desde el subadministrador hasta los caballeros, y los vasallos que habían sido prisioneros y luego liberados, un buen número de personas se reunieron.

—Nos ha reunido a todos, ¿Ha ocurrido algo grave? —preguntó el subadministrador.

—Si es grave, entonces sí. Les he llamado porque hay algo que deben saber.

—Entonces, ¿Por qué está él aquí?

Uno de los caballeros señaló a Carlton, quien estaba de pie justo al lado derecho de Luicen, como un guardaespaldas. El caballero que habló, junto con algunos otros, fruncieron el ceño en señal de acuerdo. Entre los que habían participado en la guerra civil, todavía había quienes se sentían incómodos con Carlton, quien había actuado en el bando enemigo.

—El señor Carlton también es necesario para este asunto. Y es mi benefactor, así que elige tus palabras con cuidado.

Luicen reprendió severamente al caballero, mientras por debajo de la mesa, le acariciaba brevemente el dorso de la mano a Carlton. Era frustrante no poder consolarlo adecuadamente, ya que tenían que ocultar su relación a los funcionarios.

—Será difícil de creer, pero es algo que he visto y experimentado personalmente, así que espero que me escuchen hasta el final.

Hasta ahora, había mantenido en secreto los detalles sobre los adoradores del demonio para evitar el pánico. Aunque el subadministrador y otros podían intuir algo, había quienes no sabían nada, por lo que era necesario explicarlo.

Luicen comenzó a hablar con calma sobre los adoradores del demonio.

Desde el primer ataque de Ruger hasta el reciente descubrimiento en el palacio real de que el Conde Dublés era el cerebro detrás de todo. Fue una larga historia, pero nadie interrumpió a Luicen, todos escucharon atentamente hasta que terminó su relato y bebió un sorbo de té que ya se había enfriado. Mientras recuperaba el aliento, miró brevemente a Carlton, quien le respondió con una sonrisa de aprobación.

—Ahora entiendo por qué las acciones del primer príncipe eran tan extrañas.

—Una religión herética… Es increíble… .

Las reacciones de las personas variaban. Algunos murmuraban incrédulos, mientras que otros asentían con la cabeza, como si algo tuviera sentido.

—Después de escuchar al Duque, ahora entiendo muchas cosas. Las acciones del Duque y la situación reciente a nuestro alrededor.

El subadministrador también asentía.

—Pero tengo una pregunta. ¿Por qué el Conde Dublés está detrás del Duque?

—Es cierto. El Conde Dublés … No teníamos una mala relación con la casa del Conde.

Luicen también se había preguntado eso.

—Parece que el Conde tiene algún rencor hacia mí.

No se le ocurría nada en particular, pero había vivido de manera tan desordenada que podía haber ofendido a alguien sin recordarlo.

—El Duque ha hecho muchas cosas que podrían generar resentimiento, pero… Hmm… .

El subadministrador también frunció el ceño, sumido en sus pensamientos. Los demás también recordaron las acciones pasadas de Luicen.

Pero Carlton, que había estado callado todo el tiempo, intervino.

—No entiendo por qué todos piensan que el problema está en el Duque.

—¿Entonces?

—¿No lo recuerdas? El adorador del demonio que estaba en la biblioteca dijo que el Conde originalmente quería vengarse de alguien que había muerto por una plaga décadas atrás.

—Ah… Es cierto, lo dijo. Ahora que lo pienso… .

Al escuchar la observación de Carlton, Luicen recordó de repente la conversación que había tenido con el Conde Dublés en la habitación de la reina. Para Luicen, había sido una conversación sin importancia, pero el Conde había estallado en ira. Y entonces dijo algo.

—De tal palo, tal astilla … Cuando le pregunté si era un cumplido, dijo que no.

En ese contexto, sacar a relucir a su padre no tenía sentido.

—Entonces, el que generó el resentimiento fue el padre del Duque. Al sacar a relucir al anterior Duque mientras se enfurecía, estaba siendo sarcástico.

—¿Es eso?

—Pero el anterior Duque no era alguien que generará ese tipo de resentimiento. Pero es cierto que murió por la plaga.

El subadministrador asintió con la cabeza.

—Es cierto. Todos decían que mi padre era amado.

—En mi opinión, el Duque Luicen Agnes no es alguien que generaría resentimiento en alguien tan malvado como el Conde Dublés.

Carlton lo dijo sin rodeos.

Los funcionarios de la casa ducal siempre hablaban de lo ideal que había sido su padre como señor, y de cuánto lo admiraban y amaban. En esas historias, su padre siempre era una persona perfecta, y Luicen sentía que, sin importar lo que hiciera, nunca podría igualarlo. Siempre se había sentido inferior, incapaz de estar a la altura de su padre.

Incluso en la capital, muchas personas hablaban de su padre cuando lo veían. Y sabía que, a sus espaldas, se burlaban de él por no ser ni la sombra de su padre.

Por eso, las palabras de Carlton resonaron profundamente en el corazón de Luicen.



TRADUCCION: MORADITO
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY


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