Capítulo 110
El subadministrador no era tan descortés como para preguntarle directamente a su señor: “¿Quién eres tú?”.
—¿Tiene algún plan en mente?
—Hmm, intimidación y persuasión… Tráiganme al Sir Boros aquí de manera discreta, sin que la gente lo note.
Mientras escuchaba la respuesta absurda, el subadministrador recordó instantáneamente el contenido de la carta llena de tonterías del administrador principal. Había dicho que, incluso si Luicen decía algo extraño, debían seguirlo porque tenía un plan bien pensado.
—…Entendido.
El subadministrador respondió con incomodidad. No era tanto por la confianza en Luicen, sino por la creencia de que el respetado administrador principal debía tener alguna razón para insistir tanto. Además, no se le ocurría ninguna otra forma de resolver la situación.
—Calmaré a la gente de la mansión y traeré al Sir Boros en el momento adecuado.
El subadministrador se despidió y salió de la habitación. Aunque frunció el ceño al ver a los caballeros reales merodeando por la mansión como si fuera su hogar, siguió las órdenes de Luicen. Aunque seguía las instrucciones porque no tenía otra opción, eso le producía una sensación extraña.
Mientras esperaba que el subadministrador trajera a Sir Boros, Luicen apretó las manos con nerviosismo.
{ —Yo soy Luicen Agnes. Soy el Duque Agnes. Soy excelente. Nuestra familia no ha caído y tenemos una base sólida. ¡Soy el peor gamberro de la capital!}
Luicen recordó su pasado. Aunque su arrogancia le hacía sonrojar, ahora necesitaba esa actitud. Al mismo tiempo, recordó cómo Carlton negociaba con habilidad, la sabiduría del peregrino manco y la calma del administrador principal.
Todas las personas impresionantes que podía recordar vinieron a su mente, imaginando una y otra vez cómo debía tratar al Sir Boros. Gracias a ese esfuerzo, Luicen adoptó una mirada intensa y una postura arrogante,en ese momento Sir Boros entró en la habitación.
—¿Me llamó?
Luicen hizo un gesto con el dedo. Se acercó a Sir Boros y le pidió al subadministrador que saliera. Cuando la puerta se cerró, solo quedaron Luicen y Sir Boros.
El oponente era un caballero bien entrenado. Luicen no era rival para él. Así que actuó con toda la arrogancia que pudo, mirando a Sir Boros desde arriba. No era fácil mirar con desdén a alguien de pie, pero recordó sus días de déspota y lo logró.
Sir Boros se estremeció ligeramente. Su actitud arrogante y noble era similar a la de antes, pero se sentía algo diferente. Antes, parecía estar lleno de complejos de inferioridad, pero ahora mostraba una confianza sólida.
«¿Es arrogancia o tiene algo más en lo que confiar?»
La actitud de Luicen hizo que Sir Boros se volviera más cauteloso.
—Pensé que eras una persona inteligente, ¿no pensaste en las consecuencias?
El significado era claro: después de que todo esto pasara, si la casa ducal de Agnes recuperaba su antiguo poder, ¿cómo enfrentaría la venganza por el resentimiento de ahora?
—No entiendo a qué se refiere.
Sir Boros evitó la pregunta, pero no pudo ocultar el ceño fruncido. Para Luicen, Sir Boros era del tipo que pensaba rápidamente en su propia seguridad. En la corte llena de intrigas, no era fácil llegar a ser el capitán de los caballeros con simples tácticas y astucia.
Luicen sintió que la intimidación estaba funcionando.
—¿Crees que soy solo otro noble cualquiera?
—…
—Yo soy Luicen Agnes. El único dueño de la casa ducal de Agnes. El protector de los campos dorados y uno de los cuatro grandes señores de este país. Gobierno a los señores menores y llevó la sagrada tarea de la muerte del rey y la coronación del nuevo rey.
Aunque le daba vergüenza alardear de sí mismo, Luicen actuó con toda la arrogancia posible. Sabía que su linaje y posición lo respaldaban, y que esa actitud lo hacía parecer más imponente. Luicen había aprendido por las malas cuán poderoso era su estatus.
—Tú también has estado en la corte durante mucho tiempo, así que lo sabes bien. ¿Crees que el Príncipe seguirá siendo mi enemigo? Incluso si ahora me hostiga, ¿Crees que eso continuará? He oído que el Conde Dublés está ganando influencia.
—…
—¿Pero crees que una casa tan antigua como la mía caerá tan fácilmente? Al final, el Príncipe y yo nos reconciliaremos. La administración del reino sería imposible sin el trigo de las vastas llanuras del sur.
Por supuesto, si el Príncipe era aliado de los adoradores del demonio o quería eliminar a Luicen y establecer un nuevo señor en el sur, las cosas podrían salir mal, pero no mencionó esos detalles. Sir Boros no lo sabría de todos modos. En cambio, clavó una cuña en el pecho de Sir Boros.
—Si el Príncipe y yo nos reconciliamos, ¿Qué crees que pasará contigo? No olvidaré la humillación de hoy. El precio por pisar mi mansión no se pagará solo con tu cabeza. Así que no dejaré a tu familia en paz.
—Eso… solo seguí las órdenes del Príncipe, quien actúa en nombre de Su Majestad.
—Sí, pero no puedo desquitarme con el Príncipe, ¿verdad? Él también lo haría. Si puede ganarse mi favor sacrificándote a ti y a tu familia, lo hará sin dudarlo.
Sir Boros pensó que, entre la casa de un gran señor y un capitán de caballeros, la elección era obvia. Su rostro se distorsionó. Desesperadamente, trató de imaginar la posibilidad de que la casa ducal de Agnes superará este período, se recuperará y estableciera una relación amistosa con el Príncipe. Si la casa ducal lo decidía y el Príncipe guardaba silencio, él y su familia serían barridos fácilmente.
«Puedo escuchar el sonido de su mente trabajando»
Luicen observó con calma a Sir Boros. En realidad, estaba muy ansioso y quería decir algo más, pero recordó que Carlton habría mantenido la calma en ese momento, así que se contuvo. Quien tiene mucho que perder se debilita fácilmente. Sir Boros no era una excepción, y finalmente no tuvo más remedio que rendirse.
—…¿Cree que quería hacer esto, Duque?
—¿No querías hacerlo? Parecías bastante arrogante cuando irrumpiste por primera vez.
—Eso fue porque había muchos ojos observando. No somos desconocidos, y no quería ser tan descortés. Pero el Príncipe fue demasiado severo, no tuve otra opción.
Sir Boros dejó de lado su actitud arrogante y comenzó a quejarse.
—¿Por qué el Príncipe actúa así?
—No lo sé. No solía ser así… Últimamente se ha vuelto un poco extraño… Ah, por favor, ignore eso.
El Príncipe se había vuelto extraño. Luicen guardó esa información importante en un rincón de su mente y comenzó a calmar a Sir Boros. Había usado el látigo, ahora era momento de ofrecer una zanahoria. Carlton le había dicho que presionar demasiado no era bueno.
—Sí, son órdenes de arriba, ¿Qué puedes hacer? Solo estás cumpliendo con tu deber como caballero, debe ser difícil para ti.
—Sí, realmente lo es.
—Tienes que cuidar tu reputación, así que me quedaré quieto por unos días.
—Gracias, Duque.
—Pero tú también debes ceder un poco. No dejes que los caballeros entren en la mansión. Hace mucho que no estoy en casa y no puedo estar tranquilo.
Al ver que Luicen cedía tanto, Sir Boros no pudo negarse. La casa ducal de Agnes no había caído, y ganarse su enemistad no era bueno. Ya habían invadido la mansión, así que al menos debía cumplir con la solicitud para mantener una relación cordial en el futuro.
—… Entonces retiraré a los caballeros del interior de la mansión. Sin embargo, debo informar al Príncipe sobre sus actividades y las personas que entran y salen. Me han ordenado priorizar la vigilancia y el control… Le pido su comprensión.
—Está bien. No hay nada que hacer al respecto. No somos extraños, no seamos demasiado estrictos.
Así que la vigilancia y el control eran el objetivo principal. Nunca hubiera creído que el primer Príncipe tuviera un lado tan siniestro.
Aunque estaba un poco molesto, Luicen sonrió con indulgencia.
Luego, Luicen siguió adulando y calmando a Sir Boros antes de despedirlo. No sin antes aumentar la intimidad con conversaciones personales, preguntando por su padre y su hijo.
Aunque trató de no mostrarlo, estaba extremadamente tenso, y después de que Sir Boros se fue, Luicen quedó completamente exhausto. Pero el esfuerzo había valido la pena.
Esa noche, Sir Boros retiró a todos los caballeros de la mansión. Aunque dejó formalmente un caballero en cada piso, siguiendo sus indicaciones se mantuvieron en sus lugares como estatuas, sin interferir.
Gracias a que el subadministrador manejó bien la situación, la gente de la mansión se calmó y, al saber que Luicen había hecho que los caballeros se retiraran, su resentimiento disminuyó. En cambio, Luicen recibió miradas curiosas, lo que lo hizo sentir incómodo.
Y esa noche. Gracias a la vigilancia más laxa de Sir Boros y los caballeros, pudieron traer a un invitado muy importante escondido en un carro de provisiones a la mansión.
El invitado era el mensajero enviado por el comandante, que debía llegar por la noche, pero era alguien completamente inesperado.
—¡Hace mucho tiempo, Duque! ¿Me recuerda? Soy el asistente del capitán. El subcomandante del escuadrón de mercenarios de Carlton.
El subcomandante del escuadrón de mercenarios de Carlton y asistente de Carlton saludó alegremente a Luicen.
—¡Por supuesto que te recuerdo!
Luicen también lo recibió con alegría. Su apariencia ruda seguía igual, pero como era subordinado de Carlton, sentía una extraña familiaridad y simpatía.
—¿Qué pasó? ¿Has estado en el castillo ducal todo este tiempo?
Al escuchar la historia, resultó que así era. Cuando Carlton era malentendido como un secuestrador, algunos de sus subordinados fueron arrestados y mientras esperaban reunirse con él. Fueron trasladados al castillo ducal y, después de aclarar el malentendido, ayudaron en los asuntos del ducado mientras reunían a sus compañeros. Luicen había enviado noticias al castillo ducal cuando se unió al grupo del gran señor del este, y el asistente de Carlton se ofreció como mensajero para ir a la capital con la esperanza de reunirse con Carlton.
—Vaya, los caballeros están por todas partes. Usted es bueno siendo capturado, Duque. Por cierto, ¿Dónde está nuestro capitán? ¡Vine corriendo sin descanso para verlo!
El asistente de Carlton preguntó con entusiasmo. No dudaba ni por un momento que Carlton estaría allí, se veía lleno de alegría por el reencuentro.
Luicen, quien tenía que arruinar esa alegría, se sintió incómodo.
«Carlton… no está aquí… Si solo hubiera llegado antes…»
Luicen miró con pena al asistente de Carlton.

TRADUCCION: MORADITO
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY