Capítulo 98
Carlton saltó desde el árbol hasta la terraza. Al aparecer alguien de repente, Luicen levantó la cabeza, sobresaltado. Con el ceño fruncido, como un gato lleno de desconfianza, al reconocer a Carlton, esbozó una sonrisa alegre.
Carlton pensó «Maldición». Había estado evitando encontrarse con Luicen, pero, ante lo absurdo de la situación, terminó acercándose sin querer.
«¿No habrá notado que lo estaba siguiendo?»
Sintiéndose culpable, Carlton adoptó un tono más brusco de lo habitual.
—¿Qué está haciendo aquí?
—Las preguntas pueden esperar. ¿No me ayudas? Estoy empezando a cansarme —Luicen hizo un gesto suplicante, con los brazos temblorosos como los de un cervatillo recién nacido.
«Con esto, ¿cómo puedo apartar la vista?»
Carlton respiró hondo mentalmente. Si hubiera regresado un poco más tarde, ¿qué habría pasado? Aun así, se plantó frente a Luicen.
—Déme su brazo.
Tomó el brazo de Luicen y lo rodeó alrededor de su cuello, subiendo a la barandilla y levantándolo con facilidad. Luego, saltó a la terraza vecina como si cruzara un pequeño charco.
Una vez que aterrizó con seguridad, dejó a Luicen en el suelo. Sin embargo, Luicen no soltó su agarre; se levantó de puntillas y lo abrazó con todas sus fuerzas.
—Ya puede soltarme.
Luicen negó con la cabeza. Sus mejillas suaves y su cabello sedoso rozaron la nuca de Carlton. Ante ese cariño inesperado, el corazón de Carlton se ablandó. Era alguien que había anhelado, incluso teniéndolo frente a él. Luicen, abrazado contra él, estaba cálido, encajando perfectamente en el frío cuerpo de Carlton.
—¿Qué le pasa? ¿Ocurrió algo malo adentro? —preguntó Carlton, con una voz mucho más suave.
Luicen sintió un nudo en la garganta.
«Cuando lo busqué, no aparecía, pero ahora que decidí concentrarme en otra cosa, aparece. Y además, como un héroe en el momento crítico. ¿No es esto hacer trampa?»
Lo abrazó con más fuerza. Aunque había salido a la terraza con otro propósito, no quería separarse de Carlton ahora que por fin lo tenía cerca. Junto con la alegría, una inexplicable melancolía lo invadió.
—Si te suelto, ¿desaparecerás de nuevo?
—No. ¿Por qué lo haría?
—Me has estado evitando.
—Eso no es cierto.
—Entonces, ¿dónde has estado todo el día? ¿Sabes cuánto te he buscado?
Carlton lo sabía. Lo había observado todo el tiempo. Aun así, preguntó:
—¿Me buscó? ¿Por qué?
Aunque sabía que su pregunta era mezquina, quería escucharlo de la boca de Luicen.
—Porque te fuiste así de repente anoche. ¿Pasó algo? ¿El Gran Lord del Este te dijo algo? ¿Sabes cuánto me preocupé?
—Eso… no es algo que deba preocuparle a Su Gracia.
—¿Por qué dices cosas que hieren así?
«¿Es que ya no quiere ocuparse de mí?» Luicen, irritado, se separó y lo miró fijamente. Estuvo a punto de agarrarlo del cuello, pero la expresión de Carlton era más sombría de lo que imaginaba.
—Su Gracia ya no necesita a alguien como yo, ¿verdad? Tiene caballeros, sirvientes…
—Eso no es cierto.
Luicen tomó suavemente el rostro de Carlton entre sus manos. Carlton cubrió las muñecas de Luicen con sus propias manos, pero no lo apartó. Ver a ese hombre, usualmente feroz y lleno de confianza, ahora tan vulnerable, le partió el corazón.
—¿Por qué te comparas con los demás? Eres especial para mí. Ya te lo he dicho antes.
—No estoy seguro.
Era una respuesta casi negativa. Aunque Luicen había dicho algo bueno, Carlton parecía herido, como la noche anterior. Frustrado, Luicen lo observó en silencio. Entonces, Carlton finalmente habló:
—Anoche me dijo que regresaría a su ducado. Que yo me quedaría en la capital. Habló de nuestra separación como algo natural. ¿De verdad soy alguien especial para usted?
—¿Eh?
Solo entonces Luicen comprendió el malentendido. Él creía que Carlton estaba preocupado por establecerse en la capital después de su regreso, y sus palabras habían sido una promesa de evitar que viviera la misma tragedia que antes.
Pero Carlton estaba preocupado por su futuro juntos. Su pregunta no era sobre planes personales, sino sobre su relación. Desde esa perspectiva, la respuesta de Luicen había sido terrible.
Era como si, en una relación amorosa, uno preguntara ¿Seguiremos juntos? y el otro respondiera con una sonrisa ¡No, por supuesto que nos separaremos!. ¡Y luego invitarle a beber!
«¿No es eso ser un completo idiota? Y encima, ese idiota fui yo»
—¡No era ese mi significado! —se apresuró a negar Luicen—. Solo quería lo mejor para ti. No entendí lo que realmente me preguntabas. Tú sabes que no soy tan perspicaz como tú. Si no eres directo, no lo entenderé…
Su voz se quebró al final, casi al borde del llanto. Carlton sintió que quizás él había sido el equivocado. Tal vez su pregunta había sido demasiado compleja para alguien como Luicen.
—Entonces, esta vez seré claro —dijo Carlton, reuniendo valor—. ¿Cree que un futuro juntos es posible?
Luicen dudó.
«Si voy al palacio una o dos veces al año, y no hay garantía de que él esté en la capital…»
En el mejor de los casos, se verían una vez al año. Si las cosas salían mal, podrían pasar años sin encontrarse. ¿Y si Carlton lo seguía? No podía aceptarlo como caballero de su ducado, ni otorgarle tierras o títulos. Eso solo lo podía hacer el rey.
Por otro lado, si Carlton permanecía leal al Primer Príncipe, tendría oportunidades de ascender. Con su talento, incluso podría convertirse en Gran General.
A menos que recibiera un título y tierras cerca del Ducado de Agnes… pero eso parecía imposible ahora.
«Al final, si cada uno elige lo mejor para sí, terminaremos separados»
—Aun así, no quiero separarme de ti —murmuró Luicen, apoyando la cabeza en el pecho de Carlton.
En contraste, Carlton sonrió radiante.
«No quería separarse de mí. No me menospreciaba»
El solo hecho de que Luicen deseara estar con él lo hizo olvidar los obstáculos. Feliz, Carlton besó sus mejillas repetidamente. Luicen lo miró como si estuviera loco.
—Esto es serio.
—Eso me hace feliz.
Luicen parpadeó, confundido, y luego suspiró.
—A veces no te entiendo en absoluto.
—A veces yo tampoco me entiendo.
—Bueno…
Luicen recordó las enseñanzas del Santo sobre la importancia de la comunicación.
—En fin… lo pensaré más. Cuando lleguemos a la capital, me quedaré un tiempo. Hay asuntos pendientes, como los adoradores de demonios y sus cómplices.
—Sí.
—No te ignoraré allí. Todos son mis subordinados, así que no tendré que ser tan cauteloso.
Para tranquilizarlo, Luicen lo besó. Con cada contacto de sus labios, el malentendido se disipó.
Mientras lo abrazaba, Carlton preguntó:
—Por cierto, ¿qué intentabas hacer saltando entre terrazas?
—¡Ah, cierto!
Se había olvidado por la aparición de Carlton.
—Intentaba escapar del banquete sin que me vieran. El Barón Bothton me parece sospechoso, quería investigar.
Luicen siempre llamaba la atención. Si salía del banquete, alguien lo notaría. Por eso había ido a la terraza, planeando saltar a la siguiente y esconderse detrás de un pilar para salir por el pasillo de los sirvientes.
—Sí, es algo sospechoso —admitió Carlton, quien también había notado el comportamiento extraño del conde.
—¿Ves? No es solo eso.
Luicen lo había observado toda la noche. Al principio, el conde solo adulaba a los Grandes Lords, pero luego un noble se acercó al notar el interés de Luicen.
—¿Ese que se te acercó antes?
—Sí. ¿Cómo lo sabías?
—…¿Y luego? —desvió Carlton rápidamente.
Afortunadamente, Luicen no sospechó y continuó:
—Exacto. No sé qué tramará, pero no es normal.

TRADUCCION: LILI
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY