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Capítulo 67

«¿Siguiéndonos? Estás bromeando, ¿verdad?» Ante la mirada suspicaz de Luicen, Carlton sacudió ligeramente la cabeza.   

«¿Realmente nos siguen?» Luicen intentó mirar hacia atrás pero fue bloqueado por la mano de Carlton.

—Sigue mirando hacia delante y sígueme la corriente con naturalidad.

Carlton avanzó con naturalidad, escogió algo de un puesto y pagó por ello. Luicen siguió sus pasos instintivamente, pero sentía el cuerpo rígido como un bloque de madera. Si no fuera por su ropa holgada, la persona que les seguía ya habría notado algo extraño.

Incapaz de aguantar más, Carlton pasó un brazo por encima del hombro de Luicen. Sorprendentemente, a Luicen le resultó más cómodo.

Carlton se mantuvo atento a la presencia detrás de ellos. Varió deliberadamente la velocidad de su marcha para calibrar al perseguidor. Los pasos vacilantes e irregulares sugerían que la persona no era experta en seguirlos.

«No es la gran cosa».

De repente, Carlton aceleró el paso y dobló una esquina. Empujó a Luicen contra la pared y también se apretó contra ella. Entonces, cuando el hombre se precipitó tras ellos, Carlton le hizo tropezar. Al mismo tiempo, agarró al hombre por el brazo, lo doblo hacia atrás y lo inmovilizó con un rodillazo en la columna.

—¡Agh!

En un instante, el hombre que les seguía fue sometido. Este forcejeó, pero Carlton no se movió, sino que presionó aún más fuerte.

—¡¿Por-por qué haces esto?!

—¿Por qué? Ésa es mi pregunta. ¿Por qué nos estabas siguiendo?

—¡¿Si-siguiéndolos?! ¡Agh, suéltame el brazo primero…!

El hombre se agitó en señal de negación. Carlton le golpeó en la nuca como advertencia de que no se hiciera el tonto. Luicen estudió detenidamente la cara de dolor del hombre.

«Uh… ¿Este tipo?»

Su cara le resultaba familiar. ¿Cuándo lo había visto antes? Luicen no tardó en recordar.

Este era el hombre que, en la vida pasada de Luicen, le había comprado un billete de barco cuando estaba llorando después de haber sido estafado. Después de huir, Luicen sólo se había enfrentado al desprecio y la indiferencia; la amabilidad de este hombre había sido la primera que había recibido, dejándole una impresión duradera. El rostro de aquel recuerdo se superponía con el del hombre que Carlton agarraba. Sin duda era la misma persona.

«Creo que entonces dijo que era comerciante…»

En cualquier caso, era el tipo de persona que ayudaría a un extraño. Luisen pensó que podría haber algún malentendido.

—Espera. Escuchémosle.

Luicen detuvo a Carlton por el momento. Carlton siguió desconfiando, pero soltó al hombre. Presintiendo su oportunidad, el hombre se puso en pie y se apresuró a hablar.

—Soy Morrison, un mercader afiliado a la Compañía Comercial Nakatan. No los estaba siguiendo, sólo necesitaba hablar con ustedes.

—Entonces, ¿por qué no te acercas a nosotros en lugar de andar a hurtadillas? 

Carlton lo regañó. El mercader Morrison enrojeció de vergüenza.

—Bueno… Parecía que lo estaban pasando tan bien que no quería interrumpir…

—¿Un buen momento?

—El ambiente no parecía el adecuado. Digo, estaban caminando así, abrazados. Cualquiera pensaría que era una cita… ¡Ack!

Carlton, nervioso, clavó su rodilla en el costado de Morrison.

«¿Ambiente? ¿Buen momento?» Luicen había sido arrastrado de un lado a otro por Carlton, que apenas le seguía el ritmo; ¿dónde estaba exactamente el buen momento? No tenía ni idea de cómo Morrison se había llevado esa impresión. Parecía un tipo decente, pero completamente despistado. Aunque desconcertado, Luicen decidió escucharle; al fin y al cabo, aquel hombre le había ayudado una vez.

—¿De qué querías hablar?

—Los vi antes en el gremio de mercenarios. Han matado un número increíble de monstruos, deben de ser muy hábiles. Me gustaría solicitar sus servicios como escoltas de nuestra compañía.

Morrison explicó que era la persona encargada en el norte. Al oír rumores de una guerra inminente en el sur, había ido allí con la esperanza de sacar provecho, pero tuvo poco éxito. Ahora, cuando se preparaba para regresar, el mercenario que escoltaba a su compañía en Mytil habían enfermado de una grave intoxicación alimentaria.

Había rescindido el contrato y necesitaba contratar nuevos mercenarios. Por casualidad, había visto a Luicen y Carlton en el gremio e inmediatamente decidió reclutarlos.

Era habitual que la gente buscara mercenarios de confianza en privado, sobre todo cuando necesitaban luchadores cualificados.

—Necesitamos protección desde el momento en que abordemos el barco hasta que lleguemos a la ciudad portuaria más cercana después de desembarcar. He oído que los monstruos han estado rampantes cerca de esa zona últimamente.

Morrison se ofreció a proporcionarlo todo, incluido el pago adecuado, el transporte, la comida y el alojamiento a bordo del barco.

—¿Cuándo parten?

—Es un poco pronto, esta noche.

—Ah, eso es poco tiempo.

Si tenían que marcharse esta noche, tendrían que hacer las maletas y partir inmediatamente, pero la indemnización parecía demasiado baja para tan poco tiempo. Los mercenarios cualificados no aceptarían una paga tan escasa, por lo que sólo quedarían disponibles los mediocres. Morrison probablemente tampoco quería contratar a esos tipos, lo que explicaba por qué había estado tan desesperado como para seguirlos después de verlos en el gremio. Además, tener a un peregrino en su grupo hacía que ellos fueran más dignos de confianza que los mercenarios normales.

Teniendo eso en cuenta, su razón para seguirlos tenía sentido.

Luicen y Carlton intercambiaron miradas.

—¿Qué te parece?

—Si definitivamente es un mercader, debería estar bien. Podemos verificar los detalles con el gremio.

La oferta de embarcar esta noche era increíblemente tentadora para Luicen y Carlton.

Justo después de salir del gremio y antes de llegar al distrito comercial, ambos habían ido al puerto para comprobar si había pasaje. El barco que salía esta noche ya estaba completo, y el siguiente no zarparía hasta dentro de dos días, debido a la reducción de las salidas por las secuelas de la guerra.

Habían mirado otro barco de pasajeros que salía mañana por la mañana, pero era un transatlántico de lujo preferido por los nobles, lo que no era una opción ideal. Incluso habían estado discutiendo si debían probar en otra ciudad portuaria o colarse en el barco que salía esta noche.

«Esta oferta es exactamente lo que necesitamos».

Que les pagaran por viajar por la misma ruta que necesitaban era perfecto. Además, dado que este hombre había ayudado una vez a Luicen, se inclinaba a considerar favorablemente la propuesta. Si algo parecía sospechoso, siempre podían declinarla.

—Verificaremos las cosas con el gremio y nos pondremos en contacto con usted.

—Sí, por favor. Pero agradecería una respuesta rápida. La situación es urgente…

Una vez concluidos sus asuntos, Morrison se apresuró a marcharse, alegando una agenda muy apretada. No hubo tiempo para disculparse por haberle golpeado contra el suelo antes. Hablaba muy bien, pero Luicen pensó que en realidad podría tenerle miedo a Carlton.

Pensándolo bien, debían de haber causado una buena impresión en el gremio.

—¿He sido demasiado duro?

Carlton desvió la mirada como un perro que se porto mal.

***

Tras comprobarlo con el gremio de mercenarios, resultó que la afiliación y las circunstancias de Morrison eran exactamente las que había descrito. Aunque Luicen no lo sabía, su empresa comercial era bastante conocida. El gremio confirmó que eran dignos de confianza.

Los dos informaron a Morrison a través del gremio de que aceptarían la petición. Luego se dirigieron a la posada que habían explorado antes para lavarse y descansar brevemente. Como Carlton ya había comprado con ilusión todas las provisiones necesarias, no tuvieron ningún problema en prepararse para embarcar inmediatamente.

Cuando el sol empezó a ponerse, Luicen y Carlton se dirigieron a un restaurante de renombre para cenar antes de embarcar. La comida en el barco sería predecible. Luisen tenía la determinación de disfrutar de una buena comida antes de eso.

En cuanto se sentaron, Carlton dijo.

—Llenen toda esta mesa de comida.

Era una mesa espaciosa para cuatro personas. ¿De verdad pretendía llenarla entera? Por un momento, Luicen vio un halo brillando a espaldas de Carlton. 

«¿Y qué si es un loco por la sangre? Al menos gana dinero para comprarme comida deliciosa». Mientras Luicen lo miraba con admiración, Carlton hinchó el pecho con jactancia.

—¿Ves? Tal vez exagerar al cazar monstruos valió la pena después de todo.

—Sí. Sí, lo fue.

Luicen asintió sutilmente y levantó el pulgar. Carlton sonrió satisfecho.

Pronto llegaron los platos hasta cubrir por completo la gran mesa. Fiel a su reputación, cada plato estaba cuidadosamente preparado y era delicioso. El pan estaba suave y húmedo; las costillas de cerdo sazonadas estaban crujientes y sabrosas. El bistec, asado hasta quedar crujiente como si estuviera quemado por fuera, era excepcional. Luicen devoró la comida con avidez, ya que hacía tiempo que no disfrutaba de algo así.

¿Cuánto hacía que no comía bien? Durante el viaje a Mytil, sólo había comido raciones en conserva compradas a Confosse. Aunque era mejor que masticar raíces de cueva crudas, la comida en conserva era intrínsecamente insípida. Los guisos ocasionales en las posadas del camino sabían a comida de cerdo.

Con una costilla de cerdo en la mano, la devoro de un bocado y lo acompaño con tragos de cerveza. Su rostro se iluminó de alegría y sus hombros temblaron de placer.

Carlton sorbió su cerveza con una sonrisa de satisfacción. Ver a Luicen comer con una precisión tan apasionada, disfrutando sinceramente de cada bocado, era tan entrañable como fascinante.

Si le gusta tanto, ¿cómo podría no comprárselo todo? Carlton sintió un orgullo distinto del que sentía cuando compraba sus propios artículos. Por primera vez comprendió a sus antiguos camaradas, que habían trabajado sin descanso para mantener a sus familias.

—Te manchaste.

Carlton limpió suavemente con una servilleta la salsa que le había quedado en la mejilla. Solo entonces, Luicen, que había estado completamente absorto en la comida, notó la presencia de Carlton. Sus ojos se entrecerraron sonriendo, como si estuviera viendo algo adorable.

«¿Eh?»

Luicen parpadeó, aún sosteniendo una costilla entre las manos.

—Sigue comiendo. Si quieres más, pedimos más, ¿vale?

—Ah, no…

«¿Qué pasa? ¿Por qué me mira así?»

Pero la duda de Luicen no duró mucho. Su mente, que había estado cautivada por la comida, volvió a la realidad cuando escuchó las voces de la mesa contigua. Allí, estaban teniendo una conversación muy interesante.

—Dicen que ha aparecido un mago.

Mago.

Para encontrar al peregrino manco cuyo nombre y edad desconocía, Luicen necesitaba un mago. Pero estos no seguían las reglas del mundo común, y no eran fáciles de encontrar. ¿Acaso había uno aquí, ahora mismo?



TRADUCCION: ARIETTY
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY


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