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Capítulo 32

—A partir de hoy, bajaré a la plaza para repartir esta Anciana Subterránea y mostrarles a los aldeanos cómo se come.

Era un método que el rey había usado en el pasado y que había demostrado ser efectivo. Luicen planeaba seguir la misma estrategia probada.    

—Además del registro de los antepasados, si el Duque mismo se involucra…

—¿Estará bien que el Señor baje a la aldea cada vez? La seguridad del Señor es lo más importante.

—Lo intenté ayer y pareció estar bien.

—Es una idea que vale la pena intentar. Los aldeanos estarán convencidos. Además, la situación lo exige.

—Exacto, exacto.

Una vez que se aceptó que la Anciana Subterránea era comestible, los sirvientes rápidamente propusieron un plan para utilizarla.

«Los sirvientes de la casa ducal son realmente competentes.»

A Luicen le encantó cómo, una vez que se abría la puerta, ellos mismos tomaban la iniciativa. Luicen sonrió con satisfacción al administrador.

«Luicen también es el protector de los Campos de Oro. Es igual que los antiguos Duques.»

Aunque Luicen atribuyó el éxito a los logros de sus antepasados y a la competencia del administrador, este último no estaba del todo de acuerdo. Si Luicen hubiera sido el mismo alborotador de antes, los sirvientes no habrían seguido sus órdenes, sin importar los registros ancestrales.

Pero Luicen había demostrado su determinación al enfrentarse a Carlton, prever la plaga de langostas y esforzarse por proteger a los aldeanos. Por eso, los sirvientes evaluaron positivamente su propuesta. La confianza en Luicen se había ido construyendo poco a poco.

«¿Cuándo se volvió tan admirable?»

Aunque encontrar la Anciana Subterránea fue sorprendente, lo que más conmovió al administrador fue ver a Luicen trabajar día y noche por el bien de los aldeanos. Con una sonrisa de orgullo, el administrador levantó discretamente el pulgar bajo la mesa.

***

La comida terminó, y Luicen llamó a algunos sirvientes para que cavaran más Ancianas Subterráneas. Mientras esperaba, tuvo algo de tiempo libre y salió al patio delantero del castillo con Ruger.

Los sirvientes iban y venían, muy ocupados. Luicen miró alrededor, buscando algo en lo que ayudar, y encontró sacos de harina que necesitaban ser cargados en un carro.

—Vamos a llevar esto juntos.

Ante la propuesta de Luicen, Ruger puso una expresión de preocupación.

—Ah, Duque. Mejor entremos al castillo. ¿Por qué tenemos que cargar esto? Dejemos que los sirvientes lo hagan.

—Cállate. Tenemos que hacer algo. Agarra ese lado.

—Pero, ¿por qué buscarnos problemas…?

Ellis: ya cierra el hocico prra y ponte a chambear 

Ruger refunfuñó mientras agarraba el otro extremo del saco de harina. Luicen también se arremangó y tomó el otro lado. En ese momento, un mayordomo apareció corriendo.

—¡Oh, no! Señor, deje que los sirvientes hagan este tipo de trabajo pesado.

—Puedo hacer esto.

—¡No, Señor! ¡Podría lastimarse! ¡Ruger, tú! ¿Cómo se te ocurre dejar que el Señor haga esto? ¡Eres el asistente principal! —El mayordomo gritó a Ruger con una voz que contrastaba completamente con el tono suave que usaba con Luicen. Ruger se defendió, sintiéndose injustamente acusado.

—¡Fue el Duque quien me lo pidió!

—Aun así, ¡deberías haberlo detenido! Señor, descanse aquí. Voy a llevarme a este muchacho para darle una lección.

El mayordomo, que nunca había aprobado del todo a Ruger por haber sido traído de fuera, aprovechó la oportunidad para llevárselo. Luicen, ahora solo, intentó seguir cargando el saco de harina, pero los sirvientes se lo quitaron de las manos, obligándolo a irse a otro lado.

Luicen vagó por el castillo. Miró aquí y allá, pero todos lo enviaban de vuelta, diciéndole que descansara y no hiciera trabajos pesados. Intentó tomar un hacha para cortar leña, pero los sirvientes lo detuvieron con súplicas casi desesperadas. Finalmente, Luicen se rindió y se dirigió a un rincón, apoyándose contra la pared.

«Ah, esta sensación. Hacía mucho que no la sentía.»

Luicen era tratado con tanto cuidado que parecía una gota de rocío a punto de estallar.

Un trato tan excesivo que parecía que incluso respirar por él.

Era una sobreprotección demasiado familiar.

Luicen se sumergió en la nostalgia. Así era antes. No sabían cuán mimado y consentido había crecido. Como el único heredero de la casa ducal, y dado que solía caerse con frecuencia, entendía la preocupación de los sirvientes.

«Pero… ¡no me lastimaré por cargar un saco de harina! ¡Soy bueno cortando leña!»

Si Luicen hubiera sido realmente débil, no habría disfrutado de su vida de alboroto en la capital. Beber y asistir a fiestas todos los días no era algo que alguien sin una salud robusta pudiera hacer.

Durante su tiempo como vagabundo. Había trabajado en el campo, seguido a los leñadores y hecho todo tipo de trabajos duros. Había dormido en las frías calles en invierno y, en resumen, había vivido de esa manera. Fue entonces cuando se dio cuenta.

«No soy débil, ¡simplemente no soy hábil con mi cuerpo!»

Ser físicamente débil y ser torpe eran dos cosas completamente diferentes. ¡Todos lo trataban como si fuera frágil, y terminó creyendo que realmente lo era!

«Aunque lo agradezco… ¿no es un poco excesivo tratarme como si fuera de cristal a esta edad?»

No era un niño de seis años, sino un adulto. Era bastante vergonzoso que lo mimaran tanto.

Mientras se frotaba la cabeza para calmarse, sintió una intensa mirada en la nuca. Al girarse, vio a Carlton parado al otro lado de la ventana.

Carlton lo miraba con desaprobación, con los brazos cruzados.

— Ca-Carlton. ¿Desde cuándo estás ahí?

—Desde que le quitaron el hacha a Su Gracia.

¡Había visto todo ese momento embarazoso! El rostro de Luicen se enrojeció. Para un hombre hecho a sí mismo como Carlton, debía parecer un niño mimado.

—¿No es demasiado grosero? Su Gracia solo intentaba ayudar. ¿Cómo lo echan por cortar leña?

—Bueno… soy el único heredero de la casa ducal…

—¡No lo entenderías! ¡Debo parecer un tonto! —Aunque la sobreprotección venía de los demás, la vergüenza era toda suya. Luicen balbuceó una excusa.

No se imaginaba el malentendido que sus palabras causarían en Carlton. Carlton interpretó las palabras de Luicen a su manera.

«El único heredero de la casa ducal… Sin nadie que lo proteja, lo trataron como un tonto.»

Carlton había estado observando a Luicen por más tiempo del que este se dio cuenta. Había visto cómo lo rechazaban en cada esquina del castillo.

Luicen no era un niño ni un enfermo. Era un adulto físicamente saludable. Tratar a alguien capaz de hacer lo que quisiera como un tonto era ridículo. ¿Por qué lo echaban por cortar leña, algo que hacía bien? Para Carlton, parecía que estaban ignorando la voluntad de Luicen. Si alguien lo hubiera tratado así, habría respondido con los puños.

Al observarlo, parecía que la gente del castillo trataba a Luicen como un niño inútil. Luicen parecía acostumbrado a ese trato. Era evidente cómo lo habían tratado en el castillo. La sospecha que había surgido la noche anterior cobró más fuerza.

A medida que Luicen crecía, el poder naturalmente recaería en él. Los sirvientes que no querían perder su poder solo tenían una opción: asegurarse de que Luicen nunca gobernara adecuadamente. No lo educaron correctamente y lo mantuvieron alejado de los asuntos del territorio. Cuando Luicen creció, lo enviaron a la capital.

Allí, Luicen conoció a la Reina y al segundo Príncipe, sus parientes. Ellos lo trataron con amabilidad, buscando usarlo, y Luicen, criado en soledad, no pudo rechazarlos.

Con esa perspicacia y visión, era comprensible que Luicen hubiera apoyado fervientemente al segundo Príncipe. No le importó arrastrar su territorio a la guerra, porque ellos eran su único apoyo.

Luego, cuando regresó al territorio, Luicen intentó involucrarse en los asuntos. Pero los sirvientes no lo permitieron. Se opusieron a cada idea de Luicen y sabotearon cada movimiento suyo.

«Entonces, no tuvo más opción que arriesgar su vida cruzando el bosque para rendirse al enemigo.»

Cuando Luicen intentó imponer su voluntad y escapar de su control, los sirvientes recurrieron a la huelga. Pero cuando Luicen lo hizo mejor de lo esperado y surgió una gran crisis, tuvieron que detenerse.

«Sí. Todo tiene sentido ahora.»

La elección desesperada de arriesgar su vida, intentar resolver las cosas solo sin la ayuda de los sirvientes. Y las acciones contradictorias de Luicen.

Al encajar la hipótesis de que Luicen había sido descuidado o incluso maltratado, todas las preguntas se resolvieron como si se hubiera tirado de un hilo.

Carlton miró a Luicen. Sus ojos rojos parecían a punto de llorar.

«Ah, por eso todo parecía tan extraño.»

Carlton estaba completamente convencido. Detrás de la apariencia perfecta y noble de Luicen, había un pasado doloroso. Recordó cómo Luicen había cavado la Anciana Subterránea en secreto, tratando de ser útil. Para él, debía ser un alimento ligado a recuerdos dolorosos.

Sin saberlo, Carlton lo había atormentado, creyendo que era solo otro noble mimado. Sintió una punzada de remordimiento.

—¿Fue bien lo que intentabas hacer? —Carlton preguntó con un tono ligeramente más amable, mostrando interés.



TRADUCCION: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ARIETTY


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