Capítulo 4
Pasó casi una semana antes de que Josh volviera a reunirse con el equipo. Durante ese tiempo, pasó momentos con su familia, hizo compras para Pete y se preparó para el nuevo trabajo.
La casa, después de tanto tiempo, estaba hecha un desastre. Parecía que todo el vecindario había estado esperando su regreso para pedirle que arreglara cosas en el interior. Pasó los días reparando aquí y allá, martillando sin parar. Además, tuvo que cortar el césped que había crecido a su antojo, podar las ramas de los árboles, discutir amistosamente con Emma y, en más de una ocasión, ahuyentar a algún coyote que rondaba por ahí. Para cuando se dio cuenta, las vacaciones habían terminado.
Aunque pasó todo el tiempo con Pete, cuando llegó el momento de separarse, sintió un nudo en el pecho. Como siempre que Josh iba a trabajar, el niño se agarró a sus piernas, llorando desconsoladamente.
—Daddy, daddy.
Con el corazón afligido, Josh lo levantó en brazos. Le dio unas suaves palmaditas en la espalda y Pete comenzó a hipar. Normalmente, aunque se separaban por la mañana, podían verse de nuevo por la tarde. Pero esta vez era diferente. Como el trabajo implicaba turnos rotativos, había la posibilidad de que no pudieran verse durante más de diez días.
Pensar que no sabría exactamente cuándo volverían a encontrarse hacía que le costara despegar los pies del suelo. Con Pete en brazos, Josh intentó consolarlo, pero aun así pasaron casi treinta minutos sin que lograra despedirse.
—Josh, llegarás tarde. Debes irte ya.
Su madre, que los observaba, extendió los brazos para recibir al niño. Con el corazón encogido, Josh aceptó la realidad de que ya no podía postergarlo. Lo abrazó con fuerza una última vez antes de entregárselo a su madre. Pete empezó a gritar y a patalear de inmediato, llorando mientras extendía los brazos hacia su padre.
Dejando atrás el llanto de su hijo, Josh se metió rápidamente en el coche y arrancó, alejándose lo más rápido posible. Sentía que el corazón se le rompía en mil pedazos, y las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos.
♥♥♥
—Sí, es lo más difícil del mundo.
Cuando finalmente se unió al grupo que ya estaba desayunando en el restaurante, Mark asintió comprensivamente. Él ya era padre de tres hijos.
—Menos mal que el mayor ya ha crecido bastante. Cuando los tres eran bebés, era imposible despegarse de ellos. Janet lo pasó realmente mal.
Por la naturaleza de su trabajo, había ocasiones en que se separaba de su familia durante meses, así que cualquiera que tuviera hijos entendía perfectamente el sentimiento. Por otro lado, Isaac y Henry, que aún eran solteros, masticaban sus panqueques de manera casi mecánica, sin mostrar mucho interés. Seth, que llevaba años conviviendo con su pareja, tampoco reaccionó demasiado.
—Gracias por el café.
Como ya había desayunado, Josh solo pidió una bebida. La camarera sonrió amablemente antes de regresar, y cuando volvió, sacó un montón de crema barata de su bolsillo y la dejó sobre la mesa con una sonrisa insinuante antes de alejarse.
—Deberías ponerte un anillo, maldito embaucador. —Henry soltó el comentario sin miramientos.
Josh solo sonrió con ironía. Isaac, que estaba empapando sus panqueques en jarabe de arce, cortó un gran trozo y se lo metió en la boca antes de preguntar.
—Ya es hora de hablar del trabajo.
Todos los ojos se volvieron hacia Mark al mismo tiempo. Él miró a su alrededor con cautela. El restaurante estaba casi vacío porque ya había pasado la hora del desayuno. Los empleados estaban agrupados en una esquina, charlando animadamente. Solo después de asegurarse de que nadie escuchaba, Mark comenzó a hablar.
—Hace aproximadamente un mes recibimos un aviso. C sobre K.
C significaba Chase y K hacía referencia a secuestro. Para evitar filtraciones de información cuando el cliente era una celebridad o alguien de alto perfil, el equipo usaba abreviaciones específicas. No había duda de que Chase Miller era un objetivo de seguridad de máxima prioridad. La razón por la que lo identificaban con la letra C no solo era porque era la inicial de su nombre, sino también por otro motivo:
C de “Crazy” (loco).
—El FBI está investigando el caso, pero aún no han encontrado pistas claras. Tampoco se ha identificado al informante. Por ahora, tienen algunos sospechosos en la lista…
—¿Es una cuestión de enemistad? —preguntó Isaac de repente, interrumpiendo a Mark.
De inmediato, Henry, sentado a su lado, lo fulminó con la mirada.
—¿Tienes cerebro o solo lo llevas de adorno? Si fuera un asunto de enemistad, no podrías identificar a nadie en particular. Todo el que conoce a ese imbécil querría matarlo.
Era cierto. La sola existencia de Chase Miller provocaba resentimiento, y tener una breve conversación con él era suficiente para convertir el desprecio en un deseo de hacerle daño. Nadie en la mesa refutó la afirmación de Henry. Incluso Josh se limitó a tomar un sorbo de su café sin decir nada.
Isaac pareció comprender la situación y cerró la boca, aunque su expresión era de incomodidad. No era para menos. A pesar de los años que llevaba trabajando con Henry, nunca lograba acostumbrarse a su manera brusca de hablar.
Mark, carraspeando para aclararse la garganta, continuó hablando.
—Por lo que sospechan, podría ser obra de algún grupo de fanáticos religiosos, una organización criminal de gran escala o incluso de algunos de sus fanáticos obsesivos. Aunque también podría ser una combinación de todos.
Era lógico pensar en un culto religioso, ya que a menudo cometían actos extremos. También era común que los fanáticos hicieran locuras. Pero lo que no tenía mucho sentido era la segunda opción.
—¿Una organización criminal? ¿Por qué?
Seth, anticipándose a la duda de Josh, hizo la pregunta. Mark respondió con tono irónico.
—¿Por qué más sería? Por dinero, obviamente.
A Josh le vino a la mente el exorbitante salario de Chase, así como los inmensos activos de la familia Miller, pero Mark dijo algo inesperado.
—¿Sabes a cuánto se vende el esperma de un Alfa dominante?
—¿El esperma?
Sin darse cuenta, Josh soltó la pregunta en voz alta, y Mark asintió mirándolo.
—Sí, todos quieren tener un hijo de un Alfa dominante.
Un escalofrío recorrió la espalda de Josh, y el rostro de Pete apareció en su mente de manera inevitable. Para ocultar su repentina palidez, se apresuró a tomar otro sorbo de café. Mientras tanto, Mark continuó explicando.
—Dicen que si consigues el esperma de un Alfa dominante, podrías vivir cómodamente durante tres generaciones. Así de valioso es. Y si encima es el esperma de C, imagina cuánto más se cotizaría.
—Pero… se supone que los Alfas dominantes pueden controlar su fertilidad, ¿no? Incluso si lo forzaran, no podrían obligarlo a reproducirse.
—Normalmente sí, por eso es tan valioso.
Seth señaló el problema, pero Mark respondió con calma.
—Aun así, no es imposible. Todos saben qué sucede cuando un Alfa dominante no libera sus feromonas durante un tiempo.
—Se vuelven locos.
Josh respondió de manera casi automática, y Mark asintió.
—Solo necesitan encerrarlo y dejarlo allí durante unos días. Cuando pierden la razón, ya no pueden controlar su fertilidad.
Nadie dijo nada. Las feromonas de un Alfa dominante eran la fuente de su poder, lo que les otorgaba su posición de élite y su capacidad de dominar. Sin embargo, si se acumulaban en su cuerpo durante demasiado tiempo, se convertían en un veneno que atacaba su propio organismo. Por eso siempre necesitaban liberarlas regularmente, lo que hacía que su aroma distintivo estuviera siempre presente a su alrededor.
Sin embargo, esa liberación solo retrasaba temporalmente la acumulación de toxinas. La solución más efectiva y directa era el sexo. Esa era la razón por la cual el comportamiento promiscuo de los Alfas dominantes se justificaba bajo la premisa de que necesitaban mantener su equilibrio. La promiscuidad extrema y las orgías eran vistas como parte de esa necesidad.
Todos recordaron las veces que habían trabajado para proteger a otros Alfas dominantes y, al evocar las constantes escenas de orgías, sus expresiones se torcieron en una mueca de asco. Josh tampoco fue la excepción.
—Al menos C no hacía fiestas en su casa.
Seth hizo el comentario como si fuera un consuelo, pero antes de que alguien pudiera relajarse, Henry gruñó con los dientes apretados.
—¿Eso fue hace cuántos años? Apenas trabajaste tres meses con él, ¿qué sabes tú?
El ánimo volvió a decaer. Al igual que muchas estrellas de Hollywood, Chase siempre era objeto de escándalos con actrices o colaboradores durante los rodajes. Sin embargo, cuando Josh lo había protegido, parecía estar en un periodo de descanso tras terminar un proyecto, y no había mucho alboroto.
Se rumoreaba que había terminado recientemente con alguien y que la chica ya estaba saliendo con otro hombre, lo que generó un sinfín de fotos y rumores. Pero Chase permaneció indiferente. Durante más de tres meses, nunca salió de fiesta ni tuvo citas públicas, ni siquiera para liberar feromonas.
«Por eso, en cuanto entró en celo, perdió el control y ocurrió el accidente.»
Josh reflexionó con frialdad. Si Chase hubiera liberado sus feromonas de manera regular, Pete jamás habría nacido. Al pensar en eso, sintió un extraño sentimiento de inquietud.
«¿Qué habrá sido de él después de aquello?»
Después de dejar el trabajo de guardaespaldas, Josh había intentado evitar cualquier noticia sobre Chase, pero, incluso si hubiera querido averiguar algo, era casi imposible conocer los detalles de su vida privada. Chase siempre había estado fuera de su alcance. Pero ahora sería diferente. Estaría a su lado las 24 horas del día, observando cada uno de sus movimientos.
De repente, la curiosidad lo invadió como un torrente. ¿Cuánto habría cambiado ese hombre? Recordó el anuncio que había visto en el avión: su apariencia seguía siendo igual de impactante que en el pasado.
—Las fiestas son lo de menos. Lo peor es su maldito carácter —gruñó Henry con frustración.
Todos compartían el mismo pensamiento y, de repente, perdieron el apetito. Sin decir nada más, se limitaron a beber café hasta que se levantaron para marcharse.
La mansión donde vivía Chase estaba ubicada en la zona más interna de un club campestre, con vistas al mar. Bajando las escaleras que conectaban con la terraza, se llegaba a una playa privada, toda la zona pertenecía exclusivamente a Chase Miller. No había otras casas alrededor, y lo único que se escuchaba a lo lejos era el sonido rítmico de las olas.
—Bienvenidos. Los estábamos esperando.
En cuanto el equipo de Josh llegó, los guardias de seguridad de la empresa anterior los saludaron con evidente alivio, estrechando sus manos con entusiasmo.
—Necesitábamos un descanso. Estábamos ansiosos porque la fecha de salida se retrasó varias veces. Ya no podíamos más…
El trabajo de proteger a los Alfas dominantes solía estar a cargo de los Gammas. Debido a las fuertes feromonas, tanto Betas como Alfas podían transformarse en Omegas si se veían afectados, por lo que los Gammas, que no percibían el aroma y eran casi inmunes, eran los más aptos para este tipo de labores.
Sin embargo, incluso los Gammas no podían evitar la absorción de feromonas a través de la piel, por lo que debían inyectarse un compuesto para eliminar las feromonas acumuladas en su cuerpo o tomarse largas vacaciones para recuperarse. Parecía que esta vez algo había salido mal con la planificación.
—Algunos renunciaron…
La expresión incómoda del jefe del equipo de seguridad lo decía todo. Mark asintió, comprensivo.
—No debe haber sido fácil encontrar un equipo de reemplazo. Después de todo, los Gammas son los menos numerosos.
—Eso también… Pero ya sabes que si un Gamma sufre una mutación, puede morir o acortar drásticamente su vida —el líder del equipo suspiró y continuó—. En el peor de los casos, si no consiguen un equipo de reemplazo, volveremos dentro de seis meses. Por favor, cuiden el lugar mientras tanto.
Hace algunos años, Josh y su equipo también habían trabajado protegiendo a Chase por una situación similar. En aquella ocasión, uno de los Gammas que lo custodiaba había sufrido una mutación, lo que provocó que todo el equipo entrara en licencia de emergencia, dejando un vacío en la seguridad que Josh y los demás tuvieron que cubrir.
Esta vez parecía que la situación era igual. Mark también lo notó y comentó.
—Entonces, podemos asumir que el periodo máximo será de seis meses, ¿cierto? Preferimos tener claridad al respecto.
—Sí… No debería extenderse más, en teoría.
El jefe del equipo de seguridad asintió, dejando abierta la posibilidad de alguna complicación. Mientras lo seguían por el lugar, el equipo de Josh revisaba visualmente los alrededores. Estaban atentos a cualquier zona sombría, puntos de cobertura, lugares desde donde alguien podría colarse.
En ese momento, una mujer del equipo de seguridad saliente pasó cerca y saludó brevemente a Josh con la mirada, mientras conversaba apresuradamente con otro miembro del equipo. Parecía visiblemente ansiosa.
Probablemente, antes del anochecer, todos se habrían ido de allí. El deseo de irse cuanto antes era palpable en las expresiones de los guardias.
De repente, Josh notó un ligero aroma dulce en el aire. No era el único: algunos de sus compañeros también reaccionaron incómodos. Mientras el líder Gamma caminaba con indiferencia, los demás parecían inquietos.
—Maldición. —Isaac maldijo en voz baja desde atrás. A excepción de Mark, que era Beta, y Josh, que era Omega, el resto del equipo estaba compuesto por Alfas, y aún así, el aroma parecía molestarlos.
—¿Qué pasa, Josh? —preguntó Isaac, notando su tensión.
—Nada… Solo estoy un poco nervioso.
«¿Tomé el supresor?»
En medio de su confusión, intentó recordar. La razón por la que Josh podía ocultar su identidad entre sus compañeros era porque sus feromonas eran tan débiles que casi no se percibían, incluso para otros Alfas. Desde que llevaba la marca, esto se había vuelto aún más evidente. Mientras evitara el ciclo de celo, no tendría problemas.
Claro, eso era solo si no percibía las feromonas de “esa” persona.
{—Eres completamente mío.}
Por primera vez, Josh entendió el verdadero significado de esas palabras. El hombre que lo había marcado ni siquiera lo recordaba, pero aún así podía controlarlo tan fácilmente.
Si solo con el rastro de su aroma ya se sentía afectado, cuando comenzara el trabajo necesitaría el triple de la dosis habitual de supresores. A causa de la marca, las feromonas de Chase lo afectaban de manera mucho más intensa que a los demás. Aunque lo sabía, no imaginaba que fuera tan fuerte.
El impacto de aquel aroma residual hizo que Josh comprendiera cuán difícil sería el trabajo que estaba a punto de enfrentar.
Con mucho esfuerzo, Josh contuvo el mareo y siguió caminando cuando el líder del equipo que iba delante de él le ofreció algo.
—Son caramelos que usamos. Ayudan a reducir las feromonas acumuladas en el cuerpo. Es mejor comerlos mientras trabajamos. No lo percibimos porque el aroma del caramelo es tan fuerte que bloquea el olor de las feromonas.
Todos tomaron un caramelo de la mano extendida del líder. Josh, en cambio, se metió tres a la vez en la boca, tan desesperado que quería masticar incluso el envoltorio delgado que los recubría.
—Ah… picante…
El líder, sorprendido, intentó detenerlo, pero ya era demasiado tarde. De repente, una fuerte sensación en la nariz hizo que sus ojos brillaran y las lágrimas brotaran. Tosió repetidamente, y Henry, que estaba detrás, chasqueó la lengua.
—¿Qué demonios haces?
Isaac, que caminaba junto a él, lo miró preocupado.
—¿Estás bien?
Josh asintió con dificultad. Aunque su boca parecía adormecida por el picante, al menos su mente estaba despejada.
Siguiendo la guía del líder, el equipo inspeccionó rápidamente la casa. De repente, el radio del líder emitió un mensaje, y después de escuchar brevemente por el auricular, giró hacia el grupo.
—El señor Miller está a punto de llegar. Vamos.
Todos aceleraron el paso, siguiendo al líder. Finalmente, el momento había llegado: iban a encontrarse con él. El corazón de Josh latía con fuerza, y no solo porque estuvieran apresurándose. «¿Me recordará? ¿Habrá cambiado? ¿Seguirá siendo el mismo?»
Mientras cruzaban el amplio jardín, el pesado portón de hierro comenzó a abrirse lentamente, dejando ver un elegante sedán negro que se acercaba.
«Está ahí dentro.»
Josh tragó saliva instintivamente. De repente, el coche se detuvo. Todos se acercaron rápidamente, sin saber qué estaba pasando.
—Son paparazzi —murmuró Mark para sí mismo, y el paso acelerado del equipo se convirtió en una carrera.
En ese momento, la puerta del sedán se abrió, y un hombre de cabellos dorados descendió lentamente.
«Ah.»
Por un instante, el tiempo pareció detenerse. Quizás fue porque Josh olvidó respirar, pero esos pocos segundos se sintieron eternos.
Lo primero que llamó su atención fue el intenso color azul. Era un traje aqua que parecía más brillante que el cielo o el mar. Nunca hubiera imaginado que alguien pudiera usar un traje de ese color y verse tan bien. Pero Chase lo lograba. De hecho, verlo hacía pensar que él mismo podría intentarlo.
El cabello rubio natural estaba cuidadosamente peinado hacia atrás, sus extremidades largas y esbeltas, y esa expresión fría y firme en sus labios cerrados.
Su piel excepcionalmente blanca debería darle una apariencia angelical e inocente, pero en lugar de eso, había algo en su figura que hacía que el corazón de Josh se sintiera atrapado por una oscura ansiedad.
Probablemente fuera por esa mirada helada. Esos ojos púrpura vacíos, que parecían observarlo todo sin ver realmente nada.
Sus ojos recorrieron lentamente el entorno. Por un momento, Josh sintió que sus miradas se cruzaban, pero fue solo su imaginación. La mirada de Chase pasó rápidamente de largo, dejándolo con una sensación de vacío.
Luego, Chase se llevó la mano al cabello desordenado y lo acomodó, mostrando un gesto lleno de tedio. Fue entonces cuando Josh notó que entre sus labios ligeramente separados colgaba un cigarrillo.
Con los dedos largos y elegantes, Chase tomó el cigarrillo. La punta brilló en rojo por un instante y luego, apenas sin haberlo fumado, el cigarrillo cayó de entre sus dedos, rodando por el suelo.
De repente, los ojos de Chase se fijaron en un punto. Entrecerró los ojos y los paparazzi, que hasta entonces habían estado tratando de mantenerse discretos, comenzaron a disparar sus cámaras en rápida sucesión.
—Señor Miller.
El líder del equipo anterior intentó acercarse rápidamente para hablar con él, pero en ese momento Chase sonrió levemente. Josh sintió un escalofrío recorrerle la espalda al ver esa sonrisa.
De inmediato, Chase comenzó a caminar, moviéndose con una elegancia fluida, como si nadara en el aire. Todo el equipo contuvo la respiración, sin apartar la mirada de él. Los movimientos de Chase parecían tan perfectos que nadie podía dejar de mirarlo.
Mientras el equipo seguía paralizado por su presencia, la mano elegante de Chase se deslizó dentro de su chaqueta y sacó algo. Josh no fue el único que reconoció de inmediato el objeto: una Desert Eagle, el arma favorita de Chase Miller.
—¡Apártate, idiota! —gritó Mark con urgencia.
El antiguo equipo de seguridad también comenzó a correr hacia adelante, gritando algo que no se alcanzaba a entender. Mientras tanto, Chase extendió el brazo con firmeza.
El instante en que todos quedaron paralizados fue solo un segundo. Chase avanzó con grandes zancadas hacia el hombre que, con una audacia increíble, no solo no huyó, sino que seguía tomando fotografías frenéticamente. Sin vacilar, Chase le apuntó directamente con el arma.
Era un Alfa dominante de sangre pura, nacido de un Alfa dominante y un Omega dominante. Todos los hermanos de la familia Miller eran Alfas dominantes, y cada uno recibía un apodo relacionado con algún animal, en función de su personalidad. El hermano mayor, que era abogado y el más parecido al padre, era conocido como la “Serpiente Blanca”, igual que su progenitor.
Y el apodo del tercero, el hombre frente a ellos, era…
¡BANG!
El Perro Rabioso.
El fuerte estruendo del disparo resonó mientras el paparazzi soltaba la cámara y se tambaleaba hacia atrás, cayendo al suelo. Fragmentos de la cámara volaron en todas direcciones, y el rojo de la sangre empezó a impregnar el suelo, llamando la atención de todos los presentes.
Pero Chase no se detuvo. Avanzó hacia el hombre, que estaba pálido como el papel y retrocedía torpemente en el suelo, arrastrándose con el trasero. Chase volvió a apuntarle con la pistola, avanzando con calma.
Al ver de nuevo al “Perro Rabioso” de los Miller, Josh sintió en lo más profundo de sus huesos que, a pesar de los años, este hombre no había cambiado en absoluto.

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN