Capítulo 130
—Como dices, hoy me portaré tranquilo. Así que quédate un poco más conmigo.
Aunque era evidente que esa docilidad era intencional y fingida, Sera no pudo evitar debilitarse. ¿Qué podía hacer si hasta sus caprichos más insignificantes le parecían adorables? Su vida pendía de un hilo, aún quedaba el obstáculo de la oposición del presidente Shin, y sin embargo, por un momento, le pareció que la realidad perfecta había llegado.
—Sera —se inclinó impulsivamente y posó sus labios en la frente de Lee Rowoon. Él, como si hubiera estado esperando, rodeó su cintura y respondió al beso. El calor acumulado en la punta de sus lenguas entrelazadas era abrasador.
—Ja, esto… da un poco de miedo.
Cuando terminó el prolongado beso, los labios de ambos estaban hinchados y rojos. Lee Rowoon, que le había ofrecido su brazo a Sera, dejó escapar un suspiro sofocado.
—¿Qué cosa?
—Que esto también sea una ilusión mía. A veces soñaba contigo.
—…
—Y luego, al despertar, me sentía feliz pero miserable, hasta que al final terminaba sintiéndome horrible.
Sera, en silencio, enterró su rostro en el pecho de Lee Rowoon y lo abrazó con fuerza.
—Yo fui quien pensó que todo había terminado. Creí que nunca aceptarías mi confesión, o que, si lo hacías, al final te decepcionarías y me darías la espalda.
Ante esas palabras, Lee Rowoon puso una expresión pensativa.
—La verdad es que todavía no lo asimilo. Cuando me dijeron que no eras la verdadera Shin Sera, pensé: ¿Me odia tanto? ¿Se está burlando de mí?… Llegué a pensar esas cosas.
—¿Qué? Eso no tiene nada que ver…
Sera, sorprendida por el inesperado malentendido, intentó incorporarse, pero Lee Rowoon apretó su brazo alrededor de ella para impedírselo.
—Ahora te creo.
—…
—Sea cual sea tu verdadera identidad, la aceptaré.
Ante esa promesa de fe ciega, las grietas de una soledad nunca antes saciada se llenaron de calidez. Sera entrelazó sus dedos con los de Lee Rowoon y murmuró:
—Entonces, si… de repente muero, ¿qué harás?
La pregunta cautelosa hizo que la mirada de Lee Rowoon se volviera feroz al instante.
—Eso no pasará, así que deja de pensar tonterías.
«¿No será que lo estoy perturbando con esto?» A pesar de ese pensamiento, Sera pronunció una confesión cruel. Ya no quería ocultarle nada.
—Dicen que si no recupero mi cuerpo original, podría morir o enloquecer. Es un milagro que haya estado cuerda todo este tiempo poseyendo el cuerpo de otra persona.
El rostro de Lee Rowoon se tensó. Sera besó el dorso de su mano y continuó:
—Intentaré encontrar una solución y resistiré todo lo que pueda. Pero sentí que debía decirte esto, para que tú… también puedas prepararte mentalmente.
—…
—¿Sabes qué es lo más gracioso? Cuando supe que podía morir en cualquier momento, solo pensé en ti. Quiero amarte con el tiempo que me queda… No podía sacarme ese deseo egoísta de la cabeza. Lo siento por pensar solo en mí hasta el final, Rowoon.
Lee Rowoon la miró fijamente, su rostro pálido. Ella sonrió torpemente y susurró:
—También siento tener el descaro de desear que seas feliz, sin importar lo que me pase a mí.
Después de un largo silencio con expresión inescrutable, Lee Rowoon finalmente habló:
—Viviré bien.
La respuesta corta hizo temblar las pupilas de Sera. Él, como para tranquilizarla, acarició su mejilla y continuó con tono cuidadoso:
—Incluso si desapareces, daré lo mejor de mí en mi vida. Me esforzaré por ser feliz y seguiré adelante con mi día a día.
—…
—Así que no te preocupes por nada ni te sientas culpable sin razón.
Los ojos de Sera se enrojecieron gradualmente. Sabía que su respuesta era una mentira piadosa para calmarla. Pero, por ahora, deseó con todas sus fuerzas que, al final, se convirtiera en realidad.
Lee Rowoon, que observaba su expresión frágil y al borde del llanto, intensificó su mirada. Sus labios suaves se posaron en sus párpados, mejillas, nariz y finalmente en su boca, como transmitiendo consuelo.
—Tu existencia en sí es un milagro para mí. Así que no hay nada de lo que debas disculparte.
El tierno consuelo que diluía su culpa fluyó entre sus labios. Cuando Sera abrazó su cuello, él se inclinó hacia ella en respuesta.
Sin darse cuenta, Sera terminó acostada bajo él. Mientras sus labios se mezclaban, la mano que acariciaba su mejilla descendió a su cuello, hombros, brazos y finalmente a su cintura.
—Ah… Espera, Rowoon…
Sera se estremeció al sentir una mano grande y firme deslizarse bajo su camisa. Las piernas del hombre, que accidentalmente rozaron las suyas, estaban en un estado de excitación inconfundible. Ella lo detuvo titubeante.
—Hoy no puede ser.
Lee Rowoon, respirando entrecortadamente, cubrió sus labios como negándose a aceptar su rechazo. Sera cerró los ojos con fuerza y empujó sus hombros angulares.
—Dijiste que no querías verme desmayarme. Y, sobre todo… este ni siquiera es mi cuerpo real.
Sus palabras hicieron que Lee Rowoon se paralizara.
—¿Después de besarme, eso es lo único que tienes que decir?
El hombre, cuyo ardor pareció enfriarse de golpe, la miró con frialdad. Sera balbuceó, como disculpándose:
—No, quiero decir… que tal vez tenga que seguir viviendo en este cuerpo, pero no quiero rendirme todavía. Si es posible, quiero estar contigo como mi verdadero yo… Y, además, no estoy mentalmente preparada para…
Lee Rowoon la miró mientras farfullaba, luego suspiró profundamente y bajó la cabeza. Descansando su frente en su nuca, murmuró con voz opaca:
—Honestamente, es difícil para mí. Para mí, solo eres tú…
—…Rowoon.
—Pero al menos algo quedó demostrado, y eso es un consuelo.
—¿El qué?
—Que no me gustas por tu apariencia.
Lee Rowoon rió entre dientes y levantó la cabeza. Sus ojos, fijos en Sera, brillaban con una travesura deliberada.
—De hecho, tu lindo rostro fue un obstáculo para admitir mis sentimientos.
—¿Qué…?
—En términos grandilocuentes, significa que lo que amo es tu esencia.
Una sonrisa inocente floreció en el rostro de Sera. Lee Rowoon, al verla, le dio un golpecito en la punta de la nariz. Luego, como revelando un pensamiento que había rumiado, dijo con tono fresco:
—En ese sentido, quiero ver al verdadero tú.
—……
—¿Puedes mostrármelo?
Sera vaciló, pero finalmente asintió.
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Al final, Sera recibió la mañana en los brazos de Lee Rowoon. Se durmió brevemente y, al despertar, buscó sus labios naturalmente. Conversaron sin rumbo y repitieron el proceso. Cuando despertó al amanecer, lo primero que vio fueron sus ojos inyectados de sangre.
—¿Qué? ¿No dormiste?
Sera se incorporó, alarmada, y Lee Rowoon cubrió sus ojos con el dorso de la mano. Luego, con el cuerpo languidecido, murmuró con voz quejumbrosa:
—Aunque me duele todo y estoy exhausto, mi cuerpo reaccionó. Pensé que me había enfermado, pero en otro sentido.
—…
—Voy a arreglarme un poco y luego me iré.
—…Sí, la bata está en el baño.
«Debería haberlo dejado dormir solo.»
Mientras se reprochaba a sí misma, Sera salió de la habitación de invitados, pidió juk (gachas) y entró al baño. La culpa de haber mantenido despierto a un enfermo toda la noche la hizo querer alimentarlo de alguna manera.
—¿Qué estás haciendo?
—Desayunar, claro.
Cuando llegó el juk de abulón que había pedido, Lee Rowoon salió con el cabello mojado. Lavarse parecía haberle devuelto algo de vitalidad. Aunque no era particularmente elegante, Sera no podía apartar la mirada, como si tuviera anteojeras.
—Si estás cansado después de comer, duerme un poco más.
Lee Rowoon negó con la cabeza.
—Quedé en ir a verte.
—Sí, pero no es nada urgente…
—Cuando se trata de ti, no quiero posponer nada. Necesito saberlo todo para sentirme tranquilo.
—…
—Así que vamos.
Ante su firmeza inflexible, Sera, que solo movía los labios indecisa, finalmente asintió. Luego añadió con voz insegura:
—Podrías sorprenderte al verme. Estuve en coma por mucho tiempo, perdí músculo y peso… En fin, estoy muy demacrada. Podrías decepcionarte.
—No me gustaste por ser bonita, pero eso no significa que alguna vez hayas dejado de serlo. Así que no te preocupes innecesariamente.
Esas palabras barrieron las últimas dudas en el corazón de Sera.
Conscientes de las miradas ajenos, los dos subieron a un taxi con gorros bien calados. Lee Rowoon no había traído su auto, y Sera no se sentía con valor para conducir.
—Qué pereza llamar un taxi. ¿Por qué no conduces tú mi auto?
—No tengo seguro. ¿Qué harías si chocamos?
—…
—Y no se te ocurra conducir el auto de otro así como así.
Al verlo actuar con tanta rigidez, Sera suspiró. «Qué increíble que creyera lo de la posesión con esa personalidad», pensó.
—¿Es este el hospital donde estás?
—Sí.
Al bajar del taxi, Lee Rowoon miró hacia el edificio del hospital y preguntó. Sera apretó los labios. A diferencia de cuando se mostraba a los demás, una tensión desconocida oprimía su pecho.
«Dijo que no pasaría, pero… ¿y si se decepciona al verme?»
Sacudió la cabeza para despejar la ansiedad. Lee Rowoon no era cualquiera; no reaccionaría de manera tan superficial. Como si leyera su inquietud, él rodeó sus frágiles hombros y dijo con firmeza:
—Te ayudaré a recuperar tu cuerpo original.
—¿Cómo?
—Eso lo averiguaré a partir de ahora. Incluso si tú te rindes, yo no lo haré, así que no te preocupes.
Sera se detuvo un momento, luego sonrió y abrazó su cintura con fuerza. Sorprendido por el abrazo repentino, Lee Rowoon la miró con ojos desorbitados.
—Sí, Rowoon. Confiaré en ti. Eres alguien que siempre cumple sus promesas.
—…
—Con suerte, podría volver antes de la primera nevada. Pero incluso si no, no importa. No importa en qué estado esté, si logro sobrevivir, veamos la primera nieve juntos.
Los ojos de Lee Rowoon se curvaron como lunas crecientes. Mientras se miraban, de pronto…
¡SCREEEECH!
—¡Aaaah!
—¡¿Qué… qué es eso?!
Un alboroto repentino los hizo girar la cabeza. Sus ojos se abrieron de par en par al ver un sedán blanco acelerando hacia ellos.
«¿Qué… qué es esto?»
Sera se quedó paralizada, mirando fijamente el auto que se dirigía hacia ellos.
—¡Shin Sera!
Lee Rowoon, que reaccionó primero, la empujó con fuerza. Mientras ella caía al suelo, ¡BANG! El auto chocó contra un poste y, en una violenta sacudida, lo arrolló. Su cuerpo salió disparado por el impacto y rodó sin fuerza por el suelo.
Unos segundos que parecieron una eternidad se reprodujeron en cámara lenta.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ROBIN