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Capítulo 24

—A pesar de que ya tienes tantas cosas…

Ruwen parecía un poco avergonzado e incómodo, pero como yo estaba tan feliz, se quedó quieto y dócil. ¿Cómo no iba a adorarlo?

—Es el primer regalo que me das. Para mí, es realmente especial. ¿Qué hago? Estoy tan contento que hasta quiero llorar.

—N-no es nada especial… En primavera, el jardín estará lleno de ellas. ¿Quiere que le traiga más entonces?

—Me encantaría.

Ruwen, que había estado vacilando, me abrazó fuerte del cuello y soltó una risita tímida.

«Esto es demasiado. Casi me hacen llorar».

—Bueno… si ya terminó de agradecer, ¿podría bajarme? Dijo que estaba cansado…

«Ah, cierto. Es verdad».

Le había pedido que me abrazara cuando estuviera agradecido. Se quedó quieto pensando que era parte del agradecimiento.

«Qué buen chico».

—¿Por qué? Quédemonos así un poco más. Me gusta porque eres cálido.

—¿No… no le peso?

—Un poco, sí. Nuestro Ruwen está creciendo rápido.

—¡Voy a crecer más!

—Lo sé.

Quería abrazarlo un rato más, pero mis brazos ya ardían por el peso. Parece que tendré que renunciar a la idea de darle vueltas con los brazos.

«Ya es demasiado».

En su lugar, tomé el ramo de flores que me había dado. Sabía que una cantidad mucho mayor había ido a la habitación de Irene, pero lo importante era que Ruwen también había preparado un regalo para mí. Me alegró sentir que mi valoración había subido en su corazón.

«Quizás este año el jardín lleno de peonías se vea hermoso».

Sin darme cuenta, el dolor de cabeza había desaparecido por completo.

✧—————-➣

Algunas horas después.

Ruwen despertó un poco después de las cinco de la mañana. A veces se levantaba a esta hora, y cuando lo hacía, siempre escuchaba los mismos sonidos:

El crujido del papel, el rasgueo de la pluma, el crepitar de la chimenea. Todo ello le traía una sensación de comodidad, así que, en lugar de volver a dormirse, se sumergió por completo en la paz y el confort que solo el amanecer podía ofrecer.

Al abrir lentamente los párpados, vio la espalda de Faye sentado en el escritorio. Era una escena habitual, pero había una diferencia: el ramo de peonías que le había regalado colgaba boca abajo justo al lado del escritorio.

—¿Por qué las cuelga al revés?.

—Así pueden conservarse por más tiempo sin perder su forma —recordó la voz de Faye, sonriendo más dulcemente que las propias flores.

Ruwen contuvo la risa, lleno de orgullo.

Faye, que había estado leyendo un libro durante un rato, levantó la cabeza. Por reflejo, Ruwen cerró los ojos, pero luego los entreabrió para espiarlo.

Vio cómo Faye olía las peonías, sus largos y delgados dedos rozando ligeramente un pétalo antes de retirarse. Aunque solo podía ver su espalda, emanaba una felicidad palpable.

«…En serio, no es nada especial».

Una mezcla de vergüenza y satisfacción se extendió por su pecho.

Todos los lujosos adornos de esta habitación le pertenecían. Faye era alguien que podía tener cualquier cosa que deseara, incluyendo flores.

«El Príncipe incluso le habría regalado un invernadero entero si lo hubiera pedido».

Y, sin embargo, ahí estaba, feliz con un simple ramo de flores que él mismo había recogido del jardín del Quinto Príncipe.

«Faye Verten… Es tan extraño».

Antes, solo era un adulto aterrador. Pero el Faye de ahora a veces era un protector confiable, otras veces como un hermano, y otras un hombre frágil que tosía como si fuera a morir por un poco de harina.

Y también era alguien que blandía una espada tan hermosa como si estuviera bailando.

Patita de perro: Jaja, ¡entonces sí lo vio! ¡Dedrick no le mintió!

Sus movimientos, fluidos y elegantes, domaban una fuerza feroz con suavidad. El campo de entrenamiento invernal, rodeado de árboles desnudos y sin hojas, era el escenario donde Faye florecía, brillante y solitario. Su esgrima, contenida pero deslumbrante, era tan cautivadora que quitaba el aliento.

«Quiero volver a verlo…».

Era una frase que, por alguna razón, le daba demasiada vergüenza decir. Ruwen sintió la suavidad de la almohada y se arropó más con la manta.

El sonido de las páginas al voltearse hizo que Faye se volviera hacia él. Temiendo que descubriera que estaba despierto, Ruwen cerró los ojos con fuerza.

Cuando los abrió de nuevo, unos treinta minutos después, Faye estaba absorto en su libro.

Entonces, con un crujido, sintió que Faye se movía. Ruwen volvió a hacerse el dormido.

Sabía que Faye se acercaba sigilosamente. Y, como siempre, le acariciaría la cabeza con su mano suave.

«Ruwen, que tengas dulces sueños».

Ya conocía el susurro que seguiría.

Pero en el momento en que la mano de Faye tocó su frente, Ruwen abrió los ojos de golpe. No fue algo que pensó, simplemente lo hizo porque quiso.

—¿Eh…?

Faye, sorprendido, abrió los ojos como platos, y luego pareció disculparse.

—Lo siento. ¿Te desperté?

—No. Solo me desperté sin querer.

—Entonces vuelve a dormir. Todavía es temprano.

Faye le dio unas palmaditas en el pecho y se levantó para irse, pero Ruwen le agarró la muñeca.

—¿No iba a calentarle la cama? Aquí está cálido.

Al decir eso, se movió hacia un lado, dejando un espacio vacío. Faye miró el hueco por un momento, y luego una sonrisa se dibujó en su rostro. Se deslizó bajo las cobijas, y al mismo tiempo, el aroma a rosas se esparció por el aire.

«Qué buen olor…».

En realidad, Ruwen había visto rosas por primera vez en el palacio del Quinto Príncipe. Entre ellas, las rosas moradas, del mismo color que los ojos de Faye, eran especialmente hermosas y fragantes.

—Qué cálido —murmuró Faye.

Flores púrpuras florecieron en la oscuridad. Con una sonrisa suave, Faye cerró lentamente los ojos. Los capullos que había visto en el invernadero del palacio se escondieron detrás de sus párpados.

Ruwen siempre había pensado que los ojos brillantes de la señorita Irene parecían joyas. Pero los ojos de Faye, aunque del mismo color púrpura, eran más profundos, como las flores que había visto hoy.

«Parece que el Joven Maestro se ha convertido en una flor».

Quizás por eso había cambiado.

✧—————-➣

Un mes después.

El Año Nuevo había pasado, y ahora yo tenía dieciocho años, mientras que Ruwen cumplía trece hacía ya un mes. Durante ese tiempo, habíamos visitado el palacio una vez más, y esta vez no nos cruzamos con el Primer Príncipe.

Tampoco hubo cenas obligatorias con mi padre. Aun así, Irene no parecía impaciente. Solo me preguntaba de vez en cuando: “¿No tienes hambre?”, y si negaba con la cabeza, prometía preparar algo en cuanto lo estuviera.

Gracias a eso, el tiempo que pasaba con Ruwen seguía siendo igual de constante y significativo. Dormíamos juntos, comíamos juntos, yo observaba sus prácticas de esgrima y por las noches estudiaba solo.

Pero en primavera, nuestras rutinas cambiarían. Yo comenzaría a estudiar medicina con mi maestro, y Ruwen aprendería equitación. Habíamos pospuesto las lecciones formales hasta la primavera porque me preocupaba que, con el invierno, pudiera resbalar y lastimarse.

Mientras tanto, le regalé un caballo para que se familiarizara con él, y rápidamente se convirtió en su prioridad número uno.

«Mi posición ha bajado de nuevo», pensé con un poco de tristeza, pero decidí ser comprensivo. Después de todo, el regalo era mío.

El único problema era el horario de prácticas de esgrima de Ruwen.

«Hace demasiado frío. ¿Cuándo terminará este invierno?».

Aunque me abrigué con varias capas de ropa, quedarme quieto era insoportable. Pero tampoco quería dejar a Ruwen solo, así que lo seguía a todas partes, y ahora mi resistencia física estaba llegando a su límite.

Aun así, había aguantado bien hasta ahora. Pensé que, con solo ver a Ruwen, recuperaría las fuerzas para seguir adelante. Qué decepción.

«Hoy la nevada es bastante fuerte, así que quizás no quiera salir…».

Pero, contra mis expectativas, Ruwen, pegado a la ventana como un pastel de arroz glutinoso, parecía ansioso por salir.

«¿Los niños no sienten el frío? ¿O soy yo el débil? ¿O ambos?».

—Joven Maestro, ¿cuándo parará de nevar?

—Parece que seguirá todo el día.

Sus hombros se hundieron, desanimados, y no pude evitar sentir pena. Al final, cerré el libro que estaba leyendo y le pregunté:

—¿Quieres salir?

Al escuchar mi pregunta, sus orejas se levantaron y me miró con una expresión animada. Tenía una mejilla enrojecida por apoyarla contra la ventana.

«¡Ah, lo reconozco! ¡Es como un pastel de fresa!».  

—¿De verdad puedo?

—Si Ruwen quiere.

La verdad es que no me sentía muy bien, pero no había opción. Verlo deprimido me disgustaba tanto que no podía soportarlo.

El clima era malo, pero Ruwen, que había estado esperando mi señal, comenzó a mover los pies emocionado cuando me levanté y tomé mi capa.

—¡Quiero ir! ¡Vamos!

—Bien. Abrígate bien, hace frío.

—¡Sííí!

Ruwen corrió hacia el vestidor que le había preparado. Mientras tanto, yo me puse varias capas más de capa de lo habitual.

«¿Me habré abrigado demasiado?».

Mis hombros pesaban y caminar era difícil.

«¿Se verá ridículo mi paso torpe?».

Después de pensarlo, llegué a un compromiso y me quité algunas capas.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
RAW HUNTER: MALVADOS LTD


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