Capítulo 12
Tras un breve momento de reflexión, decidí decirle a Dedrick lo que más deseaba escuchar:
—… Confía en mí, tu otro discípulo.
Aparté la vista con incomodidad y murmuré en voz baja, pero lo suficientemente audible para sus oídos. Si tenía que repetirlo, perdería su efecto.
Esta era la primera vez que Dedrick, como maestro, recibía mi reconocimiento. Incluso para honrar esta confianza, no elegiría quedarse en la mansión ducal. Eso significaría desconfiar de mí.
Para evaluar su reacción, giré la cabeza disimuladamente. Dedrick estaba petrificado, con la boca abierta como si hubiera escuchado algo increíble. Pero en el instante en que nuestras miradas se cruzaron, comenzó a despeinarme frenéticamente.
—¡Jajaja! Claro. Tú fuiste mi primer discípulo, joven maestro. ¡Exacto!
La presión hizo que mi torso se inclinara hasta marearme.
«En serio, este insolente caballero plebeyo…».
Con el rostro fruncido, intenté liberarme de él, pero mi fuerza no era rival para este montón de músculos con título de caballero.
—¡Dedrick!
Solo tras agarrar su brazo y quejarme logré liberarme. No me gustaba que las cosas no salieran como quería.
Mientras me arreglaba el desastre en el cabello, lo miré fijamente, pero él solo siguió sonriendo como un tonto.
—Es que estoy contento.
¿Tan feliz lo hacía que lo reconociera como maestro? Cualquiera pensaría que le había nacido un hijo.
Verlo sonreír con ese rostro radiante, como si estuviera a punto de saltar de alegría, me hizo pensar… solo un poco, muy poco, que tal vez, en un arranque de capricho, no me importaría llamarlo “maestro”.
Dedrick, tomando la espada de madera que Ruwen le entregó, dijo:
—¡Pequeño! Ya le di tu plan de entrenamiento al joven maestro, así que obedécelo. No le des dolores de cabeza.
—¡Sí, maestro!
Mi momentánea melancolía duró poco. Me preocupaba Ruwen, que había sudado copiosamente en pleno invierno. Debíamos regresar a la mansión antes de que el frío lo enfriara.
—Dedrick, no hace falta que nos acompañes. Ruwen, vámonos.
—Joven maestro, pequeño. Nos vemos la próxima semana.
Ruwen, aún emocionado, asintió con una sonrisa radiante. Mientras caminaba a mi lado, no dejaba de voltear a mirar atrás.
«¿Qué está viendo?». Resulta que Dedrick se quedó en su lugar, observándonos.
—Ruwen.
—¿Sí?
Yo era quien le había preparado el regalo, pero un repentino ataque de celos me hizo llamarlo para captar su atención. Como no tenía una razón específica, dudé al encontrarme con su mirada, pero pronto encontré un tema.
—No practiques esgrima solo.
—¿Por qué no? Quiero hacerlo incluso solo.
—Es peligroso y podrías desarrollar malos hábitos difíciles de corregir. Cuando hayas mejorado lo suficiente, te dejaré practicar solo. ¿Puedes esperar hasta entonces?
—¿Mi postura estaba mal?
Aunque torpe, no era incorrecta. Su cuidado al imitar lo enseñado por Dedrick era admirable, pero temía que mis elogios lo animaran a practicar a escondidas y lastimarse. Así que respondí evasivamente:
—Nadie es perfecto al principio. Por eso necesitas ayuda. A veces, ir despacio es el camino más rápido.
Ruwen, que siempre caminaba medio paso detrás de mí, de pronto estaba a mi lado. Me miró fijamente y dijo:
—Entiendo. Oye, joven maestro…
—¿Sí?
Me conmovió su gesto de acercarse. Era tan adorable que mi voz se suavizó.
—Eh… por traerme hoy… y presentarme al maestro…
Antes sus palabras titubeantes, contuve una sonrisa. Quería oír su agradecimiento claramente, así que me limité a asentir.
—G-gracias… No me atreví a decírselo a la señorita, pero… quería aprender esgrima. Para ser su Caballero.
«¿Tenía que mencionar específicamente a Irene?». Su lealtad ya era inquebrantable desde pequeño.
Al mismo tiempo, sentí un extraño pesar. No era algo que debiera afectarme, pero aún así… Quizás por eso, mi temperamento, momentáneamente calmado por su ternura, resurgió.
—Pero, Ruwen…
—¿Sí?
En ese momento, recorríamos un estrecho sendero junto al ala principal de la mansión. Un poco más y llegaríamos al jardín. Me detuve, y Ruwen, que se había adelantado, se volvió tarde.
—¿Solo vas a agradecer con palabras?
—…Sabía que habría una condición.
«¡Este mocoso! ¿”Sabía”? ¡Qué injusto! ¡Después de ese lindo agradecimiento!».
—Como me diste algo que necesitaba, pídeme lo que quieras. Mientras no sea traicionar a la señorita, lo haré.
Su respuesta, casi como si tuviera el control, me dejó atónito.
«Ahora que lo pienso, en el pasado esto me molestaba». Su actitud desafiante, como si lo tuviera todo cuando no tenía nada, me irritaba.
Pero ahora era diferente. Me parecía admirable, un chico con principios. Su futuro prometía mucho.
—Abrázame.
—… ¿Q-qué? ¿Cómo?
—Que me abraces.
Me arrodillé y extendí los brazos. La altura de Ruwen quedó ligeramente por encima de la mía.
—¿En serio?
—Sí.
—Pero… ¿por qué yo?
—Dijiste que harías cualquier cosa menos traicionar a Irene. ¿O eras mentira?
—Uf… A veces no entiendo al joven maestro.
Ruwen caminó hacia mí y se abrazó a mi pecho. Sus brazos intentaron rodear mi espalda, pero… ¡Dios mío! ¡Eran tan cortos que no llegaban a mi columna! ¿Era necesario ser tan adorable? El corazón se me encogió como si estuviera abrazando a un gatito.
—¿Ya está?
—Sí. Eres muy cálido.
Sentí que Ruwen se estremecía. ¿Estaba avergonzado? Su cuello se enrojeció al instante.
—Si quieres agradecerme en el futuro, puedes abrazarme así.
—…Es incómodo.
—¿Qué? ¿Entonces no quieres agradecerme nunca?
Ruwen se retorció un rato, pero no intentó empujarme ni huir.
«Estos abrazos son un privilegio que solo se disfruta de niño». Cuando crezca, ni sus padres querrán abrazarlo, mucho menos su hermano. Hay que disfrutarlo mientras se pueda.
—Está bien. Lo haré.
Satisfecho con su respuesta, acaricié su cabeza un par de veces antes de levantarme.
—¿Volvemos? Quiero un baño caliente.
—Lo prepararé de inmediato.
—Tú también báñate. Sudaste mucho. Después de bañarte, ven. Yo puedo pedirle a Merin.
Al mencionarlo, Ruwen olfateó su propia ropa y se acercó sigilosamente. Curioso, me quedé quieto. Entonces agarró mi brazo y enterró su nariz en él.
—¿Q-qué haces? ¿Huelo mal?
—Sí.
—¿En serio?
Sorprendido, retiré el brazo. ¿Había sudado tanto por el ejercicio?
—Hueles a primavera.
—¿A primavera?
—Sí. Cuando llegué aquí, era primavera. La señorita me llevó al jardín lleno de flores… Tu aroma me lo recuerda. ¿Cómo lo haces?
«¿Aroma a primavera?». Qué forma tan hermosa de decirlo.
«¿Cómo sería si realmente me convirtiera en la primavera de Ruwen?». Cálida, reconfortante, como esa estación para él.
—Probablemente sea mi perfume.
—Me gustaría oler así.
«Le pediré a Merin que le ponga aroma a rosas en su ropa». No pude evitar sonreír ante su dulzura.
—Esa es tu segunda petición.
—No era una petición…
—¿No? Era fácil de cumplir. Nada del otro mundo. A Irene también le gustaría que olieras bien. Qué lástima.
Tentado por mis palabras, Ruwen vaciló antes de preguntar con cuidado:
—¿Puedo pedirlo?
—Claro. Si hay algo más que quieras o necesites, dime. Haré todo por ti.
«Pide, pide mucho». Haré todo por ti. Acumula buenos recuerdos, para que crezcas seguro, sin sufrimientos ni renuncias.
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De vuelta en mi habitación, le encargué a Merin que preparara mi baño y me dirigí al escritorio. Mientras esperaba, abrí el libro de hierbas medicinales que había dejado a medias, pero no pude concentrarme. No dejaba de pensar en Ruwen bañándose con agua fría.
Merin había asegurado que eso no pasaba. ¿Por qué me preocupaba entonces? ¿Sería porque sabía que Ruwen estaba bañándose ahora?
Al final, no logré pasar ni una página antes de levantarme.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
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