Capítulo 10
—Si quieres hacerlo, hazlo. Al fin y al cabo, es decisión del chico.
Le envié mentalmente un agradecimiento a Dedrick por su excelente apoyo. Aunque solo fuera con una mirada, seguro lo captó. Y si no, no era mi culpa. Yo ‘sí’’ le agradecí.
Finalmente, la expresión de Ruwen cambió. Primero se llenó de anhelo, y luego sus manos que antes solo sostenían las mías de manera unilateral se volvieron en un apretón mutuo. Sentí la pequeña presión de sus dedos sobre mis nudillos.
—En-ton-ces… quie-ro aprender.
«… ¿Qué? ¿Por qué me conmovió? ¿Por qué Ruwen me tomó de la mano primero? ¿O porque dijo exactamente lo que yo quería escuchar? En otras circunstancias, habría analizado la situación con claridad, pero ahora no podía calmarme».
Lo prioritario era responder rápido. Ruwen estaba nervioso, y si accedía a su primer pedido sin dudar, sería más fácil que hiciera un segundo.
—Sí. Bien hecho. Si en el futuro quieres algo, dime como hoy.
—¿En serio puedo?
—Claro. Pídeme lo que sea. ¡Hasta me emociona pensar qué me pedirás! Pero no me hagas esperar demasiado, ¿vale?
Ruwen dudó un instante antes de asentir lentamente.
«Bien. Lo hiciste genial. Me dan ganas de abrazarte, pero después de que antes te alejaste, mejor me contengo».
Uf, mi paciencia ha mejorado mucho. O… ¿está mejorando?
—Entonces, ¿qué tal si concedemos el primer pedido memorable de Ruwen? Creo que sería bueno que aprendas con Dedrick…
Le lancé miradas furtivas a Dedrick mientras alargaba la frase, y luego giré bruscamente la cabeza hacia él:
—¿Qué opinas, Dedrick?
—Mmm…
Dedrick no respondió de inmediato, alargando el silencio. Era una de las reacciones que esperaba, así que lo observé con calma.
Actualmente, Dedrick solo visita la mansión ducal una vez por semana para supervisar a los caballeros. El resto del tiempo lo dedica a cazar monstruos en las afueras. Como caballero de alto rango de origen plebeyo, protege a quienes viven al margen del Imperio.
Esa es su convicción. Mi padre respeta sus ideales y le ha facilitado los medios para cumplirlos.
Pero enseñar a un niño inexperto no es lo mismo que dirigir a caballeros ya competentes. Requiere mucho más tiempo. Como me pasó a mí antes. Es normal que dude.
Además, yo no puedo ofrecerle una recompensa tangible como hacía mi padre. Básicamente, le estoy pidiendo trabajo gratis.
Pero Ruwen es una inversión segura. Cuando su fama crezca, el prestigio de Dedrick como su mentor también lo hará. Aunque ahora solo pueda ofrecerle gratitud, a largo plazo, él también ganará.
—No pretendo interrumpir tus labores. Con una clase semanal, cuando vengas a la mansión, sería suficiente.
—Sabes que eso no alcanza para enseñar bien a un niño.
—Ruwen es brillante: si le enseñas uno, entiende diez. Puedes dejarle tarea para la semana.
—Aunque aprenda rápido… Ugh.
Dedrick se rascó la nuca y suspiró. Reconoció el talento de Ruwen, pero no quería aceptarlo como alumno solo para abandonarlo después. Yo tampoco planeaba que Dedrick le dedicara todo su tiempo.
—Yo domino la teoría. Puedo supervisar que no adopte malas posturas. Y además…
Desvié la mirada hacia Ruwen, que escuchaba en silencio, y me acerqué a Dedrick. Un niño maduro como él ya sabe leer entre líneas, así que preferí ocultar esta conversación.
Me levanté de puntillas y agarré el brazo de Dedrick demasiado alto, por cierto. Me acerqué a su oído y bajé la voz:
—Conoces mi situación. No puedo conseguirle otro instructor.
Apreté su brazo con fuerza mientras hablaba. Sus ojos bajaron hacia mi mano antes de volver a mi rostro. En ese momento, recordé el momento más vergonzoso de mi vida. Mi cara ardía al revivir esos recuerdos oscuros.
«¿Parecerá una súplica desesperada? ¿Por qué haría esto? Todo es por Ruwen».
Le había dado suficientes pistas. Si no quería decepcionarme, su respuesta sería positiva.
—¡Aaah! Esto… me va a volver loco.
Parecía que tenía mucho que decirme, pero Dedrick solo se mesó el pelo con frustración antes de apoyar las manos en la cintura:
—Chico. Como el joven señor lo desea, te enseñaré espada.
¿Estaba nervioso? Ruwen inhaló hondo y sonrió con una expresión tan radiante que pareció ahuyentar el invierno.
«Valdría la pena dar mi vida por proteger esa sonrisa». Era tan hermosa que cualquier sacrificio parecería insignificante.
Me sentí orgulloso. ¿Cuánto había pasado desde la última vez que sentí esto?
—¡Gracias! —dijo Ruwen con voz firme.
Dedrick, ya en su rol de maestro, respondió con solemnidad:
—Tienes talento físico innato. Pero desarrollarlo depende de tu esfuerzo. ¿Crees poder seguirme?
«Eso no será problema. Lo logró solo en el pasado».
Esperaba una respuesta confiada de Ruwen, pero de pronto el niño tiró de mi manga. ¿Tenía algo que decirme? ¿Algo tan privado que requería un susurro?
Me incliné, curioso, y Ruwen se acercó a mi oído con una vocecita de pájaro:
—¿Cómo debo llamar al caballero?
«¿Está intentando asesinarme atacando mi corazón? ¡Es demasiado lindo!».
En consonancia con su seriedad, bajé la voz:
—Llámalo “Maestro”. Le gustará.
Sus ojos brillantes se dirigieron a Dedrick:
—¡Sí, Maestro! ¡Yo puedo hacerlo bien!
Dedrick, adivinando la conversación, soltó una carcajada. Sus manos callosas revolvieron el pelo de Ruwen como si fuera un muñeco, pero el niño seguía sonriendo.
«Mmm. Se llevan bien. ¿Ya se desarmó ante Dedrick?».
—No hay que esperar una semana. Empezaremos ahora. Como enseñaré a Ruwen en mi sala de entrenamiento, vayamos.
Queriendo ganar puntos, me apresuré a hablar antes que Dedrick. Sería más efectivo así.
Ruwen giró la cabeza hacia mí. Un niño normal habría saltado de emoción, pero él solo infló el pecho y movió los hombros.
—Pero… ¿me prestas tu sala?
—Sí.
—Los niños solos no pueden usarla sin el joven señor.
—Ruwen es mi asistente personal. No puede ausentarse horas dejándome solo.
Claro que podría permitírselo, pero no lo haré por el riesgo de lesiones. Antes de que Dedrick replicara sabiendo que yo solía ir solo a pesar de tener a Merin, añadí:
—Por eso acompañaré a Ruwen. ¿Qué tal si usamos la sala de los caballeros?
Aunque no mencioné el posible rechazo de los caballeros, Dedrick cerró la boca. Cada vez que usé mi influencia para imponerme, él fue quien me reprendió…
—Mejor usaremos la sala del joven señor.
«Si sigues cediendo así, mi orgullo se distorsionará». Aunque lo único que podía hacer era sonreír.
«Mi paciencia crece gracias a ti, Ruwen».
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Como era la primera lección, Dedrick no enseñó mucho. Solo lo básico: posturas para cortar. Como hice yo de niño.
¡Whoosh! ¡Whoosh! ¡Whoosh!
El sonido de la espada cortando el aire era rítmico. A pesar del frío, Ruwen sudaba copiosamente, con el rostro animado y feliz. Verlo tan lleno de vida era agradable, pero…
«Hace frío».
Después de dos horas inmóvil, estaba helado. Mañana traeré una capa más gruesa.
Justo cuando me encogía temblando, Dedrick se acercó:
—Lo hago porque tú lo pediste, pero… ¿estás seguro de esto?

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
RAW HUNTER: MALVADOS LTD