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Capítulo 6

Por un momento, mi mente se llenó de signos de exclamación. «¿Acaso estaba intentando disculparse?».

¿En serio? ¿Una disculpa?

—¿Por qué me miras así? ¿Tengo algo en la cara?

—¡No, no es eso!

¡Era cierto! ¡Definitivamente lo era!

Aunque lo noté, sus dedos inquietos y su expresión avergonzada eran tan adorables que, queriendo seguir mirándolo, fingí no darme cuenta y cerré la boca.

—Es que… lo que quería decir era… No lo sabía…

—¿El qué?

—Que no debí empujarte al lago…

Su voz era tan baja que casi no se escuchaba, pero el mensaje fue claro.

Lo había anticipado, pero no esperaba que realmente se disculpara. Objetivamente, yo había empezado todo, y mi sufrimiento había sido merecido. Quizás por eso, recibir una disculpa de Ruwen me dejó con una sensación extraña.

«Seguro que creció así de amable, dulce, honesto y noble gracias a Irene».

Por un momento, me preocupé: «¿Y si lo arruino?». Pero, sabiendo el futuro que le espera, tampoco puedo dejarlo pasar.

«No. Aunque su personalidad se dañe un poco, prefiero que Ruwen viva».

Quiero ver el futuro de Ruwen que nunca llegué a conocer. Una vida vibrante, llena de emociones, experiencias, comidas y todo lo que desee hacer.

—… Y gracias. Por no dejarme quedar como un niño malo frente al Duque.

«¿Eh? Espera. ¿Qué? ¿Gracias?»

Fue tan impactante que me sacó de mis pensamientos. Por muy bueno que fuera Ruwen, esto era raro. «¿Acaso Irene le dijo que lo hiciera?»

«Hmm… si fue Irene, tiene sentido». Pero no parecía forzado. O sea, Irene le explicó las cosas con calma, a su nivel.

Esto sí que me conmovió. Ya que me dieron la oportunidad, mejor aprovecharla. Era el tema perfecto para seguir la conversación. Aunque su respuesta no me gustaría, era mejor que un silencio incómodo.

—¿Te cae bien mi padre?

—¡Sí! Es el hombre más amable e increíble que he conocido. ¡Quiero ganarme su reconocimiento y convertirme en el Caballero de la señorita!

… Escuchar su admiración por mi padre me dejó un mal sabor de boca, como si hubiera tragado agua sucia. Ver a Ruwen sonriendo tan brillante lo hacía peor.

—Qué bien. Eso sería genial.

Oculté mis sentimientos y sonreí. Sus ojos brillaban con un sueño: convertirse en el Caballero de Irene. Era tan hermoso que hasta me dieron ganas de ayudarlo.

«Pero no puedo. Si encuentra otro sueño, entonces sí lo ayudaré».

O si se enamora de alguien más, no me opondré a que proteja a Irene. Pero hasta entonces, no.

—Pero por ahora eres mi sirviente personal, así que tendrás que ayudarme mucho. ¿Entendido?

—¡No hace falta decírmelo! Aunque… me gustaría ver a la señorita de vez en cuando. Para asegurarme de que esté bien.

Eso era un problema. ¿Cómo negárselo? No tenía una excusa convincente. Si me negaba sin razón, sospecharía de mis intenciones.

«Quiero evitar que mi imagen empeore más».

Para domar a alguien, se necesita el palo y la zanahoria. Como ya le había dado suficientes golpes, era hora de ofrecerle un premio. Sabía que debía permitírselo, pero… ¿y si terminaba enamorándose de Irene otra vez?

Quiero evitar que siga el mismo camino que en la historia original, pero… ¿cómo?

—… ¿No puedo?

Pero mi duda duró poco. Ruwen me miró con esos ojos húmedos, como un cachorro abandonado…

—Está bien. Si eso te hace feliz, adelante.

Sin darme cuenta, ya le había dado permiso.

¡Maldición! Bueno, aún es un niño. Si surge algún problema, puedo acompañarlo para evitarlo.

—… ¿En serio?

—Sí. ¿Lo dudas?

—¿De verdad ha cambiado, joven maestro? Es tan diferente que da miedo.

Sus ojos estaban llenos de confusión. Aunque no me gustaba, parecía que había dado el primer paso para que me viera de otra manera.

«No hay opción. Tendré que seguir fingiendo ser buena persona».

«Ruwen, seguiré tratándote bien. Seré alguien en quien puedas confiar más que en Irene».

Levanté la mano lentamente, y él se estremeció. Ah, claro. Como siempre estuvo cerca de Irene, Ruwen recibió muchos golpes míos.

«Lo siento… Pero esta vez no es así».

Con cuidado, acaricié su cabeza. Ruwen, tenso, no quitaba los ojos de mi brazo, como si esperara que en cualquier momento lo golpeara.

De pequeño, Ruwen era realmente lindo. Cabello negro, ojos oscuros, rasgos delicados… ¿Cómo pude odiarlo y maltratarlo tanto? Estaba loco.

«Ahora me teme tanto…».

Hasta quise cortarme la mano que lo lastimó y ofrecérsela como disculpa, pero sé que huiría al instante. Me contuve.

«Ruwen, poco a poco nos acostumbraremos. Nunca más te haré daño. Te demostraré que soy alguien que te protege».

Cuando retiré la mano después del breve contacto, Ruwen finalmente se relajó. Fingiendo indiferencia, mantuve una sonrisa tranquila.

«Delante de Ruwen, siempre debo sonreír. Si pongo cara seria, pareceré frío».

—Cenemos juntos.

—¿Por qué yo?

«Seguro que no podrá resistirse».

Había pedido sus comidas favoritas, siguiendo los consejos de Irene.

—¿No quieres?

No necesitaba sonreír de antemano ante su mirada escéptica. Ya lo haré más tarde.

Cuando llegó la hora, la cena comenzó a servirse. Me senté tranquilamente en la terraza, observando, no a los sirvientes, sino a Ruwen.

El niño, incómodo, miraba a los sirvientes moverse rápidamente, como si no supiera si ayudar o quedarse quieto.

«Quien lo salve en un momento incómodo será un héroe para él». Era mi oportunidad.

—Ruwen. ¿Quieres venir aquí?

Como si estar parado le diera vergüenza, se acercó sigilosamente.

«Así es, quédate justo a mi lado. Así puedo protegerte».

Cuando solo le sonreí ante su mirada inquisitiva, Ruwen rodó los ojos y luego miró hacia el jardín.

«¿Está incómodo? ¡Qué adorable!».

—Joven maestro, todo está listo.

—Ah, buen trabajo. Pueden irse.

El sirviente me miró con sorpresa, especialmente Merin, quien me había servido por años. Su expresión fue memorable.

«Sí, lo entiendo. Es la primera vez que les agradezco, ¿no? Lo sé».

El rostro de Merin era impecable. Con una reverencia, se retiró con los demás.

¡Gulp.!

Se escuchó un trago. Sobre la mesa había más bocadillos que una cena formal. Todo estaba preparado para el gusto dulce de Ruwen, incluso el plato principal.

—Ruwen.

—¿Eh?

Respondió sin apartar los ojos del pastel, pero luego se sorprendió al darse cuenta de que había usado un lenguaje informal.

—Digo… sí, joven maestro. 

—¿Ves? Dije que querrías comer. Siéntate. Todo esto es para ti.

La tentación del pastel era demasiado fuerte, así que esta vez obedeció en silencio.

Esperé ansioso a que empezara a comer, pero cuando extendió la mano hacia el plato, se detuvo. Bajó el brazo y me miró con cautela.

—¿Qué pasa? Puedes comer.

—… ¿En serio?

—Sí. Puedes comértelo todo.

Pero solo miraba, sin atreverse. ¿Qué lo detenía?

Tomé el plato de pastel que tanto miraba, y al instante clavó sus ojos en mí. Su expresión traicionada sugería que pensó que me lo comería yo.

«Qué niño tan lindo».

—Toma.

Le acerqué el plato. Sus ojos se abrieron como platos, mirando el pastel, luego a mí, y otra vez al pastel. Sus pupilas negras brillaban como si tuvieran estrellas dentro.

«Hmm. Parece que estoy ganando puntos con Ruwen. Ahora mismo, el pastel me gana, pero no importa. Roma no se construyó en un día».

—¿Quieres probar esto también?

De paso, le alcancé un colorido macarrón.

«Menos mal que aún es pequeño». Su amor por los dulces era más fuerte que su odio hacia mí.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
RAW HUNTER: MALVADOS LTD


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