Capítulo 88
En la obra original, aparecen dos villanos. Si bien Henry es el antagonista que aparece al inicio, quien intenta obstaculizar y desafiar a Edwin bloqueando su feromona, había otro villano que aparecía en la mitad de la historia y desaparecía hacia el final.
En comparación, Henry apenas era una presencia leve que iba y venía, sin llegar a ser realmente un villano de peso. Sin embargo, las crueles acciones que llevó a cabo para arruinar a Edwin le dieron un peso considerable a las pruebas del protagonista.
Aun así, cuando Henry evocaba a ese villano, no mostraba una expresión de miedo o incomodidad.
—El conocimiento es poder.
Saber bien cómo era la obra original era una gran ventaja. Henry conocía la identidad de ese villano, sabía lo que había hecho y lo que haría después. No había razón para que Henry sintiera temor hacia él, ya que incluso podía adivinar cómo se sentía en ese momento con tanta claridad como si lo tuviera en la palma de su mano.
—Seguro que no esperaba que encontrara un tesoro en la cueva; debió sorprenderse.
Henry siempre había sabido que la cueva era obra de ellos. Sabía también que era un área peligrosa donde se reunían individuos peligrosos, una zona de riesgo que el señor no se atrevía a intervenir. Por eso no se acercó directamente; evitar caer en problemas era lo más prudente. No tocó la caja dentro de la cueva por esa misma razón.
Todo estaba planeado para amenazar al Príncipe Heredero; lo que no esperaban era que realmente hubiera un tesoro.
—En la obra original, fue Kayla quien lo tomó…
Gracias al poder de la piedra de feromonas, Kayla logró calmar la feromona de Edwin, pero se enredó en un lazo irreversible con aquel individuo.
—Ahora debe estar enfadado conmigo.
Henry se había llevado la piedra, decidido a romper el vínculo con Edwin. Al imaginarse al hombre enfurecido y sin saber qué hacer, Henry se encogió de hombros.
—Ya está hecho; no hay vuelta atrás.
De todas formas, estaban destinados a encontrarse. Mientras aquel individuo mantuviera su odio hacia el Príncipe Heredero, no tendría buenos sentimientos hacia Edwin ni hacia él. Pero no importaba. Había tiempo de sobra para prepararse para cualquier cosa que ese hombre intentara.
—Nos veremos pronto.
Pensar en ese futuro encuentro despertó una pizca de expectativa en el rostro de Henry.
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Era la hora del almuerzo, y con sus padres en el palacio, solo estaban Henry y Henna. Sin sirvientes alrededor, el ambiente era tranquilo y pacífico. Henry se entretuvo primero con una ensalada ligera, luego tomó el tenedor y el cuchillo para cortar su filete.
—¿Hoy no vas a ver a Edwin?
El cuchillo de Henry, que apenas comenzaba a cortar el filete, raspó el plato. Aunque el ruido fue molesto, Henry continuó sin inmutarse. No podía mostrar ninguna señal de nerviosismo si quería mantener la calma.
—No, hoy no hay clases, así que no iré.
—¿Ah, sí? ¿No tienes ganas de verlo?
Henna levantó su copa de vino y, al ver eso, Henry también sintió un poco de sed. Estiró la mano para tomar la copa, pero en su lugar cogió el vaso de agua. Decidió beber agua en vez de vino, un esfuerzo consciente por no cometer errores en esa situación.
—¿Qué sentido tendría?
—Dicen que cuando dos personas están vinculadas, se extrañan aunque se vean a diario.
Henna añadió—Edwin es esa persona especial para ti, ¿verdad?
Henry pensó en cómo responder. ¿Explicarle que su vínculo era incompleto y diferente de los demás? ¿O quizás decir algo distinto?
—Henna.
—¿Sí?
—Lamento no habértelo dicho antes.
Aprovechando el tema, Henry se disculpó con Henna por no haberle contado. Ella había visto en Edwin una buena pareja matrimonial. No sentía amor por él, pero creía que era el compañero perfecto para ella e incluso planeaba que le propusiera matrimonio en su cumpleaños.
Pero de repente apareció la persona vinculada a Edwin. Y no era otra que su propio hermano.
Pensando que quizás Henna podría sentirse confundida por todo, Henry la observó disimuladamente para captar su reacción. Había un brillo rojizo en la mirada de Henna; no estaba seguro de si era reflejo del vino o si era por alguna otra razón.
A medida que el silencio de Henna se prolongaba, Henry sentía una leve presión por encontrar algo más que decir. Al menos, aún no había cortado su filete. Si hubiera dado un bocado antes de hablar, seguramente se habría indigestado.
—El día que me enteré de que ustedes dos estaban vinculados.
Henna, que había estado en silencio, al fin habló. Henry disimuló, pero respiró hondo, tratando de calmar sus nervios.
—Esa noche pensé mucho. Y me di cuenta de que, antes de eso, ya me habías dado varias pistas, ¿sabes?
—¿Yo?
¿Pistas que ni siquiera él recordaba? Henry preguntó con expresión de desconcierto, y Henna asintió ingenuamente.
—Como cuando evitaste que Edwin me propusiera matrimonio en su cumpleaños, o cuando insinuaste que esperara por el mío. Y también me dijiste que encontrara a alguien a quien realmente quisiera.
—Ah…
Henry finalmente entendió lo que Henna estaba insinuando. Sus palabras en aquel momento tenían un propósito distinto, pero ella las interpretó de esa forma.
—Lo que pasa es que como ya estabas vinculado a Edwin, me diste esas señales. La culpa también es mía por no haberlo notado.
—No, no era que quisiera que lo entendieras; simplemente…
Henry negó con un gesto. Era cierto que estaba vinculado a Edwin, pero solo había tratado de proteger a Henna para que ella también encontrara a alguien especial, desviándose del trágico destino que tenían en la obra original. En esa historia, él había enviado a Henna a un país extranjero. Aun así, no podía revelarle por completo lo que pensaba en ese momento.
—Supongo que tienes razón.
«Pero, ¿qué podía hacer si todos ya pensaban como Henna?»
—Lo bueno es que Edwin no me gusta de esa forma.
—Decías que tenía buenas cualidades para un matrimonio.
—Sí, pero no tienes que sentirte culpable por no decirme antes. Seguramente tenías tus razones.
La amabilidad de Henna, pidiéndole que no se preocupara, dejó a Henry sin palabras, salvo un agradecimiento sincero.
—Ah, y deberías hablar con nuestros padres.
—¿Por qué?
Las palabras de Henna, acompañadas de un gesto con las manos, alteraron nuevamente a Henry, que apenas había logrado relajarse. La miró, esperando una explicación.
—Ese día los escuché hablando de que ya era hora de buscarte esposa.
—Oh, cielos.
Henry soltó un suspiro y se cubrió la mitad de la cara con una mano. Recordó que Edwin no había confirmado nada en aquella ocasión, pero sus padres ya estaban hablando de matrimonio.
Rápidamente, Henry movió la mano, tratando de restarle importancia.
—Seguramente sólo mencionaron la posibilidad de un compromiso.
—¿Ah, sí? Bueno, estaban bastante serios…
Henna miró al aire, recordando el momento, pero pronto dejó pasar el tema. Tal vez lo desestimó porque no se trataba de ella.
—¿Recuerdas algo más de esa conversación?
Sin querer dejar el tema, Henry lo retomó con cautela, sintiendo que era algo a lo que debía prestar atención.
Henna pareció recordar sin esfuerzo y comenzó a asentir, abriendo los labios para hablar. Justo en ese momento, el sonido de pasos en la sala interrumpió la escena. Henry y Henna volvieron la vista al mismo tiempo y vieron entrar al mayordomo de la familia acompañado de un caballero que les resultaba vagamente familiar.
—Disculpen la interrupción durante la comida.
El mayordomo se disculpó primero y luego se apartó para dejar paso al caballero, quien miró a ambos con una mirada penetrante antes de acercarse directamente a uno de ellos. Mientras Henry trataba de adivinar quién podría ser, el caballero se detuvo. Se colocó a una distancia prudente de Henry y realizó una reverencia respetuosa.
—Soy Heron, servidor del Duque Lorenst. El duque me ha pedido que entregue esto al joven Duque Timothy.
La hoja cuadrada y rígida tenía la forma de una invitación, pero desprendía una frialdad inusual.
—¿Qué es esto?—preguntó Henry, sin atreverse a tomarla de inmediato. El caballero extendió la mano aún más hacia él.
—Es una invitación dirigida al joven Duque Timothy, quien mantiene una relación estrecha con el joven Duque Edwin.
Aunque era receloso, era efectivamente una invitación. Y, para colmo, quien invitaba no era otro que el padre de Edwin.
Henry vaciló, sin saber si debía aceptarla o no. Tenía una sensación fuerte de que, si la tomaba, estaría obligado a asistir.
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Henry observó la mansión del Duque Lorenst con una mirada intranquila. Al final, había aceptado la invitación del caballero. Aunque lo llamaba “invitación,” estaba claro que el contenido era más una orden disfrazada de cortesía que lo emplazaba a presentarse.
—Había pensado tomarme un tiempo para alejarme de Edwin… pero no importa. Igual hoy no voy a verlo.
Henry se consoló a sí mismo, recordando que Edwin y el Duque Lorenst residían en lugares diferentes. Aunque se encontrara con Edwin allí, no sería tan grave; probablemente solo le preguntaría si planeaba romper su vínculo.
Decidido a no preocuparse por adelantado, Henry se dirigió hacia el encuentro con el Duque.
Sir Heron, el caballero que le entregó la invitación en nombre del Duque Lorenst, no solo le había dado la carta; además, había preparado una carroza para llevar a Henry y lo guió hasta la residencia del Duque. Gracias a eso, Henry llegó sin obstáculos y sin tiempo para ordenar sus pensamientos antes de encontrarse cara a cara con el Duque Lorenst.
El duque, con una expresión severa y unos ojos cuya inclinación afilada daba una impresión intimidante, lo miró fijamente. Henry inclinó la cabeza con respeto.
—Gracias por la invitación.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.