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Capítulo 83

Un caballero que había recibido una carta de un espía en la fiesta frunció el ceño al ver el sello rojo en el sobre. El sello amarillo indicaba informes regulares, el azul señalaba algo importante, pero el rojo… ese significaba que había información crucial.   

Con la carta en mano, el caballero se dirigió directamente hacia su señor.

Mientras el hombre leía la carta, su mano comenzó a temblar.

—¿De verdad el joven de la casa Timothy se ha llevado el tesoro?

Golpeó el escritorio con la carta aún en su mano. Había descubierto la cueva del gran mago por accidente y, tras revisarla minuciosamente para asegurarse de que no había nada, había utilizado esa información como trampa para atraer al Príncipe Heredero. Pero ahora…

—¿De verdad había un tesoro? ¿Un tesoro dejado por el gran mago?

Alguien había encontrado el tesoro. Y era precisamente el joven de la casa Timothy, al que había planeado utilizar para desestabilizar al Príncipe Heredero.

—Ja, ja…

El hombre soltó una risa amarga. Lo habían engañado completamente. La situación le resultaba tan increíble que, mientras el asombro se desvanecía, su rostro comenzó a teñirse de rabia.

—¿Así que el joven Timothy me ha engañado?

El caballero, incapaz de responder, inclinó la cabeza en silencio. No se atrevía a decir que su señor simplemente había tenido mala suerte, ya que eso equivaldría a admitir que Timothy había sido afortunado.

—¿Cómo es ese joven Timothy?—preguntó el hombre con interés creciente.

—Es el heredero de la casa Timothy, con una naturaleza de beta. Aparte de sus sentimientos por el joven Lorenst, no posee habilidades destacadas.

—Así que lo único que tiene es un buen linaje.

—Correcto.

El joven parecía haber nacido en una buena familia, pero no había despertado como alfa, lo que lo hacía menos imponente que otros nobles. Comparado con el joven de la casa Lorenst, que al menos se había manifestado como un alfa incompleto, el hombre los consideraba a ambos insignificantes.

Para un alfa de élite como él, los betas eran comunes y los alfas incompletos no merecían ni su atención. Tras reflexionar un momento, el hombre giró la cabeza hacia la ventana, observando cómo la luz del día comenzaba a cambiar. Había pasado tanto tiempo en la mansión que la rutina de observar el día a través de la ventana se había vuelto un hábito.

—Quizás debería salir un rato.

De repente, se sintió con ganas de conocer al joven de la casa Timothy en persona. Si podía, le preguntaría cómo había obtenido el tesoro, y si le agradaba la respuesta, lo tomaría para sí. Después de todo, él había descubierto la cueva primero, así que tenía todo el derecho.

—Mi señor, un visitante ha llegado.

Justo cuando el hombre estaba considerando su plan, el caballero regresó para informar de la llegada de alguien.

—¿Quién es?—preguntó.

Antes de que el caballero pudiera responder, la puerta se abrió de golpe. Dado que solo unos pocos tenían el derecho de entrar así, la incomodidad en el rostro del hombre se desvaneció rápidamente cuando vio quién era.

—¿Hook?

Reconociendo el rostro, una amplia sonrisa iluminó su semblante. Hook se quitó la capucha del abrigo mientras entraba en la sala, saludando al hombre.

—Ha pasado un tiempo.

Hook se acercó rápidamente. Nadie había intentado detenerlo mientras entraba, lo que mostraba lo estrecha que era su relación con el señor. Tras la llegada de Hook, el caballero se retiró en silencio, cerrando la puerta tras de sí para no interrumpir.

Hook se dejó caer en una silla vacía, sacudiendo la cabeza. Al hacerlo, su cabello, aplastado por el abrigo, se levantó brevemente en el aire antes de caer sobre su rostro.

—¿Cuándo llegaste?

—No hace mucho.

—¿Ocurre algo por aquí?

A la pregunta del hombre, Hook ladeó la cabeza como si estuviera reflexionando.

—¿Que si pasa algo? Quizás sí, quizás no.

El hombre, Taylor, sonrió con un aire de resignación ante las palabras ambiguas de Hook, como si su cercanía no fuera suficiente para que este último compartiera todos sus secretos.

—Solo me quedaré una noche. ¿No es problema, verdad, Taylor?—preguntó Hook mientras se levantaba para salir.

Taylor, sin poder ocultar una sonrisa de comprensión, asintió.

—Por supuesto, quédate cuanto quieras.

Antes de salir de la habitación, Hook se detuvo y miró a Taylor con una expresión divertida.

—Tienes el rostro pálido… ¿Has estado encerrado otra vez, verdad?

Aunque Hook solo había intercambiado unas pocas palabras, parecía haber notado inmediatamente el estado de Taylor. Este último, al darse cuenta, se tocó la cara con cierta incomodidad y luego se encogió de hombros.

—Planeaba salir pronto de todas maneras—dijo Taylor con naturalidad. Sin embargo, su respuesta sonaba como una excusa, algo que no pasó desapercibido para Hook, aunque Taylor evitó su mirada inquisitiva.

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

Desde el momento en que Edwin sugirió que revelaran la verdad, Henry se sintió completamente perdido. Decir que él había tomado el tesoro no le molestaba; no tenía intención de ocultarlo, pero tampoco había sentido la necesidad de proclamarlo. Sin embargo, el hecho de que él y Edwin estuvieran vinculados era un secreto que no podía ser revelado, bajo ninguna circunstancia. Y aun así, Edwin quería hacerlo. Quería exponer su secreto compartido…

—Edwin, no es necesario complicar esto—trató de convencerlo Henry. Quizás debería haber dejado que Edwin actuara por su cuenta desde el principio, pero ahora ya era demasiado tarde para arrepentirse.

«¿Qué estaba pensando Edwin al querer revelar su vínculo?»

Henry tomó la mano de Edwin y comenzó a caminar, decidido a salir de allí y hablar en privado. 

—Vamos afuera. Hablamos de esto después.

Aunque Henry deseaba desesperadamente entender el cambio en la actitud de Edwin, no era el lugar ni el momento. Pero Edwin no se dejó arrastrar. En lugar de seguirlo, Edwin lo atrajo hacia sí, colocándolo a su lado.

—Edwin—exclamó Henry con frustración.

—Es mejor decir la verdad que seguir siendo malinterpretado—replicó Edwin con calma.

—Pero…

Henry sacudió la cabeza. Revelar su vínculo podría despejar las dudas sobre Edwin y su condición, pero eso abriría una caja de Pandora que nunca podrían cerrar.

—La relación cercana es conmigo, no con el Príncipe—dijo Edwin, apuntando a lo que para él era el núcleo del problema.

—¿Qué?

Henry estaba desconcertado. ¿Qué tenía que ver eso con lo que estaba ocurriendo?

—Me dijiste que querías que el mundo supiera que soy un alfa normal. Dijiste que eso era lo más importante.

Eso lo había dicho Henry el día en que Edwin visitó su casa. En el jardín, Henry le había sugerido a Edwin que una vez que superara su problema, deberían hacer pública su situación. Pero la intención era que eso sucediera después de romper su vínculo, no de esta manera.

—Me dijiste que una vez que eso se resolviera, no habría más problemas. ¿No es así?

—Edwin… yo…

Lo que Henry había querido era liberar a Edwin, no exponerlo así. Pero cuando miró a Edwin a los ojos, se dio cuenta de que ya habían cruzado el punto de no retorno.

Edwin se giró, dándole la espalda a Henry, pero no soltó su mano. Mientras se movía, Henry también se vio obligado a girar ligeramente, siguiendo el movimiento de Edwin. Los presentes se apartaron para dejarlos pasar, no tanto por el gesto de Edwin, sino porque comenzaron a darse cuenta de quién estaba detrás.

Edwin sostuvo la mirada del Duque Lorenst.

—Tienes talento para desacreditar el nombre de tu casa—comentó el Duque con frialdad, mirando a Edwin con desdén.

Si iba a marcharse, debería haberlo hecho ya, y si no, debería haber tomado control de la situación. Pero ahí estaba, plantado en el medio de la sala, charlando con un joven insignificante de la casa Timothy. Para el Duque, el espectáculo que ofrecía Edwin era de lo más patético.

Sin embargo, cuando Edwín empezó a hablar directamente con él, la expresión de disgusto en el rostro del Duque Lorenst se endureció aún más. Sentía que su hijo intentaba arrastrarlo también a este espectáculo público, lo que le provocaba una creciente incomodidad.

—Tengo algo que decir.

Edwín, observando el frío semblante del Duque, habló con total calma. Su rostro no mostraba ni el más mínimo rastro de haberse sentido afectado por la mirada despectiva de su padre.

—Escuché que el joven de la familia Timothy tiene el tesoro.

La pregunta del Duque, impregnada de un suspiro, era clara: ¿Tenías algo más importante que decir? ¿Algo más relevante que eso? Edwín, con una indiferencia aún mayor, respondió.

—Me he emparejado con Henry.

El impactante anuncio de Edwín hizo que el leve murmullo que flotaba en el ambiente se extinguiera por completo. Las personas que antes murmuraban al respecto quedaron completamente boquiabiertas, incapaces de pronunciar palabra, con rostros llenos de asombro.

Los que inicialmente dudaron si realmente habían oído bien, confirmaron la veracidad de la declaración al observar las expresiones igualmente atónitas de los demás. En el silencioso salón, tan tranquilo que se podría escuchar caer un alfiler, alguien dejó escapar un hipido.

—Ah, estamos acabados.

El suave susurro de Henry rompió el hechizo, y el ambiente en la sala estalló en un ruido ensordecedor de conversaciones agitadas. El impacto fue aún mayor que el hecho de que Henry hubiera tomado el tesoro del Gran Mago. Algunos no podían dejar de hipar, mientras que otros ya empezaban a preguntar cómo había sucedido todo.

Aunque Edwín no era un alfa tradicional, seguía siendo uno, por lo que un emparejamiento con alguien como Henry, un beta, parecía imposible. La gente no dejaba de especular sobre cómo se había formado ese vínculo, o si Henry había manifestado algún rasgo que hasta ahora se desconocía.

El tesoro ya no importaba. Para muchos, no había suceso más intrigante que este. La curiosidad por descubrir lo que realmente había sucedido se reflejaba en los ojos de todos.

—¿Emparejados…?

Incluso el Duque Lorenst no era la excepción. Al principio, no pudo asimilar lo que había escuchado, pero después de un momento de reflexión, finalmente volvió a mirar a Edwín. Fue entonces cuando vio las manos firmemente entrelazadas de Edwín y Henry. Y detrás de ellos, Henry, que no negó lo ocurrido, como si estuviera tratando de ocultarlo de su propia vista.

—¿Por qué decides decir esto ahora?

—Porque Henry tiene el tesoro debido a nuestro emparejamiento.

Con esas palabras, Edwín no solo reveló la razón por la cual Henry tenía el tesoro, sino que también disipó cualquier malentendido sobre la posible relación entre Henry y Kayla.



TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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