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Capítulo 81

—¿Por qué debo ir contigo?   

Después de asistir a la clase juntos, Henry fue directamente al palacio imperial desde la casa de Edwin. Inicialmente, Henry planeaba irse directamente a casa, deteniéndose en la casa del Duque Timothy antes de dirigirse al palacio. Sin embargo, el Duque Timothy había solicitado expresamente que trajera a Edwin consigo, probablemente porque creía que Edwin no iría si Henry no lo hacía.

Mientras seguía a Henry hacia el interior, Edwin miraba incómodo a su alrededor. Desde hace un rato, había notado miradas furtivas. Aunque intentaban disimular, la gente no dejaba de observar a Henry y a Edwin. No era la típica atención que recibía por ser el hijo del Duque. Era la misma sensación de cuando todos se enteraron de que se había convertido en un alfa defectuoso. Con miradas de complicidad, como si supieran algo, susurraban entre ellos.

—¿No vas a entrar?

Henry lo apremió, aparentemente molesto por el titubeo de Edwin. Este, aún alerta, reanudó su paso, pero no pudo evitar echar otro vistazo a su alrededor.

—Algo está mal.

—¿Qué cosa?

Henry lo miró inquisitivamente, pero Edwin solo negó con la cabeza. No había nada claro aún, y era mejor observar un poco más antes de decirle algo a Henry. Al volver a mirar a su alrededor, Edwin notó que aquellos que los observaban apartaban la vista con rapidez. Algunos carraspeaban incómodos, y otros, al no poder esquivar su mirada a tiempo, inclinaban la cabeza de forma torpe para saludarlo.

Aunque era una recepción en honor al Príncipe Kayla de Pontesia, Edwin no era el único que sentía que la atención estaba desviada hacia otra persona.

Una vez dentro, Henry quedó impresionado por la cantidad de personas reunidas. Sabía que el Príncipe William había enviado las invitaciones personalmente, por lo que esperaba una gran concurrencia. Pero ver el vasto salón, que en ocasiones anteriores parecía inmenso, ahora lleno de gente, destacaba la influencia del Príncipe Heredero.

Es lógico, dado que tenemos una relación diplomática de larga data con el Reino de Pontesia, pensó Henry.

En la mesa principal, su padre, el Duque Timothy, y el padre de Edwin, el Duque Lorenst, ocupaban sus asientos. Rodeados por los nobles más influyentes del imperio, Henry intentó adivinar los motivos de su asistencia. De cualquier modo, era mejor que Kayla no fuera marginado, pensó mientras se internaba en el salón.

«Pero, ¿desde cuándo Edwin se volvió tan atractivo? ¿Por qué lo miran tanto?»

Henry también notaba las miradas que él y Edwin recibían. Aunque no solía ser tan perspicaz en este tipo de situaciones, era evidente que muchas personas los observaban. Henry, atribuyendo la atención a Edwin, dejó escapar un suspiro de frustración.

Algunos aún lo veían como un alfa defectuoso, pensó Henry con pesar. Sabía que no era cierto, pero no podía explicarlo abiertamente, lo que lo dejaba con un sentimiento de impotencia.

—¿Por qué me miras así?—preguntó Edwin, notando la mirada compasiva de Henry. 

Edwin, molesto, liberó un ligero rastro de feromonas para instar a Henry a desviar la mirada.

—Como si fueras a agradecer que me preocupara por ti—murmuró Henry, chasqueando la lengua. De todas formas, ahora que ya habían llegado, su prioridad era entregar el regalo que había preparado para Kayla y luego sentarse. Justo en ese momento, Kayla lo vio y le hizo un gesto con la mano.

—Qué alegría verte aquí. Este es un pequeño obsequio en señal de bienvenida al Príncipe.

—¿Príncipe? No es necesario que me llames así. Puedes llamarme simplemente Kayla—corrigió el Príncipe con una sonrisa, mientras tomaba el regalo de Henry. No le agradaba la formalidad que creaba el título, prefiriendo una relación más cercana.

Henry asintió levemente, aceptando la solicitud de Kayla sin problemas. Si él lo prefería, no tenía inconveniente en llamarlo por su nombre de pila.

Kayla sonrió ampliamente al ver que Henry aceptaba y sostuvo el regalo con cuidado.

—Gracias por el cálido recibimiento.

—Es lo menos que puedo hacer—respondió Henry con modestia, pero Kayla no podía disimular su satisfacción. Mientras sostenía la caja en sus manos, parecía estar considerando algo importante que quería decir.

—Henry.

Cuando Henry lo miró, Kayla vaciló. Las palabras parecían atascarse en su garganta, como si fuera difícil hablar del tema.

Henry pensó en apurarlo, pero se contuvo. Sabía que si Kayla tenía algo que decir, lo diría eventualmente, aunque tomara su tiempo. Ya había entregado su regalo, y no tenía ninguna prisa.

—En realidad, te he estado esperando hoy, Henry.

—¿A mí?

Henry miró a Kayla con desconfianza. El tono no parecía ser simplemente el de un amigo esperando a otro. Kayla asintió ligeramente y luego dirigió su mirada hacia el Príncipe William, quien se encontraba no muy lejos. Durante la conversación que habían tenido en el palacio sobre el viaje, Kayla había decidido que había algo que debía decirle a Henry.

Mientras Henry conversaba con Kayla, Edwin seguía observando con atención el ambiente que los rodeaba, sintiendo que algo andaba mal. Aunque no podía identificarlo de inmediato, sus sospechas aumentaron cuando sus ojos se cruzaron con los de William. El Príncipe William movió los labios sutilmente, pronunciando unas pocas palabras dirigidas a Edwin.

Solo con esas pocas palabras “tesoro, Henry, beta” Edwin comprendió la gravedad de la situación y frunció el ceño mientras giraba sobre sus talones.

—Henry, salgamos de aquí.

Edwin tomó a Henry por el brazo, tirando de él. Henry, sorprendido, se resistió a moverse, plantando firmemente los pies en el suelo.

—Un momento.

Aún no había escuchado lo que Kayla quería decirle, así que Henry, en un tono decidido, dejó claro que no se iría hasta obtener respuestas. Edwin, sintiendo la urgencia, apretó más fuerte el brazo de Henry.

—No será tarde si lo escuchas después—dijo Edwin con una mirada penetrante dirigida a Kayla. Con las palabras que William le había susurrado, Edwin entendió que la mayoría de las personas en la sala creían que Henry había tomado el “tesoro”. No estaba claro cómo se había difundido ese rumor, pero lo principal era proteger a Henry. 

Sin embargo, Henry, ignorante de lo que estaba sucediendo, no estaba dispuesto a moverse. 

—Henry…—comenzó Edwin de nuevo.

—Lo escuché del Príncipe Heredero—interrumpió Kayla, desviando la atención de Henry hacia él una vez más. Aunque la mirada de Edwin era aguda, como si lo estuviera advirtiendo, Kayla se hacía el desentendido, manteniendo su atención exclusivamente en Henry.

—Príncipe, hay otras personas esperando—dijo Edwin, insinuando que Kayla debería dejar a Henry en paz. También era una advertencia para que Kayla tuviera cuidado con lo que decía. Edwin temía que Kayla preguntara abiertamente sobre el tesoro. Sin embargo, Edwin seguía tirando de Henry hacia la salida, aunque ahora Henry mostraba una clara incomodidad por la situación.

—¿Qué demonios pasa?—preguntó Henry, frustrado por el comportamiento de Edwin.

—Henry, tenemos que salir de aquí—insistió Edwin.

—¿Está ocurriendo algo? ¿Qué es?—respondió Henry, empezando a notar que algo serio sucedía al ver la expresión de Edwin. Aunque Edwin quiso explicárselo, decidió que lo más importante era sacarlo de allí primero. Pero Kayla no iba a dejar que se fueran tan fácilmente.

—Henry…

Kayla tomó el otro brazo de Henry, quien frunció el ceño al verse atrapado por ambos lados. Le recordó la vez reciente en que tanto Edwin como Kayla lo habían sujetado de manera similar. ¿Otra vez?, pensó Henry mientras sacudía ambos brazos para liberarse de sus manos.

—Vamos a resolver esto paso a paso. Kayla, ¿qué es lo que querías decir?—dijo Henry, dándole la espalda a Edwin. Emitió una feromona que claramente decía que no quería ser interrumpido, y sintió que Edwin se detenía. Con una mirada, instó a Kayla a hablar.

Finalmente, Kayla sonrió, sintiéndose complacido de tener la atención de Henry. 

—Escuché que hiciste contacto con una caravana en tu viaje.

—Ah, sí.

—Me gustaría recibir uno de los objetos que ellos fabrican. ¿Podrías darme uno cuando esté listo?

Henry se sorprendió de que lo hubiera alargado tanto por algo tan sencillo. No era un pedido complicado, así que asintió. 

—Por supuesto.

No había problema en darle el objeto. Además, Kayla era un Príncipe, y su simple mención podría aumentar la fama del producto. En todo caso, Henry se encontraba en posición de pedirle el favor a él.

—Me dijeron que es un anillo. ¿Me lo darás personalmente?—preguntó Kayla con un tono insinuante.

Henry, que ya tenía pensado entregárselo en persona si Kayla seguía en el Imperio cuando el objeto estuviera listo, volvió a asentir.

—Nos veremos pronto, entonces—dijo Kayla con una sonrisa, despidiéndose mientras Henry sonreía y se giraba hacia Edwin, quien lo seguía mirando con impaciencia.

—¿Vamos a salir? ¿Solo eso querías?

—Sí.

Decidido a preguntar a Edwin qué estaba ocurriendo tan pronto como estuvieran fuera, Henry siguió a su amigo hacia la salida. Edwin volvió a tomar su muñeca durante el trayecto, pero Henry no vio razón para sacudirlo.

Sin embargo, al llegar a la puerta, algo estaba mal. El camino, que antes había estado despejado, ahora estaba bloqueado. Henry frunció el ceño, tratando de entender la situación. Rápidamente, se dio cuenta de que la salida estaba llena de gente.

—Henry, hijo del Duque Timothy—llamó una voz desde la multitud.

Henry, sorprendido de escuchar su nombre, miró hacia quien había hablado. 

—¿Qué ocurre?

—Hay algo que queremos preguntarte—dijo uno de los nobles presentes, con un tono solemne. 

—Y dado que el Duque Timothy está aquí, ¿podemos hacerte una sola pregunta?

El tono grandilocuente hizo que Henry pensara que quizás Edwin había intentado sacarlo por esta misma razón. Miró al noble, esperando su pregunta.

—El tesoro del Gran Mago—pronunció de repente, causando que los ojos de Henry se abrieran de par en par por la sorpresa. El noble notó la reacción y continuó, elevando su voz. 

—¿Es cierto que el joven Duque se llevó el tesoro?

La pregunta directa dejó a Henry sin palabras.



TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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