Capítulo 77
—¿Por qué de repente cambias de tema?—Henry miró a Edwin con fastidio al oírle decir que no le daría la piedra de feromonas. Hasta hace unos momentos, el aire entre ellos estaba impregnado con una suave bruma de feromonas, pero ahora se había disipado, dando paso a una atmósfera más tensa, cargada de feromonas con espinas.
Cuando ambos dejaban que sus feromonas fluyeran libremente, no hacía falta hablar para entender cómo se sentían. La irritación de Henry era palpable, y Edwin lo sabía, aunque evitaba mirar directamente. Esto solo hizo que Henry intensificará la emisión de sus feromonas, dejando clara su molestia por la actitud caprichosa de Edwin.
Los ojos de Edwin descendieron lentamente hasta encontrarse con los labios temblorosos de Henry, y esbozó una sonrisa. A pesar de todo, Henry notó cómo Edwin mostraba una breve sonrisa, algo que últimamente hacía cada vez más a menudo. Levantó una ceja con curiosidad y suspicacia.
—¿Qué es lo que te molesta ahora? ¿Por qué no me vas a dar la piedra de feromonas?—preguntó Henry con impaciencia.
—Si te la doy, tratarás de romper nuestro vínculo—respondió Edwin con tranquilidad.
Henry soltó una risa incrédula. Era obvio, por supuesto que quería romper ese vínculo.
—Entonces, ¿quieres mantener esta relación? ¿Por qué estás actuando así, Edwin?—suspiró Henry, cansado de repetir siempre lo mismo. Le parecía como si estuviera hablando con un niño que no entendía las explicaciones, y ya empezaba a sentirse agotado. Pero Edwin seguía sin comprenderlo.
—Sí, estoy diciendo que me parece bien mantener esta relación—dijo Edwin con total serenidad, provocando que el ánimo de Henry se desplomé aún más.
Hasta hace poco, solo estaba molesto porque Edwin no quería darle la piedra, pero ahora, su frustración crecía genuinamente. Henry se sentía cada vez más cansado, tanto física como emocionalmente.
—Tú…—Henry apretó los labios, intentando controlar sus emociones que amenazaban con estallar en forma de reproches hacia Edwin. Decir que quería mantener esa relación… ¿Cómo podía ser tan insensible? La ira hizo que el calor subiera hasta su rostro, y se llevó una mano a los ojos, tratando de enfriarse un poco. Sus labios apenas se movieron mientras hablaba en un tono apagado.
—Esto no es algo de lo que puedas hablar tan a la ligera—murmuró Henry.
¿Por qué había emprendido aquel viaje? Ni siquiera llevaba mucho tiempo en el cuerpo de Henry cuando tomó la decisión. En aquellos primeros días, apenas había tenido tiempo para lograr adaptarse a este nuevo mundo, pero ya sabía que la única forma de sobrevivir era romper el vínculo. Se embarcó en una travesía incierta, llena de peligros, todo por una esperanza de vida. Y ahora, Edwin trataba todo como si fuera un juego.
La frustración de Henry crecía, sentía como si el suelo se derrumba bajo sus pies. Cuando la ira es lo suficientemente intensa, las emociones desaparecen del rostro, dejando solo frialdad. Con el rostro inexpresivo, Henry apartó los brazos de Edwin con firmeza.
—Necesito esa piedra de feromonas—dijo con una voz tranquila pero cargada de determinación. El ambiente alrededor de Edwin también cambió al escuchar la seriedad en el tono de Henry.
—Sabes muy bien que este vínculo a medias no es bueno para ninguno de los dos—continuó Henry.
Edwin era señalado por todos, y Henry estaba destinado a marchitarse, a morir por el amor no correspondido. Nadie saldría feliz de este vínculo, y para liberarse, necesitaban la piedra de feromonas.
Henry bajó la cabeza, cansado. Él no había pedido este vínculo, ni había deseado estar en esta situación, pero, por el simple hecho de convertirse en Henry, había tenido que enfrentarlo todo. Había sobrevivido hasta ahora con la esperanza de que romper el vínculo le daría una oportunidad de vivir. Pero ahora, sentía que Edwin estaba jugando con esa única esperanza.
—¿De verdad crees que esta relación, donde sólo sentimos las feromonas del otro y nos excitamos sin sentido, está bien?
Henry observó a Edwin mientras este intentaba descifrar sus emociones a través de las feromonas. Pero Henry, decidido, había ocultado por completo su rastro, bloqueando la única vía que Edwin solía usar para comprender cómo se sentía. Finalmente, la mirada de Edwin volvió a centrarse en Henry, y este rompió el silencio.
—¿Me amas?—la pregunta de Henry, directa y sin rodeos, cortó el aire entre ambos. Edwin entrecerró los ojos al ver la expresión en el rostro de Henry, una mezcla de emociones que apenas lograba ocultar.
—¿De verdad crees que nuestro vínculo es normal?—continuó Henry. Sabía que el fundamento de cualquier vínculo radicaba en un deseo mutuo, en un sentimiento genuino que, en su caso, nunca había existido en primer lugar.
Edwin no dijo nada. Se limitó a observar a Henry en silencio, su mente trabajando detrás de esa fachada tranquila.
—Volvamos todo a su lugar—propuso Henry—Tú serás un alfa como corresponde, y yo… seré un omega, como debe ser.
Estas palabras dejaron entrever el verdadero deseo de Henry: romper el vínculo, aceptar su naturaleza de omega y vivir la vida que le correspondía. Sus ojos, apagados por la tristeza, reflejaban la seriedad de su decisión, y Edwin, por primera vez, parecía estar sumido en una reflexión sincera.
—Henry, nosotros no somos anormales—dijo Edwin finalmente. Su voz sonaba tranquila, como si de alguna manera todo lo que estaba pasando entre ellos fuera parte de un plan natural.
Henry no respondió de inmediato. Edwin continuó—Yo me manifesté correctamente, y tú eres mi omega.
Esas palabras dejaron a Henry sin aliento. Por un momento, no encontró qué decir. Edwin lo había dicho con tal naturalidad que le costaba procesarlo.
—Si lo que quieres es que diga que te quiero para mantener nuestro vínculo, entonces sí, te quiero. Te deseo—añadió Edwin.
Eliza: quede iceee,hielooo, estaba paralizada con mucho miedo y no me podía moveeeer.
—Edwin…—Henry apenas pudo pronunciar su nombre antes de que Edwin lo interrumpiera nuevamente.
—Quiero que seas mío—el tono de Edwin era firme, casi posesivo, y las palabras cayeron sobre Henry como un jarro de agua fría.
—No me importa que no sea un alfa por completo. Lo que más valoro es poder sentir tus feromonas—continuó Edwin—Todo lo demás es irrelevante para mí. Lo único que quiero es sentir tus feromonas y que solo yo pueda hacerlo.
Cuanto más hablaba Edwin, más temblaban los ojos de Henry. Cada palabra lo sumía más en la confusión.
—Ahora, solo quiero que tus feromonas me pertenezcan—declaró Edwin—Si ese deseo de poseerte proviene de que te amo, entonces sí, Henry, te amo.
—Edwin…—Henry intentó hablar de nuevo, pero las palabras lo eludieron.
—Te amo. Así que sigamos manteniendo nuestro vínculo—finalizó Edwin.
La confusión reemplazó la sensación de vacío en Henry. Las palabras de Edwin, que deberían haber sonado dulces, tenían un matiz oscuro, casi amenazante, como si el amor que le confesaba no fuera una elección, sino una obligación.
—… Necesito tiempo para pensar.
Henry no podía aceptar ni rechazar las palabras de Edwin. Estaba tan confundido por la confesión que no tenía energía para cuestionar las condiciones que Edwin había impuesto. Solo sabía que necesitaba tiempo para ordenar sus pensamientos.
Al notar la mirada confusa de Henry, Edwin dio un paso atrás, abriéndole la puerta para que pudiera salir. Un gesto que, aunque parecía amable, se sentía como si Edwin lo estuviera dejando escapar, dándole una salida. Henry, sin decir nada, salió rápidamente, casi huyendo de la situación.
—
Una vez dentro del carruaje, Henry comenzó a procesar lo que acababa de suceder.
{—Si ese deseo de poseerte proviene de que te amo, entonces sí, Henry, te amo.}
«¿Qué significa eso…?»
Las palabras de Edwin seguían resonando en su cabeza. No podía distinguir si el deseo de Edwin de mantener el vínculo provenía del apego generado por las feromonas o si realmente lo amaba. Todo parecía estar envuelto en ambigüedad.
Por mucho que Henry quisiera entender los sentimientos de Edwin, se dio cuenta de que nunca lo había conocido por completo. Creía saberlo todo sobre él, pero ahora se daba cuenta de que no era así.
«¿De verdad me ama?»
Aunque las palabras de Edwin sonaban como condiciones, el hecho de que fuera Edwin quien confesara sus sentimientos no era algo que Henry pudiera tomar a la ligera. Si Edwin realmente lo amaba, ¿podría su relación cambiar?
«¿Podría ser posible que, sin romper el vínculo, ambos pudieran encontrar una manera de estar juntos sin que Henry se sintiera amenazado? Edwin también podría aprender a controlar sus feromonas, y tal vez Henry podría corresponder esos sentimientos con el tiempo.»
Por primera vez, Henry empezó a considerar la posibilidad de un futuro diferente. Mientras el carruaje lo llevaba de vuelta a casa, una leve esperanza se abrió paso en su corazón. Durante todas esas confrontaciones con Edwin, no podía negar que en el fondo algo en él había comenzado a tambalearse.
Si hubiera una oportunidad de que las cosas salieran bien con Edwin, tal vez… podría intentarlo.
Al llegar a casa, un sirviente lo recibió con una noticia inesperada.
—Un visitante ha venido a verlo, señor.
Henry, aún inmerso en sus pensamientos, caminó automáticamente hacia donde lo dirigían. Solo cuando estuvo a punto de preguntar quién lo visitaba, su voz se desvaneció al ver a la persona que lo esperaba en el salón.
Una figura se levantó del sofá al escuchar su llegada. Al girarse, Henry abrió los ojos con sorpresa.
—¿Cuánto tiempo, no?
Kayla le sonreía con esos labios de suave color rosado, Henry quedó sin palabras.
—No esperaba esta reacción.
Kayla, fingiendo una ligera decepción, agregó en tono juguetón
—Pensé que me recibirías mejor, somos amigos, ¿no?
Pero Henry no pudo responder. Según lo último que recordaba, eran amigos antes de separarse, pero su mente estaba tan abrumada que no podía sentir ninguna alegría por su llegada.
—¿Cómo…? ¿Cómo llegaste aquí…?
—Tenía algunos asuntos en el imperio, y pensé que también podría visitar a un amigo.
La voz alegre de Kayla contrastaba con la creciente oscuridad en el semblante de Henry. Desde el momento en que Kayla apareció, todo lo que había estado reflexionando sobre su futuro con Edwin se desmoronó. Todo lo que había imaginado, la pequeña esperanza que había sentido, se desvaneció.
Ahora, lo que había parecido un camino hacia un nuevo comienzo se sentía como una caída al vacío.
Eliza:

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.