Capítulo 73
Tras la cena, en el regreso, Henry acompañó a Edwin de forma natural. Inicialmente, Henry debía regresar a casa con el Duque Timothy, su esposa y Henna, pero nadie de la familia de Timothy los separó.
Mientras caminaba junto a Edwin, Henry se detuvo repentinamente. Su rostro adoptó una expresión seria, algo que contrastaba con la actitud alegre y dominante que había mostrado durante la cena.
«El Duque Lorenst me sorprendió. Pensé que odiaría a Edwin…»
El Duque Lorenst siempre había sido una persona con un orgullo extraordinario. Aunque el Duque Timothy parecía similar en ese sentido, la diferencia entre ambos radica en su capacidad de aceptar a los demás. El Duque Timothy no se sintió decepcionado ni rechazó a Henry por ser un beta. Para él, era simplemente un hecho que en una familia con habilidades genéticas hubiera una línea beta.
A pesar de que Henry no poseía el rasgo genético dominante, el Duque Timothy seguía mostrándole el mismo afecto, como si no hubiera cambiado nada. No le imponía clases relacionadas con su condición genética, mostrándose comprensivo y respetuoso.
Pero el Duque Lorenst era diferente. Siempre había deseado que Edwin, su sucesor, fuera un hijo perfecto. Desde pequeño, le había brindado una educación rigurosa, convencido de que Edwin se manifestaría como un alfa. Con el tiempo, sus expectativas hacia Edwin aumentaron, ya que él, con su aguda inteligencia, se ajustaba bien a sus demandas.
Sin embargo, cuando Edwin se convirtió en un alfa incompleto, la decepción del Duque Lorenst fue abrumadora. En lugar de consolar a Edwin, fue el primero en darle la espalda, evitando a su hijo como si fuera una vergüenza para la familia. Durante años, Henry había creído que así era como vivía el Duque Lorenst, sin preocuparse por su hijo.
«Pero en realidad, no es así.»
El objetivo de Henry al asistir a la cena de hoy era acercarse al Duque Lorenst. Quería que el Duque viera a Edwin de nuevo, que entendiera que su hijo no era menos por no poder sentir feromonas. Aunque el Duque mostrará desagrado, Henry no tenía intención de retroceder. De hecho, actuó sin rodeos, fingiendo ignorancia para evitar crear una atmósfera incómoda, y al final obtuvo un resultado inesperado.
—Edwin.
Henry, recordando al Duque Lorenst, giró la cabeza para mirar a Edwin. Tan pronto como lo hizo, sus ojos se encontraron con los de Edwin, quien ya lo estaba observando. Henry retuvo la respiración sin darse cuenta. El aura que desprendía Edwin, con la oscuridad total de la noche como escenario, era de una belleza asfixiante.
No era un atardecer rojo, sino simplemente la noche. A pesar de que solo había oscuridad detrás de él, la tranquilidad de Edwin y su misterioso atractivo creaban una atmósfera única.
No sabía si era por su cabello negro o por alguna otra razón, pero la expresión de Edwin lo dejó sorprendido. Henry, sintiendo un fuerte latido en su pecho, se frotó disimuladamente la zona del corazón y adoptando un tono brusco, habló:
—Sobre el Duque Lorenst…
El flujo pesado de feromonas de Edwin indicaba que el tema no le agradaba. Sin embargo, Henry no era de los que ajustaban sus palabras según el estado de ánimo de los demás, así que continuó sin vacilar.
—Te aprecia mucho.
—Tienes una habilidad increíble para decir tonterías.
—¿Por qué crees que no es cierto?
Henry le devolvió la pregunta con calma.
—¿Dices que el Duque me aprecia?
Edwin ni siquiera lo llamó “Padre”, lo cual evidenciaba la distancia entre ambos. A pesar de esto, Henry no cambió de opinión y asintió con firmeza.
—Sí.
—Debes haber bebido un mal vino hace un rato.
—Pero no es mentira, es verdad.
Henry insistió, aunque no habían pasado mucho tiempo juntos, él pudo notarlo. Sin embargo, Edwin no parecía entender en absoluto.
—Es un padre que te tiene un gran aprecio.
A pesar de la explicación de Henry, Edwin no prestó atención.
—Si tuviera que señalar a la persona que más me odia en el mundo, sería al Duque Lorenst.
Edwin habló con resignación, notando la falta de perspicacia de Henry. El Duque Lorenst fue el que tuvo mayores expectativas,por él y por eso también fue el que más se desilusionó. Así que, para Edwin, pensar que su padre lo apreciaba era algo completamente absurdo.
—La razón de que haya respondido a tus preguntas hoy es que el Emperador estaba presente. No te hagas falsas esperanzas.
Edwin cortó la conversación, dejando claro que no quería profundizar más en el tema. Su tono decidido hizo que Henry abriera la boca para decir algo, pero terminó suspirando.
—Pero es verdad.
Henry, antes de conocer al Duque Lorenst, pensaba igual que Edwin, pero ahora sabía que estaba equivocado. Sin embargo, viendo que Edwin no estaba preparado para aceptar esa realidad, decidió no insistir.
Después de todo, una vez que la situación de Edwin se resolviera, este problema también se aclararía. Por hoy, Henry se conformó con haber elogiado a Edwin frente al Duque.
De pronto, Henry aumentó el ritmo, adelantó a Edwin y luego se dio la vuelta para bloquear su paso.
—¿Qué te pareció lo de hoy?
—¿Qué cosa?
—En la cena, dije que me esforzaría por ti. ¿Qué te pareció?
Edwin guardó silencio por un momento, mirando a Henry. Luego, expresó sinceramente lo que había sentido durante la cena.
—Fue divertido.
—… ¿No vas a decir que aprecias mi esfuerzo? ¿Solo divertido?
—Solo dije lo que sentí.
—Al menos reconoces que hice un esfuerzo, ¿no?
—Sí, podemos decir que sí.
El tono condescendiente de Edwin hizo que Henry se sintiera un poco frustrado, pero logró esbozar una sonrisa. Después de todo, solo él saldría perdiendo si se molestaba. Tomando aire para calmarse, Henry finalmente llegó al punto.
—¿Después de todo esto, no vas a darme lo que quiero?
—¿Qué cosa?
Aunque Edwin sabía perfectamente a qué se refería Henry, decidió hacerse el tonto. La respuesta de Edwin, como si lo retara a decirlo abiertamente, casi hizo que Henry estallara, pero recordó dónde estaban.
Aunque en ese momento no había nadie más alrededor, no sabían quién podría estar escuchando su conversación. Henry fulminó a Edwin con la mirada, pensando que incluso su irritante manera de comportarse era una habilidad suya.
En ese momento, Henry lamentó no haber regresado a casa sin más en lugar de intentar seguir el paso de Edwin. Consideró marcharse de inmediato, pero se sintió demasiado frustrado por irse así.
Antes de asistir al banquete, Edwin había aparecido con una expresión de descontento, incluso después de haberlo esperado. Ahora, mientras Henry contemplaba la idea de simplemente irse, pensó en cómo eso significaba que todo lo que hizo ese día fue solo para beneficio de Edwin. Esa idea lo detuvo.
—¿Vas a seguir fingiendo que no sabes?
—Entonces, ¿qué es lo que realmente quieres?
Edwin preguntó como si realmente no supiera, pero sus ojos brillaban con diversión. Ver a Edwin disfrutar tanto de la situación provocó que la emoción contenida de Henry se intensifique.
—¿Así que vas a seguir con eso?
Henry, queriendo provocar una reacción en Edwin, de repente tomó su muñeca. Aunque Edwin no mostró sorpresa, Henry inclinó la cabeza, sugiriendo con un gesto que lo acompañara.
—Si no tienes a dónde ir, ven conmigo.
Edwin pareció sorprendido por la invitación de Henry, especialmente porque esperaba que este simplemente se diera la vuelta y se marchara. Sin embargo, en lugar de preguntar a dónde iban, Edwin asintió, aceptando la oferta.
Cuando Edwin accedió a seguirlo, Henry aflojó un poco su agarre, pero no soltó la muñeca de Edwin, temiendo que pudiera cambiar de opinión en cualquier momento.
—De hecho, pensé que ya era hora de mostrarte esto.
Aunque las palabras de Henry no tenían mucho sentido, Edwin lo siguió sin cuestionar. A medida que los dos avanzaban, los sirvientes y asistentes del palacio, que estaban esperando en varias esquinas, comenzaron a moverse, atentos a cada detalle para luego contarlo todo.
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—¿Dónde estamos?
Edwin había estado intrigado desde que entraron en un área residencial, y no pudo evitar preguntar en cuanto el carruaje se detuvo. Sin embargo, Henry, sin intención de responder, tiró de la mano de Edwin, obligándolo a bajar.
Edwin, aunque bajó con resignación, no dejó de escanear el entorno con una mirada cautelosa.
Era natural que hubiera levantado sus defensas al ser llevado a un lugar desconocido. Sin embargo, Henry lo llevó adelante con pasos decididos. Había estado en este lugar antes. Cuando llamó a la puerta, se escuchó un leve movimiento desde adentro, y al abrirse, el hombre que apareció se sorprendió al verlos.
—Joven señor.
—¿Te sorprendí viniendo sin avisar?
Henry saludó con una sonrisa al hombre que antes había visto varias veces. El hombre, al reconocer a Edwin, quien estaba detrás de Henry, dio un paso atrás apresuradamente, permitiéndoles entrar. Sin soltar la mano de Edwin, Henry avanzó.
Al ver al hombre, Edwin pareció darse cuenta de a dónde habían llegado, y su expresión se suavizó. Aunque Henry esperaba que Edwin estuviera más curioso, disimuló su decepción mientras entraba.
Henry se dirigió directamente a una oficina que ya había visitado antes, y el hombre se adelantó rápidamente para avisar a otros. Lo hizo tan rápido que, cuando Henry llegó a la oficina, ya no necesitó abrir la puerta por sí mismo.
Era Herzie.
—¿Qué hace aquí alguien que debería estar en el palacio?
—Vine a buscar lo que te pedí la última vez…
A pesar de la respuesta evasiva de Henry, Herzie entendió y abrió la puerta de par en par, invitándolos a entrar.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.